Ian Hacking: realismo científico sin verdad como correspondencia

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Ian Hacking: realismo científico sin verdad como correspondencia

María Laura MARTINEZ

Realismo y verdad como correspondencia

Tradicionalmente se ha defendido que el realismo va acompañado de una teoría de la verdad como correspondencia. Aun más, se ha afirmado que no se puede ser realista a menos que se acepte la idea correspondentista de verdad.

Aunque hay un abanico de teorías que pueden ser llamadas realistas, es posible distinguir en ellas algunos rasgos comunes, que Devitt[1] ha señalado como: 1) que todas las nociones parecen ser al menos parcialmente semánticas, y 2) que entre ellas es posible distinguir una doctrina metafísica.

 El realismo se compromete con la idea de que hay entidades que son independientes de la mente y que poseen una existencia objetiva. Habría lo que Devitt llama dos dimensiones, la de la existencia: el realismo debe dar cuenta de lo que existe (en el caso del realismo científico la principal controversia es acerca de las entidades inobservables), y la dimensión de la independencia: el mundo real no está constituido por nuestros conocimientos. El realismo trata acerca de la naturaleza de la realidad en general, acerca del mundo externo. Cuando los realistas insisten sobre la objetividad del mundo, dicen que el mismo no está constituido por nuestros conocimientos, por nuestros valores epistémicos, por el poder sintetizador de la mente, o por la imposición de conceptos, teorías o lenguaje; que no está limitado por lo que creemos o descubrimos. Es una tesis metafísica, antes que semántica o epistémica. Es una posición metafísica previa a  la adopción de cualquier punto de vista epistemológico.

            Por otra parte, acerca de la teoría de la verdad como correspondencia debemos decir que refiere a una noción de verdad que ha sido presentada como la propiedad de corresponderse con la realidad; la verdad de un enunciado depende de cómo sus constituyentes están organizados respecto a los otros y qué entidades representan[2]. Parte de la intuición según la cual la verdad es una relación que tienen las oraciones de nuestro lenguaje con la realidad. La verdad es una característica que poseen las oraciones, aunque no lo supiéramos y que es poseída de acuerdo a la relación asimétrica de fundamentación que va de lo ontológico a lo lingüístico. La verdad o falsedad de un enunciado nace de su relación con los aspectos externos de la realidad. Según esta teoría la naturaleza de la verdad está emparentada con los poderes representacionales del lenguaje.

            La discusión acerca del realismo ha estado teñida y perturbada desde el comienzo por la influencia de la tradición semántica. Se ha afirmado extensamente que la teoría de la verdad como correspondencia, es constitutiva del realismo. Sin embargo, filósofos como Devitt y Barrio[3] han mostrado como se puede ser realista y no defender la teoría de la verdad como correspondencia (por ejemplo, defender una noción de verdad deflacionaria para afirmar una visión metafísica). La palabra realismo debería pues ser usada sin su manto semántico. Pero, recientemente se ha vuelto común identificarlos, seguramente debido al giro lingüístico que ha sufrido la filosofía en el siglo XX.

            La verdad como correspondencia es una doctrina semántica que ha sido tema de un debate vivo en la filosofía del lenguaje, de la mente y de las ciencias cognitivas. Pero no nos parece adecuado identificarla con el realismo. Esta forma de plantear el problema limita la polémica a aspectos esenciales pero parciales que trata el realista. Este tiene en consideración además y fundamentalmente la existencia o no de lo conocido por el sujeto. El realismo es una actitud frente a cierto tipo de entidades y su existencia o no, objetiva e independientemente de la mente. Es una posición ontológica. Es una discusión acerca de lo que existe, no de las oraciones. Aunque las disputas semánticas tengan consecuencias ontológicas y viceversa, la cuestión sobre la existencia no se apoya en un debate acerca de la naturaleza de la verdad de las oraciones que se usan para expresar esa existencia. Si el problema de la verdad tiene un lugar en las discusiones ontológicas, es respecto al lenguaje y su relación con el mundo. Pero negar la teoría de la verdad como correspondencia no quiere decir caer en que las entidades tengan una naturaleza mental o estén constituidas por la naturaleza epistémica del sujeto. El realismo trata de lo que hay “afuera” de la mente, y no necesita comprometerse con ninguna explicación particular de la verdad. Es decir que, la problemática realista no se restringe a la cuestión de si las oraciones tienen condiciones de verdad correspondentista. El realismo y la teoría de la verdad como correspondencia tienen diferentes objetos y se basan en elementos de prueba muy diferentes. La identificación que se ha como impuesto entre ambos ha sido perjudicial para los dos. Negar tal identificación no quiere decir rechazar que haya relaciones entre realismo y verdad, sino afirmar que no hay razones concluyentes para que una vez aceptado el realismo haya que adoptar esta noción de verdad correspondentista. Defender este punto presenta algunos problemas como que tradicionalmente se han asociado ambas doctrinas[4], y que en muchas formas actuales de presentar el realismo se privilegian cuestiones epistemológicas y semánticas. Por el contrario, cualquier problema semántico debe ser desenmarañado del realismo, particularmente la noción de verdad aludida, porque no es constitutiva del primero, ni de cualquier otra doctrina metafísica similar. Es erróneo comenzar construyendo una metafísica desde la epistemología o la semántica. El camino es el inverso, el realismo es prioritario sobre la última, puesto que ella no tiene una posición privilegiada en la cuestión de la existencia y de cómo es eso que existe. La extensión y manera en que se conoce un objeto para el realista, son conclusiones epistémicas bastante diferentes de cuestiones ontológicas acerca del objeto. La palabra “existencia” no está confinada a la semántica, es genuinamente ontológica.  

 Ian Hacking: realismo acerca de entidades  

Hay dos tipos de realismo científico, uno para teorías y otro para entidades. El problema respecto a las teorías es si son verdaderas o no, candidatas a la verdad o aspiran a la verdad. El realismo en este sentido afirma que tratamos de formar teorías científicas verdaderas acerca del mundo, independientemente de lo que sabemos: la ciencia aspira a la verdad y la verdad se corresponde con el mundo.

El problema respecto de las entidades es si existen o no. Hacking incluye aquí procesos, estados, ondas, corrientes, interacciones, campos, agujeros negros, y la semejanza entre ellas, asegurando la existencia de al menos algunas de las entidades que conforman el stock de los científicos. Este realismo afirma que muchas entidades teóricas realmente existen, lo que significa que hay un nivel ontológico real al cual ellas pertenecen. Que deben considerarse como verdaderas las afirmaciones existenciales de una teoría, pero además que tales entidades existirían aunque no hubiera una teoría que se refiriera a ellas, y por tanto, que no hubiera conocimiento acerca de las mismas. Tales entidades son independientes de la teoría que las postula.  Las razones para creer en tales afirmaciones provienen no sólo de las propias teorías científicas, sino de una argumentación filosófica, acerca de la posibilidad de la observación del mismo tipo de entidades en la experimentación, a partir de procesos físicos diferentes. La idea es que en la experimentación se hace algo, usando o manipulando otras entidades cuya identificación y manipulación es posible entre otros factores por las teorías. Esa manipulación se ve como un criterio efectivo de existencia real de las entidades manipuladas. El argumento se fortalece al hacer referencia a la posibilidad de identificar la misma entidad por medio de diferentes procedimientos experimentales, que se basan en diferentes principios teóricos, con lo que se muestra que las entidades no dependen de tal o cual teoría específica.

No hay acuerdo sobre las definiciones precisas de realismo, de las entidades y las teorías. Ambos tienen un componente epistemológico implicado: algunas veces tenemos buenas razones para pensar que nuestras teorías son verdaderas, o, que algunas entidades inobservables, tales como los electrones, existen. Ambos pueden parecer idénticos. Pero según Hacking, es una identidad ilusoria, la mayoría de los físicos experimentales son realistas acerca de las entidades  pero no acerca de las teorías. Aunque también los hay realistas en ambos sentidos. El realismo de las teorías y el de las entidades pueden ser complementarios, pero distinguibles. Uno puede pensar que muchas entidades teóricas existen, pero que nuestras teorías acerca de ellas no son verdaderas. Hacking por ejemplo, es un realista acerca de las entidades pero no acerca de las teorías.

Su intento es el de rescatar el realismo científico del escepticismo del pensamiento post-positivista. En su libro Representar e intervenir, se declara realista acerca de las entidades inobservables, aquellas que son lo suficientemente duraderas para sobrevivir alteraciones en la teoría. Una entidad teórica satisfactoria sería para él, una que existiera y que no fuera una mera herramienta intelectual útil. Esta es una tesis acerca de las entidades y la realidad. Implica que sabemos o tenemos buenas razones para creer, que por lo menos algunas entidades de ese tipo están presentes en la ciencia. Esto, ya constituye una tesis acerca del conocimiento. Hacking las presenta juntas[5] porque cree que el problema se esfumaría si no hubiera ahora algunas entidades que alguien cree que realmente existen.

 Hay un contraste experimental importante entre el realismo acerca de las entidades y el realismo acerca de las teorías. Este último es, como ya mencionamos, la creencia en que la ciencia busca la verdad. Esto es difícil de negar, pero es acerca de un futuro indefinido. Tratar de argumentar a su favor es según Hacking, encerrarse en el mundo de las representaciones y no es una sorpresa que el antirrealismo científico esté siempre en esa carrera. Importante en su línea de argumentación, es la insistencia en que el problema del realismo ha estado mal planteado. Que si el mismo se plantea únicamente en términos de las teorías y de su capacidad o de su función de representación, entonces a lo sumo puede llegarse a establecer una posición realista con respecto a las teorías. En Representar e intervenir sostiene que no puede haber ningún argumento decisivo a favor o en contra del realismo en el nivel de la representación. Los debates que usualmente hablan acerca de teorías, explicación y predicción, son necesariamente inconclusos. Afirma que la ciencia experimental conduce fuertemente a un realismo acerca de las entidades postuladas por teorías. Su argumento experimental a favor del realismo científico acerca de las entidades, confía en que usamos entidades para lograr efectos o para estudiar otros fenómenos. “La realidad  tiene que ver más con lo que hacemos en el mundo, que con lo que pensamos acerca de él”[6]. “El realismo es asunto de intervenir en el mundo, más que de representarlo en palabras y pensamiento”[7].  

Hacking usa teorías, modelos y fenómenos como un posible esquema en el cual pensar acerca de la ciencia. Pero anota una simple razón para no considerar los modelos como verdades acerca del mundo: que es una práctica frecuente usar diferentes modelos para resolver la misma clase de problemas, aunque ellos sean inconsistentes entre sí, si se los considera como estableciendo aserciones literales acerca del mundo. Afirma que se debe ser antirrealista  acerca de los modelos. Ellos son herramientas intelectuales que nos ayudan a entender los fenómenos y a construir partes y piezas de la tecnología experimental. Permiten intervenir en procesos y crear fenómenos nuevos hasta entonces no imaginados. Pero lo que hace que las cosas funcionen son las entidades que están produciendo los efectos. Las entidades son reales, ellas producen los efectos.

La manera en que los experimentadores son realistas científicos acerca de las entidades es totalmente diferente de las maneras en que pueden ser realistas acerca de las teorías.  Solamente al nivel de la práctica experimental el realismo científico es inevitable. Hay que pensar en la práctica, no en la teoría. Cuando pasamos de la representación a la intervención, el antirrealismo se hace menos fuerte. Por ello Hacking cree que es el trabajo experimental el que proporciona la mejor evidencia para el realismo científico, porque las entidades que en principio no pueden ser observadas se manipulan regularmente para producir nuevos fenómenos y para investigar otros aspectos de la naturaleza. Son  herramientas, instrumentos para hacer y no para pensar, son manipuladas en la ingeniería del experimento científico, destinadas a extender las fronteras del conocimiento[8]. Sin embargo, el argumento experimental a favor del realismo científico no dice que sólo los objetos del experimentador existen, ni dice tampoco que tal argumento sea el único viable para este realismo acerca de las entidades inobservables, dice solamente que es el más irresistible y quizá el único irresistible.

La física es la ciencia preferida por Hacking para ilustrar su convicción acerca del realismo de las entidades, que concierne a clases naturales no a individuos particulares. Su ejemplo favorito es el electrón. La prueba directa es que pueden ser manipulados utilizando propiedades causales de bajo nivel bien entendidas. Los electrones existen aunque seamos incapaces de dar verdaderas descripciones de ellos más allá de un nivel puramente fenomenológico. En los primeros estadios del descubrimiento de una entidad como ésta, se puede poner a prueba la hipótesis de que existe, se puede dudar que existan. Eso ocurría incluso después que Thomson midió la masa de los corpúsculos del electrón y Millikan su carga. Había que estar seguro de que ambos medían lo mismo. Se necesitaba una mayor elaboración teórica. Más tarde la mejor razón para pensar en su existencia fue su éxito en la explicación, es decir, que la postulación de su existencia podía explicar una gran variedad de fenómenos. Finalmente, el éxito no estuvo en la explicación sino en que al entender mejor sus poderes causales, comenzaron a construirse aparatos que lograron efectos bien comprendidos en otras partes de la naturaleza. Cuando se logra usarlos para manipular estas otras partes  en forma sistemática, el electrón deja de ser un ente hipotético. Ha dejado de ser teórico y se ha transformado en experimental, ha perdido su categoría de hipotético y se ha vuelto algo común. La mayoría de los físicos experimentales son realistas respecto a las entidades teóricas que usan, pues la manipulación  de las mismas los obliga a serlo. No la experimentación, sino la manipulación de esos entes. Los electrones no les sirven para organizar el pensamiento o salvar los fenómenos que han sido observados, sino para crear otros fenómenos nuevos. Ellos son herramientas.

Que los experimentadores sean realistas acerca de las entidades no quiere decir que estén en lo correcto. Los instrumentos que se apoyan en las propiedades de los electrones para producir efectos de precisión pueden hacerse de muchas maneras diferentes. Es decir que del éxito que se obtiene con los electrones no se infiere su realidad. No se hacen instrumentos y luego se concluye la realidad de los electrones. El orden es el contrario. Se diseña un aparato apoyándose en un pequeño número de verdades acerca de los electrones, para producir otros fenómenos que se quieren investigar. El convencerse de la realidad de los electrones surge cuando se pueden construir regularmente nuevos tipos de aparatos que utilizan diversas propiedades causales bien comprendidas de los electrones, que permiten interferir con otras partes más hipotéticas de la naturaleza. Hay una familia de propiedades causales (masa, carga, spin), en términos de las cuales los experimentadores describen y utilizan electrones para investigar algo más. Cuando tales propiedades son usadas en la exploración más allá de la realidad física, se ve la ingeniería del instrumental científico al servicio de la ciencia; el uso del spin como una herramienta es a posteriori una prueba de la existencia de electrones. Tales propiedades son además relativamente resistentes a los cambios de teoría.

Esta ingeniería es la mejor prueba del realismo científico acerca de las entidades, porque para Hacking lo importante no es entender el mundo sino cambiarlo. Explica esto en su libro mediante el ejemplo de PEGGY II[9], un cañón de electrones polarizados utilizado para investigar las propiedades de corrientes neutrales débiles. El cañón es una ingeniería maravillosa, una verdadera herramienta de la ciencia, usa una buena comprensión de las propiedades causales de los electrones. Argumenta que si las propiedades causales de una entidad inobservable se han vuelto parte de la maquinaria de la ciencia, si los electrones son usados en sentidos análogos a centrifugadoras y cámaras, para propósitos análogos,  entonces ellos comparten el status ontológico con esos aparatos. Su uso en experimentos hace a Hacking estar seguro de su existencia, como los ojos le hacen estar seguro de objetos de tamaño mediano.

Podemos decir que el convencimiento del experimentador acerca de la realidad de las entidades con que trabaja, a las que a veces ni siquiera puede describir de forma correcta, proviene de que con ellas puede crear otros fenómenos. Esto favorece en gran medida según Hacking, un realismo científico fuerte, vigoroso.

 Estilos de razonamiento  

Hacking nos presenta el estilo de razonamiento[10],como una nueva herramienta analítica que puede ser usada por historiadores y filósofos para diferentes propósitos. Como él mismo lo expresa en su artículo “Language, truth and reason”[11], toma la palabra estilo del libro de Crombie titulado Styles of scientific thinking in the european tradition. Si bien toma como base la lista de estilos de pensamiento de Crombie[12], aunque la complementa con otros como la ciencia de laboratorio, la fundamental innovación del S. XVII, caracterizada por la construcción de aparatos destinados a interferir, aislar y purificar fenómenos y para crear otros nuevos.

El estilo de razonamiento es la posesión de una unidad social perdurable, impersonal, es la totalidad de la preparación intelectual o disponibilidad de un camino particular para ver y actuar y no otro. Pero no determina un contenido o una ciencia específica, sino que es común a varias ciencias. Además aunque pueden desarrollarse o abandonarse, son inmunes a cualquier cosa del tipo de la refutación. Ellos son estables, permanentes y acumulativos. Ya en 1980, en su artículo “Is the end in sight for epistemology”, Hacking nos habla de que acumulamos estilos de razonamiento, que en un momento llega a ser fundamental y luego puede tomar un papel menos central. Asimilamos estilos, insertamos algunos para integrar otros, extendemos las posibilidades del conocimiento humano. El estilo es evolutivo, puede estar con nosotros eternamente, aunque también algunos mueren, otros cambian. Nuevos estilos se desarrollan continuamente. Aprendemos nuevos modos de razonar acerca de la naturaleza.

Hay un fenómeno real en el cual hablar de diferentes sentidos del pensamiento. Algunos estilos han sido desplazados pero ellos pueden ser comprendidos igualmente. Aunque la realización de esa comprensión no es exactamente una dificultad de traducción sino, el aprendizaje de cadenas de razonamientos contextualizados para que tengan sentido. Comprender es aprender cómo razonar. Es erróneo centrarse en la traducción de los textos, lo que hay que aprender es cómo razonó el autor para poder comprenderlo. Hacking separa su idea de estilo de razonamiento de la noción de inconmensurabilidad de Kuhn, que ha sido unida estrechamente a la noción de traducción más que a la de razonamiento. En todo caso lo que está sujeto a revolución, mutación y olvido, es el conocimiento, el contenido del conocimiento, pero no la manera en como el mismo se obtiene.

Cada estilo tiene sus propias técnicas características de autoestabilización. Un raconto de cada técnica requiere un análisis detallado, específico del estilo y ser ayudado por una ilustración histórica. Casi lo único que tienen en común las técnicas de diferentes estilos, es cumplir esa función, siendo algunas de ellas más efectivas que otras. Cada estilo persiste en su camino individual y peculiar, porque utiliza sus propias técnicas, esto es lo que constituye un estilo. Pero este dar cuenta de las técnicas de autoestabilización no puede terminar la historia de cómo un estilo se vuelve autónomo de los incidentes locales y microsociales que lo condujeron a ser. Su persistencia demanda algunas condiciones acerca de las personas y su lugar en la naturaleza. El estilo está colocado en medio de una red de gente, responde a necesidades, intereses ideológicos o curiosidad de algunos de sus miembros. El estilo empieza siendo impulsado por vectores sociales de todo tipo y es inseparable de las instituciones que lo desarrollan. La causa próxima de un evento en la trayectoria de un estilo de razonamiento está sujeta a análisis social. Los enunciados, poseen condiciones de verdad en momentos definidos del tiempo, y esos momentos son el producto de lo social. La existencia del estilo surge de eventos históricos, por lo tanto, que un enunciado sea verdadero puede depender de los datos. El hecho de que ellos sean candidatos para la verdad, es consecuencia de un evento histórico. A medida que va evolucionando, madurando, se torna menos modelado por intereses y más un recurso incuestionable sobre el cual los intereses se deben dibujar si se espera el premio de la objetividad. Cada estilo establece su propio camino, hasta volverse autónomo de los incidentes microsociales que condujeron a él, cada uno tiene sus propias fuentes y su propia marcha, evoluciona con su propio ritmo y alcanza su madurez en su propio tiempo. Cuando esto ocurre y se vuelve fijo, ya no necesita soporte o retórica para asumir la confianza en sí mismo y generar su propio standard de objetividad y su propia ideología. El estilo además determina cómo se concibe el mundo, abriendo nuevos horizontes, pero también forzando las posibles formas de conocimiento. Abarca las expectativas acerca de cómo es el mundo y las prácticas de razonamiento que se refieren al mismo y que gobiernan las teorías e interpretaciones de datos semejantes.

Otra característica del estilo es la introducción de una batería de novedades, incluyendo nuevos tipos de objetos, evidencias, oraciones, leyes, posibilidades, nuevos tipos de clasificación y explicación. No es primero el estilo y luego las novedades, son simultáneos. Hay una disputa ontológica o del realismo científico asociada con  todos los estilos, debido a esa introducción de clases nuevas de objetos.

Estilo de razonamiento y verdad

El hombre es un “homo depictor” dice Hacking en Representar e intervenir[13], refiriéndose a que los seres humanos son representadores por excelencia. Están obsesionados con la representación, el pensamiento y la teoría a costa de la intervención, la acción y el experimento. Es por ello que él estudia la ciencia experimental tratando de encontrar en ella la base segura del realismo científico. “La realidad es una creación antropomórfica (...) es la segunda de las creaciones humanas”, porque “la primera invención característicamente humana es la representación. Una vez que hay una práctica de representar, viene inmediatamente a continuación un concepto de segundo orden”[14]: la realidad. Esto no quiere decir que la realidad no estuviera allí antes de cualquier representación, pero su conceptualización como realidad es pues de segundo orden. Y si no se hubieran concebido estilos alternativos de representación, el realismo no sería un problema para los filósofos. La cuestión surge justamente porque tenemos diferentes maneras de representar los mismos hechos. Esa es la clave para entender el interés filosófico actual en el realismo científico. Durante un tiempo fue posible sostener la fantasía de que había una sola verdad hacia la que nos dirigíamos, la que correspondería a la representación correcta del mundo. Eso es cuando hay una verdad final acerca de algo, entonces lo que decimos es verdadero o falso, no es asunto de representación.

Según Hacking actualmente está de moda desacreditar la teoría de la correspondencia. Algunos filósofos opinan que ella no tiene valor, otros,  que solamente tiene sentido acompañada por una firme teoría de la referencia. Para él, sin embargo, esta teoría es la que da la verdadera pista para el significado de algunas oraciones declarativas pero no para todas. El centro de la objeción a la teoría de la correspondencia es que no hay camino para identificar los hechos a los cuales corresponden los enunciados, independientemente del enunciado mismo. Esta afirmación es verdadera en general, pero no respecto del conjunto de oraciones querido por los lógicos (sujeto-predicado, sujeto-relación-objeto), la clase codificada en lógica de primer orden. Austin mostró un camino para superar la objeción normal, insistiendo en que frecuentemente se tienen caminos independientes para comunicar a qué refiere un término sujeto y qué denota un término predicado. Esta idea depende de una antigua clasificación de los términos observacionales, que utilizan quienes piensan que hay un nivel básico de conceptos que son relativamente estables entre lenguajes. Hacking no tiene problema con una teoría de la correspondencia cuyos términos designen conceptos de nivel básico. Son oraciones que algunas veces se deducen de la evidencia, y que podemos decir si son verdaderas o falsas, en ocasiones sólo observando. En contraste, hay una cantidad de cuestiones típicamente complejas que sólo pueden ser respondidas mediante razonamiento. Tiene sentido preguntar por ellas solamente contra un trasfondo de caminos aceptablemente razonado hacia su respuesta. Esas respuestas sólo tienen significado en el contexto de un estilo de razonamiento. Un estilo crece junto con cuestiones que pueden ayudar a responder, y con las condiciones de verdad de las oraciones sobre las cuales se sostiene.

Hacking no cree que haya una teoría de la verdad, o una semántica, que se aplique a todo el conjunto de oraciones empíricas investigadas en la ciencia. La condición de verdad de algunas oraciones está determinada por los caminos en que razonamos sobre ellas. Y un estilo se vuelve una pauta de objetividad, porque “it has the truth-producing virtue”[15]. Surge la sombra de la circularidad, pero es bien recibida por Hacking, porque le permite mostrar que hay caminos en los cuales el estilo de razonamiento y la condición de verdad de algunas oraciones son mutuamente “self-authenticating”. La verdad es lo que es averiguado por tal y cual camino. Lo reconocemos como verdadero por cómo lo averiguamos. ¿Y cómo se sabe que un método es bueno? Porque proporciona la verdad. El estilo de razonamiento dicta normas sobre la verdad y el establecimiento de las oraciones que él mismo define. Es cierto que el valor de verdad real de esos enunciados es externo al estilo, no depende de cómo pensamos. Pero que un cierto enunciado sea candidato para la verdad, puede depender de un estilo de razonamiento, porque “there is no truth-or-false in the matter, independent of the style of reasoning”[16]. No hay una verdad previa, profunda, original, independiente del razonamiento y el que es descubierta por éste de acuerdo al estilo. La verdad o falsedad y el estilo crecen juntos. Hay una interacción, entre las causas sociales próximas y la organización del razonamiento, que se vuelve vital. Esto es porque los enunciados tienen condiciones de verdad en momentos definidos del tiempo, y esos momentos son producto de lo social. Al mismo tiempo esas oraciones y sus modos de verificación se vuelven dadas dentro de la imponente marcha del estilo de razonamiento. No hay que pensar que este cuerpo de doctrina acerca de la verdad y los estilos de razonamientos sea relativista, o constituya algún tipo de antirealismo. Un estilo de razonamiento no es relativo a nada. No determina la norma de verdad objetiva. Es la norma. Los aspectos que llamamos reales determinan lo que es verdadero o falso de acuerdo a nuestro criterio. Nuestros estilos y verdades no existen hasta que las construimos.

Ha habido diferentes estilos de razonamiento, cada uno con su propio dominio, alcanzando su madurez en su propio momento, que fijan el sentido de los enunciados. Es el estilo de razonamiento el que puede asignarles un valor de verdad. No hay enunciados que sean candidatos para la verdad o falsedad, no hay objetos identificados independientemente, anteriores al desarrollo de un estilo de razonamiento. El estilo introduce nuevos caminos de ser candidatos a la verdad o falsedad. Un enunciado tiene ese status solamente en el contexto del estilo, es éste el que ayuda a fijar y determinar el sentido de los enunciados. Según Hacking “nothing’s either true -or-false but thinking makes it so”[17], y esto es lo que le preocupa, que el sentido de una proposición p, el sentido en que apunta a la verdad o falsedad, se apoya en el estilo de razonamiento apropiado para p. Aunque él no duda que sus descubrimientos son objetivos, simplemente porque el estilo de razonamiento correspondiente determina qué cuenta como objetividad. Su preocupación es que los verdaderos candidatos para verdad o falsedad no tengan existencia independiente del estilo de razonamiento que establece qué es ser verdadero o falso en su dominio. La posibilidad de ser verdadero o falso depende del estilo, las proposiciones no pueden ser candidatas a verdad o falsedad a menos que exista el estilo.  El estilo crea la posibilidad  de ser verdadero o falso. Algunos elementos son verdaderas y otras falsas, hay un mundo real, hay un sentido en que el mundo es. Pero verdad, realidad, no explican todo. Una proposición puede estimarse verdadera o falsa únicamente cuando existe algún estilo de razonamiento y de investigación que nos ayude a determinar su valor de verdad. Lo que una proposición significa depende de las maneras en que podemos establecer su verdad. La racionalidad de un estilo de razonamiento, como camino que conduce a la verdad de una clase de proposiciones, no parece abrirse a una crítica independiente, porque el verdadero sentido de lo que puede ser establecido por el estilo depende del estilo mismo. ¿Es un círculo vicioso? No, contesta Hacking, porque razonamiento no significa lógica, no significa preservación del conocimiento sino que el estilo conduce a la posibilidad de ser verdadero o falso, crea la posibilidad, mientras la deducción y la inducción meramente la preservan. Ellas permiten saltar de verdad a verdad, pero no nos dan la verdad original desde la cual saltan, y además toman como dadas la clase de sentencias que tienen valor de verdad. El estilo de razonamiento es distinto porque él es el que genera nuevas clases de posibilidades.

La realidad como atributo de la representación, a partir de las sugerencias de Kuhn y otros filósofos, trae como consecuencia que con el crecimiento del conocimiento podemos habitar mundos diferentes, de revolución en revolución. Las nuevas teorías son nuevas representaciones. Hacking no comparte la idea de inconmensurabilidad de Kuhn. Admite que hay un fenómeno real de sentidos dispares de pensamiento. Algunos estilos han sido tan firmemente desplazados que no se puede reconocer sus objetivos (la alquimia, por ejemplo). No encontramos nuestras modernas nociones de evidencia desplegadas en aquellas ocupaciones arcanas. Sin embargo, se puede aprender perfectamente ese saber hermético, y cuando se lo hace se puede seguramente finalizar hablando el lenguaje de Paracelso, posiblemente en traducción. Pero lo que se aprende no es un sistema de traducción sino cadenas de razonamiento que tendrían poco sentido si uno no recreara el pensamiento de aquellos magos. Lo que se aprende no es lo que ellos tomaban por verdadero, sino lo que tomaban por verdadero o falso. La realización de esta comprensión no es exactamente una dificultad de traducción, aunque estilos extraños la harían dificultosa. Comprender es aprender cómo razonar. Cuando se encuentran textos antiguos es erróneo centrarse en el aspecto de la traducción, hay que aprender como razonó el autor, para así poder comprenderlo. La traducción de la verdad es irrelevante, lo que importa es la comunicación de los sentidos del pensar.

La noción de inconmensurabilidad acuñada por Hacking[18] es diferente de la de Kuhn, puesto que este último hace hincapié fundamentalmente en una imposibilidad de la traducción y como ya vimos para Hacking lo importante no es poder traducir una teoría en los términos de otra sucesiva, sino más bien comprender cómo razonaban aquellos que la sostenían. No es el significado de los términos y conceptos la unidad de análisis del cambio conceptual, no es el cambio conceptual lo que en sí interesa, sino los cambios en la función que los conceptos cumplen en general en ciertos ámbitos y épocas. La representación es una función objetiva, una invariante en cada marco conceptual. Sin embargo, la incomensurabilidad sí puede darse en el laboratorio porque los instrumentos que proveen las medidas para una teoría son ineptos para otra. Y este es un hecho científico que poco tiene que ver con el “cambio de significado” y otras nociones semánticas que han sido asociadas con la inconmensurabilidad. ¿Podrían dos teorías inconmensurables, en el sentido anterior, ser ambas verdaderas? ¿No es a lo sumo una sola teoría la verdadera, la madura anterior o la nueva aspirante que toma nuevos dominios de datos? Solamente si suponemos que hay una única teoría última verdadera que corresponde al mundo. Las diversas teorías sistemáticas y tópicas, que retenemos a diferentes niveles de aplicación, son verdaderas de diferentes fenómenos y diferentes dominios de datos. “Theories are not checked by comparison with a passive world with which we hope they correspond”[19]. No se formulan conjeturas para posteriormente comprobar si ellas son verdaderas, dice Hacking, sino que se inventan aparatos que producen datos y aíslan o crean fenómenos, y una red de distintos niveles de teorías es verdadera para ellos. Por el contrario, pueden contarse como fenómenos, solamente cuando los datos pueden ser interpretados a la luz de la teoría. Un conocimiento es verdadero cuando se ajusta a los datos generados y analizados por instrumentos y aparatos modelados por hipótesis tópicas. Y es el estilo de razonamiento quien lo establece.  Así se desarrolla un curioso ajuste hecho a medida entre nuestras ideas, nuestros aparatos y nuestras observaciones. Podría preguntarse si lo que está planteando Hacking es una teoría de la verdad como coherencia. No, está aludiendo a una coherencia entre pensamiento, acción, materia y señales. No quiere una teoría de la verdad para todo. No es que él esté en contra de la verdad, porque necesitamos profundamente su uso  en ciencia. No es la metafísica la que hace la palabra “verdadero” tan práctica o cómoda,  sino su brevedad. Cuando Hacking habla de los elementos que intervienen en las ciencias de laboratorio[20], sostiene que cualquiera de ellos o todos pueden modificarse para conducir a algún tipo de acuerdo. Al hacerlo así no se lee la verdad del mundo. Usualmente no hay un fenómeno preexistente que el experimento informa. Ellos son construidos.  No hay una correspondencia previamente organizada entre teoría y realidad que ha sido confirmada. Las teorías son a lo sumo verdaderas para el fenómeno que se obtiene por instrumentación en busca de lograr un buen engranaje con la teoría, son verdaderas para el fenómeno de laboratorio. Una ciencia es verdadera para el fenómeno cuando ajusta los datos generados analizados por instrumentos y aparatos. En este sentido, Hacking rechaza claramente una teoría de la verdad por correspondencia cuando en su artículo “The self-vindication of the laboratory sicences” afirma que “the theories of the laboratory sciences are not directly compared to “the world”[21], sino que ellas persisten porque son verdaderas para fenómenos producidos o creados por aparatos en el laboratorio y medidos por instrumentos también logrados por el hombre. Esta true to va más allá de la comparación directa entre teoría y fenómeno; se refiere también a teorías  relacionadas a los aparatos que intervienen y a los diferentes géneros de técnicas que se utilizan para generar y procesar los datos. Porque el estilo a medida que va madurando, recorre camino, evolucionando hacia su propia norma de objetividad. Esta madurez se logra a través de sus propias técnicas de autoestabilización.

            En “On stability of the laboratory sciences”[22] Hacking se pregunta  si necesitamos una nueva semántica para la ciencia real, que esté basada en la  locución “verdadero para los hechos”, no los hechos acerca de algún mundo metafísico, sino los hechos acerca de los fenómenos creados por los experimentalistas. Hacking habría contestado que si, nosotros creemos que al menos se necesita revisar la relación entre semántica y ontología y eventualmente crear una nueva semántica a partir de lo ontológico.

Reflexiones

            En este trabajo hemos querido mostrar el ejemplo de un filósofo que defiende el realismo científico, y sin embargo no se asocia a la teoría de la verdad como correspondencia. Esta posición particular debe ser entendida dentro de una concepción especial del realismo que defiende Hacking, donde lo más importante no es la representación y la teoría (aunque esto no quiere decir que no tengan ningún valor en su explicación de la ciencia y la filosofía), o el pensar, sino el hacer. Como ya se presentó anteriormente, su realismo no es un asunto de palabras y pensamiento sino de intervenir en el mundo. De aquí también su caracterización del estilo de razonamiento, que no tiene que ver solamente con el discurso, con el pensamiento sino que también significa mostrar y tienen que ver con la mente y la palabra, pero también con el ojo atento y la mano que manipula. Su realismo es lo que se ha llamado realismo de entidades, que afirma que se justifica la creencia en la existencia de entidades teóricas solamente cuando estamos en una posición de uso de esas entidades para producir efectos. Los realistas acerca de las entidades difieren de los realistas acerca de la verdad que afirman que si sabemos que estamos usando por ejemplo electrones para producir un cierto efecto, entonces, debemos saber alguna cosa significativa acerca de ellos, es decir que nuestra teoría sobre los electrones debe ser verdadera en algún dominio.

Pero este realismo ontológico de Hacking no tiene que ver con la semántica, y como la verdad para él es un problema puramente semántico, aunque no explique por qué, entonces realismo y verdad no convergen.

La noción de verdad que como decíamos defiende Hacking, no es la noción correspondentista de que los enunciados se corresponden con un mundo exterior, sino que se da dentro de un estilo de razonamiento, que tiene sus propias técnicas de autoestabilización. Que determina qué proposiciones pueden ser candidatas a verdad o falsedad y que él mismo es la norma de objetividad. Ninguna proposición que no pueda ser interpretada a través del estilo de razonamiento puede ser considerada como candidata a verdadera o falsa.

            ¿Cómo pueden conciliarse la defensa del realismo científico y la posición que asume Hacking acerca de la verdad? ¿Esta última niega la existencia de un mundo real? Estimamos que no, puesto que Hacking no niega que haya un mundo real, externo, entidades inobservables y la prueba de su existencia es que podemos manipular con ellas y lograr hacer cosas, producir efectos y nuevos fenómenos. Pero ese mundo real es conocido por nosotros de acuerdo al estilo de razonamiento. El mundo está ahí afuera y existe independientemente, pero para conocerlo lo hacemos a través del estilo, por eso la verdad no puede ser una relación de correspondencia directa con ese mundo. Como sujetos epistémicos usamos nuestra estructura epistémica para conocer lo que nos es dado. Ese mundo externo que es el correlato de nuestros enunciados se nos presenta mediado, lo interpretamos de cierta manera, lo que no refuta su existencia objetiva e independiente y lo que tampoco implica que el sujeto interprete lo que quiera, porque en tanto sujeto racional construye la objetividad de la comprensión en la discusión con sus pares.

¿Por qué la afirmación de que hay distintos estilos de los cuales depende la verdad iría en contra del realismo? El realismo no es una teoría de la verdad y no implica ninguna. El podría ser consistente con cualquier teoría de la verdad, porque es una teoría ontológica, no acerca del significado de “verdadero”. No es una teoría semántica. La concepción de que el mundo existe independientemente de nuestra idea de verdad acerca de él, no significa que no pueda haber diferentes representaciones acerca de esa verdad de la realidad. El que la verdad sea relativa a los intereses del estilo no prueba que la realidad representada sea ella misma relativa a esos intereses. No hay inconsistencia en afirmar que la realidad existe independiente y externamente a nosotros, y por otro lado, que la verdad depende del estilo. El realismo externo permite un número infinito de descripciones verdaderas de la misma realidad en relación con los diferentes estilos.


NOTAS

[1] Devitt, 1991 y 1997.

[2] Horwich, 1990, p.9.
[3] Devitt, 1991 y 1997; Barrio, 1998.
[4] Moretti, 1996,  p.43.
[5] Hacking, 1996, p. 46
[6] Hacking, 1996, p. 36.
[7] Ibid, p. 83.
[8] A este respecto, Dudley Shapere anota que los físicos regularmente hablan de observar, incluso cuando utilizan aparatos en los que los sentidos no pueden desempeñar un papel esencial. Sugiere un ejemplo donde se trata de observar el interior del sol mediante los neutrinos emitidos por procesos de fusión solar, y donde lo que cuenta como observación depende de la teoría en uso. Los físicos juntan neutrinos del sol en una enorme mina en desuso, que ha sido llenada con fluído limpiante. Se conocería mucho más acerca del interior del sol si se conoce más acerca de los neutrinos solares que llegan a la tierra. Entonces ellos son capturados en el fluído limpiante. Unos pocos neutrinos formarán un nuevo núcleo radioactivo. Aunque en este estudio la extensión de la manipulación del neutrino es mucho menor que la manipulación del electrón en Peggy II, sin embargo, claramente se están usando neutrinos para investigar algo más. Los neutrinos, entonces, son utilizados para examinar otras cosas.
[9] Este experimento se relata en el capítulo 16 de Representar e intervenir (1996), p. 297-298.
[10] Hacking en más de un artículo ha precisado explícitamente por qué utiliza el término “razonamiento” en lugar de “pensamiento” como lo hace Crombie. El argumento en que basa su preferencia por el término aludido anteriormente, es la afirmación de su amplitud en el sentido de incluir otras actitudes además de pensar. “Razonamiento” señala un arte no meramente sedentario, significa pensar pero también argüir y mostrar, tiene que ver con la mente y la palabra pero también con el ojo atento y la mano que manipula.
[11] Hacking, 1982.
[12] Crombie en su libro titulado Styles of scientific thinking in the european tradition (1994), presenta seis estilos de pensamiento científico o métodos de inquirir y demostrar en la tradición europea: método de postulación, empleo de experimentos para control de la postulación, construcción hipotética de modelos analógicos, ordenamiento de variedades por comparación y taxonomía, análisis estadístico de regularidades de poblaciones y derivación histórica de desarrollo genético.
[13] Hacking, 1996 , p 159.
[14] Ibid, p. 163.
[15] Hacking 1992b, p. 135.
[16] Ibid.
[17] Hacking, 1982, p. 49.
[18] Hacking, 1992.
[19] Ibid, p. 57.
[20] Dichos elementos se agrupan en: ideas (cuestiones, conocimiento básico, teoría sistemática, hipótesis tópicas, modelado de aparatos), cosas (objetivos, fuentes de modificación, detectores, herramientas, generadores de datos) y símbolos (datos, valoración de datos, reducción de datos, análisis de datos e interpretación de datos). Hacking, 1992.
[21] Hacking, 1992, p. 30.
[22] Hacking, 1988, p. 513.

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Última Modificación: 17 de mayo de 2008