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FREGE
Y SELLARS; SOBRE VERDAD Y PERCEPCION
Lucía
LEWOWICZ
Vamos a presentar un análisis comparativo de dos lecturas no semánticas
de la Teoría de la Verdad como Correspondencia (en adelante, TVC) una para
rechazarla, y la otra para reivindicarla. Lo interesante de estos dos autores es
que utilizan el mismo recurso teórico para hacer, cada uno, lo suyo. El recurso
teórico es la percepción y sus subproductos y los autores son Gottlob Frege en
el primer caso, y Roy Wood Sellars en el segundo. Nos restringiremos sólo a dos
textos, cortos, de ambos: El pensamiento (1918) de Frege y
The theory of truth. "True" as
contextually implying correspondence, de Roy Wood Sellars (1959). Roy
Wood Sellars fue el fundador de la escuela realista crítica
estadounidense, nació en Ontario, Canadá, en 1880 y falleció en Minesota,
USA, en la década de los 70 . Fue profesor en la Universidad de Minesota. Ha
publicado una profusa bibliografía dentro de la cual se encuentran textos como Principles
of emergent realism (1970) - de donde se extrae el que utilizaremos
nosotros- Critical Realism (1916) y Evolutionary Naturalism (1922)
entre muchos otros. Fue además, el padre del mejor conocido filósofo Wilfried
Sellars aunque esto no constituye necesariamente un mérito, apenas una
referencia más familiar. Los temas de interés de aquél circularon en torno a
la teoría del conocimiento materialista, el materialismo, la teoría de la
percepción y el problema mente-cuerpo donde definió una clara postura
emergentista respecto de la mente que se anticipa y mejora, avant la lettre,
en mucho, las teorías de la relación emergentista entre mente y cuerpo como
por ejemplo la del filósofo Mario Bunge (1980). A Gottlob Frege, el otro autor
a considerar aquí, no es menester presentarlo.
El propósito de este trabajo es doble; intenta rechazar la deflación
que, a mi entender, ha padecido la relación realismo y verdad. El realismo ha
sufrido una fuerte deflación ni
bien se lo ha identificado con la verdad como correspondencia (el recorrido
iniciado por Michael Dumett (1978) y que desemboca
en el ya no tan actualísimo Richard Rorty
(1979) es un ejemplo de ello: bastaría rechazar virulentamente la verdad
como correspondencia para deflacionar hasta eliminar el realismo). La verdad,
por otro lado, ha sido sometida a una reducción casi "química" tal que sólo se la entiende como un problema puramente semántico,
tanto es así que muchos autores realistas sostienen que el realismo es una
doctrina ontológica que no tiene nada que ver con la semántica y como la
verdad pertenece a la semántica el realismo y la verdad no se unen ni en el
infinito. Debo agregar asímismo que los autores que sostienen estas tesis (Devitt,
(1984), Searle, (1995), Hacking (1983) y otros no tan afamados como Bhaskar,
(1975), entre otros) ni siquiera se ven en la necesidad de explicar por qué la
verdad es un problema puramente semántico -y en esto también Tarski (1944)
es culpable y quizá hasta el mismo Aristóteles ya que en la Metafísica,
libro gamma, sostuvo que la verdad es decir de lo que es, que es y de lo
que no es que no es[1].
El segundo propósito de esta comparación es
señalar una omisión y sus
consecuencias, justamente respecto a la relación realismo y verdad. El torrente
de la filosofía del lenguaje predominante ha omitido, al menos desde nuestro
punto de vista, el problema de la percepción verídica o referencial, que la
filosofía del arte ha tratado, sin embargo, ampliamente (sólo a modo de
ejemplo, podemos citar el texto de Gombrich, 1959). Esta es la ventaja relativa
que tiene ocuparnos de Roy Wood Sellars. Es un filósofo de la ciencia
materialista que no esquiva las objeciones
escépticas -modernas o contemporáneas-, que propone una solución al problema
de la percepción referencial, obviamente discutible, y a la cual le otorga una
función fundamental, a saber: la de dar cuenta de la verdad como
correspondencia, pero esto lo desarrollaremos detenidamente más adelante. Falta
agregar además, que Roy Wood Sellars será un espectador comprometido del
"giro lingüístico" en la filosofía contemporánea y a la vez un crítico
del mismo. FREGE.
Destacaremos muy brevemente los rasgos de la concepción fregeana de la
verdad cuya originalidad podría estar dada en la atractiva radicalidad y
consecuencia con la que el autor piensa hasta el fin tal idea. Desde un punto de
vista general la verdad no atañe a la semántica: " El pensamiento, no
sensible en sí, se cubre con la vestidura sensible de la oración y se nos hace
así más fácilmente captable. Decimos que la oración expresa un
pensamiento" (1918:109). Por lo tanto las características más
sobresalientes de la concepción fregeana de la verdad son las siguientes: i)
Las verdades se descubren o captan, no se inventan. Aún si los seres humanos no
existieran, habría, sin embargo, verdades. ii)
Dentro de una concepción perspicua de la verdad ésta no puede ser
primariamente una noción lingüística. El lenguaje es creado por los seres
humanos. Podríamos aplicar la noción de verdad a los enunciados de algún
lenguaje sólo en un sentido vicario, los lenguajes expresan
proposiciones o pensamientos (entidades translingüísticas). iii)
Todas las verdades son pensamientos pero no todos los pensamientos son verdades,
lo falso también existe, así como pensamientos que no son ni verdaderos ni
falsos. iv)
El conjunto de verdades es un conjunto fijo, dado de una vez por todas. Lo que
es verdadero es verdadero independientemente de nuestra aceptación. v)
La noción genuina de verdad no es de carácter espacio-temporal. vi)
La verdad es al parecer un concepto primitivo par excellence en cualquier
contexto epistémico, tan primitivo que no puede ser definido ni abandonado. Es
si se me permite, una condición de posibilidad de toda actitud epistémica. Es
como si en la elucidación del concepto "conocimiento" apareciera
intuitivamente o preteóricamente la noción de verdad.
Esta seductora concepción de la verdad, que no se siente intimidada por
las máximas de la "navaja de Occam" es el resultado de uno de los
presupuestos filosóficos de Frege, su antipsicologísmo. Gran parte de este
texto esta dedicado a desvincular
por completo la verdad y el
pensamiento de la percepción y sus
subproductos a saber, imágenes, representaciones, etc. A estas alturas del
trabajo ya corresponde preguntarse qué era más importante para Frege, ¿su
antipsicologismo o esta pletórica ontología? Según Sluga (1980) lo primero, y
por razones que no voy a detallar aquí tiendo a creer que tiene razón. Es más,
Frege habría llegado a la misma conclusión que muchos años después
llegó Nelson Goodman (1984) y que parafraseo del siguiente modo: las
proposiciones (o pensamientos, Frege dixit) no pueden ser verdes o azules
de la misma manera que las representaciones no pueden ser verdaderas o falsas.
Pero veamos cómo lo desarrolla el propio Frege.
En la página 107 de El pensamiento, Frege (1918)
comienza su trabajo preguntándose si "¿Es
en rigor verdadera una imagen en cuanto mera cosa visible y tangible? Y
una piedra, una hoja ¿son acaso verdaderas? Obviamente uno no llamaría
verdadera a la imagen si al hacerlo no tuviera otra cosa en vista. La imagen
debe representar algo. Tampoco una representación es llamada verdadera en sí,
sino en vista a otra cosa: la representación debe concordar con algo. Se puede
suponer en consecuencia que la verdad consiste en una concordancia entre la
imagen y lo imitado por ella. Una concordancia es una relación. Esto contradice
empero el uso habitual de la palabra "verdadero" que no es una palabra
para indicar relaciones y no contiene ninguna referencia a otra cosa con lo
cual algo deba concordar" (negritas nuestras, 1918:107-108).
Lo primero que cabe señalar es que para Frege la imagen
qua imagen no existe, es decir, o es "mera" imagen o
"debe representar algo". Lo segundo es que a los subproductos de la
percepción sólo les cabe una verdad como concordancia o correspondencia con
algo distinto. Y tercero, que la verdad como correspondencia es fallida en
cuanto en la elucidación de la noción de verdadero no podemos encontrar
"ninguna referencia a otra cosa con lo cual algo deba concordar"[2]. Disentimos con Frege en lo primero, la imagen qua
imagen no es mera ni tiene por qué representar. Un cuadro de Kandinsky es una
imagen y qua imagen es material además de objeto de juicio, etc. y no
hay nada que obligue a Kandinsky a comprometerse con una representación de
algo, más bien esto podría ser un interés del espectador del cuadro y no de
su creador. Sin embargo, estamos, enfáticamente de acuerdo con los otros dos señalamientos.
Pero de ello hablaremos más adelante.
Para Frege las representaciones se distinguen de las cosas del mundo
externo (es importante señalar aquí que el mundo externo existe para Frege,
esta indicación rayana en la estupidez -pero necesaria vistas tantas sandeces
que se pronuncian con empaque- es, sin embargo, relevante en nuestra actualidad
filosófica general) de tres maneras: i)
" Las representaciones no pueden ser vistas /insistimos, las imágenes o
representaciones qua tales no se comportan así/, ni palpadas, no pueden
ser olidas ni gustadas ni oídas" ( entrebarras nuestro, 1918:118) ii)
"Las representaciones se poseen (...) Una representación que alguien posee
pertenece al contenido de su conciencia" ( 1918:118) ii)
"Las representaciones requieren de un portador. Las cosas del mundo
externo son, comparadas con ellas, independientes" (negritas mías,
1918:119) Las
representaciones son para Frege, impresiones sensoriales, creaciones de la
imaginación, sensaciones, sentimientos, deseos, es decir, representaciones
subjetivas. Los modelos astronómicos, por ejemplo de los babilonios, los
fractales impresos, las maquetas, esculturas, pinturas o la música, no entrarían
en la definición fregeana de representación. Ahora bien, ¿caben dentro de
"las cosas del mundo externo" "independiente"? Por ahora sólo
diremos que, respecto al uso convencional del término
"independiente", ciertamente no. Si sólo son representaciones las
subjetivas individuales (que tienen un portador) es claro que sería
imposible compararlas; siguiendo el ejemplo del mismo Frege, "no puedo
comparar tu dolor con el mío", se trataría de una información
cualitativa e inefable. "Ninguna otra persona tiene mi representación,
pero muchas pueden ver la misma cosa. Ningún otro tiene mi dolor. Alguien puede
compadecerse, pero mi dolor me sigue perteneciendo a mí y su compasión a él.
El no tiene mi dolor y yo no tengo su compasión" (1918:120).
Los pensamientos no son ni cosas del mundo exterior ni representaciones
subjetivas; los pensamientos, como ya dijimos, se captan, se descubren (con un
poco de suerte sobreagregada) pero nuestra conciencia nunca los produce. Ahora
bien, ¿los pensamientos, que no son cosas del mundo exterior, pueden coincidir
con ellas? La respuesta fregeana es definitiva, no. La cosa no es ni
representación ni pensamiento. Y es esta convicción la que le permite criticar
de manera rotunda la TVC - así como al solipsismo individualista, ver 1918:
122-123. "Hacer coincidir una representación con una cosa sólo sería
posible si también la cosa fuese una representación" (1918: 108) Pero según
Frege esto es lo que no se busca cuando se define la TVC, en esta definición es
necesario, según el autor, que lo real se distinga fuertemente de lo
representado, pero entonces sólo obtendremos una verdad imperfecta o a medias.
Lamentablemente, Frege no explica suficientemente por qué se produciría una
verdad imperfecta o a medias o quizá yo no lo entienda bien[3].
Sin embargo me interesa marcar que
si se diera una concordancia total entre una representación y otra, por ejemplo
entre creaciones de la imaginación
e impresiones sensoriales - no tiene por qué haber más de un portador, para
utilizar la terminología del autor - la verdad como correspondencia podría ser
perfecta y total. Si analizamos esto desde una perspectiva presentista, resulta
sumamente paradójico que sean justamente los relativistas los que se hayan ensañado
más contra la TVC, si se trata de comparar y hacer concordar entidades
dependientes de lo mental ¿dónde radicaría el problema? ¿se produciría una
deflación de la TVC? ¿una redundancia expresiva? Si el idealismo dijera de lo
que es que es y de lo que no es que no es, no entraría en ninguna dificultad
categorial como parece sucederle al realismo cuando sostiene la máxima de Aristóteles.
De cualquier modo, parece claro que para Frege cualquier intento epistémico por
elucidar la verdad como correspondencia aparece como desatinado en tanto
reflejaría una reducción al infinito.
..."lo que se llama impropiamente verdad de las imágenes y de las
representaciones se reduce así a la verdad de las oraciones" (1918:109) El
ser verdadero no es una propiedad
que corresponda a los sentidos, ni que se implique de ellos aunque pueda
reconocerse sobre la base de impresiones sensibles. El ser verdadero está "encubierto"
por la forma lingüística que para el autor es sensible. como es de notar para
Frege la forma lingüística
pertenece a nuestras capacidades perceptivas, no es sólo un recurso creado por
los seres humanos sino que tiene un status similar al de las impresiones
sensoriales y demás representaciones subjetivas, la cosa no está entre el
lenguaje - el vacío - y - el mundo,
sino que hay algo que produce ese tránsito y ese algo es la percepción, una
percepción que no ha salido del esquematismo empirista moderno del sense-data y
la idea pero que sin duda reviste más cuerpo que,- en su intento por superar
dicho esquematismo- la "materia" que preserva el giro lingüístico de
la filosofía angloparlante de este siglo.
Antes de pasar a Roy Wood Sellars queremos señalar qué nos parece
compartible de este modo de plantear las cosas fregeano. Frege se preocupa
genuinamente por la verdad, se ubica al margen del solipsismo y, también, de
cualquier teoría ingenua de la verdad como correspondencia. El mundo está
compuesto por más cosas que existen independientemente de los seres
humanos, es decir, no es antropocentrista, están las piedras impersonales e
inanimadas, pero también están los pensamientos y la verdad como dominio
extranjero ( ni exterior ni interior) lo que hace al mundo en que vivimos al
menos más rico. No obstante, se debe señalar que no sabemos qué pasa con lo
falso, ¿es otro dominio extranjero (ni interior ni exterior)? o ¿errare
humanum est? Es compartible asimismo, como ya dijimos, la articulación que
Frege hace entre TVC y la percepción, si en algún lugar tiene sentido hablar
de correspondencia es en la
actividad perceptiva inmediatamente referencial aunque Frege no vea a la
percepción como un trabajo, una actividad, una práctica, pero de esto
hablaremos más adelante. Del mismo modo es importante lo que al pasar dice el
autor cuando sostiene que la palabra "verdadero" no contiene a la
referencia, es decir, "...no contiene ninguna referencia a otra cosa con la
cual algo deba concordar" (1918: 108); es el sentido de una oración lo que
expresa un pensamiento que es lo único que puede participar del ser verdadero.
Por último es importante el hecho de que si bien
no existan cosas tales como creencias justificadas o representaciones
objetivas para Frege, el pensamiento, que es autónomo, puede ser captado o
descubierto por cualquier ser humano lo mismo que un árbol o una montaña. El
pensamiento es compartible igual que la naturaleza ( esta última, en el mejor
de los mundos posibles). SELLARS.
Según Roy Wood Sellars (en adelante, Sellars) el conocimiento[4]
es la categoría primera y el adjetivo "verdadero" significa la
ratificación[5]
(endorsement) de un enunciado cognoscitivo. La correspondencia no es un examen (test)
sino la implicación contextual del conocimiento obtenido a través
de una afirmación. Esta es la logística del problema de la verdad como
correspondencia para dicho autor: "To say that a statement is true is to
endorse it. A statement, it would seem, is like a cheque. It is a claim for
money in the bank. In endorsing de cheque, we assert the claim." (1959:234)
Pero ¿qué significa ratificar un enunciado? ¿Cuál sería la función
o el papel de un enunciado? El enunciado da conocimiento sobre aquello de
que se trata. De esto se sigue que ratificar un enunciado como verdadero es
observarlo como un logro cognoscitivo. Desde ya debemos señalar el carácter
definitivamente epistémico de esta posición aunque esta característica
no tiene nada que ver con teorías del conocimiento como espectador,
más bien se trata de teorías en que la cognición es una actividad que tiene
sus mecanismos y propósitos naturales y sociales. Sin embargo, "The
logicians seem to be putting their bets on the so-called semantic theory of
truth" (1959:234) Si, no obstante, retrocedemos a la percepción deberíamos
ser capaces de ofrecer alguna teoría adecuada de la percepción verídica.
"Now it may well be that the logician refuses to concern himself with this
problem. And, at a certain level,he is within his rights." (1959:234). Con
esto Sellars sugiere que todo proceso de conocimiento envuelve, al menos, el
supuesto de que hay un estado de cosas que conocer. En el nivel de la percepción
nos observamos como percibiendo con éxito objetos que clasificamos como sillas,
árboles o gente.
Haremos, así como con Frege, un punteo de las tesis más importantes
respecto de la verdad de Sellars; el texto de éste es bastante embrollado. i)
Si bien Sellars se muestra tolerante con la teoría semántica de la verdad y
toma como punto de partida el enunciado de que lo verdadero es un adjetivo, o más
aggiornadamente un predicado, el término verdadero es más bien una
especie de ratificación. Además, critica dicha teoría "de los lógicos"
sosteniendo que la teoría semántica de la verdad sólo expresa un exigencia,
no la explica: "As I see it, it expresses a demand but does not explain it"
(1959:235) ii)
Tomar un enunciado como verdadero es observarlo en tanto realización, logro y
hasta como un descubrimiento que expresa un estado de cosas objetivo en términos
de hechos descriptivos sobre aquél ( para seguir con la metáfora de Sellars,
el cheque es el hecho; el dinero, el estado de cosas) El conocimiento, las teorías
científicas, las representaciones, etc. no corresponden a los hechos o al estado de cosas de lo real, sólo
los expresan o comunican; un hecho es "penetrativo cognitivamente" (cognitively
penetrative) no así ontológicamente. Sellars entiende que la comunidad filosófica
desde la modernidad ha perdido de vista esta
caracterización de lo que es un hecho, fundamentalmente por, cree, la
importancia objetiva que, para la filosofía, ha tenido el conocimiento. Un
hecho es un trozo (bit) de conocimiento. Tampoco los enunciados, según nuestro
autor, corresponden a los hechos ya que esto nos ubicaría nuevamente en el
atolladero tradicional es decir, plantearse, ¿qué garantías tenemos de que un
enunciado corresponda a un hecho?[6] iii)
La verdad implica correspondencia, la correspondencia implica, no evalúa:
"In short, because of its contextual linkage with knowledge as an
achievement of objective import, truth implies correspondence"
(1959:236) iv)
No debemos hablar de la verdad como una correspondencia con los hechos,
verdadero significa la ratificación de que un enunciado es un caso de
conocimiento y nos da hechos sobre sus objetos.
La pregunta clave que realiza Sellars, desde nuestro punto de vista, es
la siguiente: ¿por qué se ha visto a la correspondencia como un examen o
evaluación y no como una implicación o consecuencia de otros procesos y
realizaciones? El recorrido explicativo que Sellars nos ofrecerá pasa por dos
estaciones: 1) el conocimiento; 2) la percepción. 1)
El Conocimiento.
Para Sellars el conocimiento no corresponde a los hechos, los expresa o
comunica, es el resultado de una suerte de trabajo que la mente
forzosamente emprende -según llamativas palabras del autor-, por lo tanto el
conocimiento concebido como un logro de importancia objetiva es la categoría
primaria. Un enunciado ratificado como "verdadero"
y que haya aprobado el examen es la base de tal conocimiento. Es como si en la
elucidación del concepto de conocimiento, la verdad perteneciera al elucidatum
es decir que está preteórica o intuitivamente en el contenido de dicho
concepto. El mecanismo de dicha evaluación se verá ilustrado con la percepción.
La percepción es un asunto de orientación referencial y control responsable.
Si la función de un enunciado verdadero es dar conocimiento sobre sus objetos
debe ser tal, que pueda efectivamente hacer eso; esto es, debe corresponder.
La verdad implica correspondencia, la correspondencia es una implicación y no
la aprobación de un examen. Según Sellars lo que realmente hacemos es
caracterizar y manipular cosas en términos de conceptos desarrollados no
arbitrariamente y esta acción está respaldada por elementos de prueba, valores
-como la coherencia o la consistencia- y trabajo práctico. La alternativa a
esto es un escepticismo general de
tipo cartesiano y en consecuencia, de algún modo, especioso. En resumen, el
proceso de conocimiento es, para el autor, un mecanismo operativo complejo.
Podemos decir que la verdad corresponde a los hechos sólo en el sentido de que
ella involucra la aceptación del contenido fáctico del enunciado de
conocimiento y, en consecuencia, el predicado "verdadero" implica la
clase de logro (o correspondencia) que el conocimiento reclama (en otras
palabras, sólo en un sentido, de nuevo, vicario). 2)
La percepción.
Después de criticar el esquematismo moderno a través de la revisión
(somera en este artículo) de lo que designa con el nombre de "impasse"
lockiano, Sellars señalará que lo que estaba equivocado en dicho esquematismo
radica en una mala teoría del mecanismo de la percepción. La unidad perceptiva
no es el estímulo causal[7]
sino la unidad estímulo-respuesta.
Las sensaciones tienen una función metodológica, guían el mecanismo de
percibir, lo que este mecanismo busca no finaliza en los perceptos; el percibir
es una actividad inmediata referencialmente, la respuesta es directa en ese
sentido. En la percepción disponemos aún, según Sellars, de un realismo
directo[8].
En el realismo referencial de Sellars, las sensaciones orientan la
referencia directa y la aplicación controlada de los conceptos. El percibir es
una realización y un mecanismo. La integración que se produce entre un
mecanismo causal y una actividad es lo que hace operativas, las evaluaciones de
conocimiento. Es de este modo y gracias a estos mecanismos que el conocimiento
obtiene la base correspondentista que requiere, "what
logic calls evidence has this operational setting" (1959:238).
Y así, finalmente, Sellars articula, a)
la ratificación de un enunciado de conocimiento ("verdadero") b)
el conocimiento como actividad y logro . c)
los mecanismos biológicos. d)
la correspondencia causalmente mediada. "It is in percieving as
direct and veridical -not in having percepts- that we break into the
external world" (1959:239).
Existen, en esta abigarrada teoría de la correspondencia como
implicación de la verdad, algunas ideas que, si comprendí bien, no sólo
son compartibles sino inexploradas e inexplotadas. La correspondencia ha
sucitado una enorme cantidad de pensamientos, pero también genera sentimientos,
intuiciones y convicciones inmediatas que suelen ser inefables, no transmisibles
verbalmente (mal que nos pese a las/os filósofas/os). Hace ya algún tiempo,
una alumna de un curso de geometría
elemental fue interpelada por el profesor, en un examen. Este le solicitó, con
el aire de agotadora autoridad que acostumbra tener todo buen profesor, que le
demostrara la existencia del punto medio de un segmento, la alumna atónita,
respondió: "¡pero, ¿cómo no va a existir?!". La negación de la
correspondencia o de la concordancia (término que prefiere Frege y al cual
adhiero más fácilmente) produce ese mismo sentimiento de perplejidad que turbó
a la alumna. Ha sido la filosofía con su aire de agotadora autoridad la que ha
transformado a la correspondencia en algo que debe demostrarse o probarse
o argumentarse. Sellars intenta con palabras dar cuenta de esta
perplejidad que produce la duda escéptica, trata de desguazar este mecanismo
complejo, polimorfo y variable que es la producción de conocimiento. La
pregunta de casi imposible respuesta que el planteo de Sellars me sugiere, más
allá de toda filosofía políticamente correcta es ¿podríamos estar frente a
una cualidad? ¿podría la concordancia ser una cualidad más que
una relación o propiedad o etc.?. UNA
COMPARACIÓN CON EXTRAÑO RESULTADO.
Son muchas más las similitudes que las diferencias que, en torno a la
elucidación de la noción de verdad, podemos encontrar entre dos autores prima
facie tan diversos como Frege y Sellars. Las más notables divergencias se
encontrarán en algunos de sus supuestos, a saber, mientras que el dominio de lo
verdadero en el primero tiene un status cuasi ontológico (son las leyes del ser
verdadero lo que interesará a Frege en este trabajo), en el segundo la verdad
es una implicación del conocimiento, su status es, entonces, estrictamente
epistémico. Por otro lado, Frege es un antipsicologista, Sellars, muy por el
contrario, no. No obstante, ambos comparten un antirepresentacionalismo, aunque
por razones muy diversas: mientras para Frege éste tiene su origen en el
esquematismo moderno al estilo de Locke, para Sellars el representacionalismo
está equivocado si acepta sólo la descripción del mecanismo perceptual
que tiene su origen en dicho esquematismo. Al parecer, por último, Frege no es
un materialista (pero... ¿y realista en el sentido no platónico?); Sellars es
una materialista y un realista no platónico (y no sólo confesamente).
En aras de la brevedad, desarrollaremos un pequeño cuadro comparativo
que señalará las semejanzas y sus respectivos matices. Respecto
de la verdad: Frege
(en adelante, F). Las verdades se descubren o captan por parte del pensamiento,
no se inventan. Sellars
(en adelante, S). La
correspondencia se descubre o capta (por parte de la percepción y otros
mecanismos causales), no se inventa. La verdad implica correspondencia). F.
Las oraciones expresan pensamientos. A ellas les "correspondería" un
sentido vicario de verdad. S.
Los enunciados expresan o comunican correspondencias. La verdad se ratifica al
dorso. A ellos correspondería un sentido vicario de verdad. F.
Toda verdad es pensamiento, pero no
todo pensamiento es verdad. S.
Toda verdad es conocimiento, pero no todo conocimiento es verdad. F.
La verdad es una noción primitiva, no podemos definirla ni abandonarla (¿cualidad?). S.
La correspondencia es primitiva pero no es un concepto, no podemos definirla ni
evitarla (¿cualidad?). F.
En la elucidación del concepto de pensamiento se
encuentra, en su contenido, la noción de verdad. S.
En la elucidación del concepto de verdad, la correspondencia se encuentra en la
base de su contenido. Respecto
de la percepción (y aquí sí, existirán diferencias mayores). F.
La imagen o representación qua imagen o representación no existe. S.
La percepción y sus mecanismos causales además de producir
correspondencia, producen otras cosas, por ejemplo imágenes qua imágenes,
etc. F.
La verdad como correspondencia se enmarca en la percepción y en cualquier teoría
del conocimiento que tome en cuenta la percepción. La correspondencia no
existe. S.
La correspondencia es un logro del proceso perceptivo y sólo de él. La
correspondencia existe, pero no es una relación, ni una propiedad[9]. F.
Los pensamientos no corresponden a los hechos. S.
Ni pensamientos, ni teorías, ni conocimientos, ni representaciones,
corresponden a los hechos. F.
El ser verdadero no se implica de nada. S.
El ser verdadero ( de un enunciado, por ejemplo) es una implicación de la
correspondencia que se da en el intercambio de mecanismos causales diversos,
como el proceso perceptivo.
Por último nos queda hablar de la deflación de la relación entre
realismo y verdad, doble deflación que visceralmente no comparto, como fácilmente
se infiere de esta presentación. Si por realismo
vamos a entender la tesis, desde el arranque, deflacionaria, de que éste es únicamente
una doctrina ontológica (los autores que sostienen dicha tesis se cuentan por
docenas) y si vamos a entender a la verdad como un problema únicamente semántico
(entendimiento, también, deflacionario desde el arranque), es claro que nos
liberaremos de un conjunto grandísimo de problemas y esto podría ser una
ventaja, en realidad ha sido una ventaja -o tal vez, hasta un logro- para la
filosofía analítica y cientificista, pero también ha resultado ser una
ventaja para filósofos expresamente no analíticos, como los casos de Devitt (1984) y Hacking (1983). asimismo es claro, que ésta fue la
forma que, al parecer, Frege encontró para deshacerse de muchos problemas:
tenemos el dominio extranjero de la verdad por acá, el dominio del pensamiento
por allá, el de las cosas externas más allá y no tenemos superficies de contacto
que nos entorpezcan nuestras cavilaciones sobre quién sabe qué cosas. Para
nosotros es claro que esta es la metodología que más eficazmente logra
esquivar los bultos, pero también es la metodología que nos ha empobrecido más,
que nos enajena todo tipo de complejidad confundíendola con complicación. ¿Cómo
puede la filosofía realista abandonar el interés por la verdad si éste humanum
est? No hay duda que la filosofía realista defiende supuestos ontológicos,
ahora bien, ¿esto la conmina a dejar de lado el problema de la verdad o del
conocimiento o los problemas semánticos o a la pobre correspondencia? ¿sólo
debemos ocuparnos de las entidades observables o inobservables de las que ni
siquiera nos interesarán otras cualidades que no sean las de existir y ser
independientes? ¿Cómo puede la correspondencia ser una mera relación (¿semántica?)
en donde la pregunta por la existencia de un mundo ajeno a nosotros pierda todo
interés, cuando es verdad que el mundo es ajeno a nosotros? No podemos
dejar de escandalizarnos como Kant al ver que
nuestra filosofía sigue sin recursos que nos permitan dar cuenta de la
realidad cualitativa o simplemente, de cualquier cualidad. Es una verdadera lástima
que, frente a los qualia, los filósofos
no puedan hacer otra cosa con
palabras, que callar[10]. BIBLIOGRAFÍA. BUNGE,
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Routledge and Kegan Paul, Londres. Tarski,
A. (1944) La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica.
En Nicolás,J.A. y Frápolli, M.J. (eds.) (1997) Teorías de la verdad en el
siglo XX. Tecnos Madrid. YOLTON,
J.W. (1996) Perception and reality. A history from Descartes to Kant.
Cornell University Press, Ithaca. 1
[1]
Aristóteles pudo haber seleccionado una palabra equivalente a
"decir" en español, en griego. Esa palabra puede tener un sentido
e intención propiamente semántica o
no. Pudo haber seleccionado ligera o trivialmente la palabra
"decir" en griego sin intención de convertir a la verdad en un
problema puramente semántico. Sea cual sea su explicación, el filólogo
y experto en Aristóteles que opine al respecto deberá ser un profesional
de envergadura, para que se pueda aceptar consensualmente lo que Aristóteles
realmente estaba diciendo. 2
[2]En
toda esta caracterización de la verdad como concordancia o correspondencia,
existe un tema colateral problemático con el cuál aún no he logrado tomar
posición clara. Se estima que la concordancia en el ámbito de la percepción
entre imagen o representación
puede establecerse en presencia de lo representado y sólo así, es decir,
no cabría una distinción categorial entre ambos sino más bien temporal.
una imagen recordada puede concordar con lo representado sólo cuando se está
en presencia efectiva de éste. Personalmente, me cuesta imaginar que esto
sea todo lo que Frege quiere decir, entre otras cosas porque supondría que
él acepte algún lugar, nivel o grado de correspondencia. 3
[3]Supongo
que no es muy llamativo que algún mortal no entienda bien a Frege.
"Imperfecto" no es equivalente a imposible, existen grados de
perfección, imperfecto es algo que puede ser perfectible y en este sentido
cabría la posibilidad de una verdad como correspondencia. Ahora bien,
"una verdad a medias", si el traductor al español no se ha
equivocado, es equivalente a decir "falsedad" y falsedad es, por
lo menos, no verdad. 4
[4]¿Son
conocimiento y pensamiento lo mismo en Frege? Aún no tengo convicción al
respecto. 5
[5]La
palabra inglesa "endorsement" tiene una polisemia grande en su
idioma original lo que hace a dicha palabra muy difícil de traducir. Puede
significar en castellano, "aprobación", "adhesión",
"respaldo", "ratificación", "garantía",
"sanción no punitiva" y otros. Sellars asocia "endorsement",
como se verá en la cita, a la idea de endosar un cheque y a la idea
de un veredicto del jurado; en este contexto hemos preferido la
palabra española "ratificación", porque "endorsement"
sería algo así como ratificar al dorso que es uno el que quiere la
cantidad de dinero solicitada por el cheque, es decir, hay una aceptación tácita
de que uno solicita esa cantidad de dinero y un "re-aceptación"
al dorso del cheque. Las otras palabras castellanas, parecen no contemplar
este "volver a aceptar" que implica "endorsement". Por
otro lado, "ratificación" tiene una carga semántica, en español,
que "endorsement" no tiene que es la de "ratificación
deductiva", un sentido muy fuerte que la palabra inglesa no contempla. 6
[6]Como
se puede observar, aquí estaríamos nuevamente frente a la paradoja que señalé
más arriba. Si el lenguaje es penetrativo cognitivamente, y el hecho también,
¿por qué debería presentarse dificultad alguna, para establecer la
correspondencia entre, digamos, enunciado (trozo de conocimiento) y hecho
(trozo de conocimiento)?. Sin embargo veremos que Sellars no sólo no
resuelve el punto así sino que tampoco esquivará el bulto de las esferas
ontológicas y/o gnoseológicas
y sus obvias complicaciones categoriales. 7
[7]Como
lo era en Locke, ver por ejemplo, Yolton, J. (1996) pp. 42-67. Creemos que
en Quine (1960) también podríamos encontrar dicho esquematismo, pensemos,
por ejemplo, en su categoría del "significado estimulativo". 8
[8]Quizá
un concepto más adecuado sería el de un realismo de contacto, no sólo
porque eso parece significar Sellars : "It is essential to keep
perspective and to avoid confusion. It is my suggestion that the notion of
guided perceiving concerned directly with objects breaks the spell of
representationalism with ideas as terminal and objects unperceived ..."
(1959:239), sino porque evitaría las consabidas acusaciones de ingenuidad
que los reivindicadores del realismo directo han tenido que enfrentar. 9
[9]
Antes, hemos mencionado al pasar que Frege parecía tener razón cuando señalaba
que la palabra verdadero "no contiene ninguna referencia a otra
cosa con la cual algo deba concordar", sin embargo, mientras que para
Frege ésta es una objeción más contra la verdad como correspondencia,
para nosotros, afiliados a la propuesta de Sellars, la correspondencia, al
no ser una noción o concepto de, o relación con, efectivamente "no
contiene ninguna referencia a otra cosa con la cual algo deba
concordar" Si la correspondencia es el "efecto" de una
actividad inmediata de contacto entonces, es de suyo. 10[10]
Esta última argumentación podría encerrar una
circularidad, circularidad que muchos filósofos han cometido -y
valga esto como autodefensa-, la misma nace en el hecho de que se ha visto
como algo difícil, e insatisfactorio, argumentar
y argumentar a favor del realismo, cuando, si se tratara de una
cualidad inasible por parte de una determinada reflexión, lo máximo que
podemos decir es que existe, está ahí y punto final. Sin embargo, la
dificultad que tenemos para dar cuenta filosóficamente del realismo, podría
estar, justamente, en los recursos que la historia de la filosofía en
relación con la historia historia se ha dado a sí misma. Si esto es así
no cabe duda que habría que seguir intentándolo. |
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