Lógica de las matemáticas del año 1880

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UN TEXTO ESPAÑOL DE LOGICA DE LAS MATEMATICAS DEL AÑO 1880; INTRODUCCION A LA VERSION CASTELLANA DE LA OBRA DE ALEXANDER BAIN LA LOGICA DE LAS MATEMATICAS

 

José M. COBOS BUENO y José M. VAQERO MATINEZ

Universidad de Extremadura. Departamento de Matemáticas. Badajoz

 

 

 

RESUMEN: Se transcribe un texto de Alfonso Ordax sobre lógica de las

matemáticas. Este texto es la introducción de la edición española (1880) de

la obra Lógica de las matemáticas de Alexander Bain (1818-1903), filósofo

escocés.

Descriptores: historia de la lógica, historia de la matemática.

 

ABSTRACT: A text of Alfonso Ordax about logic of mathematics is transcribed.

This text is the introduction of Logic of mathematics (Spanish edition,

1880) by Alexander Bain (1818-1903), Scottish philosopher.

Keywords: History of logic, History of Mathematics.

 

 

Introducción

 

Juan Antonio del Val escribía en 1966:

 

"La lógica formal, que durante muchos siglos se creyó que había salido por

completo acabada de manos de Aristóteles, sufre, especialmente durante la

segunda mitad del siglo XIX, una profunda renovación obra de matemáticos y

no ya de filósofos.

Estas corrientes llegaron con mucho retraso a España, y debemos esperar

hasta 1934 para encontrar el primer tratado sobre la nueva lógica que

publicó en lengua catalana Juan David García Bacca. Pero bastante antes de

que este autor viniera a renovar entre nosotros el gusto por la lógica

formal, a finales del siglo XIX se había ocupado de ella, dedicándole buena

parte de sus trabajos, un oscuro catedrático provinciano de matemáticas,

Ventura Reyes Prósper." (Val, 1966)

 

A estas aseveraciones queremos hacer dos precisiones. Efectivamente, es el

extremeño Ventura Reyes Prósper de los primeros que aparecen en la

literatura científica española como estudioso de la lógica (Val, 1973), pero

en este trabajo presentamos un texto olvidado de Alfonso Ordax sobre lógica

de las matemáticas anterior a los escritos lógicos de Reyes Prósper. La

segunda precisión sería que García Bacca no es el primero que escribe un

tratado sistemático sobre lógica en España, ya que Francisco Vera, otro

extremeño, publicó un excelente tratado (Vera, 1929) unos años antes.

 

En la Biblioteca de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de

Badajoz, hemos encontrado un opúsculo de Alexander Bain titulado Lógica de

las Matemáticas y traducido por Alfonso Ordax (Bain, 1880).

 

Los personajes

 

Alexander Bain nació el 11 de junio de 1818 en la ciudad escocesa de

Aberdeen y murió el 18 de septiembre de 1903 en la misma localidad. Era

asiduo al círculo de John Stuart Mill. Fue profesor de filosofía natural en

Glasgow (1845-1860) y de lógica en Aberdeen (1860-1880). En 1876 participó

en la fundación de la revista Mind, dirigida los primeros años por su

discípulo Croom Robertson (1842-1892), como órgano de difusión de la

psicología filosófica. Bain desarrolló las teorías asociacionistas en

psicología siguiendo las orientaciones de Stuart Mill. En su opinión, la

psicología asociacionista era, además, la base de la mayor parte de las

disciplinas filosóficas, todas ellas, incluyendo la lógica, tratadas desde

un punto de vista empirista.

 

Bain aplicó el método de las variaciones concomitantes de Stuart Mill a la

psicofisiología: acción de la sangre sobre el cerebro, relación entre

inteligencia y puntos del cerebro, diferencia funcional entre materia gris y

materia blanca, etc. Al postular que las leyes de la psicología deben ser

continuas con las leyes de las ciencias naturales, admite como leyes

fundamentales de la asociación la contigüidad y la semejanza. A pesar de

seguir a Stuart Mill, en lo relativo a los fenómenos volitivos se le aprecia

una cierta desviación del asociacionismo estricto.

 

El pensamiento de Bain quedó reflejado en una carta que en 1851 dirige a

Stuart Mill. En esta misiva le dice: "No hay nada que desee más que unir la

psicología a la filosofía que están haciendo los fisiólogos para hacerles

valorar sus verdaderos objetivos e impulsar sus investigaciones del sistema

nervioso" (Leahey, 1998).

 

Este pensamiento-deseo lo lleva a la práctica publicando The senses and the

Intellect (1855) y The Emotions and the Will (1859). Posteriormente las

refundirá y escribirá Mental and Moral Sciences (1868).

 

Otras obras suyas son: On the Study of character (1861); A compendium of

Psychology and Ethics (1868); Logic, Deductive and Inductive, 1870; Mind and

Body: The Theories of Their Relation (1872); John Stuart Mill: A criticism,

with Personal Recollections (1882) y -póstuma- Autobiography (1904).

 

A pesar de utilizar con profusión datos fisiológicos, nunca realizó

experimentos y su asociacionismo continuó siendo preevolucionista, aunque

siempre reconoció la importancia de los trabajos de Darwin. Quizás, a al

larga, la mayor influencia ejercida por Bain es su actitud práctica hacia la

psicología. Sus ideas sobre la conducta la proseguirán los pragmatistas

norteamericanos: Oliver Wendwll Holmes (1809-1894), Chauncey Wright

(1830-1875), Charles S. Peirce (1839-1914) y William James (1842-1910).

 

Desde el punto de vista de la lógica se moverá en la esfera de Mill, es

decir se encajaría en la corriente psicologista. Así como es difícil

encontrar a Alexander Bain en la historia de la lógica, todo lo contrario

ocurre cuando se busca en al historia de la psicología, puesto que su

influencia en ésta última ha permanecido durante bastante tiempo.

 

El otro personaje es Alfonso Ordax Avecilla y Urrengoechea, nacido en Madrid

en 1849. Fue militar, escritor, abogado y redactor de El Imparcial, uno de

los periódicos más importantes de su época. Tuvo fama de polemista.

Encajaría en el grupo de libre pensadores, tardo-ilustrados, que tanto

aportaron para la introducción de la modernidad en España. Se distinguió por

escribir obras de divulgación, aunque no exentas de originalidad. Tradujo,

fundamentalmente de ediciones francesas, obras de Becker, Trollope, Dickens,

Belot, Greville y Gozlan. Pero fue Alexander Bain el autor al que dedicó más

tiempo. Se puede considerar que fue el introductor en España de las teorías

silogísticas que se debatían en ese momento en Europa.

 

Gran parte de su producción literaria tiene carácter científico. Autor

prolífico, también escribió sobre la vida militar, destacando escritos como

La ciencia de la guerra y Del carácter científico de los estudios militares.

Otras obras son: De la metafísica en las Matemáticas y de las Matemáticas en

la Política y Bases para la organización de una enseñanza fundamental.

También escribio folletos de divulgación. Podemos destacar entre ellos "La

Ciencia y el Arte", "La Lógica" y "Ensayos científicos". Casi todos ellos

fueron publicados en la Revista de España. Incluso escribió una comedia en

tres actos llamada El triunfo de la soberbia y contribuyó a la fundación de

las revistas La Correspondencia Militar y Revista Militar Española.

 

Pero sin lugar a dudas su mayor aportación fue la traducción de casi toda la

obra de lógica de Alexander Bain. En 1883, publica Lógica inductiva y

deductiva y, en 1884, Lógica aplicada.

 

Sus conocimientos sobre la lógica que se hacía en Europa en su momento

histórico se ponen de manifiesto en la introducción que escribe para su

traducción de un opúsculo de Alexander Bain titulado Lógica de las

Matemáticas. Este documento, que se transcribe como apéndice, demuestra que

hubo personas interesadas por la lógica que se hacía en Europa durante el

siglo XIX, al igual que ocurrió con otras ciencias.

 

La obra

 

El escrito objeto de este trabajo es la introducción a la versión española

de la Lógica de las Matemáticas de Alexander Bain, que realiza el traductor

Alfonso Ordax. Ubicar esta obra es retrotraernos al psicologismo cuya

característica esencial es entender la lógica como descripción de la

estructura de los actos de la mente (concebir, juzgar y razonar). Sin ánimo

de ser exhaustivo, debemos decir que el psicologismo hunde sus raíces en

ciertas definiciones aristotélicas y en el epicureísmo. En la época moderna

sería Gassendi (1596-1655) quien retomaría estas ideas.

 

Es en Alemania, en el siglo XIX, donde se va a propagar con mayor intensidad

el psicologismo. Se va a hacer de la Lógica una rama de la Psicología. Lipps

dirá: "La lógica o no es nada o es psicología"; "este hecho precisamente de

que la lógica sea una disciplina particular de la psicología distingue una

de otra con suficiente claridad"; y "la lógica es una disciplina

psicológica, tan cierto que como que el conocimiento sólo se da en la

psique, y el pensamiento, que llega en él a su plenitud, es un proceso

psíquico" (Velarde, 1989).

 

Los empiristas ingleses, a la cabeza de ellos estará John Stuart Mill,

tomarán las directrices de los alemanes y se caracterizarán por su oposición

al idealismo trascendental post-kantiano y por la pretensión de despojar a

la Lógica de adherencias metafísicas y hacer de ella una disciplina empírica

(aunque psicológica). Mill escribirá: "La Lógica no es una ciencia distinta

de la psicología y coordinada con ésta. En cuanto ciencia, es una parte o

rama de la psicología, que se distingue de ésta a la vez como al parte del

todo y como el arte de la ciencia. La lógica debe sus fundamentos teoréticos

íntegramente a la psicología, y encierra en sí tanto de esta ciencia como es

necesario para fundar las reglas del arte" (Velarde, 1989).

 

Mill sostendrá que no hay ciencia más que de lo particular, porque sólo lo

particular es lo real: "Todo lo que se puede observar son casos

individuales. Y de ellos deben ser derivadas todas las verdades generales...

porque una verdad general no es otra cosa que un agregado de verdades

particulares, una expresión sintética por medio de la cual viene afirmado o

negado al mismo tiempo un número indefinido de hechos individuales"

(Velarde, 1989). Ahora bien, hay que señalar que los hechos a los que se

refiere Mill no son realidades exteriores al espíritu, no son cosa en sí;

son sólo sensaciones o imágenes producidas por nosotros por el contacto con

las cosas; son estados de conciencia.

 

Para Mill el principio de la Lógica no son ni las ideas o conceptos

entendidas como entidades distintas de los fenómenos al modo realista, ni

las palabras, como defienden los nominalistas y luego Locke y Condillac.

 

El razonamiento paradigmático en la lógica antigua es el silogismo. En

cambio, Mill dirá que si se admite con los lógicos antiguos que la

conclusión de un silogismo se sigue necesariamente de las premisas, el

silogismo resulta ser un círculo vicioso.

 

El silogismo debe ser, pues, reinterpretado. La garantía de verdad de la

aserción particular de la conclusión, la condición necesaria y suficiente de

la inferencia en general son los hechos concretos, que la memoria ha

conservado y la imaginación representa. La proposición general (la premisa

mayor) no añade un ápice a la prueba. No se infiere de lo general a lo

particular, sino siempre de lo particular a lo particular. "No sólo podemos

razonar de lo particular a lo particular, sin pasar a través de aserciones

generales, sino que razonamos siempre así. Todas nuestras primeras

inferencias son de esta naturaleza" (Velarde, 1989).

 

Las consideraciones de Mill sobre la naturaleza de la matemática han de

entenderse como comprendiendo ésta la Geometría y la Aritmética. Frente a la

concepción kantiana de los axiomas de Euclides como verdades a priori, Mill

defiende su carácter experimental: tales axiomas son "verdades

experimentales; generalizaciones a partir de la experiencia". La verdad de

estos axiomas se basará en la observación y en la experiencia. Así dirá: "La

proposición, dos líneas rectas no pueden encerrar un espacio -o en otras

palabras, dos líneas rectas que se cortan una vez no se cortan de nuevo,

sino que continúan divergiendo-, es una inducción a partir de la evidencia

de nuestros sentidos" (Velarde, 1989).

 

Alexander Bain toma estas doctrinas casi al pie de la letra, por lo que sus

obras sobre lógica se enmarcarán en la órbita de John Stuart Mill. Estas

teorías serán rebatidas por Frege y Russel (a pesar de que Mill era su padrino).

 

Apéndice documental

 

A continuación, transcribimos la introducción escrita por Alfonso Ordax para

la obra de Bain (1880). Hemos respetado la ortografía del original, así como

los nombres extranjeros equivocados que aparecen en el original. Lo que se

transcribe ocupa las páginas 7-16 de la obra original.

 

"INTRODUCCION.

 

Alejandro Bain esplica la asignatura de Lógica en la universidad de

Aberdeen. Es un psicólogo acreditado, y pertenece á la escuela esperimental

inglesa, que rechaza como trascendentes las conclusiones espiritualista y

materialistas, considera la percepción como la obra comun del sujeto y del

objeto, y emplea, por consiguiente, el doble método subjetivo-objetivo.

Entre otras teorías, se deben á Bain la de la convertibilidad de las fuerzas

mentales en físicas, y aun de las mentales entre sí, y la esplicacion de

nuestra percepcion del espacio. 'Para Bain, dice Taine, esta percepcion

tiene por elementos primitivos nuestras sensaciones. Y hé aquí un

descubrimiento positivo y definitivo, porque destruye de igual modo la

argumentacion de los que pretenden, con Kant y Schopenhauer que la idea de

espacio es un simple producto de nuestra estructura mental, y la de los que

sostienen con Reid y Royer-Collard que entre la extensión y la sensacion no

puede concebirse nada comun, y que si la primera provoca en nosotros la

percepcion de la segunda, es por un misterio impenetrable.'

 

Pero Bain es ante todo un psicólogo que solo incidentalmente aborda las

cuestiones metafísicas.

 

'Sus dos obras -dice Ribot- Los sentidos y la inteligencia, Las emociones y

la voluntad, le han colocado en primera linea entre los psicólogos ingleses.'

 

Stuard Mill observa 'que ha llevado la investigacion analitica de los

fenómenos mentales hasta donde era hoy posible, y Spencer dice: Bain ha

hecho la mejor historia natural del espíritu que se ha escrito hasta la

fecha, y la coleccion más preciosa de materiales indispensables á los que

hayan de dar en adelante á la psicología una organizacion completamente

científica.'

 

Posteriormente, Bain ha publicado otras dos obras de importancia análoga: El

espíritu y el cuerpo, y una Lógica de la que dice M. Compayré, su traductor,

que ha perfeccionado la de Stuard Mill, y M. Ribot que es un Manual clásico

puesto al corriente de los descubrimientos modernos.

 

La Lógica, en efecto, bajo el plan de Bain, ha dejado de ser una metafísica

soñolienta; y el silogismo, imperfectamente concebido por Aristóteles, y

desacreditado por las especulaciones escolásticas, ha vuelto á recobrar su

legítimo influjo, como un escelente instrumento de análisis intelectual.

 

Deductiva é inductiva á un tiempo, formal y material, la Lógica de Bain ha

conciliado á Kant con Bacon.

 

Su estudio no se ha circunscrito á la dialéctica: ha entrado por la

induccion en más útiles investigaciones, y se ha hecho práctico; pero sin

perder su carácter dominante de abstraccion; sin perder el carácter que

coloca á la Lógica con las Matemáticas en el rango de ciencia preliminar ó

de preparacion para todas las restantes.

 

Bain ha considerado á la Lógica, bajo tres aspectos distintos: 1º como la

ciencia teórica y abstracta de las leyes fundamentales de toda afirmacion;

2º como la ciencia práctica de todas las formas de la prueba; 3º como un

sistema de métodos aplicables á la investigacion y al descubrimiento de la

verdad en toda ciencia.

 

Y en conformidad con estas ideas, Bain ha cerrado su obra con una Lógica de

las ciencias, exposicion sumaria de los principios y métodos de cada una de

las fundamentales ó abstractas de las concretas y de dos de los artes

científicos ó ciencias prácticas más importante.

 

'Estos estudios de Lógica aplicada, dice M. Compayré, no solo pueden

suministrar indicaciones útiles á los hombres científicos, sino que han de

contribuir mucho á desenvolver esa cultura general del espíritu que era el

fin predilecto de los lógicos de Port-Royal, y que no debe sacrificarse

enteramente á ideas absolutas de erudicion estrecha y ciencia especial.'

 

Esta observacion condensa en parte nuestro propósito al publicar la 'LÓGICA

DE LAS MATEMÁTICAS,' que traducimos con el auxilio principalmente de la

edicion-Compayré.

 

En el estudio que sigue, Bain comienza diciendo que las Matemáticas ofrecen

el ejemplo más acabado de una ciencia formal deductiva. Pero parece ocioso

decir que Bain no emplea estos términos en el sentido absoluto que algunos

metafísicos. En otro lugar de su Lógica se esplica con bastante claridad

sobre este punto. A su juicio, las Matemáticas son sin duda un modelo de

razonamiento formal ó abstracto. Pero las abstracciones matemáticas, como

toda clase de abstracciones, no se producen sin relacion á objetos

concretos. Lo concreto y lo abstracto están indisolublemente unidos en

nuestro espíritu. La forma se realiza siempre en alguna materia. Los

círculos de Euclides tienen tinta color y una situacion determinada. Los

símbolos de la Aritmética son tambien materiales, aunque su forma particular

no tenga ningun valor representativo; ciertas reglas matemáticas, como la de

menos, multiplicado por menos, da más, serian consideradas como paradojas si

no se comprobasen en la esperiencia; y finalmente, el sistema decimal, la

tabla de multiplicacion, las cantidades negativas del álgebra, las

cantidades infinitesimales y todas las operaciones que más absolutamente

parecen, tienen su origen último en los axiomas, que son hechos inductivos.

 

 

Otro tanto opina Bain de la deduccion.

 

No hay un razonamiento deductivo, independiente, aislado en absoluto, de

toda induccion. La deduccion y la induccion son operaciones contínuas; son

partes de un mismo todo. La deduccion real, la estension de un principio á

casos nuevos, implica el exámen de estos casos en su realidad concreta. Y

cuando Bain dice que las Matemáticas son un modelo de ciencia deductiva, no

quiere indicar otra sino que, partiendo estas ciencias de ciertos hechos

fundamentales, se desenvuelven por la combinacion incesante de estos solos

hechos, al contrario que la química y la fisiología, obligadas

constantemente á formar inducciones.

 

Entendido así el razonamiento matemático, fácil es inferir que Bain no

comparte las sutilezas dialécticas de la geometría griega, ni las

presunciones del moderno subjetivismo. Su criterio no difiere esencialmente

del de los matemáticos que aspiran á simplificar y reorganizar esta ciencia

bajo una base puramente experimental. Y á la verdad que sin una rigurosa

aplicacion de este método, la Babel matemática parece inminente.

 

En la concepcion kantiana, el tiempo interviene como forma del entendimiento

productora de la idea de número (Wronski. Introduction a la philosophie dès

mathématiques et technie de l'algoritmie, pág. 4, París, 1808); Duhamel

niega la realidad del espacio (Duhamel. Dès methodes dans lès sciences de

raisonements, Parte II, pág. 4 y siguièntes); Nodier dice que el hombre no

puede saber lo que es el espacio ni el tiempo (Bour. Cours de mecanique et

machines, etc., pág. 1, París 1865); Montferrier (Montferrier. Diccionaire

etc., Philosophie dés mathematiques) pretende que en las Matemáticas se crea

algo que no existía antes en la naturaleza; Riemann (Tilly. Essay sur lès

principes fondamentaux de la geometrie et de la mecanique, Burdeos, 1879)

imagina espacios de dos, cuatro ó más dimensiones, niega el aumento

indefinido de la distancia, esto es, el espacio infinito; y en sus

concepciones geométricas, la recta es un círculo, el plano una esfera, y las

lineas rectas pueden encontrarse en dos puntos sin coincidir por esto; la

geometría gaussiana rechaza el famoso postulado de Euclides, que encierra la

teoría de las paralelas, y por tanto, la ley de la similitud, base de la

astronomía; se pretende definir lo infinitamente pequeño, diciendo que es un

grado estremo de pequeñez tendiendo á adquirir una cantidad, que

indefinidamente tiende hácia cero; Delbeut (Delbeut. Prolgomènes

philosofiques de geometrie, etc. Liege, 1860) define la línea recta una

línea homogenea; Legendre, observa que es la distancia más corta entre dos

puntos (Legendre. Elements de geometrie, París, 1813), y otros, en la

imposibilidad de definirla, la rechazan de entre las nociones fundamentales

de la geometría; el objeto de esta es ordinariamente circunscrito á la

extension; y el punto, naturalmente inextenso, resulta incomprensible; en

algunas obras se define como el resultado de un proceso ideal que tiende á

reducir indefinidamente un espacio finito; continúa definiéndose la tangente

por el carácter distintivo de la secante y en contradiccion con una de las

principales propiedades de la línea recta; no se ha salido aun de una

definicion negativa de la línea curva; el álgebra no es distinguida de la

aritmética más que por el empleo de letras, en vez de cifras; los términos

cantidad y magnitud se emplean como sinónimos; la enseñanza carece de método

lógico; se malgasta un tiempo precioso en sutiles disertaciones sobre las

curvas, las superficies de segundo grado y otras especulaciones igualmente

estériles, y á la terminacion de sus estudios oficiales, el alumno reflexivo

se encuentra con que le falta muchísimo que aprender, y más aun que olvidar.

 

Discutiendo con Spencer sobre los limites de la Lógica, dice Bain que si su

estudio hubiera de reducirse al de los diferentes aspectos del conocimiento,

-diferencias ó relatividad, semejanza ó generalidad-; á las leyes de la

consistencia, de la inferencia inmediata, de la uniformidad de la naturaleza

y á las deducciones que implican, estos son hechos primitivos, comunes á

todas las ciencias, y cuya determinacion debería precederlas á todas.

 

A la verdad, no nos esplicamos cómo en toda esposicion científica no se

parte desde luego de esa relacion fundamental que constituye una primera

division de todas las cosas por su máximun de diferencia; de la distincion,

en fin, entre el sujeto y el objeto; entre algo que no confundimos con

nosotros, entre algo que se nos revela por impresiones de resistencia,

extension, color, tacto, sonido, olor, gusto, frio, calor; y algo que nos

parece ser nosotros solos, y que se traduce por estados especiales de

conciencia, que denominamos sentimientos, voliciones, ideas. Determinar este

hecho es plantear la cuestion del mundo esterior bajo su aspecto puramente

científico, es decir psicológico.

 

¿Pero de qué naturaleza es este hecho? ¿Es realmente independiente de

nosotros, ó es solo un producto, una forma de nuestra constitucion mental?

 

Esta es la cuestion metafísica que no cabe en la ciencia y con la que no es

posible la ciencia, porque el idealismo escéptico de Hume, de Berkelei, de

Kant, y el sensualismo de Locke, de Condillac, de Broussais, conducen á la

negacion absoluta de uno de los dos términos esenciales á toda investigacion

científica: el mundo exterior y la espontaneidad intelectual del hombre, su

facultad de organizar experiencias. La roca Tarpeya de las ciencias está en

uno de sus extremos á que propenden según su método. Así en las Matemáticas

el riesgo mayor está en el subjetivismo, y si no se empieza por determinar

el carácter objetivo de sus hechos fundamentales, tiempo, movimiento,

espacio, punto; si se pretende que se pueden crear cosas con palabras, y que

la certidumbre absoluta está en la razón humana, las pomposamente llamadas

ciencias exactas acabarán por ser las más inciertas de todas las

concepciones transcendentales. Bajo este aspecto, la LÓGICA DE LAS

MATEMÁTICAS de Bain, nos parece uno de los trabajos mejor inspirados en el

progreso positivo de la ciencia de los números y de las magnitudes.

 

La operación fundamental de toda ciencia consiste en la determinacion de su

objeto. ¿Cuál es el objeto de las Matemáticas? La cantidad, dice Bain, en un

hecho primitivo, sin antecedentes. Todo estado de conciencia tiene dos

fases; es una pareja, un cambio, una transicion.

 

Y en esta transicion, del calor al frío, por ejemplo, nuestro espíritu

aprecia grados diversos de duracion é intensidad, de más ó de ménos. Hé aquí

pues la cantidad.

 

Bain la divide en contínua y discontínua; no incurre en el error de algunos

autores (Bourdon. Elements de aritmetique, etc. p. I.) que emplean las

espresiones de cantidad y magnitud como sinónimas. Girad, apoyando sobre la

distincion de estas palabras, una division fundamental de las Matemáticas,

define la aritmética, ciencia de la cantidad, reservando el término de

magnitud para la algorithmia (Girard. Philosophie scientifique, pág. 391).

Bain no ha creido oportuno abordar una division lógica de estas ciencias;

pero su distincion de la cantidad en contínua y discontínua, es un buen

punto de partida para algo semejante á lo que propone con gran brillantez

Girard.

 

Nosotros seguiríamos llamando á las Matemáticas ciencia de la cantidad; pero

distinguiríamos en la cantidad el número (cantidad discontínua) y la

magnitud (cantidad contínua). El resultado sería tal vez el mismo que desea

Girard; pero no restringiríamos la extension de la voz CANTIDAD, haciéndola

sinónima de la de número.

 

Girard hace también una distincion entre la identidad y la igualdad, que

Bain no determina al ocuparse de este atributo esencial de las Matemáticas.

Spencer distingue dos clases de igualdad: igualdad de cosas (dos triángulos

iguales) é igualdad de relaciones (dos triángulos semejantes).

 

El criterio de Bain es ante todo experimental. No atribuye otro origen que

la experiencia á las nociones fundamentales de número, igualdad, adicion. De

éstas derivan las de total, parte, sustraccion, multiplicacion, division, etc.

 

En la determinacion del objeto del álgebra Bain no parece separarse de los

matemáticos que, con Bertrand, la consideran solo como una simplificacion y

generalizacion de las operaciones aritméticas (Bertrand. Traité d'algebre,

París 1879). Sobre esto observa Comte que decir que el álgebra es la parte

de las matemáticas que emplea signos generales para designar cantidades, es

tan nimio como decir que la Astronomía es la parte de la física que se sirve

de anteojos para observar los astros, no obstante que los signos generales

sean muy importantes en álgebra como los anteojos en astronomía (Auguste

Comte. Essais de philosophie mathemátique, pág. 70).

 

Bain no opina sin duda como Montferrier, que el carácter distintivo de la

definición matemática es crear, y no define, sino, antes al contrario,

declara indefinibles las nociones de punto, línea, paralelismo, superficie,

sólido, etc. Así no se vé obligado á excluir la línea recta, como hacen

algunos geómetras en la imposibilidad de definirla.

 

Pero ¿á que este afan de definirlo todo?

 

El tiempo, el movimiento, el espacio, son indefinibles; ¿y podrá decirse por

esto, en puro rigor científico, no en metafísica, que son simples

concepciones nuestras, que no existen fuera de nosotros? ¿No es evidente, al

contrario, su existencia objetiva? ¿Qué falta hace buscar una esplicacion

verbal de hechos, tan generales y constantes y de tan fácil conocimiento por

la simple experiencia personal?

 

El tiempo y el espacio son atributos comunes al sujeto y al objeto; influyen

como causas eficientes. En las combinaciones químicas, el tiempo entra en la

causalidad. La presion atmosférica es también causa de diferentes fenómenos.

El tiempo es la ley de nuestra sucesion mental. Adquirimos esta nocion por

la experiencia de las cosas contínuas ó durables. El espacio, con ó sin

materia, se nos revela por el movimiento, que á su vez se nos manifiesta en

las diversas modificaciones de la accion muscular; y hasta el espacio vacio,

con relacion al movimiento exclusivamente, es tambien una realidad.

 

Pues otro tanto sucede con la linea recta; es perfectamente objetiva, y

puede hacerse una determinacion de sus propiedades esenciales. Bain señala

dos: la coincidencia y la distancia más corta, creyendo esta última

demostrable por la proposicion 'dos lados de un triángulo son más grandes

que el tercero.'

 

Girard encuentra tambien en la línea recta tres propiedades esenciales, y

las reduce todas en último término á la ley que llama de la inercia lineal

por extension de la ley de causalidad.

 

Los axiomas de Euclides han venido modificándose, ó aumentándose, ó

transformándose incesantemente.

 

Bain los analiza con un criterio seguro. Así como Ueberweg, pero más

sistemático, Bain quiere que los fundamentos de las Matemáticas sean hechos.

 

Un axioma es, pues, un hecho. De quince que examina no admite más que dos, y

dice que deben colocarse al principio de la aritmética. En el postulado de

Euclides sobre las paralelas, Bain adopta la proposicion de Morgan. Nos

parece de más fácil demostracion, hasta donde es posible, la de Becker: 'Por

cada punto del espacio pasa una recta cuyos puntos estan á igual distancia

de otra recta cualquiera, trazada á capricho;' ó mejor aun la de Girard: 'En

un plano, el lugar de los puntos situados á igual distancia de una línea

recta es una línea recta.'

 

Tal es el criterio general que domina en este estudio; lo publicamos en la

sincera creencia de que esta nueva direccion matemática puede, influyendo

tarde ó temprano en los métodos de enseñanza, contribuir á formar una

generacion más lógica que la nuestra, y lo que parecerá paradógico, pero es

demostrable, más positiva y más generosa y delicada á la vez.

 

ALFONSO ORDAX."

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Bain, A.: 1880, Lógica de las Matemáticas, traducido por Alfonso Ordax,

Madrid, Diego Pacheco (ejemplar consultado: sign. 53-29 de la Biblioteca de

la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz).

Bochenski, I.M.: 1966, Historia de la Lógica formal, Madrid, Gredos.

Ferrater Mora, J.: 1990, Diccionario de filosofía, Madrid, Alianza.

Leahey, T.H.: 1998, Historia de la Psicología, 4ª ed., Madrid, Prentice Hall.

Val, J.A. del: 1966, 'Un lógico y matemático español del siglo XIX: Ventura

Reyes y Prósper', Revista de Occidente, t. XII (segunda época),

Enero-Febrero-Marzo, 252-261.

Val, J.A. del: 1973, 'Los escritos lógicos de Ventura Reyes y Prósper

(1863-1922)', Teorema III, 315-354.

Vega Reñón, L.: 1997, Una guía de historia de la Lógica, Madrid, UNED.

Velarde Lombraña, J.: 1989, Historia de la Lógica, Oviedo, Servicio de

Publicaciones Universidad de Oviedo.

Vera, F.: 1929, La Lógica en la Matemática, Madrid, Paez.

 

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