Hoja informativa de Galileo
publicación dedicada a
problemas metacientíficos
fundada en 1964
volumen diecinueve númerouno
enerofebrero de dosmildoce
Revisando papeles y libros desde hace
tiempo más o menos arrumbados aunque quizás, si se pudiera decir herrumbrados,
no dejaría de ser útil.
Me encontré con los tres libros
siguientes que son predicciones globales cuyo resultado real no es desdeñable
para saber qué hacer o no hacer con propuestas de tal tipo, por lo menos del
desarrollo científico
Robert Guillain (1965) Dans
30 ans la Chine. Seuil, Paris.
Herman Kahn & Anthony J,
Wiener-(1968) L’an 2000. Lafont, Paris.
Gilbert Mury (1970) Albanie;
terre de l´homme nouveau. Maspero, Paris.
El
primero y el tercero son frutos del trabajo de periodistas bien conocidos,
el tercero es el resultado de las labores de un
think tank, ese término que designa un grupo de tecnócratas del más alto
rango dedicados a una tarea especializada para los grupos de poder.
A los treinta años de publicado el
primero, China gozaba de una salud tal que hoy , dieciséis años después, su
salud es tal que se prevé que dentro de diez a quince años sobrepasará a los
Estados Unidos.
Durante dicho período el segundo se mostró en
lo fundamental errado como acostumbran serlo muchos otros think tanks de
igual origen. El tercero, el de las blancas tierras, hace rato que dejó de ser
la tierra del hombre nuevo; como dicen los muchachos, ya fue.
De todo ello resulta, que aún dentro de lo
prudente, y no está demás serlo, más aún cuando se propone una predicción del
futuro, también en asuntos tan globales y difíciles.
MHO
El legado de un pensador:
Mario Bunge donó todo su archivo a
la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires
El reconocido filósofo envió desde Canadá,
donde vive desde 1966, siete cajas con artículos originales, cartas y fichas de
trabajo. El porqué de la decisión.
Luciana Diaz, 18/12/11 - 01:41
El reconocido físico, filósofo y
epistemólogo Mario Bunge vivió sólo la mitad de sus 92 años en la Argentina. Fue
desde que nació, en 1919, hasta que decidió emigrar del país tres años antes de
instalarse definitivamente en Canadá, en 1966. Aunque desde entonces trabajó
para la Universidad Universidad McGill, de Montreal, y escribió la mayor parte
de su prolífica obra en aquel país –por ejemplo, los ocho tomos de su famoso
Tratado de Filosofía–, Bunge no se olvidó de sus orígenes y acaba de donar todo
su archivo personal a la biblioteca de la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“Nos llegaron siete cajas con un total de 1.297 piezas, entre las que se
destacan correspondencia privada de Bunge con diversas personalidades, artículos
escritos por él con sus propias correcciones, el original del tomo 7 del Tratado
de Filosofía, 400 fichas de trabajo donde se leen definiciones y conceptos, una
carpeta con programas de cursos que dio y varias revistas con artículos sobre
él, entre otras cosas”, enumeró orgullosa Ana Sanllorenti, directora de la
biblioteca central de la FCEyN. Y agregó: “Creo que su decisión tuvo que ver con
que esta biblioteca tiene como una de sus áreas de trabajo la preservación y la
constitución de un archivo histórico. Esta fue una de las primeras bibliotecas
de la UBA que empezó a tratar la cuestión de la preservación del ámbito del
papel de modo profesional”.
Desde 2005, la biblioteca de la FCEyN tiene una sala de preservación, con
condiciones de temperatura, humedad e higiene ideales para conservar papeles y
libros, y es allí adonde irá el material donado por Bunge, una vez que se
termine de inventariar y de digitalizar aquello que corre más riesgos de
arruinarse. “Si bien tenemos un área de biblioteca digital y estamos en
tratativas con el doctor Bunge para decidir con él qué cosas vamos a digitalizar
para darles acceso libre desde Internet, hay cosas que sólo van a poder ser
consultadas aquí por investigadores”, señaló Sanllorenti.
Unico. “Ver las fichas de trabajo me impactó; son anotaciones conceptuales, una
huella del trabajo intelectual de Mario Bunge. Y tener un tomo original del
Tratado de Filosofía es increíble”, dijo Sanllorenti.
En cambio, para Paola Ramos Pinto, a cargo del área de preservación, “lo más
emocionante son las cartas. Es que, en general, un latinoamericano estudia a los
que están en EE.UU. o Europa y entonces ver que un latinoamericano, en este caso
un argentino, está al mismo nivel que aquellos y que recibe cartas en las que
gente como Jean Piaget lo felicitan por su trabajo, habla de la importancia de
esa persona”. Un dato interesante es que prácticamente todo el material, incluso
las fichas de trabajo, está en inglés.
Desde que inició el archivo histórico en la FCEyN, hace tres años, cada vez más
gente les acerca material. “Sin ir más lejos, el decano encontró el acta
fundacional de la facultad y nos la dio a nosotros”, informó Martín Williman,
responsable de la biblioteca digital. “Y nos hicieron llegar los 14 folios con
las renuncias de los profesores tras la Noche de los Bastones Largos”, añadió
Ramos Pinto.
“Esta es la primera gran donación que recibimos de una eminencia. Pero tenemos
cosas de gran valor institucional, como las copias de las conferencias que dio
Albert Einstein en el país en los 40 o la tesis doctoral de César Milstein”,
aclaró Sanllorenti. “Nuestra idea es que a partir de esto se alienten otras
donaciones. Queremos demostrar que acá le podemos dar un contexto, un valor, una
difusión y, a la vez, cuidar el material”, concluyó.
Para reconstruir la historia de
la ciencia
Mario Bunge 18.12.11
Como se sabe, en
mi carrera me he dedicado principalmente a la filosofía de la ciencia y en la
Argentina hay dos grupos interesados en la materia: uno en la Facultad de
Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y otro en el Observatorio Astronómico de
la Universidad Nacional de La Plata. Pero resulta que en Exactas ya hay una
biblioteca muy bien organizada y considero que esa facultad es el principal
centro científico del país, donde además hay algunas personas interesadas en la
historia de la ciencia. Por eso decidí donarles todo un archivo personal (no he
donado material a ningún otro establecimiento; esta es la primera vez que me
desprendo de mis cosas). Mi objetivo es que a alguien le sirva para reconstruir
la historia de la física en particular, y de la ciencia en general. Si bien creo
que mi archivo es un poco incompleto porque no solía guardar todas las cartas
que me mandaban y, además, con la adopción del correo electrónico se empiezan a
perder todos los rastros, sí conservé algunos intercambios epistolares con gente
interesante. Creo que mis cartas con personalidades como David Bohm, Francis
Crick, Willis Lamb, Jean Piaget y Osvaldo Reig podrán interesarles a los
historiadores de la ciencia, mientras que mis intercambios con Hintikka,
Lakatos, Popper y algún otro servirán a los filósofos.
Mi vinculación
con la Facultad de Ciencias Exactas es vieja, porque si bien yo estudié Física
en La Plata, donde me doctoré, asistía a menudo a cursos y conferencias en
Buenos Aires y además ahí fui primero ayudante de Física Teórica y, más tarde,
profesor titular de esa materia. Y aún estando fuera del país siempre mantuve
relaciones con científicos de esa facultad. Recuerdo con mucho cariño mis años
de estudiante. Confío en la buena reputación de su bibliotecai y aspiro a que
mis papeles puedan servirle a algún investigador que se interese por lo poco –o
mucho– que hacíamos en esa época. Basta tener en cuenta que fui uno de los
veinte fundadores de la Asociación Física Argentina en 1944, entidad que se
disolvió por motivos políticos, en una medida irracional, que no fue de arriba
sino de abajo: gente imbécil que creía que no había que hacer ciencia básica en
la Argentina, sino que había que hacer técnica Igual, eso es el pasado. En este
momento, la ciencia está rebrotando en la Argentina con mucho vigor. En ese
sentido, creo que hay motivos para el optimismo.
*Físico y
filósofo.
Debemos estos dos textos a
la gentileza de Dina Sejzer Adamoli.
PUBLICACIONES RECIBIDAS
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