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hoja informativa de
Galileo volumen
once TEMA
DE GRAN ACTUALIDAD CON TRATAMIENTO RIGUROSO RICARDO J. GÓMEZ, Neoliberalismo globalizado.
Refutación y debacle. Buenos Aires, Macchi,
2003,. 220 pp.
Karl Marx, Prólogo a la Primera edición de El
Capital.
Neoliberalismo globalizado debe ser apreciado como un aporte
crítico significativo en el contexto de los debates que actualmente se
desarrollan públicamente sobre el pensamiento y la práctica en torno a la
economía liberal. Este trabajo es el resultado de una profunda e invalorable
investigación que su autor ha realizado a lo largo de estas últimas décadas y
que tiene como antecedente destacado Neoliberalismo y seudociencia, obra
ésta que por su específico abordaje epistemológico se la debe considerar como
una introducción a la que en esta recensión consideramos. [1]
Como sus anteriores trabajos el libro que nos ocupa está destinado a un
lector preparado para confrontarse con cuestiones teóricas y epistemológicas,
pero es importante señalar que sin renegar de estos criterios este es un libro
de combate, en el cual el autor complementa sus indiscutibles conocimientos y
tratamiento conceptual con una auténtica
pasión por la justicia social.
La propuesta de Ricardo J. Gómez está explícita en el Prólogo:
“Mi propósito en este libro, no es pues hacer economía, sino discutir críticamente,
desde una perspectiva epistemológica y ética opuesta a la neoliberal, los
supuestos de todo tipo que el neoliberalismo asume como si fueran principios
esenciales e incambiables.” [2]
Hay que resaltar este aspecto de la obra de Gómez, en tanto, estamos
padeciendo como logro de esta corriente reaccionaria la devaluación del debate
político hasta el grado de promover su total
desideologización. El libro está dividido en dos partes nítidamente
diferenciadas tal como lo advierte el subtítulo: Refutación y debacle.
Si bien están ligadas y es incomprensible el entender la debacle sin
haber incorporado el cuerpo de argumentos y críticas teóricas y prácticas de
la refutación, por su objetivo, las diferencias son notorias. Es a esta
última parte, por las razones que expondremos más abajo, que dedicaremos más
espacio. El núcleo del libro de Gómez
apunta (y lo logra) a desmontar los argumentos epistemológicos de Popper y
Hayek en ese sentido. Es decir, mostrar que ese extremismo de la versión tecnocrática del pensamiento burgués, que estos
neoliberales denominan ingeniería social, es insostenible lógica y
socialmente. En este espacio de la discusión Gómez desarma, con una solidez y
claridad argumental que estimulan la lectura, los fundamentos epistemológicos
con los cuales Popper y Cia. pretenden validar la neutralidad valorativa de
la ciencia económica neoliberal.[3]
Objetivo clave del pensamiento burgués dirigido a desprestigiar la toma de
conciencia política de las masas populares.
Con precisión analítica realiza entre los capítulos 1 al 6 un balance
crítico de las posturas teóricas y sus consecuencias prácticas de la concepción
económica liberal, cuyo origen se data en las dos obras de Adam Smith, La
teoría de los sentimientos morales (1759) y la célebre Riqueza de las
Naciones (1776) y que culmina con la actual hegemonía del llamado
neoliberalismo. Los clásicos de la Escuela
Austriaca de Economía, consecuentes con la teoría marginalista, fueron
conscientes del valor, no solamente conceptual sino práctico, de esta herencia.
De ahí, como muestra Gómez, la elaboración de la teoría económica
neoliberal está proyectada desde un inequívoco contexto epistemológico el
cual opera, en el ámbito explicativo, como basamento de su fortaleza. En torno
a esta relación R. J. Gómez traza el perfil de semejanzas y desemejanzas entre
la visión establecida por el fundador del liberalismo económico y sus más
consecuentes epígonos contemporáneos.
Me
interesa subrayar la precisión argumental con la cual R. J. Gómez aborda la
exploración en torno al marco teórico y los supuestos epistemológicos de la
economía neoliberal. En tal sentido en su excursión nuestro autor ha
seleccionado del variopinto universo del neoliberalismo a Karl R. Popper,
Friedrich A. Hayek y Milton Friedman como objetivos de sus análisis, con la
declarada intención de “desenmascarar
los errores y limitaciones”[4]de
esta concepción. Esta es una tarea que Gómez cumple a cabal satisfacción. Un
ejemplo de ello es el capítulo especialmente dedicado a Popper
y las ciencias sociales: límites e infortunios, ..donde se despliega en
cada uno de los problemas que plantea la epistemología popperiana, la fina
capacidad argumental de nuestro
autor.[5]
También es disfrutable la acerada crítica que
realiza con relación a las pretensiones epistemológicas de Milton Friedman:
“Lo que Friedman ha producido en el plano metodológico no es más
que –para decirlo benévolamente- una ensalada mal aderezada de ingredientes
que, al combinarlos, no pueden saber muy bien.” Esos ingredientes se
componen de un “instrumentalismo de corte positivista (y) una suerte de
falsacionismo ingenuo...”, que como muy bien señala Gómez, cualquiera
que haya siquiera superficialmente leído
a Popper sabe que aderezarle el instrumentalismo es un abuso imperdonable.[6] Después de haber demolido la
pretensión de cientificidad con la cual la epistemología popperiana pretende
garantizarle ese estatuto a la teoría económica del neoliberalismo, y mostrar
empíricamente, desde una contundente tabla de cargos irrebatibles[7],
la debacle social a la cual conducen las prácticas neoliberales, en la
segunda parte de este libro, en lo que corresponde a una temática estrictamente
política, el autor toma el riesgo
de decidirse a postular salidas alternativas a esta corriente burguesa. Más allá
de las certeras críticas al funcionamiento de la economía neoliberal, esta es,
para mí, la parte más débil de esta obra, aunque es de justicia reconocer la
valiente actitud de Gómez de no ocultar los fundamentos de sus opciones políticas.
Cosa no común en el universo de los filósofos académicos. El crítico no le puede exigir a un autor lo que éste expresamente no
se ha propuesto. Por tanto me voy a abstener de cuestionar lo que a mi modo de
ver está ausente. Sin embargo, como coincido con la propuesta de Gómez en
cuanto a la función social de la epistemología, como crítico me siento
obligado a cuestionar
aspectos de este libro cuya finalidad política está directamente vinculada al
destino de nuestros pueblos. Por tanto, me voy a detener sobre esta parte del
libro de Gómez. Previamente Gómez hace un repaso de algunas propuestas, todas
ellas de origen académico, sobre el tema. Llama la atención que pase con tanta
rapidez, casi rozando, sobre el marxismo. Es decir, Gómez no explora
la experiencia histórica del socialismo, con lo cual a nuestro entender
reduce y limita su significación,
tanto en el plano teórico como en el práctico.[8] Políticamente Gómez
manifiesta una ingenua visión del proceso social, tamizada con algunas
observaciones sobre su posible debilitamiento. La misma se funda en una concepción
que delega en la acción espontánea de las masas populares una capacidad
transformadora de la que la historia de los procesos revolucionarios del siglo
XX ha mostrado sus limitaciones. Entiendo que este aspecto “espontaneísta”
en Gómez refleja una visión reformista del proceso social y político y, entre
otros, su resultado tiende a considerar a la ética como un soporte privilegiado
de las soluciones políticas alternativas. Por supuesto que las rebeliones de
las masas populares explotadas contra el sistema tienen un fuerte contenido ético.
Nadie puede dudar que lo que caracteriza al neoliberalismo es una concepción ética
en defensa incondicional del explotador, que se traduce, como lo expresa sin
tapujos Hayek, en una concepción despiadada a favor de las desigualdades y
discriminaciones sociales que imperan en el sistema capitalista. Esta postura ética
indigna a cualquier persona con un mínimo de sentimientos. En tal sentido la crítica
de Gómez, consolidada por argumentos históricos y conceptuales sólidos,
es, como debe ser, certera e implacable.[9]
Pero, a su vez, y llevado por esta visión, nada nos dice sobre dos cuestiones
políticamente esenciales, cuando de procesos alternativos al burgués se trata:
la cuestión del Estado y del partido. Lo que no me parece convincente es
cómo define una ética alternativa a la neoliberal: “A esta ética
neoliberal debemos contraponer una ética humanista como núcleo normativo de
una economía entendida como parte de una ciencia social crítica.”
¿Qué sentido tiene definir los supuestos teóricos y prácticos de “una
ética humanista”, tal como se explicita en las páginas 120 y 121, sin
esclarecer el carácter de clase de lo que se considera humanismo?[10]
La ética del neoliberalismo no es más que la
ética de la burguesía en la etapa del capitalismo financiero. Como
ejemplifica el propio Gómez, se ha constituido y consolidado en respuesta a las
exigencias de la clase dominante en el proceso mismo de los cambios económicos
originados a lo largo de las etapas históricas en que ha transitado el sistema
capitalista. Desde Maquiavelo a Hayek la burguesía siempre ha consagrado como
su deber en tanto clase explotadora la
inviolabilidad de la propiedad privada y sobre tal interés ha establecido los
fundamentos de su concepción ética y argumentado, con fineza o brutalidad, según
el tiempo y los expositores, a favor de sus aberrantes prácticas sociales. El
darwinismo social y el neomaltusianismo que, con justeza señala Gómez,
conforman la base teórica de la ética neoliberal, no se distinguen mucho de
los argumentos con los cuales los conquistadores españoles, portugueses,
holandeses, franceses e ingleses, convalidaban, a partir de
la superioridad racial, el genocidio de las poblaciones y culturas de América,
Asia y África. Su versión de la práctica política
está concentrada en estos términos: “Todas las alternativas son
factualmente posibles y su realizabilidad depende fundamentalmente de la
voluntad política y la postura práctica (ética) de los sujetos humanos.”[11]
Gómez parece olvidar que no hay voluntad política sin la existencia del
instrumento que la construya y la transforme en acción, es decir, el partido.
Aquí nuestro autor extralimita, autonomizándola, el papel de la crítica. Al respecto no es superfluo recordar
la sentencia de Marx: “Es cierto que el arma de la crítica no puede
sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse
por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder
material tan pronto como se apodera de las masas.” [12]
Para finalizar: libros como éste
de Ricardo J. Gómez deben ser
bienvenidos en la medida que abren perspectivas interesantes a las discusiones
epistemológicas en ámbitos académicos que, como el nuestro, nos estamos
acostumbrando a aceptar la marginación de las cuestiones teóricas de sus raíces
sociales y necesitan urgentemente oxigenarse para no morir de asfixia
improductiva.
Alción CHERONI [1] Buenos Aires, Lugar Editorial, 1995. [2] Ricardo J. Gómez, Neoliberalismo globalizado, ed. cit, p. VIII. [3] R. J. Gómez, obra cit., pp. 76 a 85. [4]
Ïdem , p. 121. [5] Ídem, Capítulo 4, pp. 49 a 61. [6] Ibídem, p. 46 [7] obra cit., Cap. 7: La refutación empírica del neoliberalismo globalizado, pp. 105-117. [8] Ya en el mencionado libro Neoliberalismo y seudociencia, cuando trata del marxismo señala claramente el carácter infundado de la crítica de Popper, y lo que no es menor, avanza en la exploración de los conceptos básicos de la teoría, pero, sin avanzar más allá. [9] Gómez analiza críticamente este punto en el Capítulo 8, La debacle ética del neoliberalismo globalizado, pp. 120 a 141. [10] Un viejo libro, que vuelve a adquirir vigencia actualmente, es el clásico de Aníbal Ponce De Erasmo a Romain Rolland. Humanismo burgués y humanismo proletario, quien desde una perspectiva marxista, sitúa esta cuestión en sus exactos límites. [11] R. J. Gómez, obra cit., p. 189. [12] Karl Marx, “En torno a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”, en Marx y Engels, La Sagrada Familia y otros escritos filosóficos de la primera época. México, Editorial Grijalbo, 1958, pp. 9 y 10. LIBROS RECIBIDOS Chaves Palacios (ed.). Política científica y
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