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DE LA PARADOJA EN EL
"TODO VALE" DE PAUL FEYERABEND A LA FALACIA DE LA FALSA
LIBERTAD Horacio
BERNARDO 1. La paradoja en el "todo vale" de P.
Feyerabend
Paul Feyerabend, quien arrojó una visión "anarquista" de la
ciencia, resumió sus teorías críticas en la frase "todo vale".
Feyerabend se refirió, específicamente, a que no puede hablarse de un "método
científico" único e infalible y que cualquiera de las hoy conocidas como
ciencias no posee mayor valor cognitivo que, por ejemplo, la magia, la alquimia
o la astrología. Detrás de la afirmación "todo vale", sin duda hay
una actitud de rebeldía ante el sitial de poder de la ciencia como pináculo de
la razón humana, y esto nos lleva a pensar que las críticas de Feyerabend nos
conducen hacia una apertura intelectual y gnoseológica, bregando por la
libertad de investigación y pensamiento. Quisiera detenerme en este concepto,
en el de libertad, relacionado con la frase "todo vale" de Feyerabend,
pues aquí es desde donde, a mi entender, comienza a perfilarse la falacia y lo
paradojal de la afirmación. Pero vayamos por partes.
¿Por qué decimos que la frase "todo vale" resulta paradojal?.
Para explicarlo necesitamos dividir el alcance de la afirmación en dos partes.
La primera se dirige al "todo
vale" en cuanto al método científico. Para Feyerabend, como dijimos,
no hay un único e infalible método científico que nos conduzca hacia la
"verdad", lo que lo lleva a tomar la postura radical de afirmar que
cualquier método es válido. Si admitimos lo anterior, entonces se desprende la
segunda parte del alcance de la afirmación, que es el
"todo vale" sobre el producto del conocimiento. Esto se deduce,
precisamente, de seguir la línea de pensamiento feyerabendiana: si cualquier método
es válido, entonces el producto obtenido de cualquiera de ellos será válido.
Pongamos un ejemplo ilustrativo de lo anterior. Tomemos dos teorías que
intentan determinar la edad del hombre en la tierra. Una de ellas utiliza como método
la inducción, a partir de excavaciones, hallazgos de fragmentos humanos y análisis
posterior con carbono14. La otra se basa en el análisis del texto bíblico –
asumiendo en él una verdad metafísica –, procediendo a la cuenta de los días
transcurridos entre el "nacimiento" de Adán hasta nuestra época.
Vemos que ambas utilizan métodos distintos. Para Feyerabend, ambos serían válidos.
Ahora vayamos al producto de ambas teorías, la primera determina que hace
aproximadamente dos millones de años que el hombre apareció en la tierra ,
mientras que la segunda afirma que hace unos seis mil años. Si para Feyerabend
ambos métodos son válidos, entonces serán válidos los productos científicos
que se obtengan de su aplicación, pues si, por ejemplo, no admitiéramos la
teoría que parte de analizar el texto bíblico, precisamente, por considerar
que no tiene sentido un análisis de esa índole, entonces tampoco estaríamos
aceptando el "todo vale" planteado al inicio. Tampoco podríamos
rechazar el producto de esta teoría utilizando como argumento otro producto
hallado mediante otro método "científico", ya que ambos serían
igualmente válidos. Incluso si ambas teorías arribaran a conclusiones
distintas a partir del mismo método, tampoco podríamos descartar ninguna de
ellas porque, se debe recordar, el concepto "todo vale" implica la
inconmensurabilidad de las teorías científicas. Por lo tanto, si para
Feyerabend cualquiera de los métodos utilizados es válido, entonces el
producto de ambos métodos será válido también, o sea, tanto valdrá decir
que el hombre apareció en la tierra hace dos millones de años como decir que
lo hizo hace seis mil. Resumamos,
entonces, los dos alcances de la afirmación:
a1 – "Todo vale" en cuanto al método científico.
a2 – "Todo vale" en cuanto al producto científico.
Ahora centrémonos en el alcance referente al producto científico, o
sea, a las teorías científicas. K. Popper afirma, con razón, que cualquier
teoría científica implica algún tipo de restricción. Pongamos como ejemplo
que, si tenemos una teoría que afirma: "la tierra gira alrededor del
sol" estamos, implícitamente, negando cualquier otra afirmación
incompatible – por ejemplo, que la tierra gire alrededor de la Luna, o de Júpiter,
o del cometa Halley. Si por el
contrario, afirmamos "el sol gira alrededor de la tierra" (bajo una
visión ptolomeica del universo), estaremos restringiendo o negando, que el sol
gire alrededor de la Luna, de Júpiter, e incluso la teoría anterior, o sea,
que la tierra gire alrededor del sol. Entonces, siendo ambas teorías
incompatibles, ¿cómo puede ser válido el "todo vale" de Feyerabend?.
Si adoptamos la primer teoría como válida, o sea, adherimos a ella, ¿podremos
adherir también a la segunda? He aquí donde comienza a vislumbrarse la
paradoja del pensamiento de Feyerabend. Pero continuemos.
Hasta aquí hemos planteamos casos de teorías incompatibles, y alguien
podrá decir, con razón, que todas las teorías no son incompatibles entre sí,
por lo que no se puede afirmar que Feyerabend haya planteado una paradoja.
Planteemos pues, el caso de una teoría aislada, como por ejemplo, la que afirma
que el agua está compuesta por dos partículas de hidrógeno y una de oxígeno.
Sin buscar ejemplos que contradigan, se sigue cumpliendo lo que afirma Popper,
la teoría necesariamente implica infinitas negaciones, ya que, si adherimos a
ella, estaremos rechazando cualquier otra conformación química del agua.
Podemos resumir lo antedicho en los siguientes puntos:
a – Si yo afirmo X sobre un hecho Y
b – Entonces estoy negando Z (con Z distinto de X) sobre el hecho Y
Cualquier teoría, por ende, arribará a conclusiones que atentarán
contra el todo vale de Feyerabend, porque, dado que cada teoría implica
infinitas negaciones, validar absolutamente todos los métodos "científicos"
y, por ende, todas las teorías posibles, implicará negarlas todas. Pero
dejemos este asunto aquí, luego lo retomaremos con más amplitud. Centrémonos
primero en probar que el "todo vale" de Feyerabend resulta ser una
paradoja. Para ello, supongamos que una teoría epistemológica, a través de un
método "científico" M (válido para Feyerabend), arriba a la
conclusión de que en ciencia "algunas cosas valen y otras no". Para
Feyerabend, la conclusión sería correcta ya que, como vimos, el "todo
vale" del producto se desprende del "todo vale" del método.
Pero, si es válida esta nueva afirmación, ¿cómo puede ser válida la
afirmación de Feyerabend? Si "todo vale" entonces no vale la afirmación
"algunas cosas valen y otras no" y si vale "algunas cosas valen y
otras no" no vale la afirmación "todo vale". ¿No estamos, pues,
ante una paradoja?
Si admitimos lo anterior, entonces deberíamos preguntarnos, ¿cómo se
sustenta esta afirmación? ¿Cuáles son los argumentos que le permiten a
Feyerabend llegar a esta conclusión? Estos argumentos, según él, los
encuentra a través de un estudio minucioso de la historia de la ciencia, y a
través de la observación de la comunidad científica. Observa Feyerabend en
esta última (al igual que Kuhn), un entramado psicológico de ambiciones y búsqueda
de prestigio, pero adopta una postura más radical, viendo a la comunidad científica
autoproclamando para sí la razón absoluta y, por ende, gran cuota parte de
poder social. El mismo Feyerabend afirma que la ciencia "ha montado un
espectáculo en su provecho", con lo cual queda bastante explícito su
pensamiento. Su intención – bastante loable, por cierto –, es despojar a la
comunidad científica del poder que se autoadjudica, permitir la libertad de
investigación, e incluso ceder cuota parte de esta "razón" a los
ciudadanos comunes, a aquellos que no pertenecen a la comunidad científica y
que necesitan regir sus propios actos por sí mismos. Aquí volvemos al concepto
de libertad antes citado. Los argumentos de su postura radical se sustentan en
la "libertad" gnoseológica. Feyerabend dice; dejemos que se lleven a
cabo investigaciones a partir, por ejemplo, de postulados aristotélicos; démosle
la oportunidad. Lo que está diciendo es: demos libertad de investigación, de
conocimiento. Libertad científica. Insisto en el concepto de
"libertad" ya que, como veremos a continuación, de ahí surge la
aberración más peligrosa de la afirmación paradójica "todo vale".
Analicemos más a fondo la cuestión.
Insisto una vez más; "todo vale" y libertad son conceptos que,
al parecer, van unidos. A los ojos del sentido común esto no necesitaría más
explicación, sin embargo, veremos cómo esta asociación resulta engañosa.
Volvamos al ejemplo de la teoría que afirma "la tierra gira alrededor del
sol". Ya vimos que hacer esta única afirmación implica realizar un número
infinito de negaciones de incompatibles con ella. Si nos regimos por el
"todo vale" de Feyerabend, y admitimos que del "todo vale"
del método se desprende el "todo vale" del producto, llegaremos a la
conclusión de que no podremos aceptar la teoría "la tierra gira alrededor
del sol", ya que, si así lo hacemos, estamos necesariamente negando una
infinidad de teorías alternativas e incompatibles. Si adherimos a "la
tierra gira alrededor del sol", necesariamente no podemos adherir al
"todo vale" de Feyerabend. Este razonamiento podemos extenderlo a
cualquier otra teoría, sustentándonos en el pensamiento popperiano antes
citado. Por lo tanto, si adherimos a la teoría "todo vale"
necesariamente no podemos adherir a ninguna otra teoría de cualquier índole,
ya que si adhiriéramos a alguna dejaríamos de adherir a la teoría "todo
vale". He aquí la aberración fundamental de la afirmación. ¿Qué
tipo de libertad nos propone esta postura? Cualquier teoría que aparezca o
elaboremos deberemos descartarla sistemáticamente. Irónicamente, el "todo
vale" se convierte en un "nada vale".
Pero, como habrá notado el lector atento, si llegamos a la conclusión
de que "todo vale" en realidad quiere decir "nada vale",
estaríamos cayendo en una paradoja similar a la anterior, pues si nada vale,
tampoco valdría la afirmación "nada vale". Esta observación es
acertada, y el "todo vale" de Feyerabend, debe ser sustituido por la
frase "nada vale, excepto esta frase". El "excepto esta
frase" no resulta un mero "parche" para escapar a la paradoja,
sino que es de fundamental importancia, ya que implica una cuestión de
legitimidad de la misma negación. Por eso mismo, antes de pasar a hablar sobre
legitimación, debemos tener plena certeza de que la frase "nada vale,
excepto esta afirmación", ha resuelto efectivamente la paradoja. De eso
nos ocuparemos en la siguiente sección. 2. La resolución de la paradoja, ¿es válida?
Como hemos anunciado, nos detendremos unos momentos a analizar si, en
rigor, hemos resuelto la paradoja. Este no es un detalle menor, ya que si
sustituimos la frase "todo vale" por "nada vale, excepto esta
afirmación", debemos tener la seguridad de no haber sustituido una
paradoja por otra (en otras palabras, debemos cerciorarnos de que tremenda
negación resultante no termine, bajo ningún concepto, negándose a sí misma)
Deberemos, por lo tanto, explicar dicha negación, sometiéndola a
demostración. Para ello, dividiremos el universo de frases en varios conjuntos.
Para mayor claridad en la exposición, separaremos la misma en dos intentos; el
primero fallido y el segundo exitoso. Primer intento Imaginemos dos conjuntos. El primero de ellos, (conjunto A) que
contiene todas las frases[1]
(verdaderas o falsas) excepto una que estará en el conjunto B. En el conjunto
B, se encuentra la frase "ninguna de las afirmaciones del conjunto A es válida"
Nótese que la frase del conjunto B es equivalente a "nada vale, excepto
esta afirmación", ya que niega o "destruye" toda afirmación del
conjunto A. Gráficamente puede verse de la siguiente manera:
Con este razonamiento, al parecer, queda verificada la resolución de la
paradoja. El conjunto B "destruye" al conjunto A negando todo su
contenido y queda a salvo, ya que no se niega a sí mismo y no genera paradoja.
Sin embargo, olvidamos que en el conjunto A también estará la frase
"todas las frases del conjunto B son válidas" y he aquí lo fallido
de este primer intento. Veamos con detenimiento el asunto en el siguiente gráfico:
Si se presta atención a las frases resaltadas, vemos que la frase del
conjunto B se destruye a sí misma ya que, al negar todas las frases del
conjunto A, también niega la frase "todas las frases del conjunto B son válidas".
Sin embargo, este problema puede ser resuelto, porque la frase que
"molesta" se origina únicamente con la división en conjuntos (antes
no existía, pues el conjunto B no existía) Debemos pues encontrar una forma más
rigurosa que nos permita verificar realmente la resolución de la paradoja. He
aquí que pasamos al segundo intento, esta vez exitoso. Segundo intento
Necesitamos quitar del conjunto A la frase "todas las frases del
conjunto B son válidas" Para ello redefiniremos el conjunto B y
agregaremos un conjunto C auxiliar. Dichos conjuntos tendrán los siguientes
contenidos.
Veamos si aún el conjunto B, al destruir el contenido del conjunto A se
destruye o no a sí mismo. La única forma de "autodestrucción" es
que destruya alguna frase en el conjunto A que lo valide o que valide al
conjunto auxiliar C. Esto no ocurre porque: a)
La frase "todas las frases del conjunto B son válidas" continúa
intacta, ya que pertenece al conjunto C, el cual no ha sido destruido. b)
La frase "todas las frases del conjunto C son válidas" no ha
sido destruido porque está en el conjunto B, el cual permanece intacto. Ahora detengámonos a analizar qué nos queda si afirmamos
"ninguna de las frases del conjunto A es válida". Nos quedaremos únicamente
con las frases pertenecientes a los conjuntos B y C. Estas son: 1)
Ninguna de las frases del conjunto A es válida
(en el conjunto B) 2)
Todas las frases del conjunto C son válidas (en el conjunto B) 3)
Todas las frases del conjunto B son válidas (en el conjunto C) Son las únicas tres frases válidas. Hagamos un análisis de ellas. a)
La frase 3 cumple la única función de legitimar la negación de la
frase 1 y la afirmación de la frase 2 b)
Por otra parte, la frase 2
legitima a la frase 3, razón por la cual acaba por legitimarse a sí misma y a
la frase 1 Por lo tanto, vemos que las últimas dos se encuentran subordinadas a
la primera (entre la frase 2 y 3 hay una legitimación "circular" que
no escapa a ellas mismas) Por ende, la única verdaderamente relevante es la número
1, pues invalida al conjunto A, que es el que interesa invalidar. Llegamos,
pues, a que lo que realmente afirmamos es que nada vale a excepción de la frase
que afirma "nada vale". Si expresamos esta conclusión en una sola
frase, llegaremos a "nada vale,
excepto esta afirmación" de la que partimos, teniendo ahora claro a cuáles
frases alcanza y teniendo, además, la seguridad de que dicha frase no puede
destruirse a sí misma de modo alguno. Verificada la resolución de la paradoja, podemos plantearnos ahora la
siguiente reflexión. Si decimos "nada vale, excepto esta afirmación",
estamos en realidad diciendo "esta afirmación es la única válida".
De esto último surge la pregunta: ¿qué o quién legitima semejante afirmación?
3. Legitimación y falacia de la falsa libertad
Recapitulando, vimos que si, siguiendo a Feyerabend, afirmo "todo
vale", en realidad estoy afirmando "nada vale, excepto esta
frase". Vimos, además, que afirmar esto último es equivalente a afirmar
"esta frase es la única válida", con lo cual mi frase es la única
legítima. Como advertimos al final de la sección anterior, la pregunta que
cabría hacer es la siguiente: ¿en quién radica, pues, el poder y la
legitimidad necesarias para sostener una postura de esta índole? ¿En
Feyerabend? ¿En aquellas personas que no pertenecen a la comunidad científica?
¿En quién? Pues, evidentemente, radicará en algo o alguien, en una persona o
entidad a la que, por ahora, llamaremos X. Necesariamente esta persona o entidad
X debe tener algún justificativo que la habilite a afirmar "todo
vale" y, por ende afirmar "sólo esta afirmación es válida".
Pero, ¿es posible que exista tal persona o institución? ¿En qué fundamento
justificaría su postura? Precisamente la justificación es el argumento que
sostiene la libertad "absoluta", aceptada, sin duda, por la comunidad
en general porque, evidentemente nadie negaría un postulado que "vaya en
pos de la libertad". Pero, ¿se ha notado cuál es la aberración de esta
contradicción?. Terminamos pues, confiriendo a una persona o entidad X, en pos
de la libertad, la potestad para negarlo todo, de obstruirlo todo. El
razonamiento de Feyerabend nos lleva a lo que podríamos denominar "falacia
de la falsa libertad", que definimos como aquel postulado que, a través
de la proclamación de la libertad absoluta, nos lleva a la posición contraria,
o sea, a la esclavitud o la inmovilidad absoluta. Profundicemos un poco más
sobre este concepto, observando cómo funciona la "falacia
de la falsa libertad" en la realidad.
En primer lugar tendremos que decir que, como es lógico, Feyerabend no
tuvo estas intenciones al soltar su afirmación. Podemos decir, además, que
dicha afirmación ni siquiera es original de él ni de la epistemología; lo que
hizo Feyerabend fue, sin notarlo, repetir la falacia que aparece actualmente en
otras áreas de la actividad humana. Vayámonos por un momento del campo científico
e internémonos en el campo del arte. El "todo vale" de Feyerabend
bien podría compararse con la actitud del artista Michel Duchamp, quien presentó
un secador de pelo (entre otros objetos) como obra de arte. ¿Qué quiso
decirnos Duchamp al exponer un objeto común y corriente como "arte"?
No sólo su postura es rebelde, sino que resulta análoga con la de Feyerabend
respecto a la ciencia. Si adherimos a la postura de Duchamp, tendremos que
admitir que "todo vale" en arte. No dista mucho esta afirmación de la
tendencia del arte actual. Beatriz Sarlo, en su obra "Episodios de la vida
posmoderna", señala muy bien este hecho, mostrando la actual crisis del
arte. Si todo es arte, ¿qué sentido tiene hablar de arte?. Precisamente los
conceptos adquieren sentidos en contraposición con otros. Según Saussure,
incluso el valor de cada letra en nuestro lenguaje adquiere valor por la oposición
con las restantes. Así la letra "a" es aquella que no es la
"b", ni la "c", ni la "d", etc. Lo mismo podríamos
extrapolar al concepto de arte. Si hablamos de arte, es porque necesariamente,
hay algo que "no es arte". Pero si, en pos de la libertad absoluta,
afirmamos que todo es arte, el concepto "arte" pierde su validez. Nótese
que no estamos hablando sólo de palabras, sino de conceptos. Comparando esta
postura con el "todo vale" de Feyerabend, la postura del "todo
vale" en arte terminará siendo, "nada vale excepto esta afirmación",
y por lo tanto, no sólo llegaremos a una completa confusión conceptual, sino
que anularemos todas las posturas que intenten definirse como artísticas.
Evidentemente, en el arte no existen "teorías" o
"corrientes" contradictorias, por lo que el impacto de esta afirmación
causará otras repercusiones distintas, pero, sin embargo, ambas comparten la
"falacia de la falsa libertad", mediante la cual, en la ciencia,
se llega a negar cualquier teoría, y en arte, a generar un caos conceptual en
detrimento del arte mismo. ¿Qué queremos decir con todo esto? ¿Estamos en
contra de la libertad? Pues no. Por eso mismo creemos que es necesario notar
esta falacia, para realmente identificar donde puede hallarse el verdadero
indicio de libertad y donde no. Aquí no hablaremos de qué se entiende por
libertad. Lo que sí haremos, es ilustrar con un ejemplo la persona o entidad X
antes citada, de quien hemos afirmado que parte la legitimidad de la falacia.
Para ello volveremos al área científica, pero dirigiéndonos no hacia la física
o la química, sino a las ciencias sociales, específicamente a la economía política.
Para la teoría neoclásica, el Estado debe resumir su postura a la de
"juez y gendarme", otorgando plena libertad económica. Para esta teoría,
la economía si es libre, se autorregula. En los términos en que venimos
hablando, podemos traducir esto en "la economía debe gozar de libertad
absoluta". ¿No se asemeja esta afirmación a las intenciones del
"todo vale"? Por lo tanto, ¿no adolecerá esta afirmación de la
"falacia de la falsa libertad"? Veamos detenidamente el asunto. Habíamos
dicho que el "todo vale", o sea, la libertad absoluta, nos lleva a la
conclusión "nada vale, excepto esta frase". También vimos que era
necesaria alguna persona o entidad que legitimara esa frase, y que fuera
admitida por la comunidad. La pregunta es, ¿qué persona o entidad legitima la
teoría neoclásica?. La respuesta la encontraremos pues, en el mercado,
concepto abstracto, que legitima la falacia. Si observamos el caso teórico más
puro, el de un mercado en competencia perfecta, podemos notar, en un primer análisis,
que la no existencia de monopolios, oligopolios y gobierno, otorga a los
empresarios la libertad absoluta para maximizar el beneficio. Sin embargo, en un
segundo análisis más minucioso, vemos como, en esta teoría, "el
mercado" se nos presenta como una mano divina que todo lo regula, que logra
determinar de forma sistemática el precio de las mercaderías y reduce la
ganancia de los empresarios – a largo plazo – a cero. En este ejemplo, el
pináculo es la libertad de mercado, y precisamente, es el mercado quien termina
determinando a los agentes en su totalidad. ¿No es otro ejemplo de la falacia
de la falsa libertad? Cuando más pura sea la competencia perfecta, más falaz
será, y enarbolada en la libertad absoluta nos llevará a la esclavitud
absoluta, vía desregulación de precios, disminución de la intervención
estatal a niveles ínfimos, flexibilización laboral, u otro instrumento. Cabe
destacar que la teoría neoclásica de competencia perfecta se plantea sólo
como un ejemplo, no es nuestra intención arribar a una conclusión
exclusivamente contraria a ella. La intención última es, pues, lo mismo que en
los ejemplos anteriores, invitar a la reflexión sobre las propuestas de
libertad absoluta y sobre sus enunciados, muchas veces, falaces y peligrosamente
engañosos. BIBLIOGRAFIA –
BUNGE,
Mario, "Epistemología",
Ariel, Barcelona, 1968 –
DE SAUSSURE, Ferdinand, "Curso de Lingüística General",
Alianza, Madrid, 1998 –
FEYERABEND,
Paul, “Contra el Método”, Ariel,
Barcelona, 1974. –
POPPER, Karl
R., “La Lógica de la Investigación
Científica”, Tecnos. Madrid, 1997. SARLO, Beatriz, "Episodios
de la vida posmoderna", Ariel, Buenos Aires, 1997. [1] Cuando nos referimos a frases nos estamos refiriendo a enunciados, o sea, afirmaciones susceptibles de ser verdaderas o falsas. |
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