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hoja
informativa de Galileo volumen
diez
DEVITT,
M. & STERELNY, K. Language and reality; an introduction to the philosophy of language. “¿Por
qué el lenguaje importa a la filosofía?” ¿Por qué el lenguaje importa tanto
a la filosofía? Si a Ud. le
interesa la primera pregunta, no lea este libro. Si su aproximación a la
segunda es cuantitativa, léalo. Ahora bien, si su interés es justipreciar el
valor del lenguaje y de su filosofía durante el siglo XX, sin lugar a dudas éste
es el libro que debe ser estudiado. De
modo preciso y no verborrágico los autores despliegan
el riquísimo campo de esa filosofía, las múltiples teorías que han
surgido en su seno, las aportaciones de tantísimos contribuidores, dejando
claro cuánto
el lenguaje importó a la filosofía del siglo XX, pero no por
qué. El punto de vista que asumen los autores respecto del tema en general
es fundamentalmente descriptivo y crítico
(ellos lo llaman “naturalista”) es decir, toman a la filosofía del lenguaje
como una tradición dada, al giro lingüístico como un hecho consumado y luego
señalan innumerables objeciones y críticas locales, aunque muchas de ellas
sean profundas, rigurosas e impliquen, en algunos casos, consecuencias
que tal vez los propios autores no estén dispuestos a asumir. Más
que una introducción a la filosofía del lenguaje, Devitt y Sterelny en este
texto nos proponen una introducción a
los problemas filosóficos –no meramente técnicos- de la filosofía del
lenguaje y su articulación con los problemas de la filosofía en general. Lo
concibieron (ya en su primera edición de 1987) como un manual de filosofía del
lenguaje para estudiantes de esa disciplina, pero trasciende muy ampliamente
aquella aspiración aunque, desde luego, cumpla con su cometido. El
índice es exhaustivo, pero además tiene otras dos ventajas: están claramente
señalados los asuntos técnicos cosa que permite evitarlos, si así se deseara,
y cada capítulo presenta una
bibliografía recomendada. Está compuesto por cinco partes (cada una de ellas
con otro tanto de capítulos): una introducción que, entre otras cosas, define
cuál es el problema de la filosofía del lenguaje, de donde no se implica, sin
embargo, la importancia filosófica del mismo. Una segunda parte acerca del
significado, donde se desarrolla la idea de que los papeles desempeñados por la
referencia no son suficientes para dar cuenta del significado;
donde, además, se presentan diversas teorías descriptivas de la
referencia para nombres y para
otros términos, sus fallas e incompletitudes; donde se presentan las teorías
causales de la referencia para nombres y para otros términos, sus fallas e
incompletitudes (se destaca muy especialmente la tematización elaborada en
torno a lo que denominan el qua problem);
asimismo se presentan ciertas teorías de la referencia híbridas entre las dos
primeras; y, finalmente, un análisis de la estructura sintáctica del lenguaje. En
la tercera parte se desarrolla la relación entre la mente y el lenguaje, ocupándose
del significado, ahora con más detalle, y su relación con el pensamiento; de
la competencia lingüística; de la defensa del representacionalismo
y de la crítica de lo que los autores llaman la “relatividad lingüística”
y no el “relativismo lingüístico” aunque traten de lo segundo. Las
cuarta y quinta partes del texto encierran los supuestos filosóficos de los
autores que, aunque naturalistas, los tienen (es más, el propio naturalismo
podría ser uno de ellos). La cuarta parte se titula “Language and Realism”
en donde se defiende muy fuertemente el punto de vista realista (que nosotros
llamaríamos débil) y se critican las formas más afamadas del antirrealismo, a
saber: el verificacionismo, sobre todo en la figura de Dummett; lo que los
autores entienden por constructivismo (otros nombraríamos a esa definición,
relativismo ontológico) y el
estructuralismo representado en la figura de Saussure, como corresponde,
pero puesto en la misma bolsa junto al materialista Althusser y al
postestructuralista Foucault, entre otros. En esta última crítica se sostiene,
por ejemplo, que el estructuralismo rechaza “la referencia” y rechaza el
realismo. Sin embargo, los argumentos que intentan sustentar el segundo rechazo
son, desde nuestro punto de vista, viciosos. Como los autores entienden que la
referencia es el vínculo entre el lenguaje y el mundo independiente, rechazar
la primera será rechazar el vínculo; pero, decir que el lenguaje no se vincula
con el mundo independiente no es rechazar su existencia, ni lo hace
necesariamente noumenal, es decir, incognoscible como los autores infieren. Un
microscopio no refiere al mundo aunque nos
permita referir al mundo con mayor precisión. Para el estructuralismo, el
lenguaje permite hacer referencia al mundo pero él mismo no refiere. Se podría
discrepar con esta tesis pero no se puede hacerla decir lo que ella no dice; la
tesis en sí misma no tiene implicaciones ontológicas a menos que a
priori le atribuyamos rasgos al lenguaje que el mismo estructuralismo no le
atribuye. La quinta parte, “Language and Philosophy”, critica la idea de una
o alguna filosofía primera, reivindicando la noción de una filosofía
naturalizada (de ningún modo a priori)
en el mismo sentido quineano de una teoría
del conocimiento naturalizada. Luego critican el giro lingüístico que se
produjo en la filosofía a partir de la filosofía del lenguaje ordinario y a partir del análisis conceptual. Por último, criticarán lo que
se conoce con el nombre de “psicología racional” tanto en la figura de
Dennett como en la de Davidson. Al respecto, los autores, sorprendentemente, se
pronunciarán claramente en contra del naturalista “principio de caridad”
defendido por aquéllos. Como
lo declaran los autores, reiteradamente, se aproximan a la filosofía del
lenguaje desde una perspectiva realista y naturalista que tendrá como
consecuencia principal un impacto deflacionario de la importancia del estudio
del lenguaje. Es por ello que algunos de los primeros comentadores del libro
desaconsejaron vehementemente la lectura del mismo. Con esta reseña se
pretende hacer justamente lo contrario. No es sencillo, en nuestro ambiente,
encontrar textos que justiprecien la exacta relevancia del lenguaje: que el
mundo se mencione a través del
lenguaje no debió implicar nunca la boutade
de que todo es lenguaje. Pero tampoco debió implicar, aunque lo hizo, que de
una teoría del lenguaje pudiera desprenderse una teoría acerca del mundo. Los
autores recorren su propio texto denunciando la comisión de ese error de
categoría en muchas de las teorías acerca del lenguaje que presentan en el
mismo, pero, lamentablemente, ellos mismos caerán en el error que denuncian
cuando juzgan al estructuralismo. El
punto de partida de toda teoría
acerca del lenguaje debe ser, para los autores, el realismo, por eso defenderán
las teorías causales de la referencia y la preclara idea de que además de
lenguaje existen muchas otras cosas de gran interés en el mundo. No obstante,
prácticamente ni siquiera sugieren que la filosofía podría ocuparse también
de ellas. Los
autores defienden el realismo del sentido común, ése, dicen, que sostiene que
“existen piedras, árboles y gatos” independientemente de que
nosotros y otros los mencionen o piensen, pero no parecen sostener que además
de piedras y árboles existan también, mesas y sillas independientemente de que
alguien o algo las mencione, es decir, defienden un realismo del sentido común
no sólo “aburrido” sino pobre, que vuelve a dejar muy mal parado al
tan vastamente vilipendiado sentido común. Debe recordarse que todo
objeto material (y no meramente físico) aunque sea un artefacto, y gracias,
justamente, a que es material, se independiza de sus condiciones (tal vez también
lingüísticas) de producción. Asimismo defienden el naturalismo que, en su
versión, consiste en sostener que las teorías filosóficas son empíricas en
carácter y continuas respecto de las teorías científicas. Rechazan la idea de
que el conocimiento filosófico (“except, perhaps, that about logic”) -¿la
lógica es conocimiento filosófico?- sea a
priori, y por a priori entenderán: primero y anterior. Esta noción de naturalismo ha sido sumamente seductora en
general para los filósofos, sin embargo desde nuestro punto de vista presenta
una dificultad: le elimina parte de la capacidad crítica de la filosofía,
situación ésta que no se aviene muy bien con el propio texto que estamos reseñando.
Una teoría del lenguaje no es equivalente a una filosofía del lenguaje aunque
en algunos casos se encuentren estrechamente vinculadas. ¿Desde dónde podemos
juzgar la ontología de una teoría del lenguaje? ¿Desde dónde podemos
sostener que toda teoría del lenguaje debe comenzar a partir del realismo? ¿Desde
otra teoría continua a ella? Del hecho de que las “teorías filosóficas”
no sean “an intellectual police force”, no se desprende su carácter a posteriori ni su carácter contínuo respecto de la ciencia. ¿Qué
pruebas empíricas podemos dar de que toda teoría del lenguaje que no parta del
realismo será falsa como se sostiene en el libro? Un terreno metateórico de
reflexión es imprescindible, y ese terreno bien podría ser la filosofía,
aunque muchas de sus “teorías” estén equivocadas y sus enunciados sean tan
pasibles de verdad o falsedad como cualquier otro de otra teoría. Si la filosofía
es “continuous with science” ¿cuál es la especificidad de la filosofía de
la ciencia o de cualquier filosofía? La física estudia algunos fenómenos
naturales, los describe, los explica pero no los critica (esto último es casi
un sinsentido). Las teorías del lenguaje tratan de dar cuenta de los fenómenos
lingüísticos pero no los critican, ¿Es esto lo que Devitt y Sterelny esperan
de las “teorías filosóficas”, que sean críticas entre sí pero no críticas
respecto de lo que estudian? Las prácticas científicas, por ejemplo, que la
filosofía de la ciencia estudia pueden ser muy empíricas pero también pueden
ser buenas o malas. Las teorías del lenguaje son susceptibles del mismo juicio
(no policial) tal cual lo demuestra el contenido de este mismo libro. El
mero slogan que recorre toda la
obra que estamos reseñando: “a realist metaphysics come first” es anterior y primero y desde
allí los autores juzgarán, desde
nuestro punto de vista, con todo derecho, las teorías y filosofías del
lenguaje. Más
allá de estas objeciones meramente filosóficas, el libro enseña, place y por
lo tanto merece ser no sólo leído sino, ojalá, traducido.
Lucía
LEWOWICZ
LIBROS
RECIBIDOS Bird, Alexander. Thomas Kuhn. Princeton University, Princeton, 2000. Edmonds,
David & Eidinow, John. Wittgenstein’s poker;
the story of a ten minutes argument between two great philosophers. Harper
Collins, New York, 2001. McCumber,
John.Time
in the ditch; American philosophy and the McCarty era. Northwestern
University, Evanston IL, 2001. Rantala,
Veikko. Explanatory
translation; beyond the kuhnian model of conceptual change.
Kluwer, Dordrecht, 2002. |
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