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hoja informativa de Galileo publicación dedicada a problemas metacientíficos volumen
nueve número
seis julio-agosto
de dosmildos Huerga
Melcón, Pablo. La ciencia en la encrucijada Fundación
Gustavo Bueno/Pentalfa, Oviedo, 1999, 655 p..
El
Second International Congress of History of Science and Technology,
celebrado en Londres entre el 29 de junio y el 4 de julio de 1931, debe ser
estimado como uno
de
los acontecimientos más significativos en el campo de la historia y filosofía
de la ciencia. Lo que singularizara este evento académico de otros antecedentes
es la participación de una nutrida delegación de científicos y filósofos
soviéticos presididos por Nicolás Bujarin, presencia que conmovió
profundamente, y no solamente por motivos académicos,
a la comunidad científica internacional. Uno de los resultados de la
activa participación de estos intelectuales marxistas, inédita en los anales
del mundo académico mundial, fue promover el surgimiento, inicialmente en
Inglaterra y luego extendido a otros países del mundo capitalista,
de importantes colectivos de historiadores y filósofos marxistas. De la
comprensión de este acontecimiento trata la invalorable
investigación realizada por el Doctor en Filosofía
Pablo Huerga.
Son muchos los motivos que tenemos los lectores latinoamericanos para
recibir y considerar este trabajo como un suceso en el campo de la historiografía
de la ciencia y epistemología. Su lectura refresca y estimula a todos los que
trabajamos en los anchos cauces de la epistemología
al promover, desde una perspectiva materialista crítica, cuestiones y problemas claves en campos tan complejos como la
historia y la filosofía de la ciencia.
Huerga ha realizado una formidable exploración documental, incorporando
una extensísima e impactante información, por supuesto, para nosotros en gran
medida desconocida, que cubre las instancias de preparación de la delegación
en la URSS, las jugosas y reveladoras anécdotas que se produjeron durante el
desarrollo del evento y las posteriores repercusiones.
La inesperada presencia de la delegación soviética trastornó los
planes de los organizadores y repercutió dando lugar a conmociones públicas,
generando intervenciones políticas importantes y cruce de opiniones encontradas
entre los gobernantes laboristas y los conservadores. El diario conservador Daily
News llamó a esta delegación “la factoría moscovita del odio.” Huerga
matiza con mucha frescura estas circunstancias, transcribiendo relatos periodísticos
y ataques en la prensa de derecha contra los soviéticos, con lo cual revive en
su compleja dimensión social ese evento académico.
La investigación de Huerga se centra en la ponencia de Boris Hessen, Las
raíces socio-económicas de los Principia de Newton, incluida en la
recopilación Science at the Cross Roads junto a otros once trabajos,
entre los que merece destacarse el de N. Bujarin, Teoría y práctica desde
el punto de vista
del materialismo dialéctico.
Las referencias a las otras ponencias son circunstanciales. Esta decisión se
justifica por el impacto causado a los asistentes al congreso y la posterior
trascendencia de las tesis ahí enunciadas.
La ponencia de Hessen ha seguido conmocionando, hasta el presente, a la
comunidad internacional de historiadores y filósofos de la ciencia, en tal
grado, que la mayoría de la producción en los campos que abarca la epistemología,
aun sin hacer referencia directa, confrontan con las tesis de Hessen. El libro
de Huerga no es una descripción histórica de un suceso concreto, sino que
profundiza aspectos claves de las teorías historiográficas, de filosofía en
general, y específicamente de filosofía de la ciencia, cuestiones éstas que
son en definitiva las que motivan la “persistencia” en el universo académico
del ensayo de Hessen. Huerga
demuestra que el ensayo de Hessen, si bien puede ubicarse dentro de lo que en la
terminología estándar se denomina la interpretación externalista
de la historia de la ciencia, no asume una postura férreamente
reduccionista. La tesis de Hessen es concreta y, a pesar de los incesantes
esfuerzos que siguen realizando los representantes del dogmatismo Internalista
para desvalorizarla su obviedad es indiscutible. Es decir, se fundamenta en
reconocer que el carácter y objetivo de la ciencia newtoniana están
condicionados por el desarrollo del sistema económico-social en la etapa del
capitalismo comercial. La extensión de esta visión a la comprensión del
proceso de producción de la ciencia concluye que las actividades económicas
productivas y la tecnología determinan la temática de la ciencia y le aportan
condiciones materiales para su desarrollo. La
importancia de la obra de Huerga es que explora minuciosamente la tesis de
Hessen, analiza con atención todas sus consecuencias, la enfrenta a sus
iniciales y posteriores contradictores, permitiendo que el lector adquiera una
consistente información, desde la cual pueda profundizar en la crítica
epistemológica. Huerga repasa cuidadosamente los enfoques de cada uno de los
objetores a Hessen en una exposición amplia y comprensiva de las diversas
posturas dejando abierta la temática a posteriores discusiones. A su vez nos
introduce en las olvidadas raíces históricas de las actuales discusiones
epistemológicas en torno a lo que en el celebrado título del libro de Th. Kuhn
se denomina “la estructura de las revoluciones científicas”;
cuestiones que refieren, entre otras, a la metodología de la historia de la
ciencia y la concepción de la ciencia en su función política y social.
Huerga fundamenta su investigación tomando como punto de apoyo “la
teoría del cierre categorial” propuesta por el filósofo español Gustavo
Bueno. Desde esa perspectiva y en relación con las tesis fuertes del
materialismo dialéctico, nuestro autor desarrolla una interpretación que
enriquece la multiplicidad
de cuestiones filosóficas que emergen como reflejo del combate ideológico
entre sectores sociales agitados por los descubrimientos científicos de Newton.
Forman parte importante del cuerpo de este trabajo dos aspectos que
tienen que ver con la situación de las polémicas políticas en la Unión Soviética
posteriores a la muerte de Lenin. Por una parte nos introduce en facetas poco
conocidas y muchos menos frecuentadas en torno a las disputas filosóficas
ocurridas durante las décadas de los 20’ y 30’. Por otra parte, el
recorrido documental que Huerga efectúa de las vicisitudes políticas que
fueron protagonistas Bujarin, Hessen y demás integrantes de la delegación
posteriormente al Congreso, la mayoría de ellos condenados y fusilados
como “enemigos del pueblo” durante los oprobiosos juicios de Moscú entre
1936 y 1938. Uno y otro aspecto significa aportes que valoriza positivamente
este libro. Complementa
la obra de Huerga un apéndice donde se presenta una selección de textos de
Hessen, inéditos en castellano y una sabrosa crónica del congreso efectuada
por M. D. Rubinstein, uno de los integrantes de la delegación soviética.
Agrega una extensa y pertinente bibliografía que abarca los variados aspectos
históricos, filosóficos y políticos, que
se relacionaron con las circunstancias académicas y las cuestiones temáticas
que tuvieron por escenario el Congreso de Londres y por actores los principales
historiadores y filósofos de la ciencia presentes en el evento o que lo
siguieron desde las crónicas periodísticas y reseñas bibliográficas, hasta
la actualidad.
En el Uruguay las tesis de Hessen han llegado con gran retraso y su
impacto se ha procesado por vía indirecta, aunque sólida,
a través de la obra de John D. Bernal. El texto de Hessen ha tenido mínima
difusión en los ámbitos universitarios y/o académicos nacionales. En las
discusiones en torno a cuestiones epistemológicas o relacionadas con las teorías
historiográficas que se han producido en nuestra vida cultural, el texto de
Hessen es desconocido. La
excepción, en el ámbito de la Universidad de la República, es la traducción
de la ponencia de Hessen publicada en Newton, el hombre y su obra,
Cuadernos de E.U.B.C.A., Nº 1, Montevideo, 1988.
Para quienes en nuestros claustros siguen con tozudez objetando la
fecundidad epistemológica de la historia de la ciencia el libro de Huerga
es una contundente muestra de que de esa cantera se pueden extraer
cuestiones claves para el desarrollo creativo en el campo de la filosofía de la
ciencia, dejando de lado prejuicios y eslóganes que mutilan el avance en
disciplinas que en nuestro espacio institucional permanecen todavía atadas a
concepciones formalistas actualmente superadas.
Alción
CHERONI Putnam,
H. (2001)
50
años de filosofía vistos desde dentro.
PaidosAsterisco,
Barcelona.
"Vistos
desde dentro" así como "vistos desde fuera" son ambas
expresiones del lenguaje común. No será necesario, no obstante, aplicar toda o
parte de la ferretería de la "filosofía lingüística" para destacar
por enésima vez que el lenguaje ordinario puede ser ambiguo para los filósofos.
La razón es sencilla en este caso, como lo defiende el propio Putnam aquí,
pues no es cierto que siempre sea ambigua una expresión del lenguaje común. En
esta pequeña obra (en realidad se trata de un artículo extenso que el autor
publicó en 1997 en la revista Daedalus), que para Paidós mereció
convertirse en un libro en español, Putnam cuenta sin emoción alguna su
idiosincrática experiencia como filósofo analítico durante cincuenta años.
El "vistos desde dentro" no presenta, de hecho, ninguna ambigüedad. La
obrita reviste - característica general de cualquier obra - puntos de interés
variable, pero manifiesta cierta especificidad : puede ser muy enojosa para
muchos y diversos lectores por abundantes y distantes razones. Desde mí punto
de vista ( y valga la idiosincrasia) son dos los temas mayores. En primer lugar
este trabajo debe ser tomado en cuenta de modo muy especial por la novel
sociología de la filosofía ya que en él se encuentran indicios y elementos de
prueba que permiten valorar los perjuicios de la profesionalización de la
filosofía, entre otras cosas. En
segundo lugar es de gran interés para la filosofía qua filosofía: un
filósofo analítico, para el caso Putnam, critica la filosofía analítica
dando nuevo sentido (no ambiguo) al "vistos desde dentro".
Sin embargo, cualquier presunción de autocrítica es llanamente un error
: de lo único que se lamenta es de haber abandonado el "realismo metafísico"
cosa que estaría aún por determinarse, pese a sus dichos a favor o en contra. La
crítica a la filosofía analítica se dirige en dos direcciones; una, ya canónica
(pero que proviene del lado de los filósofos no analíticos) y la otra
menos dicha pero más sentida: la filosofía analítica es ahistórica y
es desatenta, respectivamente. Esta filosofía desatendió según Putnam al
resto de la filosofía (este resto se identifica con la "filosofía
continental" en el texto) Desatendió en el sentido fuerte del término, no
se distrajo meramente, más bien la valoró como inauténtica filosofía. La
filosofía analítica es ahistórica en tres sentidos netos; según el filósofo
de Harvard : a)
ésta se inventó una leyenda, un mito de su propia creación en donde el
positivismo lógico juega un papel preponderante para bien y para mal. b)
Negó la relevancia de la historia de la filosofía para el quehacer filosófico. c)
Ocultó el valor de la historia. Dicho
esto es razonable esperar que Putnam termine el trabajo presente con
una pregunta tan de suyo como provocadora. "¿Debe continuar la
filosofía analítica?" (2001, p.51) (Esta pregunta da título al último
de los capítulos de este ensayo). Obviamente la respuesta será, al menos,
doble: si la filosofía analítica se sigue practicando como lo ha hecho, por
ejemplo, él, debe continuar. Si, en cambio, la tendencia a pensar la filosofía
analítica como un "movimiento" se hace dominante, ésta debe
discontinuarse: " la filosofía analítica hace tiempo que está presente
y, ciertamente, es una de las corrientes dominantes de la filosofía mundial.
Convertirla en un "movimiento" no es necesario y ello no hace más que
conservar las características que he criticado" (2001, p.53) En
otras palabras, si la filosofía analítica logra mantener la asepsia histórica,
política e ideológica que veníamos criticando (y que el propio Putnam ha
reproducido en esta mismísima obra), aquélla debe continuar. Y si no, no. Al
parecer, ser filósofo analítico no sólo significa compartir ciertas creencias
filosóficas; también implica ejercer ciertas prácticas filosóficas ( las
destrezas prácticas adquiridas son, ciertamente, mucho más remolonas). En
este trabajo Putnam pretende criticar su bien amada filosofía analítica pero
al hacerlo reproduce, desatenta y
simultáneamente, otro más de sus
ya típicos productos asépticos: ser idiosincrático (" Cualquier
explicación de lo que ha sucedido en un campo durante un período de
cincuenta años debe basarse en una perspectiva individual, por lo que
seguiré recurriendo a mi propia experiencia para trazar el panorama de las
sucesivas transformaciones" [cursivas mías, 2001, p.13]) no garantiza
historicidad y podría implicar, en algunos casos casi necesariamente, desatención. ¿Se puede recomendar la lectura de este librillo? Sin duda alguna. Pero personalmente recomendaría con mucho más entusiasmo la posesión del libro : si alguna vez Ud. necesita un certificado legítimo para que le permitan ejercer filosofía no analítica, adjunte esta obra a su curriculum vitae. A fin de cuentas debemos hacer lo que Putnam dice, pero no lo que hace. Lucía
LEWOWICZ
Al-Andalusi,
Said. Kitab tabakat al-umam (Libro de las categorías de las naciones),
Zaragoza, 1989. Altham,
J.E.J. & Harrison, Ross (eds.).
World, mind and ethics, essays on the ethical
philosophy of Bernard Williams. Cambridge University, Cambridge, 1995. Blay,
Michel & Nicolaïdis, Efthymios (eds.). L’Europe des sciences;
constitution d’un espace scientifique. Du Seuil, Paris, 2001.
Echeverría,
Javier. Ciencia y valores. Destino,Barcelona, 2002. Ingarden,
Roman. Husserl: la controverse idéalisme-réalism- Vrin, Paris, 2001. atemática),
Rio de Janeiro, 1997. Tully,
James (ed.). Philosophy in an age of pluralism; The philosophy of Charles Taylor
in question. Cambridge
University, Cambridge, 1994.
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