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De Edouard LeRoy a Thomas S. Kuhn; El mítico cambio radical entre positivismo y pospositivismo Mario H. OTERO
...y la filosofía, si crece, crecerá desde el pie, sin
mitos, por difundidos que estén y aún con el marketing y los sponsors
que la promuevan, por intereses para nada ingenuos, desinteresados...es así
Harold I. Brown (1996) dice en las dos primeras líneas de su trabajo: “Philosophy of science in this century can be roughly divided into two
periods, positivist and postpositivist”. El
roughly no está del todo mal pero es una enfermedad de cierta historia
oficial afirmar que la división no es difusa (fuzzy) como en realidad
es, sino neta, terminante. Aunque el resto del artículo carga contra una serie
de inventos pospositivistas, como carga teórica de enunciados de observación y
otros caballitos de batalla del pospositivismo, la división entre dos épocas
se mantiene. Paolo Rossi
(1986) ya mostró, a propósito de Fleck de modo convincente que muchos temas,
tesis y actitudes de la filosofía de la ciencia pospositivista ---incluso las
de Kuhn- estaban presentes en varios autores muy anteriores, que fueran
preneopositivistas o neopositivistas o outsiders –como Neurath o
Ajdukiewicz-, y también que el cambio que le fuera atribuido al pospositivismo
es mucho menos radical que lo supuesto en la imagen que se hizo mítica y que
resultó extremadamente difundida. Giedymin mostró,
a propósito de Ajdukiewicz, que la determinación de la teoría por la
observación no aparece solamente en Duhem como antecedente lejano (Quine
dixit). Y el holismo y la carga teórica de las observaciones,
el instrumentalismo, el convencionalismo –bajo distintas formas, diferentes
entre sí-, la inescrutabilidad de la referencia y la indeterminación de la
traducción de los términos teóricos, la relatividad ontológica, la
inconmensurabilidad- todas o casi todas-, están presentes en textos, no sólo
de Ajdukiewicz, sino igualmente en varios otros autores prepositivistas. sólo
aparentemente leídos sino, sobre todo, mal leídos.
Hemos presentado, en lo
que sigue, algunos de los puntos señalados por Rossi y otros propios. 1.
"... we may hope to draw a wedge between conventionalism and the
silly doctrine which now bears its name" (Coffa, comunicación personal). Además es necesario establecer una diferencia bien neta entre, por una
parte, el convencionalismo radical de Ajdukiewicz –abandonado por él en
1936-que no es tan lejano del de LeRoy en algunas de sus tesis básicas, y por
otra, del convencionalismo sobrio de Poincaré. Meter en el mismo saco esos dos
convencionalismos, tan diferentes entre sí, es garantía para no comprender
nada. Cuando digo nada, me refiero a las confusiones que persisten aún
hoy, bajo otras plumas, en la filosofía de la ciencia. El hecho de reconocer la
intervención de convenciones en la producción científica hacia fines del
siglo diecinueve, fue sin dudas un paso adelante más allá de la concepción
factual dominante en la época. Para LeRoy la ciencia está hecha de convenciones y ésa es la fuente
de su certitud aparente. Sus textos contienen un conjunto de argumentos muy
menores que Poincaré se ocupará de desmontar, de los que no hablaremos aquí,
para ocuparnos sólo de aspectos esenciales de sus propuestas. Las tesis principales de LeRoy giran alrededor de un
constructivismo extremo. Para este autor el científico crearía de punta a
punta el hecho científico. De ahí la necesidad, para él, de una nueva crítica
de la ciencia y de un “nuevo positivismo” espiritualista, contrario “al
antropocentrismo materialista”. 2. El científico hace los hechos científicos bien lejos de
recibirlos pasivamente (LeRoy, PL, 333). Lo que nos recuerda afirmaciones
constructivistas, extremas también, y muy recientes, especialmente vinculadas
con las visitas a laboratorios. El
científico ejercería su libertad, decretaría, constituiría, definiciones y
recetas. Todo resultaría convencional. Las leyes naturales serían
decretos convencionales (ibid., 318), y por tanto inverificables. Toda
ley resultaría de una definición y de recetas. Todo se revelaría como
convencional. Las leyes serían pues decretos convencionales (ibid.) e
inverificables, toda ley sería definida, resultaría ser un dogma y sería la
expresión de la vida organizada y de la actitud intencional de nuestro espíritu
(ibid., 525); el rigor y la necesidad serían decretados, el determinismo
también, el principio inductivo no estaría a la zaga; la contingencia y lo
arbitrario serían las bases del saber (ibid.,314); los resultados científicos
aparecerían como precisos y ciertos en la medida
en que serían el resultado puro y simple de definiciones; serían
refractarios a todo control de la experiencia (ibid., 320), serían
inmunes y canonizados, porque todo sería el resultado de caer constantemente en
un círculo vicioso -se encuentra en LeRoy a la vez la afirmación de un holismo
sin fronteras y la indicación de ciertas presuposiciones-, lo que provoca otra
vez reminiscencias de textos mucho más recientes. Aún los procedimientos de
medida carecen de todo valor objetivo ( PL, 326), “lo construido sumerge casi
completamente lo dado” (PL, 330), “la ciencia es más bien un orden esquemático
construido” (PL, 331). Esas construcciones serían recetas prácticas
combinadas para obtener resultados útiles, y podrían ser modificadas sin escrúpulos;
“...las aplicaciones no verifican a las teorías, hablando verdaderamente, más
bien las teorías son construidas de modo que expliquen el resultado de las
aplicaciones” (PL, 33). Textos pertenecientes a otros trabajos de LeRoy
muestran esos mismos desarrollos pero les ahorro aquí las citas
correspondientes. ¿Con qué propósito multiplicamos las citas de LeRoy y suministramos
la enumeración pêle-mêle de sus tesis, pues es así que aparecen en sus
textos? Su análisis es, sin embargo, el punto de partida para captar la enorme
distancia que existe entre ellas y las que Poincaré le opone. Por un lado,
porque el lenguaje cuidado de éste –aún en textos de casi divulgación-, es
de una consideración poco creíble frente al de LeRoy, y por otro lado porque,
desde la distancia, el término ‘convencionalismo’ ha puesto en la misma
bolsa cosas que no tienen nada que ver entre sí. Este primer paso de LeRoy está acompañado, de otros que revelan en
definitiva su razón de ser. El primero señala que la práctica, la utilidad,
la acción serían responsables de que la ciencia sea lo que es. No insistiremos
en ello porque la respuesta de Poincaré demostró la ausencia de fundamento de
esa tesis extremadamente pragmatista. La segunda consiste en demostrar que esa desvalorización por parte de
LeRoy de la actividad y de los resultados científicos resulta funcional para la
reivindicación del espíritu, de la libertad, de la filosofía como un
verdadero captador de la realidad a través de la intuición absoluta de la
realidad pura, donde se expresa la influencia notoria de Bergson. Gracias a esa
influencia la ciencia positiva y la metafísica podrían reconciliarse con el
sentido de la vida. En este retorno a lo inefable, al pensamiento profundo, al
pensamiento puro, al pensamiento vivido al que aspira la filosofía, llega a ser
actividad mental supralógica, lo que la aproxima mucho a la inspiración poética
(PN). El conjunto de tesis de LeRoy sobre la ciencia, comprendida una actitud
intelectualista generalizada -a la cual René Poirier va a darle lo que merece-
constituye una operación ideológica de envergadura. LeRoy no es ni el
primero ni el último en ensayar eso vehementemente. Hay otros autores que
aparecen antes y después suyo que hacen lo mismo. Pero esta operación
recurrente y con pretensiones de dominación encuentra en LeRoy un ejemplar
paradigmático. Poincaré se ocupará de liquidarlo en ese momento, por más que
Lenin acuse también a éste de convencionalista. Aunque el modo de ver de
Poincaré pueda presentar ciertas debilidades no carentes de importancia, de
todas maneras se trata de un pensamiento serio. Esa curiosa
mezcla al servicio de lo que hemos llamado operación ideológica -lo que
no es nada raro en filosofías de este tipo- se apoyaría sobre las tesis más
matizadas de Poincaré, de Duhem, de
Boutroux, de Wilbois, y las sobrepasa ampliamente. Es a causa de ello que
Poincaré debió enfrentarla, lo que hizo, de todos modos, de manera muy
elegante (2). 3. Poincaré
critica el convencionalismo sin límites (VS, c.10), el antiintelectualismo, el
escepticismo, el constructivismo extremo, de la concepción pragmatista de LeRoy
y la utilización ideológica de las propias tesis de Poincaré. No trataremos
aquí sino de algunas de sus críticas. A nuestro modo de ver las fundamentales,
y esbozaremos la función de las convenciones en física (3), indicando en qué
consiste nuestra divergencia con Giedymin sobre un punto central. Aunque se
pueda pensar que la nuestra no es más que una diferencia de grado, de
intensidad, es justamente según nosotros, el origen de todas las confusiones
corrientes de los que engloban a Poincaré como un convencionalista sensu
stricto. Poincaré nos
dice: "C'est que la philosophie anti-intellectualiste, en
recusant l'analyse et le "discours", se condamne par cela même à être
intransmisible, c'est une philosophie essentiellement interne, ou tout au moins
ce qui peut se transmettre, ce ne sont que les négations ..." (VS,
215). "Elle ‚puise sa
puissance dans une négation et un cri d'enthousiasme" /idéologique/ (ib.
216). ¿Por qué habría que renegar del discurso? La filosofía de LeRoy es
discursiva y no podría no serlo! ¿Por qué habría que renegar del discurso?
Para Poincaré, aunque haya que reconocer elementos como el instinto, entre
otros, hablar de ellos es ya pronunciar un discurso. Lo contrario conduciría al
silencio. "C'est pour cela qu'une
philosophie vraiment anti-intellectualiste est impossible ... Je veux parler de la science et pour elle, il n'y a pas
de doute, par définition, elle sera intellectualiste ou elle ne sera pas"
(VS, 217). Digámoslo al
pasar: qué respuesta avant la lettre de este moderno a ciertos textos
irracionalistas posmo! Por otra parte,
la ciencia no es una regla para la acción como la piensa LeRoy. Poincaré
distingue entre las reglas arbitrarias -las de los juegos por ejemplo- y
otras reglas prácticas. Se trata de aquéllas acerca de las cuales es
impensable que tengan éxito si no prevén y no responden a conocimientos. Aún
cuando la ciencia sea falible y su progreso lento pero continuo, sólo así podrá
permitir y generar recetas útiles. Podrá tener éxito "de ce qu'elle est
vécue" (VS, 220), es decir que nos resulta deseada y creemos en ella? "Il n'y a moyen d'échapper
à ce dilemme; ou bien la science ne permet pas de prévoir, et alors elle est
sans valeur comme règle d'action; ou bien elle permet de prévoir d'une façon
plus ou moins imparfaite; et alors elle n'est pas sans valeur comme moyen de
connaissance" (ibid.). Llegados allí, ¿estamos prontos, o no, cerca de llegar o no a la overarching
hypothesis de Boyd-Putnam1? Poincaré
rechaza categóricamente el constructivismo de Leroy. Produce un análisis
excelente de un ejemplo sobre la rotación de la Tierra, pero no nos ocuparemos
de él aquí. El hecho científico comprende las correcciones necesarias de
errores. Aún así, el enunciado que resulta es, o verdadero, o falso. Dadas las
convenciones del lenguaje, tendrá siempre esa propiedad. Es la verificación lo
que caracteriza a un hecho. El enunciado científico es la traducción del
enunciado bruto en un lenguaje especial. Dicho enunciado puede corresponder a un
gran número de hechos diferentes, por ejemplo a los efectos mecánicos y químicos
de una corriente. "La part de collaboration personnelle de l'homme
dans la création d'un fait scientifique, c'est l'erreur" (VS, 229-30). "Le fait scientifique ne
sera jamais que le fait brut traduit dans un autre langage" (VS, 230). No existe frontera precisa entre el hecho bruto y el hecho científico,
la diferencia es una cuestión de grados. El hecho científico no es una creación
ex nihilo, depende de las propiedades de la materia prima sobre la cual el científico trabaja. Lo que es creado por el lenguaje
es ser adecuado para sus objetivos. Las leyes empíricas –los enunciados
legaliformes- pueden también ser verdaderos o falsos. No son convenciones. Y se
puede aplicar lo que se ha dicho, acerca de las condiciones, de la capacidad de
previsión. Los principios resultan del hecho de erigir ciertas leyes en núcleo
semiduro, casi inmune -Lakatos, entre otros, dixit-, mientras que las
leyes mantendrán su status normal.
Si todas las leyes fueran erigidas en principios no se trataría de
la física, probablemente sería un corpus doctrinario, totalmente inmune e
inútil. “... il restera toujours des
lois" (VS, 240). En física los
principios "...on ne les introduit que quand on y a
avantage" (VS, 241). "/les principes/ on les a obtenus en cherchant ce
qu'il y avait de commun dans l'énoncé‚ de nombreuses lois physiques...Est-ce
à dire que le principe n'a aucun sens et s'évanouit en une tautologie?
Nullement...Mais alors si ce principe a un sens, il peut ˆêtre faux" (ibid). "...l'expérience, sans contredire directement une
nouvelle extension du principe, l'aura cependant condamnée"
(SH, p. 195-6). Si se excluye
de nuestro análisis el papel de las convenciones en geometría, su rol en la física
comienza a perfilarse. Este severo acotamiento de las convenciones se hace específico
en el sentido de que ellas no pueden contradecir a las leyes. La respuesta de
Poincaré a la cuestión de un “invariante universal” dentro del conjunto de
las leyes, independientemente de las convenciones, no es directa. Si se entiende
que el invariante es parcialmente común a todos los enunciados, se plantea
entonces un problema de correspondencia de lenguajes, pero para Poincaré
existen formas de traducción entre ellos. Poincaré está entonces muy lejos de
una tesis de inconmensurabilidad à la Kuhn. Aparte de ello,
enuncia un principio de humanidad que es la base de toda traducción. Para seres
extranjeros entre sí, que no compartan este principio, la búsqueda de un
invariante universal sería superflua "Et alors si nous ne poussons pas si loin la
bizarrerie /de concevoir des êtres aussi étrangers/, si nous n'introduisons
que des êtres fictifs ayant des sens analogues aux notres et sensibles aux mêmes
impressions, et d'autre part admettant les principes de notre logique, nous
pourrons conclure alors que leur langage, quelque différent qu'il puisse être,
serait toujours susceptible d'être traduit" (VS, 246)(4). Se trata de un
principio de racionalidad, mínimo, que especifica, a nuestro entender, de
manera bien conveniente, la humanidad a la que se alude, y que nos hace sentir
que Poincaré está muy próximo de ciertas soluciones a problemas actuales.
Poincaré está muy lejos de LeRoy, de Duhem y aún del primer Ajdukiewicz. Es
por ello que si bien Giedymin señala diferencias entre ellos, sin embargo los
engloba bajo características comunes que resultan injustificadas para nosotros.
¿Se trata únicamente de una diferencia de grado, de intensidad? Creemos que,
aunque pueda parecer que habría un común ambiente, el de la llamada ‘crítica
francesa de la ciencia’, en el momento del nacimiento de las nuevas mecánicas,
hay en Poincaré una actitud diferente con consecuencias que no son para nada
descartables. La utilización
ideológica severa de ciertas tesis, por parte de LeRoy y de Duhem – que son a
la vez muy diferentes entre sí- está ausente en Poincaré. Aunque éste, aún
con contradicciones, no trasciende a la objetividad,
en tanto que intersubjetividad – como Edmund Husserl- y que esté a cierta
distancia de concepciones francamente realistas, se aleja de LeRoy tanto como de
Duhem. 4. Para situar las concepciones de Ajdukiewicz, Giedymin dice que las
de "…those two French
philosophers /Le Roy & Poincaré/ were in some respects similar to his
own" (Giedymin, 1978, p. xxii); y más lejos afirma que "The distinction between
'facts' and 'interpretations' ('scientific facts') made by all three French
philosophers was to become later the subject of Ajdukiewicz criticism ..." (ibid,
xxxiv). Esta fusión de filósofos franceses se muestra como totalmente
injustificada; lo es aún más en el caso de la diferencia entre ‘hechos’ y
‘hechos científicos’; el texto de Poincaré, en su polémica con LeRoy es
muy claro y no permite dicha fusión omniabarcante. No basta con decir que la
filosofía de la ciencia de Poincaré "left
room for empirical elements" (ibid. xxii); va mucho más allá. Su holismo
es incomparable con el de Duhem y Quine –que son diferentes-, cosa que han
demostrado muy claramente Adolfo Grünbaum y otros (6). Por otra parte,
y en el mismo sentido, la existencia de teorías equivalentes desde el punto de
vista observacional e indistinguibles experimentalmente, la subdeterminación de
teorías en relación con los datos, juegan un papel muy diferente en las obras,
en la metateoría, de Poincaré y en las de sus rivales espúreamente asimilados
a ella. Es muy discutible que se pueda decir de Poincaré: "The present formulation of
this doctrine /the kantian sceptical doctrine concerning the limits of
knowledge/ is mine but it is very close to Poincaré. It seems to imply both the
'inescrutability of reference' (of the theoretical terms of a theory) and the
'indeterminacy of translation' of the theoretical language of a theory"
(ibid, p. li, n.6). No se puede en este sentido atribuirle ni una tendencia kantiana ni las
implicaciones mencionadas por Giedymin. Por otra parte, una cosa es que Poincaré
señale la existencia de problemas insolubles sin convenciones y otra muy
diferente que admita una inundación avasallante del lenguaje por convenciones
sin control. Como decía y sigue diciendo Alfredo Zitarrosa “una cosa
es una cosa y otra cosa es otra cosa”. "Ajdukiewicz obviously
accepted Poincaré's general conventionalist thesis ...", (ibid, p.
xxvii). Giedymin se refiere a un Ajdukiewicz anterior a 1936. Las tesis de
Poincaré están bien lejos de ello: se trata, en física, de una intervención
selectiva de convenciones bajo control y no de un convencionalismo generalizado:
Giedymin debió reconocerlo a propósito de Ajdukiewicz, señalando un aspecto
interesante "…the conventional
elements in our knowledge are not isolated conventions but rather close-knit
conceptual systems of languages" (ibid., xxvii-xxviii). El análisis de este polaco es fino pero a veces sus deseos de
aproximar los tres filósofos franceses lo lleva a generalizaciones
injustificadas. Poincaré debe ser distinguido por lo menos en los aspectos señalados
en el presente trabajo, tanto de LeRoy como de Duhem. 5. Pero hay otro aspecto a tomar en cuenta y que se dirige en el mismo
sentido. Se trata del cambio –y del crecimiento- del conocimiento científico.
El tema ha sufrido, a su vez, cambios importantes. Ha despertado siempre el
interés pero no siempre del mismo modo. El siglo diecinueve vivió el progreso
real, y no dudamos en decir fantástico, de las ciencias:
“...las ciencias adelantan que es una
barbaridad",
decía una zarzuela bien conocida, Es corriente saber que la ideología del progreso fue fuertemente
acentuada desde la Revolución Francesa. La expresión ‘revolución científica
no se refería como antes a las revoluciones de los cometas sino también a las
revoluciones políticas (cf. I. B. Cohen, Las revoluciones científicas). Más tarde, las nuevas mecánicas dieron nuevos ejemplos de cambios
radicales. Es a partir de ese momento que la expresión ‘revolución científica’
(Rey Pastor 1916) y otras similares llegaron a ser muy frecuentes. Con Kuhn 1962
y Kuhn 1970 el tema llegó a ser canónico y provocó además una muy larga polémica
que no está aún resuelta. Sin embargo Poincaré se sitúa en el alba de las
nuevas mecánicas y de la teoría del caos determinista Y no se benefició de la
lectura de toda la literatura posterior acerca de ésta, de manera muy
interesante, fecunda, que se ha desarrollado hasta nuestros días y cuya
acumulación no da signos de detenerse (Lewowicz L. , en prensa). Por eso el tema del crecimiento científico debe ser considerado en
relación con su obra teniendo en cuenta especialmente el contexto científico
en relación con las concepciones de tal cambio dominantes en su época. Poincaré está lejos de decir, como la ola instrumentalista de nuestra
época que, puesto que toda teoría científica está condenada
-por su sustitución por otra más adecuada- pueda por ello ser carente
de valor científico. "Les gens du monde sont
frappés de voir combien les théories scientifiques sont éphemères,...
ils les voient successivement abandonnées; ils voient les ruines
s'accumuler sur les ruines; ils prévoient que les théories aujourd'hui à la
mode devront succomber à leur tour à bref délai et ils en concluent qu'elles
sont absolument vaines. C'est qu'ils appellent la faillite de la science"
(SH, p. 189). Su concepción del cambio científico sigue siendo esencialmente
cumulativista; como lo dice Giedymin: "In this sense the growth of
science is cumulative rather than disruptive despite the ephemeral nature of
theories" (1978, p. xxxvi). En varios sitios, todo a lo largo de su obra, Poincaré, estudiando
variados ejemplos a los que no haremos más que una breve alusión, ejemplos que
van en ese mismo sentido, concluye: "Ces considérations nous
expliquent pourquoi certaines théories, que l'on croyait abandonnées et définitivement
condamnées par l'expérience, renaissent tout à coup de leurs cendres et
recommencent une vie nouvelle… quelque
fois on doit démolir un coin de l'édifice" (SH,
p. 193). "Aujourd'hui, que voyons-nous? D'abord un premier
progrès, un progrès immense" (ibid., p.203-4), Los efectos
nuevos -el de Zeeman, por ejemplo y tantos otros-, exigen su lugar. "Que d'hôtes inattendus il faut caser! ... Mais je
ne crois pas qu'ils détruiront l'unité générale ..." (ibid, 209-10). Cabe señalar
además que este crecimiento acumulativo –con sus retrocesos, por lo cual no
se trata de un progreso invariable- encuentra un fundamento en Poincaré mismo,
en las frases antes mencionadas concernientes a
la eventual intertraducibilidad de lenguajes. Se coloca aquí también pues
muy lejos de LeRoy, de Duhem, y aún más del primer Ajdukiewicz. Para éste los
lenguajes cerrados, a diferencia de los abiertos, no dan lugar a la
intertraducibilidad ni a la incorporación de términos nuevos –o con nuevos
significados-, ni por eso mismo a la conmensurabilidad conceptual. Y se coloca
lejos del merísimo Thomas Samuel. El tema del crecimiento científico así como los precedentemente
tratados en el presente trabajo, se apoyan sobre las ideas de Poincaré y
obligan a hacer una distinción bien neta entre su pensamiento y el de los que
se han metido con él en la misma bolsa, bajo la rúbrica común de
convencionalistas. Más allá de
los mitos pueden distinguirse, desde el fin del siglo diecinueve hasta el último
cuarto del veinte, dos líneas, una idealista que comprende a LeRoy, Duhem,
Fleck, al primer Ajdukiewicz (hasta 1936), Polanyi, Goodman, algunos de los enes
Putnames, Kuhn, entre otros, y otra discrepante que incluye, en mayor o menor
grado, entre una pléyade aunque menor, a Poincaré, al segundo Ajdukiewicz
(desde 1936), a Roy Wood Sellars, el segundo Collingwood (1940), a Boyd, a
Devitt, quizás a Kitcher, ..., y, para mirar más cerca, a Lewowicz. El caso de
Popper es bien peculiar y no lo vamos a analizar aquí aunque lo merece. Hemos tomado
los casos de LeRoy y Poincaré para apuntar al hecho de que se da un vaivén
histórico en el período considerado entre las posiciones de un tipo y las del
otro. Ese vaivén no es sorprendente más que para los adictos al mito referido.
Y sus momentos no son ajenos para nada a la situación histórica, sociopolítica
cambiante; aunque más que determinante ésta resulta correlacionada. Pero el
tema merece una consideración más detallada y cuidadosa que la posible acá.
NOTAS * Una vez concluido el presente trabajo, Lucía Lewowicz
me señaló un texto, Feyerabend 1963, “How not to talk about meaning”,
especialmente en las largas notas 1, 14 y 26, publicado en los Boston Studies
in the Philosophy of Science, 2, 1965, coherente, y más, con la síntesis
sostenidas más arriba. (1) No hemos podido tener acceso, entre los trabajos de
Giedymin sobre LeRoy, Poincaré y Fleck, a los que remite en el libro Science
and convention sino sólo a tres de los textos citados en la bibliografía. (2) Aún si LeRoy manifiesta su
adhesión a la obras de Poincaré, es bueno recordar lo que Brunschvicg dijo a
este propósito: "Si donc la philosophie nouvelle s'approprie de certaines
th‚ories de M.Poincaré‚ et de M.Bergson et les utilise en vue des
conclusions qu'elle d‚sire, il est possible que ces conclusions ne se
rattachent pas ‚troitement ni mˆme logiquement a ces th‚ories"
("Remarques sur la philosophie nouvelle et sur ses rapports avec
l'intellectualisme", Révue de Métaphysique et de Morale, v.10,
1901, p.438). Aún si LeRoy repite su adhesión
a la obra de Poincaré, es conveniente recordar lo que ha dicho Brunschvicg
1901, p. 437 y 458. (3) Aún si resultara necesario
recordar la intervención convergente de las leyes físicas y de las de la
geometría en las teorías físicas, se trata de un problema distinto como lo ha
mostrado Grünbaum 1962. (4) En VS, 226 et 232-33, Poincaré rechazará los casos
que Quine ha llamado de‘deslizamiento semántico’, cuando, por ejemplo, se
utiliza ‘negro’ en lugar de ‘blanco’ y viceversa, “... cuando el astrónomo
ha cambiado los apelativos, sin prevenirme, el lenguaje acordado”. (5) Por el contrario se podría decir que varios de los
putnames posteriores al primero deja apenas un espacio teórico a los
‘external inputs’ en su kantismo modificado. (6) Grünbaum (1962). BIBLIOGRAFÍA
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Gauthiers-Villars. ROSSI P. (1986) I ragni e le
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política in Otto Neurath; una perspettiva post-empiristica. Feltrinelli,
Milano. Pierre Duhem (1861-1916).
(1965) En
Diccionario soviético de filosofía. Montevideo, Pueblos Unidos. Nota:
No incluimos aquí los numerosos textos del pospositivismo salvo el de Kuhn. |
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