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La
Facultad de Matemáticas en el
Filosofía
y tecnología en el 1.
Surgimiento del positivismo en nuestro país
Entre 1870 y 1890, el Uruguay fue escenario de serios debates
ideológicos, políticos, filosóficos y científicos, relacionados con las
necesidades de la economía, que estaba cambiando, entre otras cosas, debido a
algunas aplicaciones tecnológicas implementadas, y que requería desarrollo
en el campo científico-tecnológico. Las principales corrientes filosóficas
en pugna eran el espiritualismo y el positivismo, el último de los cuales
penetró revolucionariamente en la Universidad durante el rectorado de Alfredo
Vásquez Acevedo. Bajo su dirección, la institución fue transformada y
puesta al servicio de los intereses de aquellos sectores sociales que
apuntaban a la diversificación de la producción, iniciando un proceso de
consolidación y conquista plena del poder político. En junio de 1886, cuando
todavía quedaban años de actividad reformista por parte del Rector Vásquez
Acevedo, Antonio María Rodríguez decía, en la Cámara de Diputados, que en
esos últimos años, especialmente del 85 en adelante, se había operado en
ese centro de enseñanza una verdadera metamorfosis. En todas las Facultades
de la Universidad había habido reformas y progreso extraordinarios.
El positivismo dominó en el Uruguay a través de su versión sajona
representada por Darwin y Spencer. El Rector Vásquez Acevedo, expresaba en el
discurso pronunciado con motivo de la colación de grados de 1885, que nuestro
país había acogido con entusiasmo los adelantos científicos m s
importantes de la época. Y hacía notar esto refiriéndose al espíritu de
iniciativa, al amor por la ciencia que parecía haberse despertado en esos
tiempos entre los educandos, viéndose favorecidos en sus vocaciones por las
importantes reformas que se habían introducido en la Universidad. En
esta época de profundos cambios para el país, José Pedro Varela afirmaba
que ni la ciencia ni la filosofía podían quedar al margen de la
política:"...en su acepción elevada y legítima, la política es la
ciencia madre: a ella se subordinan todas las otras ciencias(...) Y no se diga
por ejemplo, que cuando la física aplica las fuerzas del vapor a la
locomoción, nada tiene que ver con la política, porque si es cierto que la
locomotora obedece a unos mismos principios en todos los ferrocarriles, no es
menos cierto, también, que el ferrocarril americano tiene una función
política igualitaria, mientras que el ferrocarril francés tiene la
misma función política, pero aristocrática (...), desde que abandonan el
terreno de lo abstracto, y se aplican a la industria, a las artes, al
comercio, las ciencias experimentales toman en cuenta las doctrinas políticas
y sociales, y a ellas se subordinan".
Varias circunstancias influyeron para que el positivismo ejerciera una
verdadera revolución cultural; en primer lugar, impactó en un medio
desprovisto en general de cultura científica (entendida al modo positivista).
Contrariamente a Europa, en nuestro país, el conocimiento y cultivo de las
ciencias naturales se constituyeron bajo su estímulo. El positivismo se
convirtió en una guía ideológica y programática para definir la reforma
educativa y la inserción cultural de la ciencia; en una estructura social y
económica con fuertes rasgos precapitalistas. En segundo lugar, desde el
primer momento se difundió entre nosotros en su modalidad inglesa de la
segunda mitad del siglo XIX; es decir, que se pasó polémicamente de la
metafísica espiritualista del eclecticismo francés, a un naturalismo
acusadamente apoyado en las ciencias biológicas dentro del espíritu de
Darwin. El positivismo fue deliberadamente acogido por la burguesía, como
instrumento de acción sobre la realidad nacional para modificarla y
superarla. En tercer lugar, el momento histórico de su impacto: cuando se
consumaba la incorporación de los países de América Latina al mercado
mundial capitalista. Fue esta circunstancia la que lo ligó al desarrollo
político y económico del país. La finalidad común del positivismo y otras
corrientes de opinión, fue diagramar la cultura y la sociedad, enfocando en
su base el problema de lo que constituía o significaba la nación. Era el
planteo del problema de la nacionalidad misma, según esquemas aportados por
el positivismo europeo, adaptándolos a la realidad social del país.
El positivismo influyó en todos los niveles. En el aspecto político
algunos positivistas se asociaron con regímenes políticos fuertes y
autoritarios, viendo en ellos el instrumento para poder poner en acción sus
proyectos educativos. En referencia a lo científico, el proyecto se asoció
con el darwinismo, la modernización económica en general y el
establecimiento de varios proyectos relacionados con la institucionalización
de la ciencia. Por último, su relevancia en la educación, se hizo sentir a
través de las dos grandes reformas llevadas a cabo por José Pedro Varela y
Alfredo Vásquez Acevedo, en la enseñanza primaria y superior
respectivamente. "La Educación del Pueblo" del primero de ellos,
apareció en 1874, incidiendo decisivamente en la reforma de la escuela
pública e impulsando un importante movimiento cultural. Varela, que criticaba
el modelo cultural francés vigente en el país y proponía remplazarlo por
otro (con influencias inglesas, alemanas y estadounidenses), estableció las
bases culturales para la creación de un país al estilo europeo. Según este
educador teníamos "una naturaleza virgen que domeñar, una sociedad
entera que organizar, una nación nueva que hacer surgir de entre el caos de
la primitiva ignorancia. A ello vamos: propios y extraños esfuerzos nos
empujan en este camino; la marcha es r pida, las transformaciones se
operan a grandes pasos...". Creía que si se ensanchaban las bases de la
educación pública, y se daban los desarrollos naturales a las enseñanzas
primaria y secundaria, entonces, el privilegio creado por nuestra Universidad
en favor de la Facultad de Derecho, se iba a hacer insostenible puesto que a
cada paso vendrían a golpear a sus puertas, buscando la satisfacción de sus
deseos científicos, todos los que, teniendo la base de los estudios hechos en
las escuelas y colegios se propusieran seguir aquellas de las profesiones
liberales que exhibían otro género de conocimiento que los requeridos para
la abogacía.
A la reforma de la escuela sucedió, como etapa siguiente de un mismo
gran movimiento educacional, la reforma de la Universidad, impuesta conforme a
las directivas filosóficas y pedagógicas del evolucionismo de Darwin y
Spencer. La
Universidad en camino hacia el positivismo creó en 1876, la Facultad de
Medicina, diseñando la organización de la enseñanza superior sobre la base
de las ciencias naturales. Este ingreso paulatino y costoso del país a la
cultura científica moderna, constituyó a su vez un poderoso estímulo para
que esa corriente filosófica penetrara aún m s. Pero este era sólo el
comienzo; 1885 fue el año de consolidación del positivismo en la Universidad
con la creación de la Facultad de Matemáticas, combinación de
tecnología y ciencias; y el comienzo del pasaje por las aulas de la Facultad
de Derecho de los representantes del positivismo sustituyendo a los
espiritualistas.
El espiritualismo desplazado del ámbito universitario llevó la
resistencia a otros campos: la prensa y el Parlamento, lo que muestra la
repercusión nacional y el sacudimiento espiritual que produjeron los debates
filosóficos.
La imposición del cientificismo positivista como base ideológica del
nuevo modelo cultural, supuso construir un programa de desarrollo científico
tecnológico destinado a impulsar también la ingeniería, necesaria para
cambiar esa realidad nacional imperfecta de la que hablábamos. Al decir de
Comte, los ingenieros eran necesarios para servir de intermediarios
permanentes y regulares, para todos los trabajos particulares entre los sabios
y los industriales. Era una "importante clase (que) hubo de formarse
necesariamente la última, cuando la teoría y la práctica, que habían
partido de puntos tan opuestos, estuvieron lo bastante adelantadas una y otra
como para darse la mano (...) El cuerpo de doctrina propio de los ingenieros
debe formarse por una serie de concepciones análogas, relativas a todas las
grandes operaciones prácticas analizadas racionalmente (...) Esta formación
supone que la construcción de la filosofía positiva esté ya adelantada
hasta un cierto punto, porque toda gran aplicación a las artes exige de
ordinario la combinación de conocimientos que se refieren a la vez a varios
puntos de vista científicos".
2.
La necesidad de la ciencia y la técnica en el Uruguay de fines del siglo XIX
La carencia de ingenieros se palpaba por todos lados; por la necesidad
de construir obras públicas que consistían principalmente en líneas de
ferrocarriles y caminos carreteros, para poner nuestros centros productores en
contacto con los mercados de consumo y exportación; de tener una flota
mercante propia; por el desarrollo de la industria de la construcción a
consecuencia de la marcada concentración urbana; por el desenvolvimiento de
la industria y el Puerto de Montevideo, etc. Los
ingenieros eran necesarios para asesorar al Gobierno respecto a la
conveniencia de realizar las mismas, proponer modificaciones a las leyes
vigentes que se les relacionaran, y por supuesto vigilar y ejecutar dichas
obras. Pero para ello era imprescindible la formación de técnicos preparados
para el asesoramiento en la construcción de caminos y carreteras, así como
para habilitar nuestros ríos para la navegación interna, porque los
"caminos que andan" eran uno de los problemas capitales de la
economía pública y del futuro engrandecimiento de la nación. Lo m s
urgente era acondicionar los caminos nacionales y departamentales, que
comunicaban con las estaciones de ferrocarriles, así como era necesario
reforzar la acción de control de estos últimos. La
presencia de los ingenieros era fundamental también para resolver el
largamente debatido problema del Puerto de Montevideo -por lo menos desde
1883, y que en aquella época resultaba impostergable por la afluencia de un
mayor número y tonelaje de barcos-, y para el cual no se encontraba una
solución definitiva. Esto se manifestaba claramente en el discurso de
Francisco Soca sobre el Proyecto Definitivo de las Obras del Puerto de
Montevideo, donde denunciaba que los estudios hasta el momento llevados a cabo
sobre el mismo (realizados por expertos extranjeros), carecían de rigurosidad
científica, ya que presentaban soluciones opuestas e irreconciliables. Y se
preguntaba: "nosotros, simples diputados, nosotros, que somos
completamente extraños al arte de las construcciones hidráulicas, nosotros
podremos jamás resolvernos a elegir entre las insolubles contradicciones de
los sabios?".
El Estado aunque muy lentamente, había comenzado a transitar el camino
para combinar producción tecnológica y práctica política, al crear el
Departamento Nacional de Ingenieros el 1§ de septiembre de 1892, que comenzó
a funcionar recién el 7 de diciembre de 1894.
Había otras reas, además de las señaladas anteriormente, donde
la necesidad de los ingenieros era imperiosa. En la segunda mitad de la
década de 1880 se produjo en Uruguay un "replanteamiento del modelo de
país", que pretendía la reformulación de la estructura económica del
mismo, escapando del viejo patrón de la ganadería extensiva. Para fortificar
la independencia política, era necesario independizarse económicamente, lo
que sólo se lograría al diversificar la producción. El poder industrial
propio, era condición necesaria para la constitución de una nacionalidad y
de una independencia económica, y en aquel aspecto nuestro país no había destruido
aún el sistema colonial. El proceso de lucha contra esa
dependencia, que requería la creación de una industria y de una tecnología
nacionales, coincidió con la ley de Aduanas de 1888, que apuntaba entre otras
cosas al proteccionismo de la industria, coadyuvando a poner en marcha un
modelo de país capitalista industrial y autónomo. La
ruptura de la dependencia económica, se anudaba con la superación de esos
problemas: la creación de la industria y de una tecnología nacionales.
Algunos sectores de la incipiente burguesía industrial que impulsaba las
transformaciones, se apoyó para el cambio, en una revolución cultural que en
parte señal ramos anteriormente, al mencionar la reforma vareliana y la
de la enseñanza universitaria. Ambas debían complementarse con una reforma
en la enseñanza industrial. Era necesario crear un nuevo sistema educativo
que cimentara los cambios tecnológicos que se incorporarían a la
producción, y que organizara la investigación científica. Se necesitaba
enseñanza industrial para la calificación de la fuerza de trabajo y
enseñanza superior para la preparación de los técnicos que, entre otras
tareas, iban a organizar y dirigir la industria. Personal que estuviera
capacitado técnicamente, pero que también -y esencialmente- respondiera al
nuevo modelo de país que pretendía imponer la burguesía.
La Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas, creada por ley de 1885,
debía ser centro de generación de profesionales con sentido crítico ante la
realidad nacional. Se pretendía que fueran estudiantes preparados no sólo
técnicamente, sino, comprometidos con el país, para llevar a cabo un
proyecto de nacionalización. La idoneidad técnica se podía conseguir
contratando expertos extranjeros, pero no siempre la adhesión al programa
político-económico nacional. El ambiente del país incitaba a los jóvenes a
tomar otros derroteros que no fueran los marcados por las carreras
tradicionales (medicina y derecho), sino a formarse en los nuevos caminos que
comenzaba a brindar la Universidad, y que era lo que la transformación
nacional requería: la creación de carreras técnicas que respondieran a esa
primera etapa de modernización.
La
Facultad de Matemáticas y Ramas Anexas 1.
Su creación
La puesta en marcha de la Facultad de Matemáticas, estaba ya en el
pensamiento de Alfredo Vásquez Acevedo desde 1881. El proyecto fue sancionado
en 1885, y en su artículo 11 establecía que la Universidad de la República
estaría formada por las facultades de Derecho y Ciencias Sociales, de
Medicina y Ramas Anexas y de Matemáticas y Ramas Anexas.
La entrada en funciones de la Facultad estuvo dada por el Reglamento
General de Enseñanza Secundaria y Superior, aprobado por el Consejo
de la Universidad el 19 de febrero de 1887. El mismo contenía el plan
de estudios de la novel institución, que pudo entonces, plasmarse en realidad
al iniciar sus cursos el 1§ de marzo de 1888. Los títulos a otorgar por la
misma debían limitarse a los de "Ingeniero de Puentes, Caminos y
Calzadas" (cuatro años de duración), "Arquitecto" (cuatro
años), "Ingeniero geógrafo" (tres años), y "Agrimensor"
(dos años). En su nota al Poder Ejecutivo, Vásquez Acevedo, explicaba
que las carreras creadas satisfacían en ese momento, los deseos de la
juventud estudiosa y las necesidades m s urgentes del país. La
Facultad comenzó a funcionar con 15 alumnos inscriptos y sus primeros pasos
fueron muy penosos. Así nos lo recuerda Eduardo Acevedo en estas líneas:
"la Facultad de Matemáticas permaneció casi desierta, a pesar de las
grandes facilidades acordadas en esa época a los alumnos. Sólo después de
crear un ambiente a fuerza de propaganda, consiguieron el Rector Dr. Alfredo
Vásquez Acevedo y el Decano Arq. Juan Monteverde, prestigiar las carreras que
allí se cursaban". La
Universidad seguía siendo vista como la formadora de las clases dirigentes, y
el medio universitario seguía estando demasiado atento a los problemas
políticos, como para preocuparse de mirar hacia los estudios técnicos. También
hubo que luchar los primeros años con la falta de profesores, puesto que
había en Montevideo un número limitado de ingenieros y arquitectos, con la
preparación necesaria como para dictar cursos.
A pesar de estos obstáculos, el Teatro Solís presenció en una
solemne ceremonia, el 12 de octubre de 1892, la colación de grado de sus tres
primeros egresados: José Serrato, Eduardo García de Zúñiga y Pedro Magnou.
2.
El modelo adoptado
Con el fin de subsanar algunas de las limitaciones que presentaba
nuestro medio a la hora de organizar la Facultad, y a efectos de que pudiera
alcanzar el nivel de las escuelas m s avanzadas en materia de ingeniería
y arquitectura, fue comisionado en 1892 (15/9) el Decano de la misma, Arq.
Juan Monteverde , para visitar varias naciones europeas con el objetivo de
inspeccionar sus instituciones similares. Monteverde debía informar
especialmente, sobre las condiciones en que se realizaba en ellas la
enseñanza práctica, recoger información científica actualizada, reunir
publicaciones y proponer y adquirir los aparatos y útiles más modernos
para completar y ampliar los gabinetes que poseía la Universidad. El
plazo de cuatro meses que se le concedió para la misión, lo obligó a
limitar sus visitas a las Escuelas correspondientes a las especialidades
técnicas que había en nuestra Facultad, en Francia, España, Bélgica,
Italia y Suiza. Sin embargo pudo obtener datos y publicaciones referentes a
escuelas técnicas de otros países.
Con los conocimientos, experiencia, bibliografía, e instrumental, que
el Arq. Monteverde adquirió en ese viaje y volcó a su regreso en la
organización de la Facultad, se afianzaron los progresos ya alcanzados y se
abrieron nuevos campos de investigación y estudios prácticos en la misma. A
la luz del análisis que hemos hecho de los planes que Monteverde presentó al
Consejo de la Universidad, se podría concluir "en general" que los
planes de estudios nacionales eran, fundamentalmente similares a los
franceses, aunque también se encontraron semejanzas con los belgas.
Surge del análisis que las Escuelas de Bélgica (Escuela de Ingenieros
Civiles, Artes y Manufacturas de Gante y Escuela Politécnica de Bruselas)
tenían carreras m s especializadas que las de la Facultad nacional. Las
Escuelas francesas (Escuela Central de Artes y Manufacturas, Escuela Nacional
de Bellas Artes y Escuela de Puentes y Calzadas de París) compartían esa
característica. Esta especialización se justificaba en aquellos países,
debido a su desarrollo industrial, sin embargo en el nuestro, para llegar a la
primera división en especializaciones industrial y civil, hubo que esperar
hasta el año 1925. Las
carreras m s semejantes a la de nuestro país eran en Gante la de
Ingeniero de Puentes y Caminos y en Bruselas la de Construcciones Civiles, que
duraban ambas cinco años. Ninguna de las dos individualmente contemplaba la
totalidad de las materias de nuestra carrera, lo que se lograba combinando
disciplinas del curriculum de ambas. Por el contrario, el curriculum de
Puentes y Calzadas correspondiente a la Escuela de París, que duraba cuatro
años igual que en nuestro país, sí cumplía la condición mencionada. En
ambas naciones las carreras incluían otras disciplinas que no constaban en la
nacional.
En Bélgica, ingeniería y arquitectura se estudiaban en la misma
Escuela, mientras que en Francia se realizaban en Escuelas separadas, como
ocurrió en nuestro país a partir de 1915.
En ninguno de los países mencionados aparece la carrera de ingeniero
geógrafo tal como ocurre en el nuestro. Esto se explica por el momento
histórico que se atravesaba, donde era importante llevar a cabo los planos
catastrales, así como el mapa del país acerca del cual solamente se habían
realizado algunos estudios. Para hacerlo era imprescindible que la Facultad de
Matemáticas formara los técnicos correspondientes.
Respecto a la bibliografía, podemos mencionar que en su primera
década la Facultad recibía las siguientes revistas por suscripción: Annales
des Ponts et Chaussées (Francia), Le Génie Civil (Francia), L'Industria
(Italia), L'Ingegneria Sanitaria (Italia), Nouvellles Annales de la
Construction (Francia), Il Politecnico (Italia), Portefeuille conomique des
Machines (Francia), Revue Générale des Chemins de Fer (Francia).
Quiere decir entonces, que en los primeros decenios de la Facultad de
Matemáticas predominó una orientación curricular y bibliográfica francesa,
aunque sin desconocer algunos aportes importantes de otras naciones que
anotáramos anteriormente, ni tampoco, aquello que hacía a la adaptación de
estos modelos europeos a nuestra realidad, como la mencionada carrera de
Ingeniero geógrafo. El propio título que otorgaba la Facultad había sido
tomado de la escuela francesa de "Ponts et Chaussées", debido a que
el Uruguay como tantas otras naciones, poseía una formación académica
fuertemente influida por la estructura francesa, dado que Francia durante la
segunda mitad del siglo XVIII y casi todo el siglo XIX, fue centro de
difusión del pensamiento científico y cultural, aunque ya comenzaban a
atisbarse en algunas ramas del saber, novedades provenientes de otros países. Tampoco
es casual la existencia de algunos aportes de las escuelas de Bélgica, ya que
el liderazgo francés fue sustituido a nivel mundial por el alemán a finales
del siglo XIX, nación que sin duda influyó en el diseño de los programas
belgas. La
influencia ejercida por estas naciones se debe a que la Facultad
no fue ajena ni en su creación ni en su desarrollo, al "modelo"
representado por los centros científico-tecnológicos, que se sucedieron
universalmente como líderes en esta actividad, a lo largo de estos últimos
siglos.
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Arturo. La Universidad de Montevideo. Montevideo, 1950, p.68. Varela,
José Pedro. Obras Pedagógicas. La Educación del Pueblo. Tomo 2. Montevideo,
Biblioteca Artigas, 1964, p.47. Ibid. Tomo
1, p.96. Ibid. Tomo
2., p.305.
Varela,
José P.-Ramírez, Carlos M. El destino nacional y la Universidad. Polémica.
Tomo 1, Colección de Clásicos Uruguayos, vol. 67. Montevideo. A
mediados de 1876, comenzaron a funcionar las dos primeras cátedras; la de
Anatomía a cargo del Dr. Julio Jurkowski y la de Fisiología a cargo del Dr.
Suñer y Capdevila, ambos defensores del positivismo en la Universidad. Un
ejemplo de ello es la Polémica José Pedro Varela- Carlos María Ramírez en
1876. Diario
de Sesiones de la Cámara de Representantes, 19 de junio de 1885, t. 73. Comte,
Augusto. Primeros ensayos. México, Fondo de Cultura Económica, 1942, n.15,
p.231. En
esa fecha la organización de las oficinas técnicas era la siguiente: el 13
de diciembre de 1831, se creó la Comisión Topográfica, con el objeto de
formar la carta geográfica de la República, limitar y demarcar las
propiedades públicas y privadas, practicar y reglamentar el servicio de
Agrimensura, etc. Casi veintitres años después (24 de julio de 1854), se
estableció la Inspección de Obras Públicas, y finalmente la Dirección
General de Obras Públicas el 22 de enero de 1864, en la cual se fundieron las
dos oficinas anteriores. Cuando comenzaron a sentirse necesidades de
asesoramiento por parte del Estado, se creó la Dirección General de Caminos
(1884), que uniéndose con la anteriormente mencionada Dirección General,
dieron lugar al Departamento Nacional de Ingenieros en 1892. Soca,
Francisco. Selección de discursos. Tomo 2. Colección de Clásicos Uruguayos,
vol. 143. Montevideo, 1972, p. 201. En
este sentido, se proyectó la anexión de la Escuela de Artes y Oficios a la
Facultad de Matemáticas. Sobre la base de un proyecto del Ing. Monteverde, la
Escuela debía "preparar obreros nacionales instruidos en los principios
científicos y artísticos elementales de aplicación a las industrias
m s necesarias en el país", otorgando un título intermedio entre
el simple egresado de preparatorio y el ingeniero, semejante a lo que ocurría
en la Escuela Central de Artes y Manufacturas de Francia. Para la
organización de la Escuela, Monteverde tomó como modelo el Instituto
Politécnico de Londres y la Escuela Politécnica de Zurich, suprimiendo lo
que no consideraba apropiado para nuestro país. Lamentablemente, este
proyecto no se llevó a cabo. Esto
no significa que hasta ese momento no existieran en nuestro país ingenieros
titulados en el exterior. Por el contrario, su actividad estaba debidamente
reglamentada por la Dirección General de Obras Públicas. ley de
Reglamentación de las Construcciones de 8 de julio de 1885, que establecía
que todos aquellos que presentasen título profesional o certificado
académico o universitario de haber efectuado los estudios profesionales,
debían anotarse en el Registro de dicha Dirección. En caso de carencia de
tales comprobantes, debían rendir examen de competencia de acuerdo a los
programas establecidos para dichas carreras. La autorización de expedir
títulos profesionales cesría para esta oficina, tan pronto como estuviera
organizada en la Universidad la facultad correspondiente. Al
año siguiente se agregó la carrera de "Maestro Constructor", que
duraba tres años. Acevedo,
Eduardo. Anales Históricos del Uruguay. Tomo 4. Montevideo, Barreiro y Ramos,
1934, p.465. A
su regreso Monteverde informó sobre: la Escuela Politécnica de Zurich
(Suiza); la Escuela de Arquitectura de Barcelona, la Escuela de Ingenieros
Industriales de Barcelona, la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y
Puentes de Madrid y la Escuela Superior de Arquitectos de Madrid (España); la
Escuela de Puentes y Calzadas de París, la Escuela Central de Artes y
Manufacturas de París, la Escuela Nacional y Especial de Bellas Artes de
París y el Conservatorio de Artes y Oficios de París (Francia); la Escuela
Politécnica de Bruselas y la Escuela de Ingenieros Civiles de Gante
(Bélgica); la Escuela de Ingenieros de Turín, el Real Museo Industrial
Italiano y las Escuelas Anexas de Ingeniero Industrial de Turín, la
Universidad de Pisa, la Real Escuela de Aplicación para los Ingenieros de
Roma, la Sección Construcción y Mecánica y la Sección de Agrimensura de
Génova y el Instituto Técnico Superior de Milán (Italia).
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