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Otto
Neurath: Proposiciones protocolares y verdad Alvaro
PELAEZ I
)
Introducción A
menudo las escuelas filosóficas se nos presentan como conjuntos de
proposiciones unificadas. Esto quizá pueda entenderse como un producto de
nuestra tendencia a sistematizar dichas posiciones, con el fin de discutir con
ellas con la superioridad de conocer una posición y, de alguna manera, poder
atacar sus consecuencias más visiblemente desafortunadas, o bien interpretarse
como una consecuencia de la vigencia en occidente de una mentalidad que
ha privilegiado al “sistema” frente a la contradicción o el mosaico de
opiniones.
Si
esto ha sucedido en alguna medida, con escuelas filosóficas de importancia, un
claro ejemplo lo ha sido en nuestro siglo el caso del positivismo lógico o
empirismo lógico.
Las condiciones de su surgimiento y desarrollo son bien conocidas y no
las vamos a reiterar aquí. El punto hacia el cual deseamos dirigir nuestra
atención, consiste en el debate que se originó entre algunos miembros del Círculo
de Viena en torno a la cuestión del carácter de los llamados “enunciados
protocolares “, su papel en el proceso de verificación de los enunciados de
una teoría científica, su establecimiento como base o fundamento de todo
nuestro conocimiento, y ligado a esto, el todavía controversial tema de la
concepción que acerca de la “verdad” mantenían algunos de sus miembros más
prominentes.
Principalmente el interés estará centrado en las posiciones de
O.Neurath y las críticas recibidas por parte de M.Schlick, quien acusaba a aquél de sostener una teoría de la coherencia en cuanto a
la verdad y el conocimiento, que lo conducía a un abandono del empirismo.
Nuestro objetivo final, teniendo en cuenta recientes estudios sobre la obra de
Neurath, consistirá en mostrar que tales críticas han sido infundadas y que la
interpretación estándar que atribuye a Neurath dicha postura es equivocada. II ) Protocolos
Así como el Círculo de Viena tuvo siempre presente como una tarea
fundamental del empirismo la explicación del contenido de los conceptos empíricos
mediante su reducción a lo vivencialmente dado, emprendió también la otra
tarea fundamental de explicar el contenido y la validez de los enunciados empíricos
mediante su reducción a enunciados elementales. Aquí como en otros temas ,
también se partió del Tractatus de Wittgenstein, cuya orientación se siguió
en principio.
Wittgenstein tomó de los Principia Mathematica de Russell la división
fundamental de los enunciados en compuestos y simples, en proposiciones
“moleculares” y “atómicas” .
Se
define negativamente una proposición atómica como una proposición singular
que, a su vez, no contiene una proposición como elemento suyo ni tampoco
contiene los conceptos “todos “ o “algunos” . Una proposición molecular
es igualmente una proposición singular, pero consta de dos o más proposiciones
atómicas. Tales proposiciones compuestas tienen la forma de la conjunción o de
la disyunción, de la implicación o de la negación.
Ahora bien, Wittgenstein aportó la idea nueva e importante de que la
verdad de las proposiciones compuestas depende únicamente de la verdad de las
proposiciones simples, que son sus partes; es una “función de verdad” de éstas.
Como consecuencia, sólo importa la verdad de las proposiciones simples, de las
proposiciones atómicas , de las que ha de deducirse, de modo puramente lógico,
la verdad de las proposiciones compuestas.
La condición de verdad de los
enunciados que tienen la forma más sencilla puede formularse directamente: son
verdaderas cuando al objeto designado mediante el nombre le corresponde
efectivamente la propiedad o relación designada mediante el predicado.
Las condiciones de verdad de las otras formas de enunciados, las
compuestas de elementos se determinan indirectamente a partir del significado de
las “constantes lógicas”.
De esto se sigue que la verdad de un enunciado general es una función de
la verdad de todos los enunciados singulares que caen bajo este enunciado
general y que están determinados por una condición de verdad directa.
La tarea siguiente y más importante era investigar las proposiciones atómicas
y caracterizarlas por su forma lógica. Wittgenstein las identificó con las
proposiciones a las que llamó “proposiciones elementales”.
Son estas proposiciones las que pueden ser comparadas inmediatamente con
la realidad, es decir, con lo dado en las vivencias. Tiene que haber tales
proposiciones, ya que de lo contrario el lenguaje no tendría relación con la
realidad. Todos los enunciados que no son ellos mismos proposiciones
elementales, tienen que ser funciones de verdad de proposiciones elementales. En
consecuencia todos los enunciados empíricos tiene que poder reducirse a
enunciados sobre lo vivencialmente dado, tienen que poder traducirse a ellos, si
ellos mismos ya no son enunciados de este tipo. Todos los enunciados que no
pueden ser reducidos de este modo se consideran carentes de significado, ya que
uno no sabe entonces de que se trata en ellos.
La reducción se facilita mediante un árbol genealógico de los
conceptos, a través del cual se reducen a relaciones de vivencias, tal como se
esboza en el sistema de constitución de Carnap.
Partiendo de aquí pues, de que las proposiciones elementales son
enunciados sobre vivencias, en el Círculo de Viena se creyó encontrarlas en
las llamadas “proposiciones protocolares”, cuya caracterización enfrentó a
los miembros más prominentes de dicho Círculo.
El debate fundamental en torno a esta noción, lo llevaron a cabo
principalmente M.Schlick y O.Neurath, dado que Carnap, a pesar de que en
principio mantuvo algunas diferencias con Neurath, modificó en parte sus
planteos, a instancias de éste último.
Neurath, quien provenía del campo de la economía y era esencialmente un
hombre de acción, propuso una concepción particular de los enunciados
protocolares, la que pronto recibió duras críticas por parte de Schlick.
Carnap defendió en un primer momento la reducción de los conceptos
sociales, culturales e históricos a los conceptos del psiquismo propio: tanto
los conceptos ajenos como los propios debían ser reducidos primero a conceptos
físicos, y luego, a conceptos psíquicos propios. Los fenómenos del psiquismo
individual, en la medida en que traducen hechos físicos, fundamentarían desde
el punto de vista epistemológico la reducción del conocimiento de las
distintas ciencias a una misma ciencia unificada. Pero esta posición
fenomenalista de Carnap, encontró oposición, por no garantizar suficientemente
la objetividad de los enunciados ni la realidad empírica de las entidades científicas.
De
ahí que el fisicalismo, que se basaba en proposiciones expresadas en lenguaje
observacional y con la misma forma lógica para todas las ciencias empíricas,
acabara imponiéndose. Entonces,
a partir de Carnap, los protocolos fueron considerados como el punto de contacto
entre la ciencia intersubjetiva y la experiencia individual, y por lo tanto
conforman la garantía de la naturaleza empírica de la ciencia.
En “Proposiciones protocolares” Neurath intenta en primer lugar,
atacar un cierto resabio racionalista en su amigo Carnap.
Efectivamente, de acuerdo a esa posición pseudoracionalista, las
proposiciones protocolares serían vistas como oraciones de grado cero, que
inmediatamente expresan la experiencia, son por lo tanto incorregibles, el
fundamento seguro de la ciencia. De acuerdo con Carnap en el Aufbau, los
protocolos describen “lo dado”, y aunque ciertamente cambió su manera de
hablar de ellos, siguió manteniendo su fe en ellos como en aquel tipo de
oraciones que no requieren verificación.
La postura de Neurath al respecto es bien clara :” La ficción de un
lenguaje ideal construido a partir de proposiciones atómicas puras es tan metafísica
como la ficción del demonio de Laplace “ ( Neurath, 1965, Pág.205 )
Para Neurath, la idea de contar con una “experiencia” a la cual se
pueda echar mano con el fin de verificar nuestras proposiciones, es un residuo
teológico y un pensamiento anticientífico. Nosotros construimos un lenguaje,
usando nuestros términos usuales, con la esperanza de hacer a éstos más
precisos, o mejor aun, más útiles para la ciencia, y es con esta idea que
sustituimos nuestro lenguaje fisicalista trivial, por el lenguaje fisicalista
científico. Pero no podemos crear términos tales que las sentencias que las
usan puedan expresar perfectamente la realidad o la experiencia.
Neurath no intenta, con absoluta aprioridad, crear un lenguaje en el que
todo conocimiento pueda ser expresado, antes bien, la elaboración de tal
lenguaje siempre se lleva a cabo ocurriendo. En palabras de Neurath : “ And though we
advocates of scientism are striving with care, and as systematically as
possible, to formulate statements that are as exact as possible, as permanently
useful as possible, as simple as possible, we still know that basically
everything is fluid, that multiplicity and uncertainty exist in all science,
that there is no tabula rasa for us that we could use as safe foundation on wich
to heap layers upon layers. The whole of science is basically always under
discussion. And if we as empiricist refer to observation statements in wich it
is said, “Charles sees the mercury at scale point 30 “ the terms
“Charles”, “sees” etc. are already representatives of the whole of
science “ (Citado en R.Cirera 1994, Pág.133)
Al igual que en la metáfora de la construcción de la nave, tan usada en
nuestra filosofía contemporánea, la idea fundamental que Neurath desea
expresar es que cada clarificación de nuestros términos, todo paso dado para
conseguir mayor precisión, afecta las conexiones con el resto del sistema de
las proposiciones científicas.
También en este sentido, Neurath estaría adelantando observaciones tan
repetidas en nuestra época, acerca de la carga teórica de los hechos, en la
observación de que la noción de percepción visual incluida en la frase “él
ve “, es científicamente compleja.
Con
vistas a la unificación de la ciencia, Neurath veía la necesidad de un
lenguaje unificado como esencial, y en este sentido vio con buenos ojos el
proyecto de Carnap de una sintaxis lógica, más veía en ello una tarea difícil,
dado que los términos de la ciencia no son unívocos y claros, especialmente en
las ciencias en construcción.
La idea, entonces, era la construcción de un lenguaje universal
(“slang”) para la expresión de la ciencia. Como decíamos, este lenguaje no
debe ser propuesto a priori, sino que debe ser construido sobre la base de
nuestro lenguaje fisicalista ordinario y, usando nuestras expresiones más
comunes, es decir, aquellas que a lo largo de la historia de la humanidad han
tenido un mayor éxito pragmático, construir la base de nuestras proposiciones.
Entre ellas, juegan papel importante los enunciados protocolares, que como hemos
visto, no son para Neurath expresiones con un contenido fenomenalista, neutral o
primitivo, pero sin embargo que sí tienen ciertas características formales
específicas.
Tomemos el caso paradigmático propuesto por el propio Neurath :
“Protocolo de Otto a las 3 hs.17 min. (la forma lingüística del pensamiento
de Otto a las 3 hs.16 min.era: (a las 3 hs. 15 min. había en el cuarto una mesa
percibida por Otto) ) “
Si observamos dentro del paréntesis, notamos que existen términos de
percepción, pero también notamos que están referidos a un nombre propio. Esto
quiere decir, en la perspectiva de Neurath , que obviamente no hay experiencias,
sino sujetos físicos que tienen experiencias físicas.
También la expresión: ”la forma lingüística del pensamiento ... “
es importante, pues en ella claramente se suplanta toda idea de pensamiento por
esta caracterización conductista, en la cual se privilegian las expresiones del
lenguaje fisicalista, como reproducciones reducidas de las respuestas musculares
que ocurren durante el acto de habla. Detengámonos
un instante en esta curiosa caracterización de las proposiciones protocolares,
caracterización que en los años cincuenta fue retomada por Feyerabend en su
“teoría pragmática de la experiencia”, pero sin referencias a Neurath. Podemos
partir de una afirmación simple de Neurath: “ El decir mismo es siempre un
arreglo espacio-temporal” Esto significa que en cualquier acto de habla, por
ambiguo o intrincado que pueda ser, siempre se hacen referencias
espacio-temporales, es decir, siempre introducimos términos que hacen
referencia a un momento y un lugar, un orden que conocemos de la física. Si
alguien hace predicciones y quiere él mismo corroborarlas, debe contar con
cambios en el sistema de sus sentidos, debe usar relojes y reglas de medición;
en suma, el hombre que supuestamente está aislado ya hace uso de un lenguaje
intersensorial e intersubjetivo. La
propuesta de Neurath parte de la base de que nosotros, como sujetos físicos que
tienen interacciones con entidades físicas, somos estimulados por ellas
produciendo una respuesta verbal que, es tan física y determinada como el
movimiento de una parte de nuestro cuerpo. Las palabras “azul” o “duro”
indican que un hombre muestra una cierta conducta bajo ciertas condiciones, que
dice palabras, o que exhibe cambios nerviosos. Bajo
este supuesto podemos distinguir cierta variedad de oraciones; oraciones de
realidad, oraciones alucinatorias, o simples mentiras. La distinción es
establecida de acuerdo a qué elementos participen en su producción, esto es,
una oración de realidad es tal si uno acepta la oración como siendo acerca de
cambios espacio-temporales que han tenido lugar fuera del cuerpo del sujeto; una
oración será considerada alucinatoria si ciertos cambios son asumidos como
teniendo lugar dentro del cuerpo del sujeto; en tanto una mentira puede
interpretarse como aquella oración en la cual sólo participan en su producción
el centro de habla y la formación de la palabra, sin las correspondientes
ocurrencias en los centros de percepción. Hace
un momento apuntábamos al orden espacio-temporal como algo esencial en la
caracterización de un enunciado protocolar. Este orden es resaltado por Neurath
como un rasgo fundamental a todo lenguaje y sobre el que se apoya su sentido
intersubjetivo e intersensorial. Conocer el orden espacio-temporal, o mejor
dicho, conocer los conceptos espacio-temporales de la física de una época, nos
proporciona un criterio de identificación de enunciados de experiencia, los
enunciados protocolares. Neurath
nos provee entonces, de ciertos rasgos que nos permiten identificar ciertas
oraciones como más directamente relacionadas con la experiencia, oraciones de
observación, sobre las cuales medimos las predicciones que hace la ciencia a
diario, oraciones donde, como dice el propio Neurath “...personas que perciben
y cosas que producen estímulos, se encuentran”. En esta medida, Neurath nos
plantea la forma que deben tener ciertas oraciones para ser consideradas como
“protocolares”; su contenido, la semántica de los términos que las
componen, son los contenidos de nuestro único lenguaje, que intentamos mejorar
y depurar de ambigüedades metafísicas por medio de su inserción en
situaciones que por sí mismas modifican su sentido. De esta forma, la ciencia
unificada formula oraciones, las cambia, hace predicciones, por lo tanto no
puede en sí misma, anticipar su condición futura. Podemos sólo establecer que
operamos hoy con un adecuado sistema espacio-temporal regido por la física, y
que obtenemos predicciones exitosas de esta forma. Aun
sobre esta base, que impregna de falibilidad a las metas mismas de la ciencia,
podemos hablar de la estabilidad de las proposiciones protocolares, que
proviene para Neurath no de algún sortilegio que las conecta con la
realidad de la experiencia, sino por su capacidad demostrada históricamente en
satisfacer nuestros requerimientos prácticos.
Pero, y esto es importante para entender el centro de la propuesta de
Neurath, la estabilidad de dichos términos no implica una incorregibilidad de
los mismos, pues es de sobra sabido el hecho de que nuestros términos
ordinarios son altamente inciertos, y en esta medida no pueden poseer ninguna
consideración privilegiada.
Como consecuencia de esto ultimo, las proposiciones protocolares no
pueden considerarse como sacrosantas bases del edificio del conocimiento, antes
bien, son tan revisables como cualquier otro enunciado del sistema de la
ciencia, “La eliminación como destino puede acaecerle también a una
proposición protocolar. Para ninguna proposición existe un noli me tangere ,
tal y como Carnap pretende estatuirlo para las proposiciones protocolares “. (
Neurath, 1965, Pág.209)
Ahora
bien, abandonemos por un momento a Neurath y sus proposiciones protocolares y
demos un vistazo a la réplica que Schlick realizó a tales planteos.
El profesor Schlick replicó a la posición de Neurath principalmente
desde un artículo publicado originariamente en Erkenntnis bajo el título de
Uber das Fundament der Erkenntnis (aquí nos remitiremos a la traducción de la
versión inglesa publicada por Ayer)
Schlick conduce la argumentación de su artículo a atacar inmediatamente
la teoría de la verdad que quedaría implicada por los planteos de Neurath,
calificándola y caracterizándola como una teoría de la verdad como
coherencia.
Antes de entrar propiamente en esa crítica, veamos cuales eran los
puntos de vista del propio Schlick acerca de las proposiciones protocolares.
Para Schlick, los enunciados protocolares no constituyen el punto de
partida del conocimiento, estarían por así decirlo, un escalón más arriba
que la verdadera base cognoscitiva. Retrotrae dicha base a un estadio anterior
al de las proposiciones protocolares, un estadio prelingüístico y subjetivo. A
pesar de que en algunos momentos hable de enunciados de observación,
inmediatamente dice de ellos que no es necesario su establecimiento por medio
del lenguaje ni oral ni escrito.
Resulta difícil ver realmente en qué consisten estas constataciones de
las que habla Schlick. Si las
piensa como al comienzo de los procesos cognoscitivos, su valor se limita a ser
únicamente “originadores” de ciertas hipótesis acerca de la experiencia,
pero son originadores en un sentido no lógico pues de ellos no es posible
inferir algo. Son meramente
impresiones en nuestras superficies sensoriales a las que o bien podemos dar crédito
o no.
Si las piensa, en tanto, como al final de los procesos cognoscitivos, y a
pesar de que Schlick los considere en este sentido como realmente verificadores,
no veo dada su extrema vaguedad y su carácter esencialmente particular, de qué
forma pueden ser concluyentes respecto de una hipótesis científica.
Pero veamos a continuación cuales fueron los reclamos que Schlick realizó
a Neurath. Debe tenerse en cuenta
que Schlick sostiene su crítica a la idea de coherencia entre enunciados sobre
la base de considerar sistemas de enunciados sólidamente construidos, acabados
e inamovibles. Es decir, no considera la idea, que es la base de la concepción
de Neurath, de un sistema de enunciados como nunca acabado, siempre en constante
prueba a través de la entrada de nuevos y nuevos enunciados. Por eso su crítica
a la idea de coherencia no ataca directamente a la posición de Neurath, que
como pretendemos mostrar no sostiene una teoría de esas características.
Desde esta perspectiva Schlick distingue dos modos en los que es posible
considerar a la autocontradictoriedad como
el criterio de verdad entre enunciados. Primero distingue los enunciados tautológicos,
que como bien lo explicitó Wittgenstein, no son informativos acerca del mundo y
su valor de verdad viene determinado únicamente en virtud de su significado.
En segundo lugar, sostiene que los enunciados sintéticos, que son los
que sí trasmiten información acerca del mundo, no pueden ser puestos en una
relación de pura autocontradictoriedad, si no es apelando a un número de ellos
como primarios o básicos.
La crítica de Schlick se encamina a subrayar dos supuestas deficiencias
en la propuesta de Neurath, en primer lugar la falta absoluta de certeza sobre
la que fundar el conocimiento, y en segundo lugar la carencia de un criterio no
ambiguo de verdad. A
ambos puntos las respuestas de Neurath son interesantes y revolucionarias. A la acusación de falta de certeza absoluta,
Neurath responde en primer lugar, que el uso de metáforas como “arriba” y
“abajo”, heredadas de las explicaciones teológicas, ya no tienen sentido en
el pensamiento de la física moderna, la cual enseña que existe una conexión
total en el sistema de sus principios y enunciados. La ciencia se encuentra
dominada por un holismo que impide decidirse por el establecimiento de una base
u otra como fundamento último, y esto no es una conclusión a priori extraída
por un filósofo, sino la conclusión de alguien que reflexiona desde dentro
mismo de la ciencia. En
segundo lugar, Neurath se refiere a la noción misma de “certeza” y a las
formas en que podemos establecer que una oración es cierta o no. El
análisis que Neurath hace de estas nociones no es un análisis lógico o filosófico,
antes bien, su examen de la distinción clásica entre enunciados analíticos y
sintéticos es un examen pragmático de dichos conceptos. Según Neurath en
orden a llevar a cabo la tarea de predicción en la ciencia, contamos con una
multiplicidad de grupos de oraciones de contenido, de los cuales aplicamos uno
de ellos sobre la base de una decisión. En el caso de oraciones analíticas,
tal decisión es innecesaria, dado que en cada momento tratamos con una
posibilidad en principio, mientras que en las ciencias contamos con varias
posibilidades en competencia. De todas formas, el elemento importante en la
caracterización de Neurath es el recurso a la decisión como criterio último
de reconocimiento de la validez de un enunciado. No hay, según Neurath, medios
disponibles en orden a establecer un veredicto final acerca de si una oración
ha sido entendida por mi o no. Yo no entiendo una oración simplemente considerándola analítica o sintética;
aun los juicios de las matemáticas adquieren su significado en el contexto de
una oración protocolar. Por lo
tanto, y en palabras de Neurath : “ “Certeza” es definido como un término
dentro de la doctrina de la conducta humana “ ( Radical Physicalism and the
real world, Pág.104, Op.Cit.)
En cuanto a la acusación de la falta de un criterio no ambiguo de verdad
en la propuesta de Neurath, se darán respuestas en la siguiente sección. III ) Verdad
Bajo la interpretación de Schlick y otros positivistas, la pregunta de
qué nos lleva a aceptar ciertas sentencias de observación y no otras y de cómo
podemos de acuerdo a ciertas sentencias de observación, aceptar o rechazar
otras que no lo son, han tenido la respuesta siguiente : “
... porque las sentencias de observación expresan la experiencia directa
y por lo tanto no hay duda acerca de su verdad o falsedad “ . Esta es
precisamente el tipo de respuestas que Neurath va a rechazar plenamente.
El problema se origina para Neurath, cuando alguien intenta comparar una
oración con la realidad. ¿ Qué tipo de comparación puede ser hecha entre un
objeto lingüístico y un objeto del mundo físico ?
La respuesta, para Neurath, consiste en subrayar que se comete un error
fatal e inconducente al intentar llevar a cabo este tipo de comparaciones,
mientras que lo que finalmente hacemos es comparar únicamente oraciones.
Efectivamente, dada una oración observacional como “este edificio
consta de tres pisos”, lo que únicamente nos es dado hacer es comparar la
citada oración con una que involucra al menos las percepciones del hablante
como : “ yo veo este edificio de tres pisos”.
Este tipo de oraciones que encierran, entre otras, expresiones de
percepción, constituyen para Neurath , expresiones “ricas”, es decir,
expresiones que de ninguna manera son neutrales respecto de su contenido. Esto
es, suponen un complejo de otras oraciones teoréticas o no, previamente
aceptadas e instauradas en nuestro lenguaje.
Es en este sentido en que debe interpretarse las palabras de Neurath
referentes a la posibilidad de únicamente constrastar oraciones con oraciones y
no oraciones con la experiencia. Pero demos un paso más.
De acuerdo con la interpretación de los protocolos que hemos
considerado, ninguna oración en el sistema dentro del cual se insertan es
inmune a la revisión. Es decir, que a partir de la formulación de una nueva
sentencia de observación es posible que tanto el propio sistema como la oración
en cuestión, puedan ser rechazadas o aceptadas.
Si no me equivoco, esto supone un principio empirista más fuerte que el
que podría querer Schlick. Pues al contrario de lo que éste último pensó,
hay en Neurath un abandono total del racionalismo que lo conduce a sostener que
la base experiencial en sí misma es siempre el último criterio para el
sostenimiento de cualquier sistema de enunciados. No la experiencia bajo la
forma de uno o varios enunciados hipostatizados, sino que la experiencia en su
fluir y devenir constante es lo que designa qué debemos conservar y qué
debemos rechazar en nuestros sistemas. Pero bien, la relación entre los
enunciados observacionales y aquello de lo que hablan, no está dada por
misteriosas conexiones o posibles isomorfismos. Si se acepta una tal relación
entre nuestros enunciados de observación y la experiencia, es sobre la base de
un esquema conductista como el que Neurath propone. En
esta medida, la cuestión de la aceptación y rechazo de un enunciado podría
interpretarse como que hay fenómenos físicos en los cuales, un objeto físico
es percibido por un organismo físico en el cual ocurren ciertos fenómenos físicos
(neuronales) que finalmente lo conducen a la adscripción de ciertas oraciones
observacionales.
Este esquema, refuerza aun más la idea de que no hay un abandono del
empirismo en la propuesta de Neurath, considerando que esta aceptación causal
de enunciados, coloca al mundo físico en su interacción con los sujetos físicos,
en la base de la posible aceptación o rechazo de enunciados. Precisamente
aquí radica el punto hacia el cual deseábamos dirigirnos. La intuición básica
que nos ha animado, ha sido la de que hay, en el intento de caracterizar al
sistema ideado por Neurath como verdadero, un elemento incoherente. No
es mi intención discutir aquí la amplia gama de ofertas que acerca de la
“verdad” se ofrecen en el mercado filosófico. Pero si tomamos dos de los
sentidos más usados en filosofía del predicado “verdad”, su uso
correspondentista y su uso coherentista, veremos que no podrían aplicarse al
proyecto de la ciencia unificada de Otto Neurath. Según
este autor, no podemos aceptar que la ciencia formula enunciados que se
corresponden con una realidad “incontaminada”, tanto si entendemos
“corresponde” en sentido descriptivo o como mera copia. Los “protocolos”
tal como los entiende Neurath, no pueden ser descriptivos, pues lo serían de la
misma forma en que lo serían las respuestas musculares de nuestro cuerpo frente
a un estímulo del mundo externo. Tampoco podrían guardar con la realidad una
relación de copia o simple similaridad, pues todos los intentos por realizar
este tipo de comparaciones cometen el mismo tipo de error categorial consistente
en intentar comparar dos órdenes ontológicos completamente diferentes. Si
consideramos la concepción coherentista de la verdad, vemos que tampoco es el
caso con la visión de Neurath. La ciencia, como un producto de entidades biológicas
esencialmente falibles, se construye como un sistema del cual no podemos
considerar ninguna de sus partes como epistémicamente privilegiada, todo en su
interior es dudoso y ambiguo y una de sus tareas ha consistido históricamente
en desalojar de su interior esas ambiguedades. Los
“protocolos” en la versión de Neurath, no son enunciados ciertos sobre los
cuales apoyar un sistema coherencial; como ha dicho el propio Neurath, son tan
inmunes a la revisión como cualquier enunciado dentro del lenguaje de la
ciencia unificada. Por lo tanto, si consideramos esta imagen de la ciencia,
“verdad” no es un predicado que pueda aplicársele, y no lo es por motivos
que han quedado a la vista. Tal
sistema, siempre en construcción, basa su éxito no en algo como la
“verdad”, antes bien, en ser paulatinamente más explicativo, más
predictivo, más instrumental, más significativo.Y ésta es precisamente la
moral que extraemos de estos escritos de Neurath publicados hace más de setenta
años y sobre los cuales las reconstrucciones históricas y las filosofías de
nuestra época, pasan por alto. El
sistema de la ciencia no es entre otras cosas, una herramienta primaria para la
adaptación, porque es más o menos verdadera, sino por el contrario, posee
precisamente esas virtudes porque no aspira a conseguir verdades, ni absolutas
ni definitivas. Si así fuera, si la ciencia deseara verdades definitivas, las
dificultades para obtenerlas animarían un escepticismo en los científicos que
detendría la investigación. Lo
único que podemos pedir para nuestra ciencia es que sea predictiva,
explicativa, adecuada, expresiva, pero no verdadera.
Desde
esta perspectiva pues, y creo que lo hemos hecho en el desarrollo de la
argumentación, se han abandonado los términos “verdadero” y “falso”,
suplantándolos por el par “aceptable” - “rechazable”.
Si revisamos los supuestos que Neurath tenía en mente acerca de cómo
debía estructurarse el lenguaje fisicalista desde este lugar, comprendemos que
dichos términos absolutos no tienen sentido. Si pensamos al lenguaje de la
ciencia como construido “ocurriendo”, como un sistema del cual no es posible
salirse para reparar, sino ir arreglándolo en la misma medida en que lo
construimos, es absurdo hablar de “verdad” o “falsedad” en dicho
sistema.
Asimismo, dado que el concepto de “verdad”, a pesar de ser problemático
y de gran multiplicidad de sentidos, encierra a nuestro entender un núcleo que
consiste en la aceptación de un enunciado independientemente de las condiciones
aquí y ahora, éste predicado no sería aplicable al sistema de la ciencia
pensado por Neurath. El
lenguaje de la ciencia nunca es acabado, en su evolución histórica se va
volviendo más rico, en contenido y expresividad. También en ese devenir histórico
se van perdiendo significados y se ganan otros, mientras otros sencillamente se
cambian.
Aquí tenemos una imagen de la ciencia. El saber científico es
esencialmente falible, pluralista, holista, sistematizable sólo localmente y no
es una copia de la realidad. Los enunciados protocolares no pueden, para Neurath, ser incorregibles, representan esencialmente el punto en el cual los sistemas se contradicen y cambian, son el punto de partida de nuevos arreglos en las tablazones de nuestra nave. BIBLIOGRAFIA
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