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La
inutilidad del realismo semántico.
Lucía Lewowicz
En
su libro, Pluralidad y Recursión,
Moulines trata un conjunto de temas interrelacionados con especial maestría en
la síntesis, comparación y exposición de los mismos. Con el fin de
hacer plausible su propia tesis dentro del contexto de la epistemología
- “epistemología” es el término que Moulines elige para significar “teoría
del conocimiento” o, aún el anacrónico “gnoseología”, sin embargo,
“epistemología” en español, a veces se usa como,
“filosofía de la ciencia”- que
es la del “holismo instrumental moderado”. Nosotros no trataremos dicha
tesis, nos concentraremos únicamente -y sólo en parte- en su capítulo II.2,
“Problemas con el realismo”, partes 1, 2 y 3, dejando para otra instancia la
parte 4. El
presente trabajo consiste en una exposición crítica del desarrollo de Moulines.
¿En qué sentido crítica? En
ésta parte del libro, Moulines expone, al menos, dos tesis y una conclusión: 1)
El realismo más difundido, es el realismo semántico. 2)
El realismo semántico, en tanto más difundido, es el realismo que vale la pena
tratar. _ Conclusión:
El realismo -semántico- es inútil. Nosotros
estamos de acuerdo, fundamentalmente, con la conclusión.
En general de acuerdo con la tesis 1) y en total desacuerdo con la tesis
2). Desde
el punto de vista de nuestros intereses, en el presente trabajo, es muy
importante que se haga una exposición bastante detenida del realismo semántico
y más aún de su inutilidad a pesar de que venga del lado de un
inconmensurabilista como Moulines; en primer lugar, porque en la bibliografía
que conozco, no había encontrado una exposición tan cuidadosa -al menos en
ciertos respectos- como la de dicho autor, en segundo lugar, porque yo misma no
había encontrado el camino para mostrar la inutilidad del realismo semántico y
desde mi punto de vista Moulines lo logra convincentemente, excepto cuando se
refiere a la “teoría causal de la referencia”, pero de ésto hablaremos más
adelante. De
tiempo en tiempo el realismo ha entrado en crisis, sin duda esto debe deberse a
muchas razones. En los últimos años,
para ser más precisos, en la década de los noventa, el realismo ha entrado en
una crisis aparentemente paralizante, sus respuestas a los embates relativistas,
instrumentalistas, empiristas etc., no han mostrado tener eficacia contracrítica
alguna, siempre y cuando nos mantengamos en el ámbito de la filosofía
dominante, es decir la filosofía analítico-lingüistica, por lo tanto, en el
ámbito del realismo semántico -es probable que una de las más destacadas
excepciones a esto sea justamente, la “teoría causal de la referencia”.
Para Moulines la debilidad del realismo semántico está en el
realismo, para nosotros, por el contrario está en su carácter semántico.
Para Moulines debemos tratar con el realismo semántico porque es el más
difundido,pienso, por el contrario, que es aún hoy el realismo dominante, pero
no necesariamente, el más difundido. Quiero agregar ahora, que Moulines no
nombra ningún realista semántico, ni epistemológico ni ontológico, a no ser
aquellos que desarrollaron la “teoría causal de la referencia”, a saber,
Saul Kripke, Hilary Putnam y Richard Boyd. En el transcurso de esta exposición
crítica utilizaré algunos argumentos críticos que desarrollaron realistas
científicos aunque no semánticos, quienes a su vez, han tenido que lidiar con
el realismo semántico, me refiero a Philip Kitcher, Ian Hacking, Roy Bhaskar,
entre otros. En
consecuencia, nuestro hilo conductor, será el inverso al de Moulines, desde un punto de vista realista y no
inconmensurabilista, trataremos de discutir al realismo semántico para llegar a
una conclusión similar a la de Moulines: el
realismo semántico es inútil, pero acentuando, sin embargo, lo contrario
que Moulines: la inutilidad del realismo semántico tiene que ver muy
especialmente con su carácter de semántico, y no a la inversa, con
su carácter de realismo. i)
Para Moulines existen dos versiones de realismo semántico que se dearrollan a
partir de dos asunciones ingenuas (una puramente ontológica y otra epistemológica)
a saber: a)
“existen otras cosas además de mí mismo” (1991: 129), esta es la puramente
ontológica y b)
“existen otras cosas además de mi mismo y yo sé cuáles son “ (1991:129),
esta es la epistemológica. Es claro que es epistemológica pero
si b) incluye a a) debería ser también ontológica. Por ahora
supondremos que esta última aserción nuestra es tan trivial para Moulines que
se hace innecesario señalarla explícitamente. “La
historia de la filosofía contemporánea sugiere que estas versiones ingenuas
del realismo están destinadas a desembocar en alguna versión de una concepción
semántica” (1991:129) A este desembocar de las versiones ingenuas las llamará
realismo semántico como si este proceso fuese un proceso natural, no
arbitrario; aquí también supondremos que a Moulines le interesa muy poco o
nada el proceso de apropiación de las ideas del sentido común por parte de la
filosofía, en última instancia él no está obligado a considerarlo. Para
Moulines “semántico” se usará en su sentido más general, como un atributo
de cualquier enfoque filosófico que surja de la reflexión “sistemática
sobre el supuesto básico de que el lenguaje tiene significado” (1991:130) es
decir, existen relaciones constitutivas entre elementos lingüísticos y
elementos extalingüísticos. No todos los realistas son realistas semánticos
para el autor, pero los “más concienzudos hoy día se ocupan ante todo de la
semántica del discurso científico” (1991:130), Moulines opina que el
realismo semántico se ha convertido en el realismo científico, lo cual puede
ser cierto, aunque a nosotros nos surjen demasiados contraejemplos como para no
tener derecho a exigir ejemplos de esto, cosa que Moulines como ya dijimos no
da. Los realistas actuales, para Moulines, consideran que las cuestines ontológicas
y epistemológicas deben decidirse en el ámbito de la ciencia pero el autor no
exhibe ningún argumento ni ejemplo que nos convenza de la legitimidad de estas
decisiones a no ser metafórica y elitísticamente (ver pp.130-131). Moulines no
desea entrar en esta argumentación ya que entiende que “en caso de conflicto
entre la semántica del lenguaje del campesino analfabeto (las versiones
ingenuas?) y los textos científicos avanzados (...) nos decidiremos por darle más
valor a la segunda, cuando se trate de fijar nuestra ontología y epistemología”
(1991:130). Sería desagradable argumentar en este sentido, pero efectivamente
es lo que hacemos, estamos de acuerdo con Moulines en esto, sin embargo,
respecto a la idea más importante, es decir, al hecho de que elegimos
los textos científicos avanzados para dar cuenta de nuestra ontología y
epistemología creo que disentimos no porque yo no comparta la desagradable
comparación sino porque creo que las razones que nos hacen elegir los textos
científicos tiene que ver con explicaciones que exigen justamente un realismo
no semántico, un realismo que se ocupe de dar cuenta del progreso de la
ciencia, por ejemplo, de la aceptación social de la ciencia y otros importantes
temas estrictamente epistemológicos. Dicho
esto, Moulines asume la conversión del realismo semántico en el realismo científico
y comienza a ocuparse sólo del realismo científico al que definirá como
“la doctrina que sostiene que una semántica adecuada al discurso científico
explicita y justifica las aseveraciones del realismo ingenuo arriba citadas”
(1991:131), es decir, hay otras cosas además de mí y sé cuáles son. Si nos detenemos
un poco en las consideraciones del “realismo ingenuo” ellas ponen en relación
elementos ontológicos (la alteridad) y elementos epistémicos (sabemos) pero la
mediación a través del lenguaje
no está presente al menos explícitamente en las mismas, esto será objeto de
nuestro tratamiento ulterior. Quiero señalar así mismo, aunque sea redundante,
que no sabemos de quién o quiénes habla Moulines, además, hay un conjunto
grande de realistas científicos que no son realistas semánticos con lo cual
podría estarse produciendo una reducción importante con esta
identificación. Para
nuestro autor existen dos tipos de realismos científicos, el
alético al cual Moulines desestima en cuanto realismo ya que no conlleva
ningún compromiso ontológico sustancial, y por ello mismo nosotros no lo
trataremos aquí, Y un realismo referencial que es “la semántica realista más acorde
con las intuiciones del realista ingenuo porque afianza la realidad de los
objetos a los que nos referimos con los términos de nuestro lenguaje científico”
(1991:133). Es aquí que Moulines comenzará a problematizar de manera más
interesante el realismo semántico. El
primer problema es de tipo cuantitativo, aunque “no representa una nimiedad”
(1991:133):¿ la semántica de los términos científicos funciona para todos o
sólo para algunos de estos?¿como se fija la referencia de todos o de algunos
de los términos científicos? Según Moulines, lo que el realista pretende señalar
es que la referencia de la mayoría de los términos científicos se fija
siempre de la misma manera ya sean estos individuales o relacionales. El oro o
el calor existen realmente, pero ¿que
sucede con un “campo hamiltoniano de fuerzas”? Por otro lado, el tema de la
cantidad resulta importante en tanto que si sólo se puede fijar la referencia
de unos poquitos términos científicos “la semántica realista no resultaría
muy atractiva, y menos para el propio realista científico” (1991:134) Todo lo
que se concluye hasta aquí es razonable para el realismo semántico, más
razonable aún sería demostrar que el “objetivo genuino” del realista
consiste en mostrar que “la mayoría de los términos que juegan un papel
central en contextos científicos funcionan de manera adecuada a una semántica
realista” (1991:134); no obstante, si nos ubicamos fuera del realismo semántico,
lo primero que deberíamos preguntarnos es a quién le interesa, de la ciencia,
su discurso y más tolerantemente, ¿ cuáles serían los criterios para
establecer los términos centrales a diferencia de los periféricos? En
realidad, se toma al realismo semántico como de hecho y no como de
juris, lo que a su vez sugiere una lectura realista
del propio realismo semántico, ahora bien, no se ofrecen ejemplos, ni se
sigue a ningún realista “semántico” en esto, la definición del realismo
semántico de Moulines o bien es vox populi, todos aceptaríamos esta definición de realismo semántico-científico,
o se extrajo de la cabeza de Moulines como el ave Fénix. La
elucidación semántica del realismo ontológico ingenuo y la del epistemológico
son representadas en este texto por RI y RII: RI
“la referencia de la mayoría de los términos centrales de la mayoría
de las teorías científicas permanece fija a pesar de que esas teorías se
alteren sustancialmente o incluso sean sustituidas por otras” (1991:135) RII
“ la referencia de los términos centrales en cuestión permanece fija porque
hay modos de determinarla que son inalterables a pesar del cambio de teorías”. Lamentablemente
no tengo a ningún realista científico contemporáneo en mente para
ejemplificar con ellos, RI y RII, semántico o no, me vienen a la cabeza más
bien empiristas como Carnap o Van Fraasen, pero así como insisto con esto
quiero insistir también con el
hecho de que se habla de “términos científicos centrales” y no se ofrece
ningún criterio de identificación para los mismos. En una parte anterior de
este capítulo, en ocasión de criticar al relativismo epistemológico, Moulines
señala que es una incoherencia de dicho relativismo el no ofrecer criterios de
identificación de una cultura, si ésta misma critica es señalable para el
realismo científico que Moulines objeta, él mismo debió indicarla, al no
hacerlo, estamos frente a una omisión importante por parte del autor. Mi opinión
personal es que los realistas científicos existentes hablan poco o nada sobre términos
científicos, centrales o no centrales, y
ni qué decir de los propios científicos. Pero además, debemos dar alguna
cuenta de esta omisión, lo haremos más adelante, al tratar su crítica a la
“teoría causal de la referencia”. RI
es la tesis ontosemántica, “equivalente al noumena de Kant” (1991:136) tan
desgraciada y falta de interés comoaquellas que se identifícan con las partes
incognoscibles de la teoría del conocimiento de Kant. Moulines supone que a los
realistas les molesta verse identificados con Kant, olvidándose que Kant
dignifica cualquier tradición filosófica; Engels señalaba, por ejemplo, que
Kant era un materialista vergonzante. RII
es la tesis epistemológica ¿ a qué problema fundamental se enfrenta? Al
“eslogan metacientífico de la inconmensurabilidad entre teorías”
(1991:136) y este constituye el segundo problema que
Moulines señala. II)
REALISMO SEMANTICO E INCONMENSURABILIDAD. En
primer lugar, es menester señalar aquí, ante todo y primeramente que junto a
Hacking (1983), estamos totalmente de acuerdo con Moulines en que la Tesis de la
Inconmensurabilidad Conceptual (en adelante, TIC) se enfrenta fundamentalmente
al realismo y no a la racionalidad científica
como muchos otros autores han asumido. En segundo lugar el desarrollo que
hace Moulines, además de interesante, tiene el poder de mostrar
efectivamente cómo la TIC es una respuesta mucho más convincente que las
ofrecidas por este realismo científico (semántico o el que sea). Para
Moulines, la TIC es una “expresión de un modelo epistemológico o mejor,
epistémico-semántico de la explicación de ciertos fenómenos que se
manifiestan en el desarrollo de la ciencia, de hechos identificables psicológica
y sociológicamente los cuales Kuhn y Feyerabend han descrito en detalle”
(1991:138) pero lo más remarcable es que para Moulines la TIC, “de ser
cierta, explicaría dichos fenómenos” (1991:138) y que la considera de un
gran valor epistemológico intrínseco cuyo contenido, nosotros, vamos a dar por
conocido y pasaremos a tratar los aportes metodológicos del propio Moulines, a
saber lo que llamará TII: TII
dice: “existen pares de teorías
inconmensurables y comparables” (1991:141) . ¿Cuál
sería el elemento común no trivial que nos permitiría compararlas? La
primera solución que ofrece es la del propio Kuhn (1962, 1982), se suceden históricamente,
pero según nuestro autor esto es aleatorio, Newton y Comte se suceden históricamente
y sin embargo son incomparables, siempre en un sentido débil del término. La
segunda solución es al parecer, la de que compartirían el mismo ámbito de
referencia (solución que Kuhn, sólo muy tardíamente comenzó a aceptar,
(1990)) y si esto fuese cierto es lo que haría, sin lugar a dudas, no trivial a
TIC: a pesar de que se refieren a lo mismo, los significados de los términos
respectivos no son tan sólo diferentes sino imposibles de intercambiar semánticamente,
Moulines se pregunta “¿puede alguien sostener coherentemente el principio de
la divergencia semántica radical y a la vez afirmar la identidad de ámbitos de
referencia en una y otra teoría?” (1991:143). La respuesta es, en principio
negativa, pero, a partir de la construcción del significado que debemos a Frege,
ensayará una solución para ello. Se podría sostener con plausibilidad que las
teorías científicas inconmensurables “lo
son en cuanto al sentido pero no en cuanto a la referencia” (1991:144),
se aplicaría a las intensiones y no a las extensiones de los términos “con
ello, a su vez, quedaría salvado el realismo semántico, al menos al nivel
referencial (que es el que nos interesa aquí) tanto en su versión ontológica
cómo incluso en la epistemológica” (1991:144). Aunque es claro para Moulines
que aquél perdería todo interés como “modelo de explicación metacientífica”
ya que cualquiera sean los sentidos de los términos científicos, si la
referencia es unívocamente determinable por cualquiera, entonces basta atender
a la referencia y decidir así las controversias sobre las distintas virtudes de
las teorías. Como Frege alguna vez sostuvo, lo que verdaderamente cuenta para
la ciencia es la referencia; desde un punto de vista caricaturesco, se acabaría
optando por el mundo y no por los “términos científicos centrales”. Frege
tenía presente cuáles eran los intereses de los científicos a diferencia de
los intereses de los filósofos. Porque si efectivamente lo que le interesa al
realismo semántico es el discurso científico y con él, los términos que los
científicos utilizan es claro que la filosofía de la ciencia concentrada en el
realismo semántico, dejó de interesarse por los problemas de la ciencia y pasó
a preocuparse con sus propios problemas: es la filosofía la que tiene un práctica
particularmente lingüística, no la ciencia. En un texto sobre Frege, Sluga
(1980) dice: “dado que la práctica filosófica es lingüística, ...,uno se
sorprende con el hecho de que la reflexión filosófica sobre el lenguaje sea un
fenómeno tan reciente” (traducción mía, pp. 20-21). Si bien Sluga tiene razón,
al realismo científico definido por Moulines debería sorprenderle el poco
interés que manifiesta por los problemas efectivos de la ciencia, no logro
hallar qué interés teórico (ni que hablar de práctico) pudieran encontrar
los científicos en estas disquisiciones de filósofos. Sin embargo, la sola
preocupación de los filósofos por debilitar, es decir, por acercar más al
realismo -semántico- la TIC -, preocupación que compartió el mismísimo Kuhn,
al tiempo que sostuvo que él mismo era un realista de “nuevo tipo” (Kuhn:
1979) y algunos herederos de Kuhn, como los sociólogos del conocimiento
reunidos en la escuela de Edimburgo (que lisa y llanamente rechazaron la tesis
de la inconmensurabilidad por ser un ejemplo más de haraganería
de los filósofos (Barnes: 1982) )- nos genera ciertas dudas respecto del
argumento de Moulines. Si bien es cierto, que el debilitamiento de la TIC no
respeta el espíritu de la misma, el hecho es que esto se hizo sin cesar desde
la primera vez que se la propuso; la cantidad de trabajo desarrollado en torno a
la TIC, prueba a su vez el gran interés que ésta suscitó así como la
posibilidad de que la TIC tenga cierto grado de verosimilitud - realistas como
Hacking (y éste es uno de los que no son realistas semánticos en absoluto),
han señalado fenómenos inconmensurables en el laboratorio, por lo demás
convincentes (Hacking, 1994)- no podemos dejar de percibir que la preocupación
por el realismo es más fuerte de lo que uno se imagina, e involucra más
subjetividades de aquellas que se autodenominan realistas (los casos de Kuhn
(1979, 1990) y Feyerabend son claros en este sentido). Los
inconmensurabilistas pretenden probar que durante el paso de una teoría a otra
se generan cambios radicales en la referencia, por lo tanto, dos teorías serían
comparablemente inconmensurables siempre que se diera: “a)
cambios radicales en el sentido de sus términos respectivos b)
cambios en la referencia de sus ámbitos y c)
una intersección no-vacía de los ámbitos de referencia” (1991:147). Ahora
bien, ¿cómo podemos saber que en la intersección no-vacía se encuentran los
“términos científicos centrales” o viceversa? Este punto es importante, la
misma pregunta se hace Moulines pero, lamentablemente, no intenta, siquiera,
responderla. Luego
de esto, Moulines comienza a enlazar la TIC con la tesis de la inescrutabilidad
de la referencia de Quine (en adelante TIR). El autor entiende que TIR es un
argumento más general y más independiente de las interpretaciones históricas
(realmente no comprendo el demérito de ésto) más o menos problemáticas a
favor de la idea de que teorías comparables no siempre tienen referencias
comunes . “Cuando me comunico con otro individuo que usa mi mismo lenguaje
continuamente parto de la hipótesis de que con las mismas palabras ese
individuo se refiere a lo mismo que yo, pero esa hipótesis nunca puede ser
plenamente confirmada, pues la mera aquiescencia u otros síntomas
conductuales son insuficientes para determinar la referencia de una expresión”
(1991:147, subrayado nuestro) Si lo que estamos pidiendo son garantías absolutas
para fijar la referencia, nadie puede dudar de esto , mucho menos la ciencia,
pero es dificil aceptar que un gesto doble y simultáneo de ostensión (lo que
aquí se describe como síntomas conductuales) no garantice de la manera más
absoluta posible, que estamos refiriéndonos a lo mismo. “Podríamos ir un
paso más allá y anotar que ni siquiera para mí mismo hay ninguna garantía de
que yo use cualquier término con la misma referencia ahora que hace un año”
(1991.147-148). Evidentemente
lo que Moulines pretende señalar no es que no hay criterios absolutos para
determinar la referencia de los términos del lenguaje, natural o científico,
lo que desde nuestro punto de vista se insinúa es que no existen, otra vez,
criterios (absolutos o no) de identificación no sólo de la referencia sino
incluso de los referentes; ahora bien, no es absolutos el problema aquí, sino que no hayan criterios de
identificación del objeto al cual nos referimos. Aquello que requirió para el
relativismo epistemológico (criterios de identidad), es decir, en el ámbito de
la metodología ,no parece ser requerible en el ámbito de la ontología, lo que
sin lugar a dudas resulta asombroso sobre todo si recordamos el argumentum
ad baculum que adujo el Dr. Johnson contra el obispo Berkeley, no sólo
podemos saber que la piedra existe sino, además, que fue el golpe con la piedra
lo que inmediatamente después produjo el dolor en el pie. Lo que nos
preguntamos sin embargo, es: ¿debemos, podemos, buscar criterios de identidad
en la ontología, o la identidad y alteridad son precondiciones de cualquier
ontología? ¿No es esto justamente, lo que la “teoría causal de la
referencia” intenta enseñarnos? “...los
datos conductuales de que dispongo son insuficientes para afirmar esa identidad
tanto en un caso - general - como en el otro - individual - y el recuerdo
introspectivo - sic - tampoco es de fiar. Nos vemos así llevados a una forma
extrema de solipsismo semántico - todo es discurso, muy à la mode- que
naturalmente, no significa otra
cosa sino que la noción de referencia de un término tomada como algo absoluto,
carece de sentido” (1991.148,
subrayado nuestro)No puedo dar ejemplos de filósofos realistas que tomen
la referencia como algo absoluto a menos que supongamos que el empirismo
lógico es realista, lo que es extremadamente discutible incluso para algunos
casos particulares como, Neurath y Carnap (en alguna de sus etapas) (ver por
ejemplo M. Cornforth : 1951). Siguiendo
a Quine, el autor señala que “en rigor “referencia” es un predicado que
se aplica siempre por lo menos a dos términos, ... , la referencia de un
término viene determinada por su relación con otros términos dentro de cierto
marco lingüístico” (1991.148,subrayado nuestro) ¿Cómo identificamos los
marcos lingüísticos?; ¿qué es esto de “siempre”,
es un absoluto de tiempo? ¿Cómo es esto que los “absolutos” molesten cuando
nos referimos a la ontología y no cuando nos referimos a la semántica así
como tampoco cuando nos referimos a la metodología, como señalábamos más
arriba? Algunos
realistas científicos, declaradamente no semánticos, se han ocupado, sin
embargo, de éste problema. No sólo están de acuerdo con la idea de que no hay
referencias absolutas (o en su terminología más antigua, fijas), sino que muestran, con ejemplos tomados de la misma ciencia,
cómo la referencia puede cambiar, e incluso, que hasta el referente podría
cambiar, aunque cambie más lentamente. Entre estos autores se encuentra Philip
Kitcher, uno de los filósofos de la ciencia más importantes en estos momentos,
Hartry Field (1973), un realista que se dedica a filosofía de la ciencia y a
filosofía del lenguaje, Michael Levin otro realista que se dedica a filosofía
del lenguaje - lo cual no los identifica como realistas semánticos - entre
otros. En
aras de no prolongar demasiado este trabajo, desarrollaré brevemente, el
argumento de Philip Kitcher (en la bibliografía se encontrará la referencia de
los trabajos de los otros autores citados aquí), que por cierto, fue tematizado
por Kuhn (1982) : Kitcher,
desarrolla su argumento tomando como ejemplo el concepto de “flogisto” y el
tratamiento que tanto Priestley como Lavoisier le dieron, mostrando la evolución
que la referencia de aquél, había tenido: desde la referencia de
“flogisto” hasta “aire desflogistizado” y a partir de allí al “oxígeno”.
Nosotros haremos una ilustración del argumento de Kitcher porque, además de
ser más corta, muestra más rápidamente el valor de su desarrollo y exime a
los menos advertidos de las dificultades técnicas de su ejemplo. Supongamos que
Newton-bebé tiene un referencia,
esta referencia es la misma que la de Newton? Kitcher contestaría: ambos se refieren a él
mismo pero sus referencias pueden variar enormemente. La descripción que se
puede dar de Newton , en algún sentido, puede no coincidir en absoluto
con la descripción de Newton-bebé y
sin embargo se trata del mismo referente aunque incluso éste
haya variado sustancialmente. Esta tematización, la de Kitcher y la mía,
salvando las distancias, tiene como base la “teoría causal de la
referencia”, entendida de modo diferente a como la entenderá Moulines.
Usaremos este ejemplo cuando discutamos el desarrollo de éste autor respecto de
la misma. Pero
volviendo al texto de nuestro autor, después de desarrollar la TIR - tema que
también daremos por conocido - Moulines concluye : “Así pues, dado el
principio de la inescrutabilidad de la referencia, la tesis de la
inconmensurabilidad sólo quedaría efectivamente refutada si pudiera indicarse
una teoría científica que sirviera de marco referencial universalmente
admitido para todas las demás teorías científicas pasadas y presentes”
(1991: 150) No son los realistas los que exigen lo universal, lo absoluto, etc.
Me resulta sumamente dudoso que algún científico se plantee un proyecto tal,
aunque los hubo, baste recordar un vez más a Carnap. Pero además, es bueno
mencionarlo, la TIC es un desafío para el realismo no necesariamente un
problema, aunque Moulines piense otra cosa: “Ahora bien, la aceptación de la
tesis de la inconmensurabilidad así precisada implica un duro golpe para el
realista epistemológico” (1991:151) porque, “identificar la referencia de
los términos científicos con los estímulos sensoriales más su elaboración lógico-matemática,
equivaldría justamente a vender el alma al diablo para el realista semántico
-equivaldría en su forma radical, a un fenomenalismo al estilo del Carnap del Aufbau. La salida de fijar la referencia de los términos científicos
en base a estímulos sensoriales u otras entidades análogas dependientes del
aparato perceptor del observador científico está absolutamente excluida del
horizonte del realista” (1991:152,subrayado nuestro) Suponemos que se
refiere al realista semántico, porque si no es así ésta última frase sería
ininteligible para cualquier otro
realista. El fenomenalismo, empirismo, empirismo lógico, etc., no son los
propietarios absolutos del “aparato perceptor del observador científico”,
también existe el materialismo y el realismo no semántico ( ver, por ejemplo,
a : Roy Wood Sellars (1951), Roy Bhaskar (1975), Ian Hacking (1983), Philip
Kitcher (1978), Allan Franklin (1986), Dudeley Shapere (1989), entre otros)
Ahora, es claro que un realismo sujeto a las constricciones del lenguaje y sólo
a las de él, no debe ingresar variables extralingüísticas para dar cuenta de
sus aserciones, pero entonces no es el realismo lo que le impide utilizar, al
realista, por supuesto, el “aparato perceptor del observador científico”,
sino su carácter de semántico. La
única alternativa que Moulines divisa para el realista semántico es el
realismo referencial, es decir, los realistas semánticos deberían admitir que
“nunca tendrán la menor garantía de conocer el verdadero objeto al
que se refieren los términos de las teorías científicas que se suceden en la
historia, pero que al menos podemos garantizar, bajo ciertas condiciones que
tales objetos existen y que, de algún modo, podemos “aproximarnos a ellos”
(1991:152,subrayado nuestro). Elucidar cuáles son esas condiciones, suponemos
será la tarea de los realistas semánticos, aunque esta tarea ya se realizó,
hace mucho tiempo atrás, por parte de Kant. Con
esto llegamos a un resultado por lo demás paradójico, el realista científico,
entiende que lo único que tiene sentido estudiar es el “discurso científico”
para encontrarse, al cabo de su tarea, que son las constricciones de cualquier
lenguaje las que le impiden seguir siendo realista. En ésta larga cita Moulines
introduce, con algunos términos, como “verdadero” “objeto” y
“aproximarnos” su análisis respecto de una corriente filosófica: “el
convergentismo” que detalla muy sucintamente y que la señala como una
corriente que puede o no hacer sistema con el realismo, con lo cual para
nuestros fines, en este trabajo, no manifiesta relevancia alguna, aunque al
pasar, nos gustaría señalar que sus objeciones a los convergentistas se
dirigen justamente contra la idea de que pueda llegarse a un estado de “verdad
absoluta” cosa, que al parecer los convergentistas reclamarían. III)
REALISMO SEMÁNTICO Y TEORÍA CAUSAL DE LA REFERENCIA. El
realismo ontológico, referencial,
según Moulines, es “la tesis de que tenemos buenas razones para creer que los
objetos referenciales de los principales términos de las teorías científicas,
aún cuando éstas sean no trivialmente inconmensurables entre sí están
determinadas con independencia de dichas teorías y sus usuarios, y sea cual sea
el modelo más adecuado de representación diacrónica de la ciencia”
(1991:154) ¿Existen razones para aceptar esta tesis? se preguntará Moulines,
“...caso de existir, no pueden ser sino de índole semántica general”
(1991:154) Debemos hallar un mecanismo semántico que garantice la permanencia
de los objetos referenciales, para que el realismo ontológico aunado con alguna
metateoría diacrónica de la ciencia, como por ejemplo la convergentista,
pudiera ser una hipótesis “fuerte e interesante” ¿Existe ese mecanismo? “La
argumentación más elaborada y aguda que conozco en favor de la existencia de
un mecanismo transteórico de fijación referencial procede de la llamada
“teoría causal de la referencia” defendida por Kripke, Putnam y Boyd, entre
otros” (1991:154, subrayado nuestro). Según Moulines la “teoría causal de
la referencia” es un enfoque “puramente semántico” (1991:155)
“independiente de cualquier compromiso ontológico con el realismo” aunque
agrega que esto es una posibilidad puramente formal - yo ni siquiera logro
divisarla-, para Kripke, Putnam y Boyd la “teoría causal de LA referencia”
no admite otra ontología que no acentúe firmemente el verbo “ser” , aún más,
incluso, que el verbo “existir”. Que la “teoría causal de la
referencia” sea un enfoque puramente semántico es algo que también
discutiremos, al menos para el caso de Kripke (1971), y creemos que lo mismo se
aplicaría a Boyd (1992). Vamos a exponer el análisis de Moulines al respecto. La
teoría causal de la referencia es: 1)
“un conglomerado de diversos supuestos y argumentos ontosemánticos” (es
claro, entonces que la TCR no es “puramente semántica” ni es formalmente
compatible con cualquier ontología) 2)
“La referencia se determina por un acto bautismal aceptado por la comunidad
lingüística” (esta última precisión, “comunidad lingüística”, puede
corresponder a Putnam, pero no la encuentro en Kripke (1971) o en Boyd (1992). 3)
“Con un acto voluntario podemos fijar la referencia de un término, aun cuando
desconozcamos o estemos totalmente equivocados respecto a las propiedades que
posee el objeto referencial” ( 1), 2) y 3) en 1991:155).
Con la última parte de esta proposición no encuentro divergencias
respecto a lo que sostiene, al menos, Kripke (1971), ya que reconoce a la TCR
como una teoría ontológica y no epistemológica. Pero, respecto al “acto
voluntario” no he encontrado al menos en los pasajes de “Identidad
y necesidad” nada que haga suponer esto, a no ser algunos ejemplos didácticos, la referencia no se determina voluntariamente; esto no está
ni en el espíritu ni en la letra de este artículo. 4)
“Tiene el estatuto de una hipótesis cuasi-empírica ( por lo tanto sigue sin
ser “puramente semántica”), que goza prima
facie de cierto grado de plausibilidad” ya que articula intuiciones básicas
del sentido común y de lo que éste piensa acerca del lenguaje. 5)
“Su plausibilidad se va disolviendo a medida que se la somete a examen, en
particular en su aspecto bautismal del mecanismo de anclaje referencial” (en
pocas palabras, en lo fundamental) ( 4) y 5)
1991:156). 6)
Su plausibilidad, incluso, para nombres propios, depende de “la aceptación
(no explícita en el propio Kripke) de una
determinada antropología metafísica: las personas serían entidades
permanentes cuya identidad no dependería en absoluto de cómo sean descriptas o
consideradas por otros” (1991:157). Como ya señalamos en 3), la TCR es una
teoría ontológica y no epistemológica, creo que Moulines además de confundir
categorialmente estas instancias, confunde “identidad” con “identificación”,
es decir con uno de los sentidos de identidad, Wittgenstein (1953) dixit,
justamente, el sentido, digamos, epistemológico de la palabra. Pero este no es
el sentido de “identidad” que, creemos, maneja Kripke (1971), el sentido de
“identidad” que Kripke (1971) señala es el aristotélico: una entidad es una
entidad, y en ese sentido es idéntica consigo misma, en el sentido de
ser una entidad. Para fundamentar nuestra interpretación vamos a citar tres
pasajes del propio Kripke (1971) del texto que también analiza Moulines, “Identidad
y Necesidad”:
“Aunque
fijemos la referencia de un nombre tal como “Cicerón” como el hombre que
escribió tales y cuales obras, al hablar de situaciones contrafácticas cuando
hablamos de “Cicerón” no hablamos entonces de quienquiera que en tal
situación contrafáctica hubiese escrito tales y cuales obras, sino más bien
de Cicerón, a quien hemos identificado (mal o bien) con la propiedad
contingente de que es el hombre que de hecho, esto es, en el mundo actual,
escribió ciertas obras” ( 1971:122) “De
esta manera, como dijo el arzobispo Butler, “todo es lo que es y no otra
cosa” “ (!971:126) “El
objeto referido no tiene que existir necesariamente en todo mundo posible. ...,
en cualquier mundo posible donde el objeto en cuestión existiera usamos
el designador en cuestión para designar a ese objeto” (1971:110) 7)
“Los nombres propios no juegan ningún papel importante en el discurso de la
ciencia” (1991:157). Puede que Moulines tenga razón en esto, pero Kripke
(1971), claramente, no se refiere únicamente a nombres propios, habla del
“calor” o del “movimiento de las moléculas” tan abundantemente como de
“Cicerón” o “Franklin”, es más, todos ellos son, para Kripke ( 1971)
“designadores rígidos” porque se refieren a una sola entidad o a un solo
evento o proceso. El acento esta en “lo uno” si se me permite tanta metafísica.
Además, para usar el propio ejemplo de Moulines, el “campo hamiltoniano de
fuerzas” existe, y es tal, desde
el momento que Hamilton y sus colaboradores realizaron algo que
luego fue bautizado con la
palabra “hamiltoniano”. ¿Se requirió la voluntad de Hamilton para ello? Es
obvio que al menos en algún sentido sí aunque me parece que es un sentido muy
débil. Las
dificultades que Moulines encuentra en la “teoría causal de la referencia”
son las siguientes: a)
La presuposición en donde se encuentra la componente bautismal tiene el carácter
de una hipótesis empírica por lo tanto, habría que contrastarla y para
Moulines esto es imposible. Si la tesis bautismal de Kripke ( 1971) tuviese ese
carácter todos estaríamos de acuerdo con Moulines, es imposible retrotraerse
tanto en el tiempo y el espacio como para saber quién fue el primero que bautizó
a esta entidad como “cochino”, ahora, ¿es ésta robinsoniada lo que Kripke
(1971) quiere significar? Desde nuestro punto de vista, esta objeción
está fuera de todo propósito, de todo principio de caridad y de todo criterio
de inteligibilidad. La “hipótesis científica” que sostiene
la regularidad de la naturaleza se podría, en principio, investigar
empíricamente; es un hecho que ciertos movimientos de la tierra son regulares,
que después del verano viene el otoño y cosas por el estilo, no obstante, esta
hipótesis es tan imposible de contrastar, por las mismas razones
espacio-temporales, que la otra, como que es “el hábito y la costumbre” los
que nos enseñan a tomarla como verdadera. b)
“...es altamente inverosímil suponer que la referencia determinada por esos
eventos introductorios - sea ella lo que sea - haya permanecido invariable a lo
largo de la historia, y esto es lo que más importaría a la hora de argumentar
en favor del realismo semántico” (1991:159). En primer lugar no sé quien
puede sostener tal cosa, Kripke (1971),
claramente no lo hace, y valgan como testimonios las citas de más arriba. Lo
que me parece que sostiene Kripke (1971)
es que el referente (y no la referencia) es él mismo a pesar de sus variaciones, como cuando hablábamos, más
arriba, de Newton-bebé y
Newton. Es la identidad la que garantiza el cambio y viceversa; aquello que
permanece es lo que cambia; no puede haber idea de cambio si no hay algo que
persiste sea lo que sea, ahora sí, aquello que es. El punto de Kripke
(1971), no está en la relación “lo mismo” sino en el sustantivo “él”
o “ella”. Tomemos un ejemplo “bautismal” que ilustra Hacking en ¿Por
qué el lenguaje importa a la filosofía? Llegan los ingleses a Australia.
Se encuentran con los indígenas de por allí y les preguntan : ¿qué es eso?
Los indígenas de por allí le contestan : “kangaroo” y se produjo el
acto bautismal del canguro. El canguro sigue siendo él mismo a pesar de lo
disparatado de su acto bautismal: lo que los indígenas de por allí, en
realidad dijeron, (se pudo saber después de muchos años de interacción
cultural) fue, exactamente y con la expresión “kangaroo”: “¿qué es lo
que dicen?”. En
segundo lugar está la conclusión de que la
invariancia de la referencia es lo que más le interesa al realismo semántico.
Si esto es así, deberíamos redefinir al realismo semántico para llamarlo :
“empirismo lógico sin aparato perceptor del observador científico”. Si el
realismo semántico es un tipo de empirismo lógico, entonces puede que sea muy
semántico, pero lo que no es, es realismo. Si aquello a lo que se refieren los
términos, científicos o no, es “lo dado”, está claro que “lo dado”,
no es en sí sino para
sí, es decir dependiente del que se ocupa de “lo dado”, sea mediante la
percepción, sea mediante el lenguaje, pero de lo que no se trata aquí es de la
existencia de algo independiente del que se ocupa de ello o como lo dice
Moulines, del “usuario”, de lo que no se trata aquí es de una entidad que
sea idéntica consigo misma, como reclamaría Kripke
(1971). La idea de que el mundo está quieto, fijo, invariable ,no se la
debemos ni siquiera al peor de los mecanicismos, esta idea proviene de los críticos
del realismo y es una caricatura de lo que algún realista (quizá platónico)
pudo haber sostenido en algún momento dado y con algunas copas de más. c)
“Las objeciones anteriores no pretenden ser refutaciones definitivas de la
teoría causal de la referencia pero creo que muestran el escaso grado de
plausibilidad de esta teoría especialmente en su aspecto baptista. No es pues
un buen auxilio para el realismo ontológico, ya bastante agobiado con sus
propios problemas - a parte del problema
de su propia pobreza, no logro percatarme de ningún otro - como para que
encima tenga que arrastrar hipótesis muy dudosas acerca de eventos
introductorios, esencias referenciales eternas (sic)
designadores rígidos y toda la parafernalia (y lo dice un estructuralista...)
de la teoría causal de la referencia” ( 1991: 163) d)
“mientras se carezca de una teoría semántica clara y plausible, ... ,
el realismo ontológico (por no hablar ya del epistemológico) seguirá en el
aire. Y en tal situación, lo más razonable parece ser olvidarse
de él si queremos emprender un
análisis epistémico-semántico adecuado de las teorías científicas”
(1991:163) Más adelante y en la misma página agrega : “el realismo semántico no es útil para nada”. Si pretendemos hacer una
análisis semántico de las teorías científicas, cuya utilidad fue puesta en
cuestión cuando el metaparadigma neopositivista dejó de ser dominante en la
filosofía de la ciencia, el realismo no nos será de utilidad. Esta, creo, es
en última instancia, la tesis que
sostiene Moulines, la cual considero, además de respetable, higiénica.
Según
Sluga (1980) el interés por el lenguaje, tal cual lo consideramos hoy, surgió
dentro de las corrientes materialistas y naturalistas del siglo XIX. La filosofía
parece haber magnificado de tal manera el valor del lenguaje que, éste, se ha
vuelto contra ellas mismas. IV)
CONCLUSIONES. Una
de las conclusiones generales que extraemos de este análisis es que resulta
sumamente difícil determinar en qué categoría se encuentra el lenguaje, me
refiero a qué categoría filosófica, epistemológica u ontológica. ¿pero ésto
a dónde conduce? Si no está claro esto, es prácticamente imposible establecer
el estatus filosófico del “realismo semántico” y consecuentemente, su
utilidad específica. Un conjunto grande de filósofos consideran que el
realismo es una tesis ontológica ( como ejemplo, Searle, 1995 ), y establecen
un diferencia categorial entre ontológico, semántico y epistemológico. Otro
conjunto grande de filósofos consideran que el realismo es una tesis epistemológica
y el materialismo una ontológica, (como ejemplo, Sellars, R. W., 1951) y no
establecen una diferencia categorial entrambos. En el caso de Moulines la
situación es ambigua: el “realismo semántico” no puede ser epistemológico
porque se enfrenta a un grave problema como el de la TIC, por otro lado el
realismo semántico si es sólo ontológico, es inútil por su escasa eficacia
problemática. Esta ambigüedad no surge del realismo, para muchos autores las
tesis realistas son categorizables, radical o conservadoramente, ¿sucede lo
mismo con la semántica? La semántica, como disciplina que estudia el
significado en el lenguaje, posee un estatus epistemológico, pero su referente,
el lenguaje, ¿que estatus posee? Moulines
ha sostenido en este trabajo que la “teoría causal de la referencia” es un
teoría puramente semántica. Nosotros no estamos de acuerdo con ello porque, y
valga esto como segunda conclusión general, es una teoría que busca aquello
que causaría la referencia, como su nombre lo indica, y aquello que, para
Kripke (1971), causa la referencia
es extralingüistico, está fuera del lenguaje y posee unas propiedades
necesarias muy fuertes. Para nosotros, “la teoría causal de la referencia”
es una teoría ontológica y no semántica que condiciona de manera
“realista” a una teoría semántica de la referencia. Como prueba de ello
baste recordar, la defensa que Kripke (1971)
hace de sus tesis frente a críticas similares a la de Moulines, cuando aquél
distingue lo que es algo “necesario” (metafísico)
y lo que es una “verdad a priori” (epistemológico) (ver pp. 114 -
115 de “Identidad y Necesidad”). En páginas
anteriores, señalábamos la vital importancia - para el realismo (semántico)
científico - que tenía establecer los criterios de identidad de los términos
centrales o periféricos, ¿importancia para qué o quienes? Exceptuando a los
filósofos del lenguaje que se dedican al discurso científico como si este
fuese de la misma importancia que el discurso filosófico para los filósofos, y
como si aquellos fuesen muchos, no encuentro importancia alguna. Muchas veces me
he preguntado, si el realismo semántico es una construcción genuina o no. ¿Es
un enfoque filosófico que se construyó genuinamente,
como sostiene Moulines, o no? o ¿es un enfoque que se construyó a partir de
los enfoques filosóficos antirrealistas?, ¿ del diálogo establecido por los
antirrealistas contra enemigos paroxísticos así llamados, realistas y a veces
realistas metafísicos, como si la condición de “metafísicos”, analíticos o no, fuese
un insulto? Durante la regencia del metaparadigma neopositivista, la condición
de “metafísico” era un insulto, pero los tiempos han cambiado y seguirán
cambiando. ¿Cuál sería la importancia del realismo semántico si este es un
empirismo lógico sin, siquiera, un “aparato perceptor del observador científico”?.
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