Marzo-abril 2001

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Hoja informativa de Galileo

publicación dedicada a problemas metacientíficos

volumen ocho, número dos.

marzo-abril de dosmiluno

 

D’AGOSTINI, F. (2000) Analíticos y continentales; guía de la filosofía de los últimos treinta años. Cátedra. Madrid

 

Publicado por primera vez en 1997 y en italiano este libro presenta un interesantísimo prefacio de Gianni Vattimo y el esfuerzo arduo de una filósofa que pretende dar cuenta de lo que ha sucedido en su disciplina y especialmente en la práctica de ésta, a lo largo de los últimos treinta años del siglo XX.

El eje fundamental del texto es la antítesis entre lo que la autora entiende como dos prácticas filosóficas que apuestan a diferentes intereses y compromisos : la práctica de los analíticos fundada en la lógica y las ciencias no sociales y la práctica de los continentales orientada fundamentalmente por el historicismo. Dicho esto se podría suponer una suerte de inconmensurabilidad  -que varía de rubro - que la autora, sin embargo, campea y esquiva con maestría estableciendo una comparación que nunca antes se había realizado, y, de manera aún más importante, que asume el reto de comprender qué ha sucedído y sucederá con la filosofía.

El mapa de la filosofía que se despliega en este ensayo es exhaustivo, difícilmente no encontremos marcado en este al más recóndito analítico o continental que maliciosamente le increpemos, aunque seguramente no sucederá con el texto lo que a los cartógrafos de Borges cuyo mapa de Francia coincidía en dimensión y precisión con el territorio mismo de Francia.

El texto está compuesto por dos partes, la primera da “una imagen del pensamiento contemporáneo” y la segunda habla de las “escuelas y corrientes”; es aquí donde se encuentra el mapa de enorme utilidad y de laboriosidad titánica. La primera parte, la mejor, es el resultado de la segunda poniendo nuevamente en vigencia la vieja tensión entre el trabajo de hormigas y el de las arañas, tensión esta que no siempre arroja una abeja. Digo que la primera parte es mejor, no porque sea más disfrutable que la segunda, más útil o más profunda en sus demarcaciones y sutiles trazos de semejanza, sino porque es el lugar donde D’Agostini manifiesta su iracundia contra nuestra filosofía de los últimos treinta años. Su tesis fundamental es que ambas prácticas filosóficas, analítica y continental, comparten un interés básico, el de la autosuperación de la filosofía, en pocas palabras, el de su autonegación; las razones en cambio, varían espectacularmente, pero esto es menor. La pregunta por la especificidad de la filosofía o de su práctica ha conducido a los filósofos contemporáneos a la negación de ellas lo que denuncia al menos, prima facie, la haraganería de estos. Es mucho más difícil dar cuenta de la especificidad de una práctica humana que arengar su propia disolución y esto es verdad tanto para los envidiosos de la ciencia como para los abrumados por la historia.

En resumen, es un libro sin antecedentes en su propuesta, de muy arduo trabajo -lo que podría ser un factor relevante para la explicación de esa ausencia - y de gran utilidad técnica. Como si todo esto fuese poco, a cargo de esa tarea nos encontramos a una filósofa con autonomía de pensamiento, profundidad y gran talento. Una típica abeja de Bacon.                                                                                                    Lucía LEWOWICZ

LATOUR, B. (1999) Pandora's hope; essays on the reality of science studies. Harvard University, London.

 

El primer capítulo de este libro se titula " Do you believe in reality?" (por demás desafiante ya que, hay que confesarlo, la gran mayoría leemos a Bruno Latour con esa pregunta previamente in mente) y da la pauta del contenido de este texto mucho mejor que el del propio libro. Se trata de un ensayo de filosofía tout court - el autor es filósofo de origen; ha tratado sin embargo, con ahínco, que ese sayo no le caiga. Al parecer, después de una vasta experiencia como "ednógrafo de la ciencia", finalmente acepta el desafío que la filosofía denostada por él le ha lanzado tenaz y sistemáticamente simpre, haciendo caso omiso de su intento igualmente pertinaz de escisión . Desde ese capítulo hasta el sexto inclusive su tratado es de ontología, de la ontología que corresponde al constructivismo a secas como es el entender del autor. El capítulo séptimo, octavo y la conclusión (el noveno también trata de ontología) desarrolla tesis de filosofía política (algunos la entienden como tesis epistemológicas) que lamentablemente no acompasan el tenor y la profundidad de los otros. A través de un minucioso desarrollo de un caso de investigación en botánica ( es de destacar que los ejemplos científicos -y siempre científicos- utilizados por Latour tienen una ventaja insoslayable, de la que poco se ha dicho, son muy fácilmente concebibles y no están pletóricos de tecnicismos excluyentes de los no especilistas, por más que a veces esa ventaja relativa es inútil para lograr la generalización exigida por el autor). Para ser exactos, se trata de un caso de clasificación (caro tema de la filosofía predominante actual) botánica por el cual Latour intenta dar cuenta no sólo del fenómeno tan mentado de la "construcción de los hechos científicos" sino de su lectura de algunos problemas clásicos de la filosofía, como el problema de la referencia a la que bautiza con el nombre de "referencia circulante" dándole a ese problema una dinámica inusual; el problema de la relación naturaleza- sociedad, el de la historicidad de las cosas, la relación humanos - no humanos y un especial lectura eliminativista de la mente, para obtener como resultado su ontología sui generis de "hechos, fetiches y factiches" (artefactos). A partir de su idea de la existencia de un colectivo simétrico compuesto por humanos y por no humanos, construye un concepto de historia pre-decimonónico que colapsa en una filosofía política cuyo credo fundamental  será el everything goes uno de cuyos destacadísimos representantes será el pobre Sócrates  y que sin lugar a dudas contradice su robusta ontología. Contradicción que quizá se explique a través de un críptico parágrafo final de sus acknowledgments : "Most of my colleagues disagree with my portrayal. As I do not enjoy being isolated and instead thrive on the conversations involved in a collective undertaking, I present science studies as if it is a unified field to which I belong" ¿La filosofía política del everything goes es el precio que hay que pagar para ser un miembro de los science estudies o es el que hay que pagar por defender una ontología materialista robusta y pletórica? Siendo consistente con los science studies me inclino por lo primero lo que  permite además, dar rienda suelta a todo aquel que quiera encontrarse con una ontología de los artefactos pertinente y de ningún modo aburrida. Para finalizar este es un libro de muy altos y muy bajos. Los bajos son conocidos, repetidos y ya superables, los altos en cambio, deberían ser fuertemente explotados en filosofía de la ciencia y, ¿ por qué no? a secas, en filosofía 

 

                                                                                                Lucía LEWOWICZ.

 

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Última Modificación: 02 de Enero de 2013