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ASOCIACIÓN URUGUAYA
PARA EL PROGRESO DE LA CIENCIA Disertaciones de los
Sres. Dr. Rodolfo Méndez
Alzola, Ing. José L. Massera, e Ing. Segismundo Gerzsonowicz, en el debate público
que esta Asociación organizara, el 18 de Noviembre de 1949, en el Salón de
Actos de la Agrupación Universitaria, sobre el tema: ORGANIZACIÓN DE UNA
FACULTAD DE CIENCIAS EN EL URUGUAY Disertación del Dr. Rodolfo Méndez Alzola
El temario fijado para
este debate organizado por la Asociación Uruguaya para el progreso de la
Ciencia, será enfocado – ahora – exclusivamente desde un punto de vista en
estrecha concordancia con la realidad de nuestro ambiente. Vale decir que tendremos
como meta, simplemente algunos de los puntos concretos fundamentales que, a
nuestro juicio, deben constituir parte de los puntales de la organización de la
Facultad de Ciencias en el Uruguay de acuerdo con las posibilidades existentes y
con los preceptos legales en vigencia, los cuales – como es notorio – le dan
vida no como una Facultad de Ciencias autónoma, – que indudablemente sería
lo ideal – sino como la Sección Ciencias que conjuntamente con la Sección
Humanidades constituye la Facultad de Humanidades y Ciencias de nuestra
Universidad. Cometidos concretos de la Facultad
Encarando de esa manera
el problema, la finalidad esencial de esta Sección de la Facultad no puede ser
otra que la enseñanza superior y la investigación en las diversas disciplinas
científicas pudiéndose concretar sus cometidos primordiales en los dos puntos
siguientes, hacia los cuales convergen, evidentemente, los diversos cometidos
especificados en la ley de creación de la de la referida Facultad: A) Fomentar
la especialización y la investigación original. B) Propender
al acrecentamiento de la cultura superior del país. Ahora bien, la sola
enumeración de estos dos amplios pero concretos cometidos fundamentales, nos
lleva de hecho a considerar una organización cuya estructura debe contemplar
situaciones distintas pero que en realidad se complementan. Así por un lado, el
fomento de la especialización incluye también, de por sí, la capacitación de
nuevos investigadores científicos en las diversas especializaciones, lo cual,
indiscutiblemente, exige el desarrollo de planes de estudio coordinados. El fomento de la
investigación exige, por otro lado, la existencia de verdaderos Institutos de
Investigación, en los cuales por otra parte, es donde deben terminar su
capacitación, por así decirlo, los nuevos investigadores. Y por fin, el
acrecentamiento de la cultura superior del país, debe llevar imperiosamente no
sólo al desarrollo de cursillos intensivos en profundidad sobre temas de
cultura superior científica, sino también al desarrollo de una vasta acción
de verdadero carácter de extensión universitaria, tanto dentro de la
Universidad, como fuera de ella, y tanto en la capital como en el interior del
país. Planes de estudios
Los planes de
estudios a que hemos hecho referencia no deben tener una estructuración rígida
y cerrada, sino por el contrario lo suficientemente flexible y abierta como para
permitir respetar y orientar las vocaciones individuales, sin que por ello se
amengüe la base informativa y formativa, que necesariamente, debe poseer todo
especialista en cualquier disciplina científica. Es necesario que la
orientación de estos planes de estudios tienda mucho más que a la simple suma
de conocimientos que deben adquirir los estudiantes, a la suma de aptitudes que
ellos forzosamente deben adquirir para el trabajo de investigación. La Enseñanza superior
que debe impartir la Sección Ciencias de la Facultad es conveniente que abarque
dos grados en lo concerniente a estudios coordinados: La Licenciatura y el
Doctorado. Las diversas materias de
los planes de estudios de las Licenciaturas, tanto las de carácter básico como
las de carácter optativo o complementario, pueden agruparse, si se quiere, en
cuatro etapas o años, – la denominación no interesa mayormente a nuestro
juicio – cada uno de los cuales
bien puede comprender cuatro materias básicas y dos optativas, como máximo. Para conquistar el grado
de Licenciado, el estudiante deberá haber acreditado su suficiencia en todas
las materias del respectivo plan de estudios, cuya enseñanza deberá
necesariamente abarcar no sola la exposición doctrinaria de las mismas, sino
también su aplicación practica en forma de monografías, trabajos de
seminario, trabajos de laboratorio o gabinete, trabajos de campo, etc., según
la índole de los estudios. En tal forma los
Licenciados deben quedar también legalmente habilitados para el ejercicio de la
enseñanza media en sus respectivas especializaciones, complementando
– si se creyera conveniente – su preparación pedagógica en el
Instituto del Profesorado de Enseñanza Secundaria, cuya creación quedo
dispuesta por ley recientemente sancionada. El grado de Doctor solo
podrá obtenerse posteriormente al de Licenciado, con la aprobación de un serio
trabajo personal de investigación original, o tesis, realizado en la propia
Facultad. Este requisito será
suficiente de por sí para realizar una verdadera selección natural de los
estudiantes mejor capacitados para dedicarse a la investigación científica. De los estudiantes
Los estudiantes que
cursen Licenciaturas y Doctorados constituyen, evidentemente, el alumnado propio
de la Sección Ciencias de la Facultad, y en ningún caso debe preocupar la gran
afluencia de las mismas, ya que dado el carácter de estas disciplinas, un alto
número de estudiantes podría llegar a ser funesto puesto que debe tenerse
presente que la enseñanza a impartir en la Facultad no debe reducirse a la
simple trasmisión muerta de ciencia hecha, sino que por el contrario debe
orientarse en forma tal de convertirse en verdaderos laboratorios vivos, para lo
cual basta con un pequeño número de alumnos, pero de alumnos con capacidad
suficiente y vocación decidida. A estos efectos,
consideramos oportuno señalar que en la Facultad de Ciencias de Buenos Aires,
el promedio del alumnado del Doctorado en Ciencias Naturales fue de 9
estudiantes en el periodo de 1910 a 1920, de 20 estudiantes en el periodo de
1920 a 1930, y de 40 estudiantes en el periodo de 1930 a 1940. Vale decir que
aproximadamente cada 10 años se duplicó el promedio de referencia. En el Doctorado en
Ciencias Físico-Matemáticas dicho promedio alcanzo a 4 estudiantes en el
primer período, apenas llegó a superar dicho numero en el segundo y alcanzo a
15 alumnos en el tercero. Por otra parte no debe
olvidarse que en un ambiente como el de nuestro país, 100 matemáticos, 100 físicos,
100 biólogos, etc. si lo fueran de verdad y no simples eruditos, resultarían
fatalmente perniciosos para la vida del país, mientras que un numero reducido
en cada especialización son indiscutiblemente necesarios para el progreso científico
del país. Con todo es conveniente
que la Facultad, al menos en sus comienzos acuerde algunas becas a los
estudiantes que reuniendo las condiciones señaladas, capacidad suficiente,
vocación decidida, se comprometan a cursar regularmente los estudios de una de
las Licenciaturas y Doctorados y a prestar servicios en los laboratorios o
gabinetes, ya que en esa forma se facilitaría la capacitación de un numero mínimo
de investigadores en las diversas especializaciones, al menos en aquellas que se
presenten aspirantes que reúnan los requisitos especificados. Pero independientemente
de ese alumnado propio, la Sección Ciencias de la Facultad contará
indudablemente con otro alumnado mucho más numeroso, constituido por aquellos
estudiantes que cursen determinadas materias con el objeto de profundizar en su
conocimiento, aquellos otros que asistan con carácter libre, etc. etc. De los Profesores
Respecto a este punto de
capital importancia para la buena marcha de la Facultad, nos concretaremos por
el momento a insistir simplemente en algunos pocos principios que, a nuestro
juicio, deben arraigarse profundamente en nuestra Facultad. Un profesor de
cualquiera de las diversas disciplinas científicas que se cultivan en la
Facultad, debe ser ante todo un investigador. Vale decir que nadie podrá
aspirar a ser designado profesor en la Sección Ciencias de la Facultad, si
previamente no ha realizado y publicado trabajos de investigación original que
demuestren en forma suficiente su capacitación científica. Indiscutiblemente será
necesario contar con profesores al menos en cierto número, con dedicación
total a la enseñanza en la Facultad y a la investigación. Mientras los
recursos de la Facultad no lo permitan, será conveniente solucionar
transitoriamente la situación, contemplando en forma especial y particular los
casos que pudieran presentarse de profesores que desempeñan labor de
investigación científica en otros institutos oficiales. Para la buena marcha
inmediata de la Facultad, es necesario que aquellos profesores que vienen
dictando desde años atrás cursos contratados en materias básicas comprendidas
en los planes de estudios y que tengan antecedentes científicos y docentes
notorios, constituyan el cuerpo permanente de profesores de la Facultad,
conjuntamente con los catedráticos ya en funciones. De los Institutos
Fuera de toda duda, la
Facultad para poder cumplir en forma efectiva con sus cometidos esenciales: enseñanza
superior e investigación científica original, deberá contar con institutos
especializados; pero estos deberán ir creándose no sólo a medida que los
recursos lo permitan, sino exclusivamente en torno a aquellos profesores que
demuestren por la obra científica ya realizada poseer una sólida capacitación
para contribuir al progreso de la Ciencia. Ahora bien, a estos
profesores mientras no se les pueda ofrecer el instituto respectivo, se les debe
poner a su entera disposición, además de todo el aliciente moral, todos los
medios requeridos no sólo para sus trabajos, sino también para las necesidades
de su vida, de manera de evitar que estas últimas los obliguen a desviarse
hacia otras actividades que no sean la enseñanza en la Facultad y la
investigación; la vinculación íntima de las cuales hoy se discute. En este punto es
necesario obrar siempre teniendo presente que los Institutos de Investigación,
o sus Departamentos, como así también las cátedras o cursos sólo deben
crearse cuando se cuente con hombres capaces, ya que proceder en forma
contraria, sería fatalmente perjudicial y se fomentaría la simulación de los
seudoscientíficos. Y ahora, para finalizar,
consideramos oportuno destacar que el objeto fundamental de esta breve exposición
sobre algunos pocos de los muchos conceptos involucrados en el temario de este
debate, ha sido únicamente el provocar discusión sobre los mismos, ya que,
como es notorio, estamos en momentos bien oportunos para cambiar ideas respecto
a problemas directamente vinculados con la Sección Ciencias de la Facultad de
Humanidades y Ciencias a los que deberemos avocarnos de inmediato. Disertación del Ing. José L. MasseraNecesidad y papel de una Facultad de
Ciencias
Cuando nos referimos a
la importancia del desarrollo de la Ciencia en nuestro país, no pensamos
solamente en la ciencia concebida como un conjunto de conocimientos susceptibles
de aplicación en diversas técnicas, sino ante todo en la necesidad de que el
espíritu y el método científico estén presentes en todas las actividades
sociales. En otras palabras, la cuestión del desarrollo, de la enseñanza y de
la aplicación de la Ciencia no es problema de especialistas, sino una cuestión
que atañe en mayor o menor grado a todo integrante de una sociedad moderna. Una de las
contribuciones más importantes de los últimos siglos, que está transformando
en profundidad la estructura misma de la sociedad, es precisamente la creación
del método y el modo de pensar científicos; lo cual no quiere decir,
naturalmente, que neguemos aportaciones científicas a los períodos anteriores
de la historia. Sin embargo, este hecho indiscutible no es reconocido por una
enorme proporción de los hombres, que están imbuidos de la concepción de la
ciencia como un arte o como una técnica, pero en cualquier caso, como algo que
concierne solamente a especialistas. No se comprende que una actitud científica
es importante no sólo para el ingeniero o para el médico, sino también para
el político y para el poeta y aún para el hombre común en las actividades
corrientes de la vida diaria. El defecto proviene fundamentalmente de una
orientación equivocada en nuestro sistema educativo, y no tanto en su etapa
superior sino en los grados primarios y medios. Unos de los grandes objetivos de
una autentica reforma educacional debe ser el de lograr que “la ciencia esté
permeando la totalidad de la estructura educacional y no aparezca como un anexo
tardío y descoordinado” (Bernal). Parecería que nos hemos
alejado del tema en debate. En realidad no es así. Por un lado, no podrá haber
un eficaz reclutamiento y preparación de ciencia si el terreno no esta
previamente abonado por una educación primaria y media en que la ciencia juegue
un papel adecuado. Por otro lado, no puede lograrse este objetivo, en la educación
preuniversitaria, si los profesores de enseñanza primaria y media,
especialmente los últimos, no tienen una preparación adecuada, que sólo puede
lograrse en una Facultad de Ciencias correctamente orientada. Y cuando hablamos
de preparación adecuada no nos referimos a una erudición mas o menos vasta en
problemas pedagógicos o de cultura general, sino que afirmamos que el profesor
de enseñanza media debe poseer conocimientos especializados en determinada rama
o ramas de la ciencia y fundamentalmente debe tener una clara concepción de lo
que es método científico y la manera de pensar científica, que solo puede
adquirirse estudiando y trabajando al lado de profesores y hombre de ciencia, en
ambientes científicos superiores. Es decir, que el
objetivo de lograr que la ciencia esté presente – como actitud no
especializada – en todos los momentos de la vida social, no se opone sino que
esta íntimamente vinculada, como resultado final y como requisito previo, a la
preparación de especialistas científicos, que es el cometido de una Facultad
de Ciencias. El segundo aspecto que
queremos examinar en esta parte es el de las relaciones de la ciencia y de su
enseñanza con la forma fundamental de las actividades sociales, es decir, con
las actividades productivas. Aquí existe un concepto profundamente erróneo que
perturba la comprensión de los problemas y dificulta su solución: es la clásica
oposición entre ciencia pura y aplicada o entre ciencia y técnica. Tal oposición
es radicalmente falsa e insostenible; a lo sumo puede hablarse de grados de
aplicabilidad o de aplicaciones mas o menos inmediatas. Toda la historia de la
ciencia y muy particularmente la de los últimos años, enseña que hay una
permanente acción reciproca entre ciencia y técnica: la ciencia ilumina e
impulsa el avance de la técnica pero, en otros momentos, es la técnica la que
estimula el estudio científico de determinados problemas y suministra la base
material, el instrumental, las máquinas y la energía, sin los cuales no seria
posible la investigación. Aún los temas más abstractos de la ciencia, el Álgebra
y hasta la Lógica Matemática, tienen aplicación directa o a través de otras
ciencias a problemas de gran importancia técnica y económica. Sin embargo, se
persiste en aquella errónea actitud cuando en el Art. 6º de la ley de creación
de la Facultad de Humanidades y Ciencias, se sostiene que la enseñanza que se
imparta en ella debe tener un carácter “desinteresado” y de “separarse nítidamente”
de la que se imparte en las Escuelas y Facultades Profesionales. Creemos que nunca podrá
insistirse demasiado en señalar el grave peligro que implica esa actitud. En
primer lugar, ella es responsable, en gran medida por lo menos, del hecho de que
la Facultad se conciba como un lugar de estudio para gente ociosa, para
diletantes, es decir, para personas que tiene otra profesión o actividad
socialmente útil – o
eventualmente, que no tiene ninguna – y que van a la Facultad para completar
un barniz mas o menos sólido de cultura general; solamente en muy escasa
proporción los estudiantes de la Facultad se proponen adquirir allí sólidos
conocimientos que sean la base de su actuación útil en el seno de la sociedad.
Con esto no afirmamos nuestra oposición a un programa de extensión cultural ni
criticamos el propósito que impulsa a muchos a completar su ilustración y su
cultura, todo lo contrario. Afirmamos simplemente, y lo hacemos con toda energía,
que esta no es la función de una Facultad de Ciencias – como tampoco de una
Facultad de Humanidades – sino que corresponde a otros organismos en parte
existentes y en parte a crear. Mientras no se logre la concentración y depuración
del grupo de estudiantes que van a la Facultad con el propósito de prepararse
seriamente en determinadas ramas de las ciencias o de las letras para hacer de
esta preparación el eje alrededor del cual gire su actuación en el seno de la
sociedad, no se podrá conseguir la creación de un ambiente de estudio con
características superiores como corresponde a una rama tan importante de la
Universidad. En segundo lugar, la
actitud que comentamos tiende a basar la selección del estudiantado que va a la
Facultad no tanto en su capacidad sino en razón de su ubicación económica
dentro de la Sociedad. El acceso a la Universidad esta reservado, en nuestro país,
en una aplastante proporción, a los jóvenes pertenecientes a clases mas o
menos adineradas; pero en una Facultad en que se proclama el “desinterés”
como norma dirigente esta circunstancia adquiere una predominancia mucho mayor.
No creemos necesario insistir sobre el perjuicio que se causa a la sociedad con
un método de selección tan absurdo. En tercer lugar, la
pretensión de separar nítidamente la enseñanza de la Facultad de Ciencias de
las demás Facultades, peyorativamente designadas como profesionales, perjudica
tanto a aquellas como a estas. En cualquier país mas o menos racionalmente
organizado se consideraría tal afirmación como un simple desatino. Hay un
profundo “interés” social en que la Facultad de Ciencias no sea una
“torre de marfil” en que planeen espíritus desconectados de las realidades
de nuestro país y en particular de sus actividades productivas. Afirmamos que
la Facultad de Ciencias, las otras Facultades y el país en general, no perderán
nada sino que ganarán mucho si se establece vínculos flexibles entre aquella y
las otras Facultades que componen la Universidad, así como otras ramas de la
educación pública y aún directamente con la industria y tanto manufacturera
como agropecuaria. Esta vinculación será por un lado un estímulo para el
estudio de problemas científicos sugeridos por las actividades productivas y,
por otro lado, permitirá la aplicación de la ciencia, en mayor escala, al
incremento del rendimiento y del desarrollo de aquella. Espero que nada intente
deformar mi pensamiento haciéndome decir que considero que sólo las
investigaciones más o menos inmediatamente útiles deben tener cabida en la
Facultad; por el contrario, creo que la Facultad debe concentrarse en el estudio
de las ciencias más generales, pero sin perder contacto con las aplicaciones y
con las ramas científicas más cercanas a la técnica, que son el objeto de
estudio de las otras Facultades. Creo además que el desarrollo de estudios de
aplicación mas o menos inmediata prepara el terreno y facilita la investigación
de cuestiones más abstractas cuya importancia social requerirá quizá mucho más
tiempo antes de manifestarse. En cuarto lugar, la
insistencia en el carácter “desinteresado” de la Facultad conduce a
reforzar la opinión corriente acerca de la inutilidad de los estudios científicos
más generales y crea dificultades suplementarias a la financiación del
presupuesto de la Facultad, La Facultad de Ciencias es así, para muchos, un
lujo que a lo sumo se puede tolerar; y debemos reconocer que es esta actitud lógica
si se parte de la base de que las ciencias que allí se estudian serán tanto más
estimables cuanto más se alejen de una aplicación útil. Lo que ocurre es que
este concepto es radicalmente falso, aunque desgraciadamente haya privado hasta
ahora en la Facultad; combatiendo este error estamos al mismo tiempo combatiendo
a favor de una financiación mas adecuada de el estudio y la investigación
científica. La Profesión Científica
Para mi se impone una
conclusión fundamental, aunque se que no será aceptada sin controversia: la
Facultad de Ciencias debe ser tan profesional como las otras Facultades, es
decir, debe preparar personas cuya profesión, cuya actividad fundamental dentro
de la sociedad, sea la enseñanza, la aplicación o la investigación de la
ciencia. La extensión cultural en materias científicas, el dar satisfacción a
la inquietud o la curiosidad de personas de otras profesiones que se interesan
por la ciencia, sería a lo sumo una actividad colateral. Esto implica algunas
consecuencias. En primer término, es necesario que tal profesión, la de
profesor, trabajador o investigador científico, sea reconocida como socialmente
útil y remunerada económicamente como corresponde. Claro que esto no es tarea
fácil, especialmente en el caso de los investigadores científicos que, aún en
los países más adelantados, constituyen una pequeña proporción en el
conjunto de profesionales. Pero es indudable que el reconocimiento pleno por
parte de la sociedad y de las autoridades de que los egresados de la Facultad de
Ciencias son las únicas personas capacitadas para ejercer el profesorado científico
en el ciclo medio de la enseñanza puede y debe ser logrado. En ese sentido es
preciso desarrollar una enérgica campaña para adoptar medidas que obliguen a
las autoridades de Enseñanza Secundaria a realizar el reclutamiento de sus
profesores de ciencia entre aquellos egresados. En segundo lugar, esto
implica que la Facultad debe discernir títulos correspondientes a tales
profesiones y que estos títulos deben representar para la sociedad las mismas
garantías de seriedad que los otorgados por cualquier otra Facultad. Es
necesario terminar con el carácter anárquico de los estudios que se realizan
actualmente allí, y que es la consecuencia de un mal entendido “desinterés”
y de una peor entendida “libertad”. Debe haber estabilidad en el
estudiantado, debe haber planes de estudio razonables y armónicos – lo que no
quiere decir que sean rígidos, sino que pueden adaptarse, dentro de ciertos límites,
a las preferencias de los alumnos –, debe haber pruebas de suficiencia serias,
exámenes o como quiera llamárseles. En tercer lugar, la
preparación de personas capaces de enseñar, aplicar o investigar en materia
científica, exige un grado mayor o menor de especialización. La enseñanza de
la Facultad no puede consistir en dar un barniz uniforme y delgado de cultura
científica general. Esta cultura científica general debe impartirse, pero en
cierta zona o zonas del conocimiento científico, que variarán de alumno a
alumno, debe irse en profundidad. De otro modo se desnaturaliza el carácter de
la enseñanza superior, convirtiéndola en una simple prolongación y ampliación
de la Enseñanza Secundaria. La Investigación en la Facultad de
Ciencia
Este es otro punto que
creo que dará lugar a controversia. Hasta hace muy pocos años puede decirse
que, con muy escasas excepciones de carácter individual, no existía la
investigación científica en nuestro país, ni siquiera la intención de
realizarla y es natural que esta situación tienda a perpetuarse por rutina. Por
lo mismo, considera que es necesario – con mayor fuerza que en otros países más
adelantados – poner un énfasis en el desarrollo de la investigación científica
en la Universidad y en forma muy particular, en la Facultad de Ciencias. Sé que se levantará
toda clase de argumentaciones contra esta opinión. Se dirá, por ejemplo, que
en la etapa en que vivimos estamos en condiciones de entender y aplicar la
ciencia que se elabora en otros países, pero que sería pretencioso intentar
contribuir nosotros al avance científico mundial. Aparte de que esta última
afirmación es falsa en sí porque, por lo menos en determinadas ramas de la
ciencia, podemos estar capacitados para efectuar aportaciones originales de
mayor o menor importancia, se pierde de vista con tal argumentación que sólo
puede entender y aplicar cabalmente la ciencia ya elaborada quien conozca y haya
vivido el proceso de elaboración del Conocimiento científico, por muy modesta
que sea la escala en que lo haya hecho. La aplicación de la ciencia no se hace
nunca al modo del empleo de una receta; siempre implica espacios originales, y
variantes y dificultades que solo pueden ser vencidas por la aplicación del método
científico. Por otra parte, la enseñanza de la ciencia sólo puede ser
realmente formativa si deja de ser una transmisión de recetas científicas para
convertirse en la comprensión de lo que es el método científico. Pero es
claro que no puede aplicarse ni enseñarse el método científico si no se lo ha
practicado en el curso del aprendizaje de la ciencia. De otro modo este
aprendizaje es una simple y fría comunicación de conocimientos muertos,
incapaz de despertar el espíritu crítico, la imaginación y demás cualidades
imprescindible al trabajador científico, o al profesor de ciencias. Otros nos dirán que
abusamos de la palabra investigación, que rebajamos su jerarquía, creemos que
tales, quizás inconscientemente, pagan tributo a la falsa oposición entre
ciencia pura y aplicada, entre ciencia y técnica. Lo que falsea el sentido de
la investigación científica es la idea de que ella sólo se refiere a temas
“superiores” tales como la teoría de la relatividad y física atómica. En
realidad tales teorías reposan sobre una inmensa masa de estudios que no por
ser menudos pierden el carácter de investigaciones científicas; este es
indudable en las ciencias que todavía no han llegado a un grado elevado de
desarrollo teórico tales como las ciencias naturales, pero es válido aún para
la matemática, la física y la química. Una consecuencia se
desprende inmediatamente de la necesidad de impulsar la investigación: el
presupuesto de la Facultad debe ser varias veces mas elevado que el actual, de
modo que sea posible la instalación de laboratorios, la adquisición de
materiales y la remuneración de un número amplio de profesores, ayudantes y
becarios que realicen este trabajo, paralelamente al desarrollo de las funciones
docentes de la Facultad. Conclusiones
Resumiendo, los puntos
de vista que sostengo, son los siguientes. 1º Debe de existir una
Facultad de Ciencias que prepare especialistas científicos capaces de realizar
eficazmente la enseñanza, la aplicación, la investigación en materia científica. 2º La Facultad de
Ciencias debe estar vinculada flexiblemente a las otras Facultades y a la vida
económico-productiva del país. Como solución ideal pienso que la Facultad
debería constituir un núcleo central, dentro de una organización racional de
la Universidad, que concentrara todas las actividades de la enseñanza de la
ciencia. 3º La Facultad debe
expedir títulos correspondientes a las distintas especialidades, respaldados
por una enseñanza seria y controlada. En particular debería exigirse título
expedido a los profesores de ciencia en la enseñanza media. 4º La enseñanza debe
ser especializada y ha de ponerse un énfasis particular en el desarrollo de la
investigación que debe considerarse como un elemento indispensable, inseparable
de las actividades docentes. Disertación del Dr. Ing. Segismundo GerszonowiczOrganización de las Facultades de
Ciencias en Francia. Algunas conclusiones de interés para nuestro medio
Tal vez se preguntan
Uds. por qué intervengo yo en este debate, no siendo profesor de la Facultad de
Humanidades y Ciencias, como mis compañeros de debate, Dr. Méndez Alzola e
Ing. Massera. La razón está en que habiendo decidido dedicarme a la carrera
universitaria, hice, además de mis estudios de ingeniería, estudios en una
Facultad de Ciencias en Francia, recibiendo casi todos los grados que ella
otorga, desde el de Licenciado hasta el de Doctor en Ciencias, y he estudiado la
organización de las Facultades de Ciencias cuya vinculación con las de
Ingeniería es evidente. Desde ya quiero hacer
notar que la organización de las Facultades de Ciencias en Francia no siempre
me parece perfecta, pero en algunos puntos debería servirnos de ejemplo. Las Facultades de
Ciencias en Francia, son independientes tanto de las Escuelas Técnicas
Superiores, como de las Facultades de Letras; la separación o si no la
independencia docente y financiera de las partes Ciencias y Humanidades me
parecen imprescindibles. Las Facultades de Ciencias de Francia, tienen como
finalidad preparar profesionales capaces de asumir ciertas funciones de
importancia para el país. Y si no se diferencian en ese caso de las Facultades
de Ciencias de otros países de alta cultura: la finalidad principal de las
Facultades es preparar cuadros. Solamente en nuestro país, por una falta de
comprensión de nuestras necesidades y en forma improvisada se estimó que la
Facultad de Ciencias no tuviera fines profesionales. El resultado es malgastar
talentos que no reciben una educación formal, malgastar plata y no suministrar
al país lo que necesita: entre otras cosas, una formación racional de
profesores de enseñanza secundaria. Se prefirió que los cursos fueran de
naturaleza puramente cultural. Aparte de que para eso no era necesaria la creación
de una Facultad, una verdad que es necesario repetir es que la cultura científica
no se adquiere en unos ciclos de conferencias más o menos inconexos y variables
a voluntad del conferenciante, sino que es resultado de estudios largos y
convenientemente coordinados. Espero que los breves datos que siguen de algo
servirán a los que tendrán que intervenir para imprimir una orientación nueva
a nuestra Facultad de Ciencias (o, si se quiere, a la parte “Ciencias” de la
Facultad de Humanidades y Ciencias) y el Instituto de Profesorado de Secundaria. Hay alrededor de 20
Facultades de Ciencias en Francia. Otorgan los siguientes diplomas:
“Licenciado en Ciencias”, “Licenciado de Enseñanza en Ciencias”,
“Diplomado superior en Ciencias”, “Doctor de la Universidad”, “Doctor
en Ciencias”. Cada Facultad posee cierto número de cátedras, en general
comprendidas en el presupuesto de la Nación, si bien cierto número de ellas
son “cátedras de la Universidad”, costeadas por los fondos propios de la
misma, provenientes fundamentalmente de las donaciones, y creadas para poder
ofrecer un puesto a un candidato de interés, cuando no hay ninguna vacante de
su especialidad. Ciertas cátedras existen en todas las Facultades; otras forman
la especialidad de una o mas Facultades dadas. Cada cátedra organiza
sus cursos propios, teóricos, de ejercicios, de laboratorio, etc. que pueden
durar uno o dos años. El estudiante aprueba el examen de fin de curso, obtiene
el llamado “certificado” de la materia; tres certificados cualquiera –
obtenidos en la misma o en varias Facultades – forman la licenciatura, “el
licenciado”. No hay – al contrario de lo que pasa en muchos otros países
europeos – una duración definida de los estudios conducentes al título de
“licenciado”; puede ser inclusive de un año si el estudiante es capaz de
preparar los tres certificados en un año, generalmente lleva más tiempo, dos o
tres años. Una “licenciatura”
es de enseñanza si está formada por tres certificados definidos, de materias
afines, y no cualquiera. Hay una licenciatura de enseñanza (o homogénea) en
ciencias matemáticas, otra en ciencias físicas, ciencias naturales, etc. Teóricamente una
licenciatura de enseñanza capacita para ser profesor de enseñanza secundaria
de la especialidad respectiva. En realidad el número de licenciados es mucho
mayor al de los puestos disponibles, de modo que, o bien es más fácil obtener
un puesto subalterno, para ser profesor de enseñanza Secundaria, de hecho es
necesario ganar un concurso muy severo, llamado “agregation” o por lo menos
ser admisible a la prueba doctoral del mismo. Para poder presentarse al concurso
es necesario tener menos de 30 años y haber obtenido el diploma de “estudios
superiores”. Dicho diploma puede consistir en un cuarto certificado, de tipo
avanzado o en un trabajo experimental de investigación de originalidad mediana,
la nota mínima necesaria para ganar el concurso es fijada por el tribunal de
acuerdo con el número de puestos disponibles. El doctorado de la
Universidad es un doctorado de menor jerarquía y no otorga derecho alguno. El
doctorado en ciencias, en cambio, permite postular al cargo de profesor de
Facultad, a condición de tener por lo menos 30 años de edad y poseer
experiencia docente de por lo menos dos años. Las personas en condiciones de
ser nombradas Maestros de Conferencias o Profesores de Facultad de Ciencias, están
inscriptas por el Comité Consultivo de la enseñanza superior en una lista y
por orden de aptitudes. El Comité Consultivo es elegido por los profesores de
las diversas especialidades. Una cátedra comprende,
además del profesor titular, un cuerpo docente auxiliar compuesto de uno o
varios asistentes, jefes de trabajos, maestros de conferencias y profesores sin
cátedra. Para ser asistente o
jefe de trabajos basta, en principio, ser licenciado en ciencias. A menudo un
asistente o un jefe de trabajos prepara una tesis de doctorado, condición
necesaria para poder llegar al escalón siguiente de la carrera universitaria:
el de maestro de conferencias. Los maestros de conferencias que tienen por lo
menos dos años de antigüedad en el cargo y que han hecho méritos científicos
suficientes a juicio del Consejo de la Facultad y del Comité Consultivo, pueden
ser nombrados profesores sin cátedra. El numero de profesores sin cátedra es
sin embargo limitado; no puede superar la cuarta parte de los profesores
titulares. El profesor sin cátedra cobra el sueldo de un maestro de
conferencias. La ventaja fundamental
de ser profesor sin cátedra reside en que al pasar a ser profesor titular, su
antigüedad como profesor titular se cuenta a partir del día del nombramiento
como profesor sin cátedra, siempre que este tiempo no pase de cinco años. La
antigüedad a su vez, como veremos, interviene en la cuestión sueldo. Todo el personal docente
de la Facultad es “full-time”. Los profesores tienen la obligación de
dictar tres horas de clase por semana. La totalidad de las clases prácticas y
teóricas se distribuye entre el personal docente de la misma. Las clases teóricas
están generalmente a cargo de los profesores titulares y sin cátedra, y de
maestros de conferencias, las prácticas están a cargo de los jefes de
laboratorios o asistentes. El tiempo no dedicado a las clases es utilizado para
el estudio e investigación. El trabajo de
asesoramiento es autorizado, pero no debe consumir un tiempo excesivo. Ciertos
empleos públicos son acumulables (por ejemplo profesor en la Facultad, donde
puede tener una sola cátedra, y en una escuela técnica, etc.) pero el sueldo
global es limitado, no pudiendo superar al de un Director General de Ministerio.
En caso de enfermedad el profesor no cobra su sueldo, que es utilizado para
pagar al reemplazante, sistema que me parece, por supuesto, muy deficiente. La Facultad es gobernada
por su Consejo, compuesto por los profesores titulares con voz y voto, y
profesores sin cátedra, con voz solamente. El Consejo es presidido por el
Decano, que puede ser reelecto sin limitaciones de tiempo. La Asamblea de la
Facultad esta formada por profesores titulares, profesores sin cátedra,
maestros de conferencias y jefes de trabajos que tengan el título de doctor
(maestro de conferencias adjunto). El gobierno de la Facultad por sus
profesores, al menos en lo referente a los problemas académicos, es un
principio admitido en todos los países avanzados y debería constituir una meta
para nosotros. Los maestros de
conferencias de las Universidades de provincia son nombrados por el Ministro,
que elige en la lista preparada por el comité consultivo, en general, sí bien
no necesariamente, en orden de preferencia; el Ministro puede, si lo estima
conveniente, consultar al consejo de la Facultad donde el puesto esta vacante.
Para el puesto de maestro de conferencias en París, el Ministro debe consultar
al Consejo de la Facultad que propone dos candidatos en orden de preferencia; el
Ministro puede nombrar a uno de ellos, o rechazar a los dos. Cuando se crea una cátedra
nueva el Ministro nombra al profesor de acuerdo con la opinión del Comité
Consultivo, sin consultar a la Facultad donde fue creado el puesto. En cambio
cuando se produce una cátedra vacante, el Consejo de la Facultad propone al
Ministro dos candidatos en orden de preferencia, y el ministro puede nombrar a
uno de ellos o rechazar a los dos. Huelga decir que es preferible nuestro
sistema de autonomía universitaria, si bien hay que hacer notar que casi no
existen conflictos entre el Ministro y la Universidad. La Universidad de París
tiene una jerarquía mayor que las restantes: así cuando un profesor titular de
provincias es llamado a París, se le nombra en principio maestro de
conferencias; pero es nombrado rápidamente profesor sin cátedra, y conserva el
sueldo de profesor. Los sueldos docentes son
progresivos. A tal efecto se dividen en cierto número de clases de acuerdo con
la siguiente tabla:
Estos sueldos son muy
bajos comparados con los de antes de la guerra si bien hay la certeza de que serán
pronto aumentados. Muchos jóvenes hesitan en abrazar la carrera universitaria,
debido a los muy bajos sueldos iniciales. Con excepción de la
primera clase, se asciende de una clase a la superior por antigüedad, a
intervalos de tiempo de 5 ó 4 años; por méritos se puede ascender de clase en
tres años. A primera clase sola se asciende por méritos, y el número de los
funcionarios docentes de primera clase es limitado. El ascenso depende del Comité
Consultivo. Los estudiantes entran a
Facultad después de haber obtenido su segundo bachillerato (fin de estudios
secundarios). Existe un cierto número de becas de licenciado que se obtienen
por concurso. Los mejores estudiantes en general preparan el concurso de entrada
de la “Escuela Normal Superior de Ciencias” donde siguen el mismo ciclo:
licenciatura, agregación, y/o eventualmente, doctorado, pero bajo un control
muy estrecho y con atención individual de los profesores. Los estudiantes
aprovechan así enormemente sus estudios y salen mucho mejor preparados que de
las Facultades. Otra ventaja es que la Escuela asegura sin cargo los estudios y
la vida. Se prepara allí, estadísticamente hablando, los mejores docentes de
las Facultades y Liceos importantes de Francia. Pero el concurso de entrada es
sumamente difícil, y el número de los recibidos es solo una pequeña fracción
de los que se presentan. Hay dos períodos de exámenes,
en junio-julio, después de terminadas las clases, y en octubre antes de empezar
el año escolar siguiente. Las pruebas varían con el certificado, pero en
general consisten en una prueba escrita, otra de laboratorio y finalmente una
oral. Todas las pruebas son eliminatorias, pero si un estudiante es admisible al
oral y lo pierde, conserva la admisibilidad durante tres períodos consecutivos.
En el examen oral el estudiante, es interrogado por uno o más miembros de la
mesa separadamente. Las decisiones de la mesa son inapelables. Las fechas de exámenes
de las diversas materias son fijadas con anticipación por la Facultad. Los
estudiantes no tienen intervención en el asunto. En los exámenes escritos,
salvo casos excepcionales de proyectos no se pueden consultar notas de ninguna
clase. La nota mínima
necesaria para obtener el certificado es de 10/20; 12/20 de la clasificación
“bastante bueno”; 14/20 de “bueno”; 16/20 de “muy bueno”; 18/20 de
“Muy Honorable”. La asistencia a las
clases teóricas es libre. Los estudios son pagos,
si bien las cuotas son realmente mínimas; del orden de U$S 5 anuales, por
ejemplo. Se paga la inscripción al empezar el año y semestralmente los
derechos de biblioteca y laboratorio. Por supuesto la
docencia, en la enseñanza secundaria o en la Facultad, no es la única
posibilidad ofrecida a los licenciados o doctores en ciencias; por el contrario
una gran parte encuentra empleo en las diversas instituciones del estado y
privadas que necesitan gente con una sólida preparación científica. Una parte
apreciable de los estudiantes de la facultad de ciencias esta formada por los
estudiantes o egresados de las Escuelas Técnicas, que amplían allí sus
conocimientos básicos. Además de las
Facultades y de la Escuela Normal hay otras instituciones en Francia que
aseguran una enseñanza libre que no conduce a ningún título ni pretende
capacitar en ninguna dirección determinada, y sólo aspira a facilitar o
fomentar el estudio de ciertos temas reducidos, en general sumamente complejos.
Es el caso del famoso “College de France”. Pero tal enseñanza se dirige a
los ya capacitados, y no puede cumplir ninguna finalidad útil frente a un
estudiantado sin base suficiente; por el contrario, puede resultar perniciosa,
contribuyendo a formar una clase de gente que se cree con conocimientos y
derechos, sin tenerlos en realidad. En definitiva creo que
la Facultad de Ciencias deberá ser reorganizada para llegar a dar educación
formal a los futuros profesores de secundaria, profesores de materias básicas
en otras Facultades, investigadores científicos, empleados con conocimientos de
matemáticas, física, y química de las instituciones del estado y privadas que
lo necesiten. Deben establecerse (asimilando debidamente a nuestro medio la
larga experiencia extranjera) planes de estudio conducentes, a títulos de
licenciado y doctor. Debe establecerse un programa de acción de conjunto para
la Facultad de Ciencias, el Instituto del Profesorado Secundario, Escuela de
Profesores Agregados, Instituto de Estudios Superiores y tal vez otras
instituciones más. Es necesario emplear todos los recursos de personal y
material de que se dispone, coordinándolos y no dispersándolos. Y es necesario recordar
que en ninguna parte se forma al profesor de liceo de materias científicas en
base fundamentalmente a cursos pedagógicos. No es posible llevar al plano de la
enseñanza avanzada lo que ocurre en la enseñanza de las primeras letras, en
que el método de enseñanza, la pedagogía, es el elemento básico. Pero en la
enseñanza de otros niveles el profesor que sabe de que habla no necesita en
general de pedagogía para hacerse comprender y para interesar a los alumnos. Pocos profesores que he
conocido en Europa han seguido cursos de pedagogía, pero eran excelentes
expositores porque sabían de que hablaban y les interesaba la docencia. Estas
dos condiciones son en general más que suficientes. Por supuesto el problema
del profesorado es un problema serio. Pero puede tener solución, utilizando
muchos elementos de valor hasta ahora no tenidos en cuenta, contratando
profesores extranjeros y becando algunos profesores nuestros para completar sus
estudios en el extranjero. La obra por hacer es grande pero no admite
precipitaciones. Es necesario estudiarla bien, si se desea el progreso del país.
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