Noviembre-diciembre 2003

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hoja informativa de Galileo
publicación dedicada a 
problemas metacientíficos

volumen diez
número seis
noviembre-diciembre de dosmiltres


INTRODUCCION NO CARENTE -PARA NADA- DE PROFUNDIDAD

DEVITT, M. & STERELNY, K.   

Language and reality; an introduction to the philosophy of language
MIT Press, Cambridge. MA, 1999.

 

“¿Por qué el lenguaje importa a la filosofía?” ¿Por qué el lenguaje importa tanto a la filosofía?  Si a Ud. le interesa la primera pregunta, no lea este libro. Si su aproximación a la segunda es cuantitativa, léalo. Ahora bien, si su interés es justipreciar el valor del lenguaje y de su filosofía durante el siglo XX, sin lugar a dudas éste es el libro que debe ser estudiado.

De modo preciso y no verborrágico los autores despliegan  el riquísimo campo de esa filosofía, las múltiples teorías que han surgido en su seno, las aportaciones de tantísimos contribuidores, dejando claro  cuánto el lenguaje importó a la filosofía del siglo XX, pero no por qué. El punto de vista que asumen los autores respecto del tema en general es fundamentalmente descriptivo y crítico (ellos lo llaman “naturalista”) es decir, toman a la filosofía del lenguaje como una tradición dada, al giro lingüístico como un hecho consumado y luego señalan innumerables objeciones y críticas locales, aunque muchas de ellas  sean profundas, rigurosas e impliquen, en algunos casos, consecuencias que tal vez los propios autores no estén dispuestos a asumir.

Más que una introducción a la filosofía del lenguaje, Devitt y Sterelny en este texto nos proponen una introducción  a los problemas filosóficos –no meramente técnicos- de la filosofía del lenguaje y su articulación con los problemas de la filosofía en general. Lo concibieron (ya en su primera edición de 1987) como un manual de filosofía del lenguaje para estudiantes de esa disciplina, pero trasciende muy ampliamente aquella aspiración aunque, desde luego, cumpla con su cometido.

El índice es exhaustivo, pero además tiene otras dos ventajas: están claramente señalados los asuntos técnicos cosa que permite evitarlos, si así se deseara, y cada capítulo presenta  una bibliografía recomendada. Está compuesto por cinco partes (cada una de ellas con otro tanto de capítulos): una introducción que, entre otras cosas, define cuál es el problema de la filosofía del lenguaje, de donde no se implica, sin embargo, la importancia filosófica del mismo. Una segunda parte acerca del significado, donde se desarrolla la idea de que los papeles desempeñados por la referencia no son suficientes para dar cuenta del significado;  donde, además, se presentan diversas teorías descriptivas de la referencia para nombres y  para otros términos, sus fallas e incompletitudes; donde se presentan las teorías causales de la referencia para nombres y para otros términos, sus fallas e incompletitudes (se destaca muy especialmente la tematización elaborada en torno a lo que denominan el qua problem); asimismo se presentan ciertas teorías de la referencia híbridas entre las dos primeras; y, finalmente, un análisis de la estructura sintáctica del lenguaje.

En la tercera parte se desarrolla la relación entre la mente y el lenguaje, ocupándose del significado, ahora con más detalle, y su relación con el pensamiento; de la competencia lingüística; de la defensa del representacionalismo  y de la crítica de lo que los autores llaman la “relatividad lingüística” y no el “relativismo lingüístico” aunque traten de lo segundo.

Las cuarta y quinta partes del texto encierran los supuestos filosóficos de los autores que, aunque naturalistas, los tienen (es más, el propio naturalismo podría ser uno de ellos). La cuarta parte se titula “Language and Realism” en donde se defiende muy fuertemente el punto de vista realista (que nosotros llamaríamos débil) y se critican las formas más afamadas del antirrealismo, a saber: el verificacionismo, sobre todo en la figura de Dummett; lo que los autores entienden por constructivismo (otros nombraríamos a esa definición, relativismo ontológico) y  el  estructuralismo representado en la figura de Saussure, como corresponde, pero puesto en la misma bolsa junto al materialista Althusser y al postestructuralista Foucault, entre otros. En esta última crítica se sostiene, por ejemplo, que el estructuralismo rechaza “la referencia” y rechaza el realismo. Sin embargo, los argumentos que intentan sustentar el segundo rechazo son, desde nuestro punto de vista, viciosos. Como los autores entienden que la referencia es el vínculo entre el lenguaje y el mundo independiente, rechazar la primera será rechazar el vínculo; pero, decir que el lenguaje no se vincula con el mundo independiente no es rechazar su existencia, ni lo hace necesariamente noumenal, es decir, incognoscible como los autores infieren. Un microscopio no refiere al mundo aunque nos permita referir al mundo con mayor precisión. Para el estructuralismo, el lenguaje permite hacer referencia al mundo pero él mismo no refiere. Se podría discrepar con esta tesis pero no se puede hacerla decir lo que ella no dice; la tesis en sí misma no tiene implicaciones ontológicas a menos que a priori le atribuyamos rasgos al lenguaje que el mismo estructuralismo no le atribuye. La quinta parte, “Language and Philosophy”, critica la idea de una o alguna filosofía primera, reivindicando la noción de una filosofía naturalizada (de ningún modo a priori) en el mismo sentido quineano de una  teoría del conocimiento naturalizada. Luego critican el giro lingüístico que se produjo en la filosofía a partir de la filosofía del lenguaje ordinario y a partir del análisis conceptual. Por último, criticarán lo que se conoce con el nombre de “psicología racional” tanto en la figura de Dennett como en la de Davidson. Al respecto, los autores, sorprendentemente, se pronunciarán claramente en contra del naturalista “principio de caridad” defendido por aquéllos.

Como lo declaran los autores, reiteradamente, se aproximan a la filosofía del lenguaje desde una perspectiva realista y naturalista que tendrá como consecuencia principal un impacto deflacionario de la importancia del estudio del lenguaje. Es por ello que algunos de los primeros comentadores del libro  desaconsejaron vehementemente la lectura del mismo. Con esta reseña se pretende hacer justamente lo contrario. No es sencillo, en nuestro ambiente, encontrar textos que justiprecien la exacta relevancia del lenguaje: que el mundo se mencione a través del lenguaje no debió implicar nunca la boutade de que todo es lenguaje. Pero tampoco debió implicar, aunque lo hizo, que de una teoría del lenguaje pudiera desprenderse una teoría acerca del mundo. Los autores recorren su propio texto denunciando la comisión de ese error de categoría en muchas de las teorías acerca del lenguaje que presentan en el mismo, pero, lamentablemente, ellos mismos caerán en el error que denuncian cuando juzgan al estructuralismo.

 El punto de partida de toda  teoría acerca del lenguaje debe ser, para los autores, el realismo, por eso defenderán las teorías causales de la referencia y la preclara idea de que además de lenguaje existen muchas otras cosas de gran interés en el mundo. No obstante, prácticamente ni siquiera sugieren que la filosofía podría ocuparse también de ellas.

Los autores defienden el realismo del sentido común, ése, dicen, que sostiene que  “existen piedras, árboles y gatos” independientemente de que nosotros y otros los mencionen o piensen, pero no parecen sostener que además de piedras y árboles existan también, mesas y sillas independientemente de que alguien o algo las mencione, es decir, defienden un realismo del sentido común no sólo “aburrido” sino pobre, que vuelve a dejar muy mal parado al  tan vastamente vilipendiado sentido común. Debe recordarse que todo objeto material (y no meramente físico) aunque sea un artefacto, y gracias, justamente, a que es material, se independiza de sus condiciones (tal vez también lingüísticas) de producción. Asimismo defienden el naturalismo que, en su versión, consiste en sostener que las teorías filosóficas son empíricas en carácter y continuas respecto de las teorías científicas. Rechazan la idea de que el conocimiento filosófico (“except, perhaps, that about logic”) -¿la lógica es conocimiento filosófico?- sea a priori, y por a priori entenderán: primero y anterior.  Esta noción de naturalismo ha sido sumamente seductora en general para los filósofos, sin embargo desde nuestro punto de vista presenta una dificultad: le elimina parte de la capacidad crítica de la filosofía, situación ésta que no se aviene muy bien con el propio texto que estamos reseñando. Una teoría del lenguaje no es equivalente a una filosofía del lenguaje aunque en algunos casos se encuentren estrechamente vinculadas. ¿Desde dónde podemos juzgar la ontología de una teoría del lenguaje? ¿Desde dónde podemos sostener que toda teoría del lenguaje debe comenzar a partir del realismo? ¿Desde otra teoría continua a ella? Del hecho de que las “teorías filosóficas” no sean “an intellectual police force”, no se desprende su carácter a posteriori ni su carácter contínuo respecto de la ciencia. ¿Qué pruebas empíricas podemos dar de que toda teoría del lenguaje que no parta del realismo será falsa como se sostiene en el libro? Un terreno metateórico de reflexión es imprescindible, y ese terreno bien podría ser la filosofía, aunque muchas de sus “teorías” estén equivocadas y sus enunciados sean tan pasibles de verdad o falsedad como cualquier otro de otra teoría. Si la filosofía es “continuous with science” ¿cuál es la especificidad de la filosofía de la ciencia o de cualquier filosofía? La física estudia algunos fenómenos naturales, los describe, los explica pero no los critica (esto último es casi un sinsentido). Las teorías del lenguaje tratan de dar cuenta de los fenómenos lingüísticos pero no los critican, ¿Es esto lo que Devitt y Sterelny esperan de las “teorías filosóficas”, que sean críticas entre sí pero no críticas respecto de lo que estudian? Las prácticas científicas, por ejemplo, que la filosofía de la ciencia estudia pueden ser muy empíricas pero también pueden ser buenas o malas. Las teorías del lenguaje son susceptibles del mismo juicio (no policial) tal cual lo demuestra el contenido de este mismo libro. El  mero slogan que recorre toda la obra que estamos reseñando: “a realist metaphysics come first” es anterior y primero y desde allí los autores juzgarán, desde nuestro punto de vista, con todo derecho, las teorías y filosofías del lenguaje.

Más allá de estas objeciones meramente filosóficas, el libro enseña, place y por lo tanto merece ser no sólo leído sino, ojalá, traducido.              

Lucía LEWOWICZ

 


 

LIBROS RECIBIDOS

Bird, Alexander. Thomas Kuhn. Princeton University, Princeton, 2000.

Edmonds, David & Eidinow, John. Wittgenstein’s poker; the story of a ten minutes argument between two great philosophers. Harper Collins, New York, 2001.

McCumber, John.Time in the ditch; American philosophy and the McCarty era. Northwestern University, Evanston IL, 2001.

Rantala, Veikko. Explanatory translation; beyond the kuhnian model of conceptual change. Kluwer, Dordrecht, 2002.

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Última Modificación: 17 de mayo de 2008