Facultad de Matemáticas

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La Facultad de Matemáticas en el Uruguay de la primera modernización

   

Filosofía y tecnología en el Uruguay de la primera modernización

1. Surgimiento del positivismo en nuestro país

 

      Entre 1870 y 1890, el Uruguay fue escenario de serios debates ideológicos, políticos, filosóficos y científicos, relacionados con las necesidades de la economía, que estaba cambiando, entre otras cosas, debido a algunas aplicaciones tecnológicas implementadas, y que requería desarrollo en el campo científico-tecnológico. Las principales corrientes filosóficas en pugna eran el espiritualismo y el positivismo, el último de los cuales penetró revolucionariamente en la Universidad durante el rectorado de Alfredo Vásquez Acevedo. Bajo su dirección, la institución fue transformada y puesta al servicio de los intereses de aquellos sectores sociales que apuntaban a la diversificación de la producción, iniciando un proceso de consolidación y conquista plena del poder político. En junio de 1886, cuando todavía quedaban años de actividad reformista por parte del Rector Vásquez Acevedo, Antonio María Rodríguez decía, en la Cámara de Diputados, que en esos últimos años, especialmente del 85 en adelante, se había operado en ese centro de enseñanza una verdadera metamorfosis. En todas las Facultades de la Universidad había habido reformas y progreso extraordinarios.

      El positivismo dominó en el Uruguay a través de su versión sajona representada por Darwin y Spencer. El Rector Vásquez Acevedo, expresaba en el discurso pronunciado con motivo de la colación de grados de 1885, que nuestro país había acogido con entusiasmo los adelantos científicos m s importantes de la época. Y hacía notar esto refiriéndose al espíritu de iniciativa, al amor por la ciencia que parecía haberse despertado en esos tiempos entre los educandos, viéndose favorecidos en sus vocaciones por las importantes reformas que se habían introducido en la Universidad.

En esta época de profundos cambios para el país, José Pedro Varela afirmaba que ni la ciencia ni la filosofía podían quedar al margen de la política:"...en su acepción elevada y legítima, la política es la ciencia madre: a ella se subordinan todas las otras ciencias(...) Y no se diga por ejemplo, que cuando la física aplica las fuerzas del vapor a la locomoción, nada tiene que ver con la política, porque si es cierto que la locomotora obedece a unos mismos principios en todos los ferrocarriles, no es menos cierto, también, que el ferrocarril americano tiene una función  política igualitaria, mientras que el ferrocarril francés tiene la misma función política, pero aristocrática (...), desde que abandonan el terreno de lo abstracto, y se aplican a la industria, a las artes, al comercio, las ciencias experimentales toman en cuenta las doctrinas políticas y sociales, y a ellas se subordinan".

      Varias circunstancias influyeron para que el positivismo ejerciera una verdadera revolución cultural; en primer lugar, impactó en un medio desprovisto en general de cultura científica (entendida al modo positivista). Contrariamente a Europa, en nuestro país, el conocimiento y cultivo de las ciencias naturales se constituyeron bajo su estímulo. El positivismo se convirtió en una guía ideológica y programática para definir la reforma educativa y la inserción cultural de la ciencia; en una estructura social y económica con fuertes rasgos precapitalistas. En segundo lugar, desde el primer momento se difundió entre nosotros en su modalidad inglesa de la segunda mitad del siglo XIX; es decir, que se pasó polémicamente de la metafísica espiritualista del eclecticismo francés, a un naturalismo acusadamente apoyado en las ciencias biológicas dentro del espíritu de Darwin. El positivismo fue deliberadamente acogido por la burguesía, como instrumento de acción sobre la realidad nacional para modificarla y superarla. En tercer lugar, el momento histórico de su impacto: cuando se consumaba la incorporación de los países de América Latina al mercado mundial capitalista. Fue esta circunstancia la que lo ligó al desarrollo político y económico del país. La finalidad común del positivismo y otras corrientes de opinión, fue diagramar la cultura y la sociedad, enfocando en su base el problema de lo que constituía o significaba la nación. Era el planteo del problema de la nacionalidad misma, según esquemas aportados por el positivismo europeo, adaptándolos a la realidad social del país.

      El positivismo influyó en todos los niveles. En el aspecto político algunos positivistas se asociaron con regímenes políticos fuertes y autoritarios, viendo en ellos el instrumento para poder poner en acción sus proyectos educativos. En referencia a lo científico, el proyecto se asoció con el darwinismo, la modernización económica en general y el establecimiento de varios proyectos relacionados con la institucionalización de la ciencia. Por último, su relevancia en la educación, se hizo sentir a través de las dos grandes reformas llevadas a cabo por José Pedro Varela y Alfredo Vásquez Acevedo, en la enseñanza primaria y superior respectivamente. "La Educación del Pueblo" del primero de ellos, apareció en 1874, incidiendo decisivamente en la reforma de la escuela pública e impulsando un importante movimiento cultural. Varela, que criticaba el modelo cultural francés vigente en el país y proponía remplazarlo por otro (con influencias inglesas, alemanas y estadounidenses), estableció las bases culturales para la creación de un país al estilo europeo. Según este educador teníamos "una naturaleza virgen que domeñar, una sociedad entera que organizar, una nación nueva que hacer surgir de entre el caos de la primitiva ignorancia. A ello vamos: propios y extraños esfuerzos nos empujan en este camino; la marcha es r pida, las transformaciones se operan a grandes pasos...". Creía que si se ensanchaban las bases de la educación pública, y se daban los desarrollos naturales a las enseñanzas primaria y secundaria, entonces, el privilegio creado por nuestra Universidad en favor de la Facultad de Derecho, se iba a hacer insostenible puesto que a cada paso vendrían a golpear a sus puertas, buscando la satisfacción de sus deseos científicos, todos los que, teniendo la base de los estudios hechos en las escuelas y colegios se propusieran seguir aquellas de las profesiones liberales que exhibían otro género de conocimiento que los requeridos para la abogacía.

      A la reforma de la escuela sucedió, como etapa siguiente de un mismo gran movimiento educacional, la reforma de la Universidad, impuesta conforme a las directivas filosóficas y pedagógicas del evolucionismo de Darwin y Spencer.

La Universidad en camino hacia el positivismo creó en 1876, la Facultad de Medicina, diseñando la organización de la enseñanza superior sobre la base de las ciencias naturales. Este ingreso paulatino y costoso del país a la cultura científica moderna, constituyó a su vez un poderoso estímulo para que esa corriente filosófica penetrara aún m s. Pero este era sólo el comienzo; 1885 fue el año de consolidación del positivismo en la Universidad con la creación de la Facultad de Matemáticas, combinación de tecnología y ciencias; y el comienzo del pasaje por las aulas de la Facultad de Derecho de los representantes del positivismo sustituyendo a los espiritualistas.

      El espiritualismo desplazado del  ámbito universitario llevó la resistencia a otros campos: la prensa y el Parlamento, lo que muestra la repercusión nacional y el sacudimiento espiritual que produjeron los debates filosóficos.

      La imposición del cientificismo positivista como base ideológica del nuevo modelo cultural, supuso construir un programa de desarrollo científico tecnológico destinado a impulsar también la ingeniería, necesaria para cambiar esa realidad nacional imperfecta de la que hablábamos. Al decir de Comte, los ingenieros eran necesarios para servir de intermediarios permanentes y regulares, para todos los trabajos particulares entre los sabios y los industriales. Era una "importante clase (que) hubo de formarse necesariamente la última, cuando la teoría y la práctica, que habían partido de puntos tan opuestos, estuvieron lo bastante adelantadas una y otra como para darse la mano (...) El cuerpo de doctrina propio de los ingenieros debe formarse por una serie de concepciones análogas, relativas a todas las grandes operaciones prácticas analizadas racionalmente (...) Esta formación supone que la construcción de la filosofía positiva esté ya adelantada hasta un cierto punto, porque toda gran aplicación a las artes exige de ordinario la combinación de conocimientos que se refieren a la vez a varios puntos de vista científicos".

 

 

2. La necesidad de la ciencia y la técnica en el Uruguay de fines del siglo XIX

 

      La carencia de ingenieros se palpaba por todos lados; por la necesidad de construir obras públicas que consistían principalmente en líneas de ferrocarriles y caminos carreteros, para poner nuestros centros productores en contacto con los mercados de consumo y exportación; de tener una flota mercante propia; por el desarrollo de la industria de la construcción a consecuencia de la marcada concentración urbana; por el desenvolvimiento de la industria y el Puerto de Montevideo, etc.

Los ingenieros eran necesarios para asesorar al Gobierno respecto a la conveniencia de realizar las mismas, proponer modificaciones a las leyes vigentes que se les relacionaran, y por supuesto vigilar y ejecutar dichas obras. Pero para ello era imprescindible la formación de técnicos preparados para el asesoramiento en la construcción de caminos y carreteras, así como para habilitar nuestros ríos para la navegación interna, porque los "caminos que andan" eran uno de los problemas capitales de la economía pública y del futuro engrandecimiento de la nación. Lo m s urgente era acondicionar los caminos nacionales y departamentales, que comunicaban con las estaciones de ferrocarriles, así como era necesario reforzar la acción de control de estos últimos.

La presencia de los ingenieros era fundamental también para resolver el largamente debatido problema del Puerto de Montevideo -por lo menos desde 1883, y que en aquella época resultaba impostergable por la afluencia de un mayor número y tonelaje de barcos-, y para el cual no se encontraba una solución definitiva. Esto se manifestaba claramente en el discurso de Francisco Soca sobre el Proyecto Definitivo de las Obras del Puerto de Montevideo, donde denunciaba que los estudios hasta el momento llevados a cabo sobre el mismo (realizados por expertos extranjeros), carecían de rigurosidad científica, ya que presentaban soluciones opuestas e irreconciliables. Y se preguntaba: "nosotros, simples diputados, nosotros, que somos completamente extraños al arte de las construcciones hidráulicas, nosotros podremos jamás resolvernos a elegir entre las insolubles contradicciones de los sabios?".

      El Estado aunque muy lentamente, había comenzado a transitar el camino para combinar producción tecnológica y práctica política, al crear el Departamento Nacional de Ingenieros el 1§ de septiembre de 1892, que comenzó a funcionar recién el 7 de diciembre de 1894.

      Había otras  reas, además de las señaladas anteriormente, donde la necesidad de los ingenieros era imperiosa. En la segunda mitad de la década de 1880 se produjo en Uruguay un "replanteamiento del modelo de país", que pretendía la reformulación de la estructura económica del mismo, escapando del viejo patrón de la ganadería extensiva. Para fortificar la independencia política, era necesario independizarse económicamente, lo que sólo se lograría al diversificar la producción. El poder industrial propio, era condición necesaria para la constitución de una nacionalidad y de una independencia económica, y en aquel aspecto nuestro país no había destruido aún el sistema colonial. El proceso de lucha contra esa dependencia, que requería la creación de una industria y de una tecnología nacionales, coincidió con la ley de Aduanas de 1888, que apuntaba entre otras cosas al proteccionismo de la industria, coadyuvando a poner en marcha un modelo de país capitalista industrial y autónomo.

La ruptura de la dependencia económica, se anudaba con la superación de esos problemas: la creación de la industria y de una tecnología nacionales. Algunos sectores de la incipiente burguesía industrial que impulsaba las transformaciones, se apoyó para el cambio, en una revolución cultural que en parte señal ramos anteriormente, al mencionar la reforma vareliana y la de la enseñanza universitaria. Ambas debían complementarse con una reforma en la enseñanza industrial. Era necesario crear un nuevo sistema educativo que cimentara los cambios tecnológicos que se incorporarían a la producción, y que organizara la investigación científica. Se necesitaba enseñanza industrial para la calificación de la fuerza de trabajo y enseñanza superior para la preparación de los técnicos que, entre otras tareas, iban a organizar y dirigir la industria. Personal que estuviera capacitado técnicamente, pero que también -y esencialmente- respondiera al nuevo modelo de país que pretendía imponer la burguesía.

      La Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas, creada por ley de 1885, debía ser centro de generación de profesionales con sentido crítico ante la realidad nacional. Se pretendía que fueran estudiantes preparados no sólo técnicamente, sino, comprometidos con el país, para llevar a cabo un proyecto de nacionalización. La idoneidad técnica se podía conseguir contratando expertos extranjeros, pero no siempre la adhesión al programa político-económico nacional. El ambiente del país incitaba a los jóvenes a tomar otros derroteros que no fueran los marcados por las carreras tradicionales (medicina y derecho), sino a formarse en los nuevos caminos que comenzaba a brindar la Universidad, y que era lo que la transformación nacional requería: la creación de carreras técnicas que respondieran a esa primera etapa de modernización.

 

La Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas

1. Su creación

 

      La puesta en marcha de la Facultad de Matemáticas, estaba ya en el pensamiento de Alfredo Vásquez Acevedo desde 1881. El proyecto fue sancionado en 1885, y en su artículo 11 establecía que la Universidad de la República estaría formada por las facultades de Derecho y Ciencias Sociales, de Medicina y Ramas Anexas y de Matemáticas y Ramas Anexas.

      La entrada en funciones de la Facultad estuvo dada por el Reglamento General de Enseñanza Secundaria y Superior, aprobado por el Consejo  de la Universidad el 19 de febrero de 1887. El mismo contenía el plan de estudios de la novel institución, que pudo entonces, plasmarse en realidad al iniciar sus cursos el 1§ de marzo de 1888. Los títulos a otorgar por la misma debían limitarse a los de "Ingeniero de Puentes, Caminos y Calzadas" (cuatro años de duración), "Arquitecto" (cuatro años), "Ingeniero geógrafo" (tres años), y "Agrimensor" (dos años). En su nota al Poder Ejecutivo, Vásquez Acevedo, explicaba que las carreras creadas satisfacían en ese momento, los deseos de la juventud estudiosa y las necesidades m s urgentes del país.

La Facultad comenzó a funcionar con 15 alumnos inscriptos y sus primeros pasos fueron muy penosos. Así nos lo recuerda Eduardo Acevedo en estas líneas: "la Facultad de Matemáticas permaneció casi desierta, a pesar de las grandes facilidades acordadas en esa época a los alumnos. Sólo después de crear un ambiente a fuerza de propaganda, consiguieron el Rector Dr. Alfredo Vásquez Acevedo y el Decano Arq. Juan Monteverde, prestigiar las carreras que allí se cursaban".

La Universidad seguía siendo vista como la formadora de las clases dirigentes, y el medio universitario seguía estando demasiado atento a los problemas políticos, como para preocuparse de mirar hacia los estudios técnicos.

También hubo que luchar los primeros años con la falta de profesores, puesto que había en Montevideo un número limitado de ingenieros y arquitectos, con la preparación necesaria como para dictar cursos.

      A pesar de estos obstáculos, el Teatro Solís presenció en una solemne ceremonia, el 12 de octubre de 1892, la colación de grado de sus tres primeros egresados: José Serrato, Eduardo García de Zúñiga y Pedro Magnou.

 

 

2. El modelo adoptado

 

      Con el fin de subsanar algunas de las limitaciones que presentaba nuestro medio a la hora de organizar la Facultad, y a efectos de que pudiera alcanzar el nivel de las escuelas m s avanzadas en materia de ingeniería y arquitectura, fue comisionado en 1892 (15/9) el Decano de la misma, Arq. Juan Monteverde , para visitar varias naciones europeas con el objetivo de inspeccionar sus instituciones similares. Monteverde debía informar especialmente, sobre las condiciones en que se realizaba en ellas la enseñanza práctica, recoger información científica actualizada, reunir publicaciones y proponer y adquirir los aparatos y útiles más modernos para completar y ampliar los gabinetes que poseía la Universidad.

El plazo de cuatro meses que se le concedió para la misión, lo obligó a limitar sus visitas a las Escuelas correspondientes a las especialidades técnicas que había en nuestra Facultad, en Francia, España, Bélgica, Italia y Suiza. Sin embargo pudo obtener datos y publicaciones referentes a escuelas técnicas de otros países.

      Con los conocimientos, experiencia, bibliografía, e instrumental, que el Arq. Monteverde adquirió en ese viaje y volcó a su regreso en la organización de la Facultad, se afianzaron los progresos ya alcanzados y se abrieron nuevos campos de investigación y estudios prácticos en la misma. A la luz del análisis que hemos hecho de los planes que Monteverde presentó al Consejo de la Universidad, se podría concluir "en general" que los planes de estudios nacionales eran, fundamentalmente similares a los franceses, aunque también se encontraron semejanzas con los belgas.

      Surge del análisis que las Escuelas de Bélgica (Escuela de Ingenieros Civiles, Artes y Manufacturas de Gante y Escuela Politécnica de Bruselas) tenían carreras m s especializadas que las de la Facultad nacional. Las Escuelas francesas (Escuela Central de Artes y Manufacturas, Escuela Nacional de Bellas Artes y Escuela de Puentes y Calzadas de París) compartían esa característica. Esta especialización se justificaba en aquellos países, debido a su desarrollo industrial, sin embargo en el nuestro, para llegar a la primera división en especializaciones industrial y civil, hubo que esperar hasta el año 1925.

Las carreras m s semejantes a la de nuestro país eran en Gante la de Ingeniero de Puentes y Caminos y en Bruselas la de Construcciones Civiles, que duraban ambas cinco años. Ninguna de las dos individualmente contemplaba la totalidad de las materias de nuestra carrera, lo que se lograba combinando disciplinas del curriculum de ambas. Por el contrario, el curriculum de Puentes y Calzadas correspondiente a la Escuela de París, que duraba cuatro años igual que en nuestro país, sí cumplía la condición mencionada. En ambas naciones las carreras incluían otras disciplinas que no constaban en la nacional.

      En Bélgica, ingeniería y arquitectura se estudiaban en la misma Escuela, mientras que en Francia se realizaban en Escuelas separadas, como ocurrió en nuestro país a partir de 1915.

      En ninguno de los países mencionados aparece la carrera de ingeniero geógrafo tal como ocurre en el nuestro. Esto se explica por el momento histórico que se atravesaba, donde era importante llevar a cabo los planos catastrales, así como el mapa del país acerca del cual solamente se habían realizado algunos estudios. Para hacerlo era imprescindible que la Facultad de Matemáticas formara los técnicos correspondientes.

      Respecto a la bibliografía, podemos mencionar que en su primera década la Facultad recibía las siguientes revistas por suscripción: Annales des Ponts et Chaussées (Francia), Le Génie Civil (Francia), L'Industria (Italia), L'Ingegneria Sanitaria (Italia), Nouvellles Annales de la Construction (Francia), Il Politecnico (Italia), Portefeuille conomique des Machines (Francia), Revue Générale des Chemins de Fer (Francia).

      Quiere decir entonces, que en los primeros decenios de la Facultad de Matemáticas predominó una orientación curricular y bibliográfica francesa, aunque sin desconocer algunos aportes importantes de otras naciones que anotáramos anteriormente, ni tampoco, aquello que hacía a la adaptación de estos modelos europeos a nuestra realidad, como la mencionada carrera de Ingeniero geógrafo. El propio título que otorgaba la Facultad había sido tomado de la escuela francesa de "Ponts et Chaussées", debido a que el Uruguay como tantas otras naciones, poseía una formación académica fuertemente influida por la estructura francesa, dado que Francia durante la segunda mitad del siglo XVIII y casi todo el siglo XIX, fue centro de difusión del pensamiento científico y cultural, aunque ya comenzaban a atisbarse en algunas ramas del saber, novedades provenientes de otros países.

Tampoco es casual la existencia de algunos aportes de las escuelas de Bélgica, ya que el liderazgo francés fue sustituido a nivel mundial por el alemán a finales del siglo XIX, nación que sin duda influyó en el diseño de los programas belgas.

La influencia ejercida por estas naciones se debe a que la

Facultad no fue ajena ni en su creación ni en su desarrollo, al "modelo" representado por los centros científico-tecnológicos, que se sucedieron universalmente como líderes en esta actividad, a lo largo de estos últimos siglos.

 

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  Varela, José P.-Ramírez, Carlos M. El destino nacional y la Universidad. Polémica. Tomo 1, Colección de Clásicos Uruguayos, vol. 67. Montevideo.

 A mediados de 1876, comenzaron a funcionar las dos primeras cátedras; la de Anatomía a cargo del Dr. Julio Jurkowski y la de Fisiología a cargo del Dr. Suñer y Capdevila, ambos defensores del positivismo en la Universidad.

 Un ejemplo de ello es la Polémica José Pedro Varela- Carlos María Ramírez en 1876.

 Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, 19 de junio de 1885, t. 73.

 Comte, Augusto. Primeros ensayos. México, Fondo de Cultura Económica, 1942, n.15, p.231.

 En esa fecha la organización de las oficinas técnicas era la siguiente: el 13 de diciembre de 1831, se creó la Comisión Topográfica, con el objeto de formar la carta geográfica de la República, limitar y demarcar las propiedades públicas y privadas, practicar y reglamentar el servicio de Agrimensura, etc. Casi veintitres años después (24 de julio de 1854), se estableció la Inspección de Obras Públicas, y finalmente la Dirección General de Obras Públicas el 22 de enero de 1864, en la cual se fundieron las dos oficinas anteriores. Cuando comenzaron a sentirse necesidades de asesoramiento por parte del Estado, se creó la Dirección General de Caminos (1884), que uniéndose con la anteriormente mencionada Dirección General, dieron lugar al Departamento Nacional de Ingenieros en 1892.

 Soca, Francisco. Selección de discursos. Tomo 2. Colección de Clásicos Uruguayos, vol. 143. Montevideo, 1972, p. 201.

 En este sentido, se proyectó la anexión de la Escuela de Artes y Oficios a la Facultad de Matemáticas. Sobre la base de un proyecto del Ing. Monteverde, la Escuela debía "preparar obreros nacionales instruidos en los principios científicos y artísticos elementales de aplicación a las industrias m s necesarias en el país", otorgando un título intermedio entre el simple egresado de preparatorio y el ingeniero, semejante a lo que ocurría en la Escuela Central de Artes y Manufacturas de Francia. Para la organización de la Escuela, Monteverde tomó como modelo el Instituto Politécnico de Londres y la Escuela Politécnica de Zurich, suprimiendo lo que no consideraba apropiado para nuestro país. Lamentablemente, este proyecto no se llevó a cabo.

 Esto no significa que hasta ese momento no existieran en nuestro país ingenieros titulados en el exterior. Por el contrario, su actividad estaba debidamente reglamentada por la Dirección General de Obras Públicas. ley de Reglamentación de las Construcciones de 8 de julio de 1885, que establecía que todos aquellos que presentasen título profesional o certificado académico o universitario de haber efectuado los estudios profesionales, debían anotarse en el Registro de dicha Dirección. En caso de carencia de tales comprobantes, debían rendir examen de competencia de acuerdo a los programas establecidos para dichas carreras. La autorización de expedir títulos profesionales cesría para esta oficina, tan pronto como estuviera organizada en la Universidad la facultad correspondiente.

 Al año siguiente se agregó la carrera de "Maestro Constructor", que duraba tres años.

 Acevedo, Eduardo. Anales Históricos del Uruguay. Tomo 4. Montevideo, Barreiro y Ramos, 1934, p.465.

 A su regreso Monteverde informó sobre: la Escuela Politécnica de Zurich (Suiza); la Escuela de Arquitectura de Barcelona, la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona, la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puentes de Madrid y la Escuela Superior de Arquitectos de Madrid (España); la Escuela de Puentes y Calzadas de París, la Escuela Central de Artes y Manufacturas de París, la Escuela Nacional y Especial de Bellas Artes de París y el Conservatorio de Artes y Oficios de París (Francia); la Escuela Politécnica de Bruselas y la Escuela de Ingenieros Civiles de Gante (Bélgica); la Escuela de Ingenieros de Turín, el Real Museo Industrial Italiano y las Escuelas Anexas de Ingeniero Industrial de Turín, la Universidad de Pisa, la Real Escuela de Aplicación para los Ingenieros de Roma, la Sección Construcción y Mecánica y la Sección de Agrimensura de Génova y el Instituto Técnico Superior de Milán (Italia).

 

 
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Última Modificación: 17 de mayo de 2008