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hoja informativa de Galileo publicación dedicada a problemas metacientíficos volumen
nueve número
cuatro-cinco mayo-junio
de dosmildos
suplemento RESEÑAS Skinner
Quentin, Liberty before liberalism, Cambridge,
Cambridge University Press, 2001, Primera edición 1998. En
este trabajo Skinner se concentra en analizar cuál es la concepción de la
libertad sustentada por un grupo de pensadores que produjeron sus escritos en el
siglo XVII. La investigación tiene la intención de rastrear una concepción de
libertad diferente a la dominante en los pensadores políticos de ese período,
que tuvo al Leviathan de Hobbes como obra de referencia. Al final del libro,
sostiene el autor una posición metodológica que es la que orienta todo el
trabajo; nos dice que el estudio de la historia de la teoría política no es
asimilable al estudio de textos canónicos, sino a una investigación más
amplia que dé cuenta del cambio de los lenguajes políticos a través de los
cuales las sociedades hablan de sí mismas. De esta forma puede conectarse el
estudio de la historia y de la teoría política de una manera más fructífera. La
búsqueda que Skinner lleva adelante en este caso en particular lo conduce hacia
quienes han sido conocidos como los neo-romanos, y dicho nombre se debe a que su
idea de libertad es rastreable hasta el derecho romano. El período histórico
de su surgimiento tiene como trasfondo la proclamación de Inglaterra como
Estado libre, y los autores más relevantes son Marchmont Nedham y John Milton,
quienes entre setiembre de 1651 y agosto de1652 publicaron una serie de
editoriales en el periódico oficial, Mercurius
Politicus, que tuvieron la particularidad de sentar las bases para el
surgimiento en Inglaterra de una teoría republicana de la libertad y el
gobierno hacia 1656. Para
estos autores, la libertad civil es concebida básicamente como ser libre de
restricciones, debiéndose asegurar principalmente la vida y el Estado, la
libertad y la propiedad. Pero esta primera aproximación, que es perfectamente
asimilable a lo que sostiene Hobbes, una vez que se avanza en los supuestos en
los que se funda, da paso a los puntos distintivos que posibilitan el
surgimiento del republicanismo. Uno
de ellos establece que la libertad de un individuo es parte de lo que significa
la libertad para una asociación civil, por lo que la metáfora del cuerpo político
entendido como agente se vuelve central. La libertad es entendida como un
atributo de toda la comunidad, y mediante la asimilación del cuerpo humano al
cuerpo político se sostiene que, si el cuerpo humano es libre, siempre y cuando
se sea capaz de actuar de acuerdo a la voluntad del agente, entonces los cuerpos
de las naciones y los estados son libres siempre y cuando sus capacidades no se
encuentren limitadas y puedan actuar de acuerdo a su voluntad. Ante
un posible cuestionamiento a la metafísica del cuerpo político, los
neo-romanos sostienen que no hay nada misterioso en tal imagen, tan sólo que la
voluntad del cuerpo político es la voluntad de la mayoría. Pero esta voluntad
de la mayoría implica que cada ciudadano tenga una igual participación en la
construcción de las leyes. La solución a los problemas que puede generar el
autogobierno se canaliza entonces a través de representantes. Volviendo
a la metáfora del cuerpo político, se presenta otro punto fuerte de esta
concepción al sostener que toda pérdida de libertad del cuerpo político
significa una pérdida de libertad en el individuo. La libertad individual
solamente se puede adquirir en un Estado libre. Por otra parte, la posibilidad
de que algún elemento de poder pueda socavar la libertad es inadmisible, por lo
tanto los neo-romanos no aceptan ninguna posibilidad de que los derechos
individuales dependan de la buena voluntad de algún agente de poder. Los
individuos deben vivir bajo un sistema en que la capacidad de hacer leyes
dependa de ellos mismos o de sus representantes, y en el que todos los miembros
del cuerpo político se encuentren igualmente sujetos a las leyes que han
elegido para autoimponerse. Solamente el autogobierno es un sistema que le
quitará a los gobernantes el poder de coerción y en consecuencia la capacidad
de convertirse en tiranos, por lo que los ciudadanos en el ejercicio del
autogobierno ya no estarán a merced de su buena voluntad. Los
neo-romanos defienden una posición de continuidad entre la perspectiva personal
y política propia de los republicanismos, en contraposición con la
discontinuidad entre estas perspectivas defendida por las posiciones liberales.
Hobbes explícitamente les critica que lo relevante no es la conexión entre
libertad personal y política; lo importante no es quién hace las leyes sino cómo
las hace y cuáles acciones son restringidas. En consecuencia con esto, una
forma de gobierno absolutista puede otorgar la misma libertad individual que la
democracia. La
diferencia entre la concepción de libertad de los neo-romanos y la libertad
negativa se encuentra en cómo son entendidas las restricciones. Para los
neo-romanos la dependencia es una fuente adicional para la restricción de la
libertad. Para Hobbes lo importante no es la fuente sino la extensión de la
libertad, mientras que para los neo-romanos si no hay autogobierno la restricción
se presenta en aquello que se puede y no se puede hacer. La
enorme virtud que tiene este recomendable trabajo de Skinner es llamar la atención
sobre una fuente adicional para las propuestas republicanas, y sobre todo que
esa fuente se encuentra en un momento histórico que es identificado con el
surgimiento de las posiciones liberales fundacionales. La vigencia de la discusión
que atraviesa el trabajo conecta con el debate contemporáneo en el seno de la
filosofía política; se puede encontrar en este libro las líneas principales
del debate contemporáneo sobre ciudadanía, las bases para lo que es conocido
como democracia participativa o democracia elitista, la limitación de los
principios de justicia por el ethos de la comunidad, o estrategias de
fundamentación que se basan en la continuidad o discontinuidad entre la
perspectiva política y personal. Si bien los argumentos manejados no modifican
los elementos sustanciales de este debate, posibilitan el acceso a una
perspectiva histórica que pauta que estas tensiones que se dan en la filosofía
contemporánea son de larga data.
Gustavo PEREIRA Sardar,
Ziauddin Thomas Kuhn and the science wars.
New
York, Totem Books, 2000, Este breve libro de ágil lectura pretende rastrear las raíces
de la guerra entre los científicos y sus críticos. Para ello el autor ubica
-como no pocas veces se ha hecho- a la Estructura de las Revoluciones Científicas
de T. S. Kuhn, como bisagra entre dos modos diferentes de concebir la ciencia, y
como el detonante que inició la guerra entre defensores y detractores de la
ciencia. Situado en ese punto, Sardar emprende una recorrida hacia atrás en el
tiempo, buscando explicar cómo se llega a la concepción kuhniana. En esa
reconstrucción la ciencia fluctuará entre la más absoluta pureza
–W.Whewell-, pasando por la explicitación de su conexión con la ideología
–Congreso de Londres de 1931-, y culminando con el movimiento radical de J.
Bernal en 1939. Pero si bien este último cuestionaba la neutralidad de la
ciencia, debatía su función social y hacía campaña contra la bomba atómica,
se mantenía en silencio respecto al rol que jugaron las culturas no
occidentales en el desarrollo de esa ciencia. A Sarton y Needham, les cupo
llenar ese vacío ocupándose del Islam y China respectivamente. Casi al mismo
tiempo, pero en la contracara de este movimiento, T.S.Kuhn se formaba en el
contexto de una extrema represión política en las universidades
norteamericanas, que bajo la influencia de A. Koyré mantuvieron la aproximación
externalista de Bernal fuera de los corredores de la academia. Sobre este período es importante el libro de Steve Fuller Thomas Jun, a
philosophical history of our times (University of Chicago, Chicago, 2000). El
autor se detiene aquí a señalar las influencias que recibió Kuhn –el
historiador y el filósofo-, su relación con Conant, con quienes debatió y las
críticas de que fue objeto. Y justamente al mencionar las influencias y
antecedentes es que Sardar omite siquiera nombrar a
Ludwig Fleck, un filósofo de la ciencia que ya en 1935, en su libro La
génesis y el desarrollo de un hecho científico,
anticipó y hasta sobrepasó algunas de las tesis que luego fueron
revolucionarias a partir de Kuhn. Sobre todo la omisión no es menor si de lo
que trata este libro es de mostrar cuándo y cómo la ciencia se abre al
escrutinio como actividad social. Fleck es importante no sólo como antecedente
de Kuhn, sino también de algunas otras corrientes poskuhnianas que aparecen
nombradas en el libro. Luego de su detención en Kuhn, Sardar prosigue el
camino, y aparecen los análisis sociológicos más recientes de la ciencia, y
sus argumentos de negociación y construcción social de la ciencia, mencionando
al constructivismo, al Programa Fuerte en Sociología del Conocimiento y a las
feniministas. Vuelve luego a la crítica de que la historia de la ciencia no ha
reconocido a otras civilizaciones aparte de la occidental, ha presentado a su
ciencia como el ápice y mantenido su monopolio. Pero algo está cambiando, y en
los últimos treinta años ha emergido una nueva rama de estudios de la ciencia,
Postcolonial Studies -en la que Sardar es especialista-, y que busca
establecer la conexión entre colonialismo y progreso de la ciencia occidental y
restablecer la práctica de la ciencia china, islámica o india en la
actualidad. El desarrollo aquí reseñado se usa en el libro para mostrar que la
guerra de la ciencia es acerca de su poder y
autoridad, que la furia de la comunidad científica viene de su
reconocimiento de que la legitimación tradicional de la ciencia está siendo
socavada. Pero de lo que esta guerra no se ocupa es de por qué está ocurriendo
eso; entonces en algún sentido esa guerra se ha vuelto irrelevante y los
debates deben ser trascendidos. La explicación de Sardar es que esta erosión
que está sufriendo la ciencia se debe en realidad a su asociación actual con
la incertidumbre y el riesgo. La ciencia actual no es la ciencia normal de Kuhn,
reducida a la resolución de puzzles dentro de sistemas de creencias, la
estabilidad dogmática entre revoluciones,
sino que hay que construir una nueva ciencia normal. Ella
requiere según Sardar, que se llene el vacío entre los expertos científicos
y el público, la extensión de prácticas científicas que inevitablemente
llevarán a la democratización de la ciencia, a construirla fuera del
laboratorio y en debate público. Esta idea –que no es nueva, Leslie Sklair ya
lo proponía en su libro El conocimiento Organizado (Labor, Barcelona, 1977)-
es interesante, pero más lo hubiera sido que el autor planteara cómo hacerlo. En
definitiva, Thomas Kuhn and the Science Wars es un libro fácil de leer,
que aporta una visión de conjunto acerca de “las guerras de la ciencia”
-salvo honrosas excepciones como la ya mencionada de Fleck- pero que no
profundiza en los filósofos o corrientes que menciona. Apuntar esto no
significa quitarle valor al mismo como una aproximación panorámica de lo que
ha ocurrido en el tema desde el siglo pasado, significa que no se debe esperar
un tratamiento detallado de cada uno de ellos. Igualmente, es recomendable
leerlo como introducción porque puede bien señalarnos por dónde debe ir una
investigación más sustanciosa, si es que estamos interesados en el tema.
María Laura MARTINEZ
PROLOGO DE
Bourdieu, Pierre. Science de la science et réflexivité. Raisons
d’agir, Paris, 2001.
LIBROS RECIBIDOS Badiou, A.
Breve tratado de ontología transitoria. Gedisa, Barcelona, 2001. Edición
original de 1998. Bourdieu, P. Science de la
science et réflexivité, Raisons d’agir, Paris, 2001.ç Ferreirós, J. Bernard
Riemann: riemanniana selecta. Consejo Superior de Investigaciones Científicas,
Madrid, 2000. Hacking, I. Historical ontology. Harvard University,
Cambridge MA, 2002. Jasanoff, S. Et al. (eds.)
Handbook of science and technology studies. Thousand Oaks CA, 1995. Montesinos, J. & Solís, C. (eds.) Largo campo di filosofare; Eurosymposium Galileo 2001, Fundación Canaria Orotava de Historia de la ciencia, 2001. |
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