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En 2007 el texto siguiente será publicado también en la edición en papel de GALILEO (N. de R)..
¿Una Facultad que nace libre de prejuicios? La creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.
María Laura MARTÍNEZ
1. El pensamiento predominante
El siglo XIX fue una centuria importante en Uruguay para la formación de científicos y técnicos. En su primera mitad, el desarrollo de las ciencias naturales y la técnica se combinó con la crisis de los sistemas ideológicos tradicionales -como el espiritualismo- y las tensas búsquedas filosóficas. En la segunda, los filósofos positivistas ganaron terreno y defendieron que debían limitarse a la observación de los fenómenos y a la determinación de las leyes que les rigen. Se caracterizaban por separar la ciencia de la metafísica y la teología y por rechazar los problemas que no se podían confirmar ni refutar apoyándose en los hechos establecidos gracias a la observación. En la centuria anterior el criticismo kantiano había sostenido ya la imposibilidad de la metafísica, erigiendo a la ciencia físico matemática como el único saber racional legítimo. El positivismo, además de negar la posibilidad teórica de la metafísica sostuvo su inutilidad espiritual y afirmó la legitimidad igualmente teórica de la ciencia, exaltándola. La misión de esta última era descubrir las leyes comprendidas como relaciones permanentes y repetidas entre los fenómenos. Tal restricción de la ciencia se explica por la aspiración a conseguir los conocimientos exactos que podían crear la base para prever el futuro. El método positivo desempeñó un papel importante en la lucha contra el espiritualismo. El hecho de acentuar el alto valor de la ciencia, de reivindicar su autonomía y oponerla a la religión y a las especulaciones metafísicas, tenía un significado progresista como protesta contra el idealismo y el oscurantismo clerical. En ese contexto el Uruguay fue escenario entre 1870 y 1890 de serios debates ideológicos, políticos, filosóficos y científicos, relacionados con las necesidades de la economía, que estaba cambiando por aplicaciones tecnológicas novedosas y que requería desarrollo en este último campo así como en el científico. De las dos principales corrientes filosóficas en pugna ya mencionadas, espiritualismo y positivismo, la última penetró revolucionariamente en la Universidad de la República bajo el rectorado de Alfredo Vásquez Acevedo. Bajo su dirección la institución fue transformada, y en junio de 1886, cuando todavía quedaban años de actividad reformista por parte del Rector, el Dr. Antonio María Rodríguez decía en la Cámara de Diputados que, “En esos últimos años, especialmente del 85 en adelante, se había operado en ese centro de enseñanza una verdadera metamorfosis (...) En todas las Facultades de la Universidad han habido reformas y progreso extraordinario”.[1]
El positivismo, que como ya dijéramos surgió en el S. XIX como un movimiento de reacción contra la metafísica llevado a cabo en nombre de la ciencia y en particular de la ciencia de la naturaleza, fue impulsado en Francia por Augusto Comte. Pero esta corriente no fue la que dominó en nuestro país sino su versión sajona representada por Darwin y Spencer. El Rector Vásquez Acevedo afirmaba en un discurso que nuestro país tan pequeño en extensión era sin embargo, uno de los que había acogido con mayor entusiasmo los adelantos científicos más importantes de la época: la doctrina evolucionista tenía entre nosotros mayor número de adeptos y era más conocida y estudiada que en muchos países europeos. El Rector hacía notar esto refiriéndose al espíritu de iniciativa, al amor por la ciencia que se había desarrollado en esos tiempos entre los educandos, viéndose favorecidos en sus vocaciones por las importantes reformas que se habían introducido en la Universidad. En una época en que se resolvía el destino histórico del país, ni la ciencia ni la filosofía podían quedar al margen de la política, según afirmaba José Pedro Varela, "...en su acepción elevada y legítima, la política es la ciencia madre: a ella se subordinan todas las otras ciencias(...). Y no se diga, por ejemplo, que cuando la física aplica las fuerzas del vapor a la locomoción, nada tiene que ver con la política, porque si es cierto que la locomotora obedece a unos mismos principios en todos los ferrocarriles, no es menos cierto, también, que el ferrocarril americano tiene una función política igualitaria, mientras que el ferrocarril francés tiene la misma función política, pero aristocrática(...) desde que abandonan el terreno de lo abstracto, y se aplican a la industria, a las artes, al comercio, las ciencias experimentales toman en cuenta las doctrinas políticas y sociales, y a ellas se subordinan".[2]
Varias circunstancias influyeron para que el positivismo ejerciera una verdadera revolución cultural. En primer lugar, apareció de súbito en un medio desprovisto de toda cultura científica. Contrariamente a Europa, en nuestro país el conocimiento y cultivo de las ciencias naturales se constituyeron bajo su estímulo. El positivismo se convirtió en un recetario ideológico y programático para definir la reforma educativa y la inserción cultural de la ciencia. En segundo lugar, desde el primer momento se conoció entre nosotros en su modalidad inglesa de la segunda mitad del siglo XIX, es decir, que se pasó bruscamente de la metafísica espiritualista del eclecticismo francés a un naturalismo acusadamente apoyado en las ciencias biológicas dentro del espíritu de Darwin. El positivismo fue deliberadamente acogido como instrumento de acción sobre la realidad nacional para modificarla y superarla. En tercer lugar, el momento histórico de su impacto, el momento de consumar la incorporación de Latinoamérica al mercado mundial capitalista. Fue esta circunstancia la que ligó al positivismo con el desarrollo político y económico del país. La común finalidad del positivismo junto a otras corrientes de opinión fue diagramar la cultura y la sociedad, enfocando en su base el problema de lo que constituye o significa una nación. Era el planteo del problema de la nacionalidad misma según esquemas aportados por el positivismo europeo, adaptándolos a la realidad social del país. El positivismo influyó en Uruguay en todos los aspectos. En el aspecto político los positivistas en general se asociaron con regímenes políticos fuertes y autoritarios para poder poner en acción sus proyectos educativos. En referencia a lo científico, el proyecto se asoció con el darwinismo, la medicina, la modernización en general o el establecimiento de proyectos relacionados con la institucionalización de la ciencia. Por último, en la educación se hizo sentir a través de las dos grandes reformas llevadas a cabo por José Pedro Varela y Alfredo Vásquez Acevedo, en la enseñanza primaria y superior respectivamente. La Educación del Pueblo de José P. Varela apareció en 1874, incidiendo decisivamente en la reforma de la escuela pública e impulsando un importante movimiento cultural. Varela criticaba el modelo cultural francés vigente en el país y proponía remplazarlo por otro con influencias inglesas, alemanas y estadounidenses. Rompió con el esquema colonial y estableció las bases culturales para la creación de un país al estilo europeo. Según este educador teníamos, "una naturaleza virgen que domeñar, una sociedad entera que organizar, una nación nueva que hacer surgir de entre el caos de la primitiva ignorancia. A ello vamos: propios y extraños esfuerzos nos empujan en este camino; la marcha es rápida, las transformaciones se operan a grandes pasos...".[3] “Ensánchese las bases de la educación pública, dense sus naturales desarrollos a la enseñanza primaria y a la secundaria, y el privilegio creado por nuestra Universidad a favor de la Facultad de Derecho, se hará insostenible puesto que a cada paso vendrán a golpear a sus puertas, buscando la satisfacción de sus deseos científicos; todos lo que, teniendo la base de los estudios hechos en las escuelas y colegios se propusiesen liberales, que exhiben otro género de conocimiento que los requeridos para la abogacía”.[4]
Varela fijó indirectamente las bases de la primera ideología científica nacional a través de la creación de la escuela que pretendió laica, gratuita y obligatoria, de la enseñanza para adultos y la formación de maestros, los nuevos planes de enseñanza y los nuevos libros. A la reforma de la escuela sucedió como etapa siguiente de un mismo gran movimiento educacional la reforma de la Universidad, impuesta conforme a las directivas filosóficas y pedagógicas del evolucionismo por quienes se sintieron allí los varelianos. La Universidad positivista creó la Facultad de Medicina en 1876, lo cual significó la organización de la enseñanza superior de las ciencias naturales, el ingreso definitivo del país a la cultura científica moderna y un poderoso estímulo para que tal filosofía penetrara aún más. Pero este era sólo el comienzo, 1885 fue el año de consolidación del positivismo en la Universidad, y lo que de él se consideró con derecho a predicar Vásquez Acevedo desde su cargo de Rector, fue el espíritu científico extraño hasta hacía muy poco a la cultura nacional que en contraste con el apriorismo absolutista característico de la vieja Universidad en filosofía y política, exponía el ideario de la nueva: "... las verdades científicas no son siempre verdades absolutas. Lo que es exacto en circunstancias dadas, no lo es a menudo en otras. Conviene, por consiguiente, unir al amor de la investigación propia, otra cualidad: el sentido práctico...".[5]
Vásquez Acevedo creía que el problema radicaba en que hasta ese momento el afán se había puesto en "instruir mucho", descuidándose lo que para él era fundamental: el desarrollo de las facultades mentales de los alumnos. De ahí su preferencia por los métodos racionales, la observación y la experimentación. Los estudiantes no debían ser agentes puramente pasivos de su instrucción, simples receptáculos de conocimientos que no alcanzan a discernir y en los cuales sólo se ejercita la memoria con menoscabo de las otras facultades mentales. Por ello se preocupó por dotar a la Universidad de buenos laboratorios, gabinetes y un observatorio astronómico donde los estudiantes pudieran desarrollar mediante trabajos prácticos su espíritu de investigación. Ese mismo año 1885 se creó la Facultad de Matemáticas, combinación de tecnología y ciencias, y por las aulas de la Facultad de Derecho comenzaron a pasar los representantes del positivismo sustituyendo a los espiritualistas (Martín C. Martínez, Federico Acosta y Lara, Manuel Herrero y Espinosa, etc). El espiritualismo desplazado del ámbito universitario llevó la resistencia a otros campos: la prensa y el Parlamento, lo que muestra la repercusión nacional y el sacudimiento espiritual que produjeron los debates filosóficos. El debate parlamentario tuvo lugar en la Cámara de Representantes en junio de 1885, con ocasión de discutirse la ley de reorganización universitaria. En líneas generales, el Dr. Carlos Gómez Palacios, comprometido espiritualista, denunciaba que se estaba haciendo una Universidad completamente positivista y que el Gobierno tenía el perfecto derecho de impedir que se enseñaran semejantes principios, "porque negar la idea de Dios y la idea del deber, es negar la Constitución de la República; y el Gobierno no puede permitir que haya un catedrático en la Universidad que niegue la libertad y que niegue la existencia de Dios".[6]
Recayó en el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública la tarea de defender la libertad de cátedra en la Universidad y la enseñanza del positivismo como doctrina que se reduce simplemente a tratar los asuntos que están al alcance del saber humano, no franqueando las puertas de lo desconocido como el espiritualismo. Exactamente un año después se presentó una nueva discusión parlamentaria donde se intentó mostrar una vez más, "que la Universidad es una secta filosófica, una secta materialista, donde no se enseña más sistema exclusivo que el materialismo".[7] A lo cual se respondió que la Universidad reflejaba el espíritu de la época. Era la controversia de los tiempos, la libertad de pensamiento en lucha. Al decir de Manuel Herrero y Espinosa, "la lucha de dos épocas en la hora penumbrosa de la muerte de una y de la alborada de la otra (...)fue la lucha de dos épocas, de dos sistemas, de dos ideales políticos en la República Oriental del Uruguay".[8]
Era una época de cambio, un período de preparación científica y los positivistas afirmaban que no se debía aferrarse al pasado sistemáticamente, como si fuese la única tabla de salvación que se ofrecía en el momento. Pero tampoco era prudente lanzarse al porvenir promoviendo reformas radicales y adoptando innovaciones que pudieran ser prematuras y nocivas a los intereses más estimados. Antes de negar o afirmar dogmáticamente se debe examinar, probar, discutir, tener en cuenta todas las opiniones, y mientras no se llegue a una conclusión de valor teórico y aplicabilidad verificados, mantener las ideas e instituciones que rigen. Las soluciones radicales y absolutas debían proscribirse del campo de los trabajos científicos. La imposición del cientificismo positivista como base ideológica del nuevo modelo cultural supuso construir un programa de desarrollo científico tecnológico destinado a cambiar la imperfecta realidad nacional.
2. El Uruguay de la primera modernización
La segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez (1911-1915) se caracterizó entre otros puntos, por la realización de una reforma consistente tanto en la nacionalización de actividades en manos de empresas extranjeras, como en la asunción por parte del Estado de un papel protagónico en el control del desarrollo económico del país. Aprovechando la prosperidad del mismo, Batlle estimuló proyectos que pretendían cambiar al Uruguay a la vez que impulsar y expandir su economía. Para ello era necesario que creciera la base ganadera mediante el desarrollo de una ganadería intensiva[9] que diera empleo a la población rural pobre y aumentara sustancialmente las exportaciones. Con ese objetivo se impulsó la tecnificación y transformación estructural del sector agropecuario a través del fomento de la agricultura, la implantación de cursos técnicos, el establecimiento del crédito rural, el estímulo a la colonización, el rescate de tierras por parte del Estado y el impuesto progresivo a la tierra. En ese intento activo por promover el desarrollo agrícola del país y la transformación de materias primas a través de la incorporación de nuevas técnicas y prácticas, el gobierno batllista tomó la decisión de importar tecnología para transformar la práctica existente, en el marco de una política de desarrollo en la cual la incorporación de conocimiento desempeñaba un papel central. Con este propósito se confió esencialmente en atraer expertos europeos y norteamericanos para venir a trabajar a Uruguay con contratos de corto plazo. Su función era aplicar sus conocimientos al estudio de las condiciones naturales del país, particularmente con respecto a los recursos desatendidos, y comunicar sus habilidades a los estudiantes e investigadores uruguayos que luego serían los encargados de seguir la tarea. Aunque esto implicó una carga financiera que fue atacada en el Parlamento el gobierno estaba dispuesto a obtener personal bien calificado. Esta política científico-tecnológica fue el reflejo de los intereses de la burguesía industrial uruguaya que sostenía un proyecto de país capitalista industrial. La idea de que el Estado debía multiplicar su acción en campos reservados hasta ese momento a la iniciativa privada, impulsó la creación de instituciones dedicadas a promover el desarrollo agrícola del país y la explotación de sus recursos naturales. Si bien estos planes tuvieron un decisivo impulso durante el segundo mandato de Batlle y Ordóñez, culminando en esta área con la creación de las Estaciones Agronómicas[10] en 1911, el proceso había comenzado años antes, durante su primera presidencia, con la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.
3. Antecedentes de la nueva Facultad
En la segunda mitad del siglo XIX, se asistió en el Uruguay al despertar de un renovado propósito privado y oficial de fomentar el estudio y el desarrollo de la agricultura y la ganadería. En la década de 1860 se publicaron en Montevideo varias ediciones del Catecismo de Agricultura, de Antonio T. Caravia y el 3 de octubre de 1871 se fundó la Asociación Rural del Uruguay a cuya Comisión de Legislación el Gobierno encomendó la ejecución del decreto de 15 de marzo de 1876, que creó la Dirección General Agronómica. Su principal ideólogo, Domingo Ordoñana, era un defensor de la ganadería agronómica. En el discurso pronunciado al declararse constituida la Asociación afirmaba, “Nuestro tránsito a la agricultura viene compelido por la fuerza de la ilustración del siglo, viene cediendo a la presión de los tiempos que alcanzamos, pero para efectuar resueltamente este paso, antes de efectuar este movimiento, nuestra ganadería, a pesar de las contrariedades que padezca, tiene que pasar por un perfeccionamiento que incumbe meditar sobre el caso, y propender por los medios legales a su alcance, a poner término al conflicto y salvar lo que queda del naufragio...tiene que abandonar el empirismo, tiene que tener presente que el cruzamiento, la selección, que un semental, un solo semental puede mejorar y mejora las especies más degradadas, y que se pueden cambiar y se cambian las condiciones típicas de una raza en toda una región duplicando sus fuerzas productivas, sin aumentar una espiga más en sus alimentos”.[11]
Su voz no fue la única que se hizo oír en este sentido. Unos años después el Gobierno creó una Granja-Escuela teórico práctica en el departamento de Montevideo[12] bajo la dirección de la Comisión de Agricultura de la Junta Económico Administrativa. Simultáneamente se instituyó en la capital un curso teórico de Agronomía y Zootecnia bajo la dirección de esa Comisión y se creó el título de Perito Agrónomo de primera y segunda clase. Ese mismo año 1877, la Comisión de Agricultura de la Junta Económico Administrativa se transformó en Comisión Central para toda la República. El 9 de julio se inauguraron las cátedras de Agricultura y Zootecnia en el local de la Junta, el 22 de diciembre se rindieron los primeros exámenes de Agricultura General y el 15 de marzo del año siguiente los de Botánica Agrícola. En 1896 la Escuela de Agricultura y Granja Experimental de Toledo, la Escuela Agropecuaria de Florida y los centros agrícolas de Artigas, fueron anexados al Departamento de Ganadería y Agricultura del Ministerio de Fomento, pero no habían alcanzado el desarrollo esperado. A principios del siglo XX el intento por mejorar el nivel técnico de la agricultura se dio en particular con José Serrato -Ministro de Fomento en la primera administración Batlle y Ordóñez- y con Eduardo Acevedo -Rector de la Universidad de Montevideo (1904-1907). En 1903 Serrato anunció la concesión de tres becas para el estudio de la ciencia veterinaria en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de La Plata en Argentina,[13] y puso en movimiento el proceso que condujo a la creación tres años más tarde de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Montevideo, porque bien pronto se observó que la disposición de las becas era insuficiente para resolver todos los problemas que planteaba el grado de desarrollo que había alcanzado la industria ganadera. El 4 de mayo de 1903 Serrato escribía al Secretario de la Legación Uruguaya en Chile: "Desde mi entrada al Ministerio de Fomento me preocupa la organización y nuevos rumbos que deben darse al Departamento de Ganadería y a la educación agrícola(...) Dentro del plan que medito entra el establecimiento de una Escuela Práctica de Capataces en el edificio y terreno de Toledo, para después, una vez reconocidos sus efectos, proceder a fundar nuestro gran Instituto Agronómico...".[14]
Mientras planeaba esto encontró un trabajo sobre la experiencia chilena al respecto, "Estudios sobre Enseñanza Agrícola", escrito por Dionisio Ramos Montero con quien mantuvo correspondencia. El autor chileno opinaba que la situación de nuestro país era diferente a la del suyo y que lo que se necesitaba era un establecimiento, una sección agronómica donde despertar las inquietudes de los hijos de los estancieros, agricultores, etc. Serrato escribió inmediatamente a la Legación Uruguaya en París pidiendo la contratación de un Ingeniero Agrónomo, quien ejercería las funciones de Director General de la Escuela Práctica, dictaría alguna materia y tendría además la obligación de dar alguna enseñanza profesional en la Facultad de Agronomía y Veterinaria que se proyectaba crear. Durante 1903 y 1904 viajó desde y hacia Montevideo la información sobre diferentes candidatos. Por otra parte, el Poder Ejecutivo decretó el 23 de noviembre de 1903, el establecimiento de los estudios veterinarios anexos a la Facultad de Medicina de la Universidad de Montevideo. El curso completo duraba seis años, tres de estudios secundarios y tres de estudios superiores. A pesar de su imperiosa necesidad -tal como lo demostraba en 1904 el Cónsul de Uruguay en Washington informando que los cueros uruguayos habían ingresado a Estados Unidos con carbunclo, provocando fístulas malignas en los trabajadores, lo que disminuía el crédito de los productos en el exterior- los cursos no comenzaron a funcionar hasta junio de 1905[15], con un contingente de nueve estudiantes que ingresaron mediante un examen que comprendía todas las asignaturas exigidas en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de La Plata.
En febrero de 1905 se había autorizado a la Universidad la contratación de profesores para las mencionadas escuelas. En mayo de ese mismo año la Legación Uruguaya en Alemania solicitó información al respecto y como resultado de dicha búsqueda fueron enviados a nuestro país al mes siguiente los datos de quien resultaría finalmente el candidato elegido a asumir la Dirección de la futura Escuela de Agronomía, el Dr. Alejandro Backhaus. Recién un año después, el 23 de junio de 1906, el Rector de la Universidad Dr. Eduardo Acevedo impulsor fundamental del proyecto, y el Decano de la Facultad de Derecho Dr. Carlos María de Pena, propusieron al Consejo Universitario la contratación del Dr. Backhaus para la Dirección de la Escuela mencionada, el campo experimental y la Granja Modelo, quedando a su cargo la cátedra de Agricultura, Zootecnia y Economía Rural, con la expresa obligación de asesorar a la Universidad y al Estado sobre problemas agrícolas. Backhaus coincidía con los batllistas en que los latifundios constituían la característica agronómica del Uruguay, lo cual resultaba en un reparto irracional que disminuía la potencialidad productiva del país y aseguraba la riqueza de unos pocos privilegiados y la miseria de los más. El hecho de que las tres cuartas partes del suelo estuviera en poder de los terratenientes que se dedicaban a la ganadería extensiva con el pastoreo primitivo, impedía la colonización y el buen reparto de la riqueza y el bienestar. El nombramiento de Backhaus significó la contratación de un técnico con un alto nivel en investigación, enseñanza y asesoramiento. Pero el profesor alemán resultó ser además un administrador dinámico, detallista e intolerante con la ineficiencia, lo que le llevó a conflictos frecuentes con los funcionarios de la Escuela y la burocracia estatal. Sin embargo, si la velocidad era esencial, si el proyecto original debía evitar ser frustrado por el siguiente gobierno de Williman, en ese aspecto obtuvo un éxito sustancial. A mediados de 1906[17] se autorizó también la contratación de los servicios del profesor Daniel Salmon, egresado de la Cornell University como bachiller en Ciencia Veterinaria en 1872 y como doctor en Medicina Veterinaria en 1876, y perteneciente al Departamento de Agricultura de Washington donde había organizado la Oficina de Industria Animal, para ejercer durante 3 o 4 años el cargo de Director de la actual Escuela de Veterinaria –anexada a la Facultad de Medicina- y con el encargo además de organizar y dirigir la nueva escuela que se crearía junto con la de Agronomía. El plan científico quedaba librado enteramente a los conocimientos e inteligencia del Dr. Salmon, así como la compra del material docente, biblioteca inicial, aparatos, instrumentos y todo lo que se requiriese para su instalación.
4. Creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria
Finalmente el 15 de setiembre de 1906 se creó la Facultad de Agronomía y Veterinaria bajo la órbita de la Universidad de la República,[18] destinándose para la ubicación de las escuelas todos los terrenos que poseía el Fisco en las inmediaciones de la Estación Sayago. La creación de esta Facultad respondía a una necesidad imperiosa de transformar nuestra ganadería y agricultura: "...Nuestras dos grandes fuentes de riqueza son la ganadería y la agricultura. A ella debemos casi totalmente el movimiento de exportación que se realiza a expensas de notables excedentes, después de cubiertas todas las exigencias del consumo interno. Pues bien: tanto las estancias como las chacras están dirigidas en general por simples prácticos, que saben manejar la materia heredada de padres a hijos, pero que ni noción tienen de la transformación que puede operar la ciencia. Hay excepciones, sin duda alguna. Tenemos estancieros y agricultores que aún cuando no hayan seguido un curso universitario y obtenido su diploma, poseen un espíritu amplio y de poderosa asimilación de lo que han leído u observado en otros establecimientos mejores. Pero la masa, la gran masa, sólo a la rutina puede recurrir, porque es lo único que conoce, resultando que se pierde la acción de capitales valiosos o por lo menos que no se obtiene de ellos todo el efecto que podrían producir en manos de hombres de ciencia y de experiencia a la vez. No es ese el único, ni el más deplorable de los males. El estanciero y el agricultor favorecidos por la suerte, que muchas veces consiste en la feracidad natural de un pedazo de tierra, en lluvias oportunas o en simple tacto para realizar las compras y ventas, necesitan dar a sus hijos una cultura superior y entonces los embarcan para Montevideo, en donde siguen los cursos de la Universidad, hasta obtener un diploma de abogado, de médico o de escribano, que los desvincula para siempre de las tareas rurales, resultando que cuando el jefe de la estancia muere o se inutiliza para el trabajo, tiene el establecimiento que entregarse a manos extrañas o que entrar directamente en liquidación. Se han palpado ya esos males y por eso creo que la Facultad de Veterinaria y Agronomía nace libre de prejuicios y no tendrá que luchar con la acción del tiempo, como la de Matemática y como la de Comercio. Desde el primer día sus cursos tendrán vida asegurada y próspera. El estanciero será el primero en comprender toda la enorme ventaja de enviar sus hijos a los cursos de la nueva Facultad, en provecho de todos, de los propios padres, porque tendrán colaboradores valiosos para impulsar el progreso de sus establecimientos y de los hijos, porque se abrirán brillante porvenir en el propio trabajo a que la familia está vinculada y al lado mismo de la familia. Para honra del Gobierno actual, las dos Escuelas de Agronomía y Veterinaria van a tener, desde el comienzo de sus cursos, una organización definitiva y completa, como lo exigen los adelantos del país, si no en lo que respecta a edificios, que deberán ser económicos y provisorios, por lo menos en lo que respecta al material de enseñanza y a la dirección técnica superior".[19](el subrayado es nuestro)
En definitiva los cometidos de la Facultad eran los siguientes: "...contribuiría a la formación de personal técnicamente capacitado que modernizaría y transformaría a un sector hasta entonces caracterizado por sus métodos tradicionales y por un nivel de prosperidad o pobreza basado mas en la suerte que en principios científicos...”.[20]
Escuela de Agronomía
Por su parte, la Escuela de Agronomía tenía tres funciones fundamentales: formar agrónomos, emprender la investigación científica y estimular el progreso agrícola en el país por medio de análisis, pruebas e informes y la organización de un establecimiento modelo que pusiera a los profesores y a los alumnos en contacto con los productores y diera oportunidad para la aplicación de los principios de la agronomía. Backhaus coincidía con Acevedo en cuanto a la importancia fundamental de formar ingenieros agrónomos además de peritos y capataces rurales; no había venido de Alemania a dar simples lecciones prácticas a peones de granja, porque "para crear un buen ejército es necesario ante todo formar oficiales competentes".[21] El campo fiscal en que fue instalada la Escuela de Agronomía tenía una extensión de 72 hectáreas. El Dr. Backhaus que había llegado a Montevideo en el mes de agosto de 1906, gestionó y obtuvo de inmediato la compra de la casa-quinta contigua, compuesta de 12 hectáreas. Pocas semanas después el Poder Ejecutivo a pedido de la Universidad se dirigió a la Asamblea en demanda de una ley de expropiación para adquirir otras 80 hectáreas con destino al ensanche de la Granja Modelo, cuya función era entrar en contacto con los productores para que la labor científica tuviera su repercusión inmediata en la producción agrícola del país. Mientras tramitaba esa gestión, la Universidad resolvió que por intermedio de la Oficina de Avaluaciones fueran adquiridos en forma corriente y amistosa varios terrenos contiguos a la Granja hasta redondear una superficie de 400 hectáreas.[22] Ya estaban muy adelantadas las gestiones cuando se produjo el cambio de personas en el Rectorado y en el Consejo Universitario, lo que ocasionó la alteración de los planes. En pocos meses, Backhaus que a su fuerte inteligencia y a su gran preparación reunía extraordinarias condiciones de trabajador consiguió que funcionara la nueva Escuela. Al finalizar ese año elevaba el siguiente informe:
"Escuela. Sirve de provisorio asiento a la Escuela de Agronomía, la antigua quinta de Pereyra, situada en Sayago, al este de la vía del Ferrocarril Central. Abarca la susodicha quinta una extensión de 2 hectáreas y media. En las habitaciones de ella se han instalado la Secretaría y la biblioteca y en el momento actual se trabaja en la instalación de los laboratorios de Química, Agricultura y Botánica y los estudios para construcciones rurales e ingeniería rural. Se ha formado un jardín botánico en el cual hay sembradas más de 300 variedades de plantas útiles. Se han pedido a Europa, esperándose su arribo en enero, los más necesarios instrumentos de labranza, útiles de museo, materiales de enseñanza e investigación. En el antiguo jardín de la quinta, se han introducido innovaciones de importancia, todo él ha sido circundado de tejido de alambre, construyéndose caminos, etc. El personal de la Escuela consta del Director, Secretario y un ayudante para la realización de trabajos científicos, un auxiliar y un portero. Todo está listo para la recepción de los profesores contratados en Europa, recepción que debe verificarse en enero. Campos experimentales. En una superficie de 14.42 hectáreas comprendida entre el camino Colón y la vía del ferrocarril, futuro asiento de los proyectados edificios, se ha instalado un molino a viento destinado a suministrar agua a las diversas plantaciones. Posee este molino un depósito australiano. Los campos experimentales establecidos hasta ahora, son los de Horticultura, Agricultura y Silvicultura. En los primeros se han hecho almácigos con múltiples variedades de semillas de verduras y árboles frutales y florestales para futuras transplantaciones. Se han conservado, sin embargo, las antiguas plantaciones y sus productos son vendidos. En toda la extensión de estos terrenos se han construido caminos, hallándose la tierra merced a los trabajos en ella verificados, apta para continuar las instalaciones. Se ha dado comienzo al alambrado que circunda todo el campo, siendo éste de tejido de alambre. Algunas porciones de terreno se han sembrado con maíz. Lo que se coseche se destinará a semillas que serán sembradas en otoño. Se ha refaccionado una pequeña casa y en ella habita el capataz del jardín, utilizándose un galpón antes existente, mediante algunas obras de albañilería en él efectuadas, como depósito de instrumentos de labranza. Para las tareas de esta parte de la sección, se han dedicado exclusivamente dos mulas. El personal que aquí trabaja, se compone de un jardinero, un capataz y diez peones. Granja Modelo. La Granja Modelo se halla instalada al oeste del camino Colón, abarcando su superficie total 67.35 hectáreas. La antigua casa y el edificio de la Granja han sufrido refacciones y modificaciones de tal índole que las habilitan para las tareas a que se les destina, hasta tanto se hallen construidos los nuevos edificios. La hacienda de la Granja consta de: un padrillo, raza de carrera, hijo de Ercildoune, tres yeguas criollas cruzadas, once mulos, cuatro caballos criollos, ocho bueyes, treinta vacas holandesas, cuatro terneros idem, un carnero Ramboullet, treinta ovejas de la misma raza, treinta gallinas Orpington, Plymouth Rock y algunos patos Pekín. Esos animales constituyen la base de una cría modelo que piensa obtenerse de cada una de estas especies. Además han sido encargados a Europa y Norte América algunos buenos reproductores. Se ha construido un pozo de 20m de profundidad, con molino a viento y depósito para 20.000 litros. De él parten cañerías distribuidoras de agua para el riego de las plantaciones y el suministro de los futuros edificios. Los antiguos alambrados han sido quitados y hechas nuevas divisiones, de este modo las 67.35 hectáreas han quedado fraccionadas en cinco campos de 11 hectáreas cada uno. Dos de estos campos serán cultivados y los tres restantes se utilizarán para pastos naturales. En el campo número uno se han sembrado las tres más importantes variedades de maíz para semillas. Las otras 4 hectáreas se han preparado para el cultivo de forrajes. El campo número dos se ha destinado a la siembra de trigo y otros cereales. Tal siembra se verificará en otoño. El camino de los Molinos, lindero al terreno, como la futura principal arteria de comunicación, se está arreglando, tratando de hacerlo viable. Un puente, construido en él, permitiría el pasaje de peatones y vehículos e igualmente cavar un terreno de 5 hectáreas, hasta ahora inservible por su extremada humedad. Los cardales que antes mostraban sus azulados penachos, como inequívoco testimonio de incuria y abandono, han sido destruidos en su totalidad. En 1 hectárea de terreno, se cultivan papas y remolachas. En el resto del campo -12 hectáreas- se ha comenzado la plantación de árboles y verduras en 5 de ellas y en las otras 7 se plantar n viñas. El inventario de la Granja se ha aumentado considerablemente con las adquisiciones realizadas de arados, rastra, un rodillo, una máquina sembradora, una de romper maíz, otra de picar pasto y algunos otros utensilios de menor cuantía. Para ser utilizados en el campo, se han construido cuatro nuevos carros que tanto se prestan para el transporte de productos pesados, como para la conducción de pasto seco, alfalfa, etc. Se han adquirido además otros dos carros, herramientas, etc. Se ha instalado un taller de carpintería y otro de herrería, hallándose lista la Granja para alojar en ella 12 alumnos de capataces rurales. El personal lo forman un gerente, un contador, un capataz, un carpintero, un albañil y veinte peones”.[23]
El 20 de febrero de 1907 tuvo lugar en la casa quinta comprada a la sucesión Pereyra la colocación de la piedra fundamental del edificio definitivo de la Escuela de Agronomía; con ese motivo hizo uso de la palabra el Ministro de Fomento, Dr. Alfonso Pacheco, que entre otras cosas expresó lo siguiente:
Entre el 1o. de marzo y el 1º de mayo de ese mismo año comenzaron a funcionar los siete primeros cursos. El plan de estudios constaba de quince cátedras[25], dotadas cada una de ellas de un profesor especialista y un instituto de investigación. En general, para la provisión de estos cargos se contrataron universitarios y técnicos alemanes, incluyendo los artesanos y labradores para la Granja Modelo, en lo que constituyó un hecho disonante con la tradición francesa de la Universidad uruguaya. Backhaus organizó el nuevo establecimiento, facilitó los trámites y viajes de los nuevos profesores y se trasladó a Buenos Aires para adquirir materiales. Organizó la compra de material especial en las principales casas comerciales alemanas, programó la importación de reproductores, etc. Nada escapó a su criterio y empuje. La primera nómina de profesores correspondiente a 1907 era la siguiente: Dr. Alejandro Backhaus(alemán), Dr. H. Dammann(alemán), Dr. Juan Schröder(alemán), Dr. Gustavo Gassner(alemán), Ing. H. Van de Venne(belga), Ing. H. Dietze(alemán), Ing. Agr. Eduardo Gauthier(francés), Sr. Luis Morandi(uruguayo), Dr. Alfredo García Morales. A los que se sumaron en 1908: Prof. Andrés Bouyat (francés), Dr. Carlos Walther (alemán), Prof. H. Muller, Ing. Teodoro Álvarez (uruguayo), Dr. Diego Blasi, Arq. Carlos Trambauer. La explicación de Backhaus acerca de su preferencia por profesores extranjeros fue que los pocos agrónomos existentes en el país no podían ser elegidos debido al carácter de tiempo completo de los cargos, puesto que ellos eran contratados no solamente para enseñar sino también para dedicarse a la investigación. Pero en realidad había una razón más fuerte, la posibilidad de formar su propio equipo de profesores e investigadores y establecer su propio instituto, más que incorporar los elementos disponibles en el país. En 1908, la Escuela de Agronomía realizó las primeras actividades de extensión universitaria, al dictarse por iniciativa de Backhaus un cursillo práctico para viticultores, ante quienes se expusieron los principios racionales de la industrialización del vino. Para ese entonces, también había comenzado a editarse la Revista de la Sección de Agronomía de la Universidad de Montevideo, con el objetivo de difundir las experiencias e investigaciones realizadas.
Escuela de Veterinaria
Por su parte, Daniel Elmer Salmon llegó a fines de abril de 1907 previo pasaje por Europa para adquirir materiales, con un sólido prestigio científico[26] abonado por relevantes trabajos de investigación, con planes y programas para la nueva institución, pero no poseía el empuje -o no pudo encontrar los recursos- para asegurar su rápida puesta en práctica. En contraposición a los rasgos de la personalidad de Backhaus mencionados anteriormente, las semblanzas que del Dr. Salmon han hecho sus contemporáneos lo describen como un “verdadero modelo de cultura y caballerosidad”, cuyos “ojos de mirar sereno y dulce eran fiel reflejo de su virtud fundamental: la bondad”. Pero señalan al mismo tiempo que “sus planes en nuestro país no pudieron desarrollarse con toda la extensión trazada debido, evidentemente, a su peculiar modalidad que le impedía ejercer un dinamismo práctico y tenaz, necesario para remover los obstáculos que se oponen a toda obra constructiva”.[27]
A su llegada la Escuela comenzó a funcionar provisoriamente en una quinta en la
calle Rivera esquina Bulevar Artigas[28].
No tuvo fondos para contratar académicos experimentados en el extranjero, pero
el Director afirmaba en 1908 que al comenzar los cursos de ese año la Escuela
tendría los profesores suficientes para enseñar todas las materias de la
educación veterinaria, y que ellos eran hombres capaces, interesados en la
institución y entusiasmados en dictar cursos del más alto mérito[29]. “nuestra ambición es aprovecharnos de los conocimientos, y de lo mejor en los métodos prácticos de la profesión veterinaria en los diferentes países del mundo, y al mismo tiempo atacar, estudiar y eliminar los problemas locales que se nos presentan en este país”.[30]
Poco tiempo después de su llegada Salmon fue puesto al frente de una Comisión Técnica cuyo cometido era estudiar procedimientos para el tratamiento de bovinos infectados de “Tristeza o mal de Texas”. A fines de 1907 presentó al Consejo Universitario un plan de estudios de cuatro años de extensión, que fue aprobado en los primeros meses del año siguiente. El Director tomó a su cargo el dictado de los cursos de Enfermedades Contagiosas y Policía Sanitaria, algunas de cuyas clases fueron publicadas en la Revista de Medicina Veterinaria de la Escuela de Montevideo, que se editó desde junio de 1910 hasta principios de 1912. El objetivo de dicha publicación era, “difundir la buena doctrina en materia de veterinaria”, “propender a la difusión de aquellos conocimientos que signifiquen un adelanto obtenido para la causa de la ciencia veterinaria y lograr que esta publicación resulte una obra esencial y exclusivamente científica”, pero presentándola “en lenguaje sencillo que se encuentre al alcance de quienes no están iniciados en el tecnicismo profesional”.[31]
5. El modelo adoptado
Nuestro país aunque con cierto retraso siguió los modelos representados por los centros científico-tecnológicos internacionales que se sucedieron en el liderazgo de la actividad a lo largo de los últimos siglos. Inglaterra que detentó la supremacía hasta la segunda mitad del siglo XVIII, fue sucedida por Francia que predominó aproximadamente desde mediados del siglo XVIII hasta pasada la mitad del siglo XIX. En esa época Francia era el centro del mundo científico. Solamente en París se proseguían todos los campos de la ciencia a un nivel avanzado y ningún otro país había progresado tanto en lo que a institucionalización de la misma se refiere. En el siglo XVIII se crearon una serie de centros educativos de alto nivel científico y técnico, cubriendo sistemáticamente las ciencias en lo que se ha interpretado como el primer ejemplo de ciencia profesional organizada, en contraste con el patrón de aficionados de los siglos anteriores. Francia cedió su lugar a Alemania, quien se destacó desde fines del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, para finalmente ser sucedida por Estados Unidos. Alemania no siguió el ejemplo de su antecesora de abolir las universidades y establecer escuelas y facultades especializadas, porque ello habría amenazado la existencia y misión cultural de los intelectuales alemanes cuyas características sociales eran diferentes de las de los franceses. Por eso resistieron el intento de los funcionarios públicos "ilustrados" de copiar el modelo francés, y estando de acuerdo en que la universidad tenía que reformarse básicamente, prefirieron elevar la posición de las mismas y de las facultades de filosofía dentro de ellas al nivel de academias. Los avances de la ciencia y los desarrollos económicos y políticos que pusieron al país en vías de industrialización, hicieron que la ciencia fuera pertinente para la tecnología así como para resolver problemas sociales, políticos y económicos. Ya en el siglo XIX Justus Liebig impulsó en Alemania la primer escuela significativa desde el punto de vista de la institucionalización de la ciencia. Dicha escuela es el antecedente de lo que denominaremos modelo de laboratorio alemán. Un modelo que combinaba investigación, docencia y producción en la misma institución. Se creaban grupos de trabajo alrededor de un maestro de personalidad relevante que seleccionaba una comunidad cuya conducta era de vinculación fuerte con él y que generaba una actividad sistémica. Este modelo alemán consolidó y profesionalizó la actividad científica, incorporando la práctica productiva a través de la relación de lo intelectual y lo manual. En nuestro país Francia fue un referente obligado en cuanto a cultura se refiere. La Universidad uruguaya tuvo desde sus primeros tiempos una fuerte impronta francesa. Dicha influencia puede observarse en la organización, los planes, la bibliografía etc, de nuestras primeras Facultades[32]. Pero la orientación francesa también comenzó a ser desplazada por la alemana en las instituciones uruguayas, y la mayor preeminencia de esta última puede ser constatada en las primeras décadas del siglo XX. Al respecto escribía Eduardo Acevedo en 1904, “asombra la intensidad del trabajo intelectual y científico, comparable a la actividad de una gran fábrica(...)Los alumnos deben realizar ellos mismos el trabajo, bajo la dirección del profesor (...) el alumno alemán queda colocado, desde el primer día, en la categoría de experimentador, en contacto con las realidades del mundo, y sólo después que ha experimentado y que conoce esas realidades, aprende la teoría”.[33]
La influencia germana se hizo sentir tanto en las Facultades que ya estaban funcionando como en las que por aquel entonces recién se creaban, como la de Agronomía, cuya organización era similar a la de las escuelas alemanas en cuanto a los cursos, las materias, el régimen de internado adoptado para los profesores, la anexión de la granja y el carácter práctico de la enseñanza, con la concurrencia de los estudiantes al laboratorio y a la granja. También la obligación impuesta a los profesores de dedicar todo su tiempo a la escuela dividiéndolo entre la enseñanza y la investigación había sido adoptada del modelo alemán. Backhaus consideraba que los catedráticos no solamente debían enseñar sino también investigar, puesto que un país nuevo, sin literatura agronómica necesitaba experimentos propios, conducentes al estudio acabado de sus condiciones naturales, de las mejores plantas y su cuidado.[34]
6. Disolución de la Facultad de Agronomía y Veterinaria
La creencia de Batlle y sus partidarios de que la ignorancia y el prejuicio retrocederían frente a la razón y la oportunidad de educación se estrelló contra la poderosa oposición de quienes temían la interferencia del Estado en sus propios asuntos e intereses. Es posible que se haya confiado demasiado en que la evolución natural de la economía llevaría a que los propios estancieros admitieran la subdivisión de los latifundios y la explotación de un nuevo modelo productivo. Seguramente el Rector Acevedo fue demasiado optimista al pretender que la Universidad por sí sola asumiera una incidencia decisiva sobre las condiciones de desarrollo económico y social del país. Evidentemente lo fue al afirmar que esta Facultad nacía libre de prejuicios, y el desarrollo de los acontecimientos así lo puso de manifiesto cuando en el mensaje del Poder Ejecutivo dirigido a la Asamblea General, en mayo de 1907, se afirma, “Nadie podrá sostener que esto es lo que el país necesita por el momento, cuando lo que se pretende es precisamente lo contrario: es hacer enseñanza profesional, práctica, desalojando en absoluto todo propósito de especulación científica, o de teoría pura, que sería una vanidad y un absurdo para nuestro país en el transcurso de muchos años todavía”.[35]
Es cierto que los cambios no fueron inmediatamente apreciables, las mejoras rurales fueron lentas, la mestización del ganado era costosa, las epizootias no pudieron ser eliminadas, la diversificación en la agricultura y la mejora de los forrajes tampoco eran evidentes. Ahora bien, si esos eran los objetivos que se perseguían, y así lo creemos, porque paradojalmente el mensaje señalado seguía diciendo, “Es necesario pensar que el porvenir se nos presenta fácil por la riqueza sin igual de nuestro suelo, siempre que se favorezca el adelanto de las dos grandes industrias: la ganadera y la agrícola, y antes que nada, debemos preocuparnos de preparar a las nuevas generaciones para que aceleren esa evolución económica...”,[36]
entonces, a nuestro entender, debían profundizarse las medidas adoptadas para la formación de personal eminentemente científico y no como ocurrió, transformar la Facultad en simples escuelas de peritos.[37] Por otra parte, la nacionalidad de los científicos contratados seguramente tampoco ayudó a la aceptación del proyecto por parte de los sectores que por él se sintieron afectados. Quizá no hubiera ocurrido lo mismo si los contratados hubieran sido franceses o ingleses, con quienes dichos grupos mantenían estrechas relaciones y compartían intereses. La Universidad intentó defenderse de lo que representaba un importante retroceso en la senda del adelanto científico como base de desarrollo de las riquezas del país, exponiendo que la enseñanza de la agronomía y la veterinaria adquirían cada día mayor carácter científico, que no bastaba tener nociones empíricas para prestar al país el contingente de ciencia e inteligencia que se requería para la transformación de las industrias o para encauzar la evolución de la ganadería. Por otra parte la función de la Facultad de Agronomía y Veterinaria no era solamente la de formar profesionales sino la de, "crear una literatura propia, adaptada a las necesidades y a las peculiaridades del país en esas materias, y con ella el ambiente científico que se necesita para conseguir que la ganadería y agricultura, es decir, nuestras dos grandes industrias, salgan del período rudimentario y empírico, para entrar en el del verdadero y sólido progreso que sólo puede fundarse en la ciencia".[38]
Finalmente la ley de 31 de diciembre de 1908[39] disolvió la Facultad recientemente creada, transformándola en dos Escuelas independientes, que pasaron a ser administradas por un Consejo dependiente de un Patronato nombrado por el Poder Ejecutivo[40], y adscriptas al Ministerio de Industrias, Trabajo e Instrucción Pública. A pesar de ello y gracias a las movilizaciones de los estudiantes, los planes de estudios no se vieron inmediatamente alterados. Alejandro Backhaus continuó en la Dirección de la Escuela de Agronomía hasta el 31 de julio de 1910 cuando venció su contrato y se designó como Inspector de la misma al Presidente del Consejo de Patronato, Sr. Pablo Varzi. Este último renunció en 1911 y fue sucedido por J. Schröder, hasta que en 1912 fue designado como Director del Instituto de Agronomía el Dr. Héctor Raquet. Respecto a la Escuela de Veterinaria, pese a los esfuerzos de su director los resultados prácticos estaban aun estancados cuando Salmon regresó a Estados Unidos en 1912. Fue sustituido por el Dr. J. Basset, quien detentó el cargo hasta 1914. Por esos años las cosas no estaban bien en ninguna de las dos escuelas y se produjo una amarga reflexión: "el error más grande cometido a este respecto consistió en haber pretendido aplicar exactamente entre nosotros los mismos métodos, programas de estudio, etc, de las instituciones similares europeas, sin haber tenido en cuenta para nada las enormes diferencias del medio".[41]
Bibliografía
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Varela, José Pedro (1964). Obras Pedagógicas. La Educación del Pueblo. Tomo 2. Montevideo: Biblioteca Artigas. [1] Poder Legislativo, DSHCR (1887), tomo 79, p. 268. [2] Varela (1964), tomo 2, p. 47. [3] Ibid, tomo 1, p. 96. [4] Ibid, tomo 2, p. 305. [5] Ardao (1968), p. 200. [6] Ibid, p. 202. [7] Ibid, p. 208. [8] Herrero y Espinosa (1885), p. 73. [9] Mientras la administración Williman –entre la primera y la segunda presidencia de Batlle y Ordóñez- había buscado la transformación del país ganadero en país agrícola, la segunda administración Batlle bajo el Ministerio de Eduardo Acevedo en Industrias, pugnó por la transformación de la ganadería, pasando del sistema de explotación extensivo al intensivo, auxiliando la alimentación del vacuno con forrajes artificiales. [10] Las Estaciones Agronómicas tenían un triple objetivo: educar a los hijos de los estancieros y agricultores en las más modernas técnicas de explotación rural, sin necesidad de salir de sus respectivas zonas; servir de modelo a los productores haciendo cultivos inteligentes, seleccionando las razas ganaderas más aptas y asociando nuestras dos industrias madres; y servir de campo de experimentación para obtener las mejores razas de ganado, así como las mejores semillas cerealeras y forrajeras que se adaptaran a nuestros suelos. [11] Barrán-Nahum (1967) Apéndice documental, p. 146-147. [12] Era una vieja idea de la Asociación Rural que inició su historia con un decreto de abril de 1877. En 1887 se consiguieron recursos suficientes y una vez terminadas las obras en 1893 se envió un mensaje a la Asamblea Legislativa para ponerla en funcionamiento. Ampliados sus cometidos ese mismo año su desenvolvimiento fue inestable debido a dificultades financieras. [13]Para ser becado se requería una de las tres condiciones siguientes: título de bachiller expedido por la Universidad de Montevideo, título de profesor o maestro normal otorgado por las autoridades del país, o haber sido aprobado por la Universidad en las asignaturas siguientes: aritmética, álgebra, geometría plana y del espacio, zoología, botánica, mineralogía y geología, química orgánica e inorgánica y física. Las becas fueron ganadas por concurso por los estudiantes Rafael Muñoz Ximénez, Alberto Negrotto y Ernesto Bauzá. Poder Legislativo. Registro Nacional de Leyes, Decretos y otros documentos de la República Oriental del Uruguay, 9 de enero de 1903, pgs. 9-12. [14] Oddone-Paris (1971), vol 4, pgs.451-452. [15] Sirvió como sede provisoria un local perteneciente al Servicio Seroterápico del Instituto de Higiene Experimental, y sus primeros docentes fueron el veterinario español Dr. Teodoro Visaires, el Quim. Enrique Puppo, el Dr. Arturo Incháurregui, el Dr. Héctor Larrauri y el Dr. Diego Blasi. Magallanes, p. 9. [16] Poder Legislativo. Registro Nacional de Leyes, Decretos y otros documentos de la República Oriental del Uruguay, 23 de enero de 1906, pgs. 90-97 y 26 de junio de 1906, pgs. 352-353. [17]Ibid, 23 de junio de 1906, pgs. 342-343. [18]Ibid, 15 de setiembre de 1906, pgs. 476-477. [19] Acevedo (1934), vol 5, p. 361. [20] Ibid, pgs. 371-372. [21] Revista de la Sección de Agronomía (1907), Nº 2, p. 228. [22] Poder Legislativo. Registro Nacional de Leyes, Decretos y otros documentos de la República Oriental del Uruguay, 13 de octubre de 1906, pgs. 540-542. [23] Acevedo (1907), pgs. 377-379. [24] Revista de la Sección de Agronomía (1907), Nº 1, pgs. 203-206. [25] Economía Rural; Agricultura; Zootecnia; Química Agrícola; Botánica Agrícola y Micrografía; Zoología Agrícola y Entomología; Geología y Agrología; Física Agrícola y Meteorología; Horticultura, Jardinería y Viticultura; Silvicultura; Mecánica y Maquinaria Agrícola; Industrias rurales y derivadas; Ingeniería rural; Construcciones rurales y Legislación rural. [26] Además de los cargos ya mencionados había sido Presidente de la Escuela de Veterinaria de Washington, Presidente de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria, Miembro de la Sociedad de Medicina del Distrito de Columbia, Miembro de la Academia de Ciencias y de la Sociedad de Biología de Washington y de la Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia. Magallanes, pgs. 21-22. [27] Bianchi Frizera (1943), pgs. 345-346. [28] En 1908 se abandonó la idea de dar ubicación definitiva a la Escuela al lado de la de Agronomía, y el Estado adquirió la quinta de Taranco situada en el Camino Larrañaga, comenzándose la construcción en mayo de 1910. [29] Diario EL DIA, 23 de febrero de 1908, p. 1. [30] Ibid. [31] Revista de Medicina Veterinaria de la Escuela de Montevideo (1910), pgs. 1-2. [32] Por ejemplo la Facultad de Matemáticas. Ver Martínez (2001), pgs. 141-189. [33] Acevedo (1905), pgs. 17-18. [34] De cualquier modo, en las instituciones uruguayas que mayor influencia ejerció el modelo de laboratorio alemán fue en los Institutos creados por Eduardo Acevedo desde el Ministerio de Industrias entre 1911 y 1912. Martínez (1992), pgs. 63-83. [35] Poder Legislativo, DSHCR (1907-08), tomo 192, p. 363. [36] Ibid, p. 885. [37] En ese momento el Rector Eduardo Acevedo y los Decanos de las Facultades de Derecho y Medicina habían presentado su renuncia indeclinable debido al relacionamiento conflictivo con el Poder Ejecutivo. [38] Oddone-Paris (1971), vol 1. p. 87. [39] Poder Legislativo. Registro Nacional de Leyes, Decretos y otros documentos de la República Oriental del Uruguay, 31 de diciembre de 1908, pgs. 802-807. [40] La Escuela de Agronomía -para ese entonces Instituto Nacional de Agronomía- volvió a ser incorporada a la Universidad de la República bajo la denominación de Facultad de Agronomía por decreto del 22 de julio de 1925. Por su parte, la Escuela de Veterinaria fue asimilada bajo la denominación de Facultad de Veterinaria de acuerdo al artículo 73 de la ley 8935 de 5 de enero de 1933. Poder Legislativo. Registro Nacional de Leyes, Decretos y otros documentos de la República Oriental del Uruguay, 22 de julio de 1925, pgs. 338-339 y 5 de enero de 1933, p. 43. [41] Ministerio de Industrias (1914), p. 978. |
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