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Una formalización del problema de los futuros contingentes
Soledad CAÑO
En Formal Semantics and Logic, Bas
C. van Fraasen estudia la posibilidad de que un sistema lógica resulte
enteramente adecuado – formalmente correcto y semánticamente completo - con
respecto a más de un lenguaje.
Mediante un tratamiento formal de gran ingeniosidad, logra formalizar
lenguajes sintácticamente convencionales pero semánticamente no-estándar en
los cuales (1) los conceptos semánticos pueden definirse en términos de
verdad, sin hacer uso de la noción de falsedad y (2) hay matrices adecuadas
para el cálculo proposicional clásico para las cuales no todas las sentencias,
o sus componentes, están designadas.
Van Fraasen presenta una construcción generalizada de estos lenguajes
llamados presuposicionales. Los lenguajes presuposicionales resultan adecuados
para esto pues al mantener la sintáxis estándar, se mantienen todas las
tautologías clásicas – incluyendo el Principio del Tercero Excluido – y al
evaluar la lógica clásica respecto a un lenguaje no-bivalente, se admiten que
ciertas sentencias no sean ni verdaderas ni falsas. Aquí intentaremos presentar
un lenguaje presuposicional específico que sirva para intentar una
formalización de la solución aristotélica al problema de los futuros
contingentes. Para ello, debemos modificar ciertas definiciones y luego, a
partir de ellas, construir un sistema específico - al que llamamos L* - que
refleje lo más aproximadamente posible la compatibilidad del antideterminismo,
del Tercero Excluido y de la bivalencia, tal como Aristóteles parece
entenderla.
Para construir nuestro lenguaje presuposicional específico L*,
conservamos la sintaxis de un lenguaje proposicional clásico y le añadimos una
relación de presuposición no trivial (⇌).
Esto dará lugar a una semántica no-estándar.
Sea L un lenguaje de lógica
clásica con una sintáxis SIN clásica.
Entonces, SL es un sistema lógico
conformado por un sistema sintáctico de lógica clásica (SIN), el conjunto de
teoremas de la lógica clásica (TEO) y
la relación ├ de un conjunto de fórmulas de SIN a fórmulas de SIN. Esta
relación de consecuencia arrojará la clase de las inferencias válidas de SIN,
Entonces,
SL = <SIN,
TEO, ├ >
Para interpretar un sistema de lógica clásica se supone, en primer
lugar, que ante cualquier estado de cosas, ciertas sentencias son verdaderas y
otras falsas. Si L es un lenguaje bivalente en el cual ocurren estas sentencias,
digamos que una valoración admisible de L refleja ese estado de cosas si
asigna V a las sentencias verdaderas según ese estado de cosas (hechos) y F a
las falsas en esa situación. Es decir, que la interpretación asigna un valor
de verdad a la sentencia según se corresponda con los hechos. Sea entonces VA
el conjunto de valoraciones admisibles de L.
La idea fundamental para la construcción del sistema L* es formalizar
argumentos que contengan presuposiciones. El valor de verdad de una sentencia
"presupone" la ocurrencia del hecho que describe la sentencia.
DEFINICIÓN: Si A y B son sentencias de L, entonces A presupone B (A ⇌B) en
L sí y solo sí, para toda valoración admisible de L, B resulta verdadera,
esto es, si el hecho en cuestión ocurre. Es
decir, si v(A)
= V, entonces v(B) = V, y
v(A) = F, entonces v(B) = V. El
análisis de las presuposiciones forma parte del estudio de la relación semántica
de implicación, pues, A ⇌
B sss (A ╞ B) Ù
( ¬ A ╞ B).
Evidentemente, a partir de la definición, podemos asumir que si V(B) = F
entonces A no es ni verdadera ni falsa. Esto es, si A presupone B y
resulta que B no es verdadera (el hecho no ha ocurrido), entonces, A no
es ni verdadera ni falsa. En un lenguaje no-bivalente la relación de
presuposición no es trivial. [1]
Bajo una interpretación estándar, la lógica clásica corresponde a
lenguajes bivalentes. Pero se pueden construir lenguajes no-bivalentes
perfectamente inteligibles usando el método de las sobrevaloraciones. Llamamos SOBREVALORACION
a la asignación de V y F de las sentencias que coinciden tomadas del conjunto
de valoraciones que reflejan la misma situación. DEFINICIÓN:
Una valoración s es una sobrevaloración
para un lenguaje L sí y solo sí hay un conjunto no-vacío
ψde
valoraciones admisibles para L, tal que para toda sentencia p de L: s(p)
= V sss v(p) = V para toda v Î ψ s(p)
= F sss v(p) = F para toda v Î
ψ s(p)
no se define en otro caso.
Ahora bien, supongamos que ante el mismo hecho, la asignación de V a una
sentencia "p" coincide con el hecho, y también coincide la asignación
de F a "p" en el mismo hecho. Es decir, v(p) y v'(p) son dos
valoraciones distintas, pero ambas reflejan un mismo hecho o estado de cosas.
Entonces p no es ni verdadera ni falsa en esa situación. Construcción y Definición de L*:
1.
Conservamos las valoraciones clásicas,
estas son las valoraciones admisibles del viejo lenguaje. 2.
Agregamos una nueva relación ⇌de presuposición no-clásica de conjuntos
de sentencias a sentencias. 3.
Definimos las valoraciones
admisibles del nuevo lenguaje de modo que las inferencias válidas en el
viejo lenguaje sean válidas en el nuevo y si
G
⇌A, entonces la inferencia de A a partir de G
sea también válida en el nuevo lenguaje. 4.
Asumimos que todas las presuposiciones de una sentencia dada se reflejan
en ⇌(la relación de presuposición) y, además, se reflejan en VC
(el conjunto de valoraciones clásicas), de modo que si estas presuposiciones
son satisfechas, la sentencia es o bien verdadera, o bien falsa. Por lo tanto,
un conjunto G de sentencias induce una sobrevaloración
admisible sólo si G
satisface la condición de que si todas las presuposiciones de A en L pertenecen
a G,
entonces o bien A o ¬ A pertenece a G.
[2]
Supongamos que ni A ni ¬A pertenecen a G,
es decir, A no es ni verdadera ni falsa, entonces A debe tener una presuposición
B que no pertenezca a G. Por consiguiente, B deberá pertenecer a G1,
tal que G
Í
G1.
Podríamos obtener entonces una cadena infinita de presuposiciones tal que haya
sentencias que no sean ni verdaderas ni falsas pues no pertenecen a Gi.
Por lo que para obtener una definición de L* adecuada a nuestros fines,
deberemos definir a G
como un conjunto maximal, y a ⇌como
una relación finitaria, es decir: G
⇌A sss
ψ ⇌A para algún subconjunto finito ψ de G. 5.
Definimos un conjunto G
saturado (VC,⇌) de sentencias: Sea
SIN el sistema sintáctico, sea VC el conjunto de valoraciones clásicas de SIN
y sea ⇌la relación de presuposición de conjuntos de sentencias de SIN a
sentencias de SIN. Entonces, G
es un conjunto saturado-(VC,⇌) de sentencias de SIN sí y sólo sí (i) G
es un conjunto de sentencias de SIN, y (ii) algunos
miembros de VC satisfacen G,
y, además (iii) si todos
los miembros de VC que satisface [3]
G también satisfacen A, entonces A Î
G;
(iv) y si
ψ ⇌A para algún subconjunto
ψ de G,
entonces A Î G.
6.
Definimos una sobrevaloración-VC
de SIN [4]
inducida por un conjunto G
de sentencias de L tal que:
a) s(A) = V sí y solo sí v(A) = V para todas las v (valoraciones) Î
VC que satisfacen G.
b) s(A) = F sí y solo sí v(A) = F para todas las v Î
VC que satisfacen G.
c) s(A) no es ninguna otra cosa. 7.
A partir de las definiciones anteriores, definimos las nuevas valoraciones admisibles de L* como un conjunto de
sobrevaloraciones-VA inducido por conjuntos saturados- (VA,⇌) de sentencias de SIN. DEFINICIÓN FORMAL DE L*: L*
es una quintupla <SIN, VC, ⇌, Û, VA*> tal que: 1)
SIN es un sistema sintáctico de L. 2)
VC es el conjunto de valoraciones clásicas de SIN. 3)
⇌es la relación finitaria de presuposición no-clásica [5]
de conjuntos de sentencias de SIN a sentencias de SIN. 4)
Û
es la relación finitaria de presuposición clásica de conjuntos de
sentencias de SIN a sentencias de SIN, tal que
C A sí y solo sí todos los miembros de VC
que satisfacen G
también satisfacen A. 5)
VA* es una sobrevaloración-VC de SIN inducida por el conjunto G
saturado-(VC,⇌)
de sentencias de SIN sólo si satisface la condición de que todas las
presuposiciones A de B en L* pertenecen a G. Es decir, A y ¬ A pertenecen a G.
Una vez construido y definido L*, revisemos ahora la postura Aristotélica
sobre las sentencias de los futuros contingentes, para poder ver después como
L* logra capturar las ideas de Aristóteles sobre el Tercero Excluido, la
bivalencia y el antideterminismo. La
postura Aristotélica: El
problema de las sentencias futuros contingentes.
Aristóteles delimita el conjunto de expresiones del lenguaje que serán
el objeto de la lógica. La lógica sólo se ocupará de aquellas oraciones del
lenguaje que sean susceptibles de ser verdaderas o falsas. Toda sentencia consta
necesariamente de un verbo (o flexión) por lo que afirma o niega algo de algo[6].
La afirmación de una sentencia atribuye una propiedad al sujeto y la negación
no atribuye una propiedad al sujeto. Al
unir un sujeto y una propiedad, la sentencia queda expuesto al error al no
coincidir con los hechos. Por consiguiente, la sentencia es susceptible de ser
verdadero o falso. Una sentencia es verdadera
si lo que afirma o niega se
corresponde con los hechos, y es falso si lo que afirma o niega no se
corresponde con los hechos. [7]
Dos sentencias conforman un par contradictorio si uno de ellos afirma y
el otro niega algo del mismo sujeto. Por lo tanto, no pueden ser ambas
verdaderas ni ambas falsas.[8] Aristóteles afirma la validez del
PRINCIPIO DE CONTRADICCIÓN[9]
: ¬ (p . ¬p) y también afirma la validez del PRINCIPIO DEL TERCERO EXCLUÍDO:
"Toda afirmación es
verdadera o falsa[10]
que puede representarse como: p v ¬p.
Se afirma la validez del PRINCIPIO DE BIVALENCIA: todo sentencia es
verdadero o falso. La verdad y falsedad son valores de verdad mutuamente
exclusivos V(p) v V(¬p) y F(p) v F(¬p) y conjuntamente exhaustivos: V(p) v V(¬p) . F(p) v F(¬p). Dicho
de otro modo, V(p) v F(p)
Resulta obvio que el principio de Bivalencia es equivalente al principio
del Tercero Excluido. Pues si V(p) es
equivalente a p, y F(p) es equivalente a "¬p", ambos principios son
equivalentes sin más.
Las sentencias sobre hechos pasados y presentes se ajustan sin problemas
a los puntos anteriores: ü
El
conocimiento de los hechos pasados y presentes permite asignar un valor de
verdad a las sentencias que describen esos hechos. ü
La sentencia
sobre un hecho pasado o presente resultará o bien verdadera o bien falso. ü
Y la
sentencia contradictoria con el que se conforma el par contradictorio tendrá el
valor de verdad contrario. Dicho de otro modo, el Principio de Contradicción,
el Principio del Tercero Excluido y el Principio de Bivalencia valen para las
sentencias sobre el presente y el pasado.
En el capítulo 9 del Peri Hermeneias[11]
Aristóteles analiza la situación de las sentencias que describen hechos
futuros contingentes. 1. En un
primer momento Aristóteles analiza la posibilidad de considerar estos como si
se tratase de sentencias sobre hechos presentes o pasados. Entonces, los pares
contradictorios formados por una sentencia futura y su negación, deberían,
igual que las sentencias sobre el pasado y el presente, ser una verdadera y la
otra falsa. Esto significa que su valor de verdad debe estar determinado con
anterioridad a los acontecimientos: Si toda afirmación o negación es
verdadera o falsa, entonces todo se atribuye o no se atribuye necesariamente.
Pues si uno dice que algo será y otro niega la misma cosa, es claro que
necesariamente uno de los dos habla con verdad, si toda afirmación es verdadera
o falsa; pues ambas no atribuirá a la vez tales condiciones... De manera que es
necesario que la afirmación o la negación sea verdadera.
Entonces, la primera premisa de la argumentación aristotélica es: (Premisa 1) Si cada sentencia en tiempo futuro es Verdadera o
falsa, entonces de cada pareja que consiste en una sentencia sobre el
futuro y su negación una debe ser verdadera y la otra falsa.
Podemos representar la afirmación de la validez del Principio de
Bivalencia para los futuros contingentes (Cada sentencia en tiempo futuro es
verdadero o falso) como B y la
afirmación de la validez del Principio de Tercero Excluido para los futuros
contingentes (De cada pareja que consiste en una sentencia sobre el futuro y su
negación una debe ser verdadera y la otra falsa)
como TE. Es decir, B ®
TE 2.
Ahora bien, si es necesario que la afirmación o la negación de una sentencia
acerca de un hecho futuro contingente sea verdadera, entonces nada será o no
será por azar o eventualmente, sino todo por necesidad.
Por consiguiente, todo lo que ocurre, ocurre por necesidad: Por
consiguiente, nada es ni sucede, ni será o no será, por azar o eventualmente,
sino todo por necesidad y no eventualmente (ya que o bien el que lo dice o el
que lo niega habla con verdad) (Premisa 2) Si de cada pareja que consiste en una sentencia
futura y su negación una debe ser verdadera y la otra falsa, entonces
todo lo que ocurre, ocurre por necesidad.
Si se afirma la validez del Principio de Tercero Excluido para los
futuros contingentes entonces caemos en el determinismo. Es decir, TE
®
D 3.
Aristóteles
afirma que no hay determinismo, pues se puede deliberar: somos libres (y
responsables) en tanto actuamos de la manera en que decidimos hacerlo.
Interpretaremos esto como otro supuesto (premisa) en la argumentación aristotélica.
La admisión de su validez depende de concepciones metafísicas (acto y
potencia) y éticas (libertad humana, responsabilidad moral) que no corresponden
a nuestra intención de un análisis puramente lógico. es
evidente que no todo es ni sucede por necesidad, sino que en algunos casos hay
eventualidad y de la afirmación y la negación ninguna es verdadera más bien
que la otra, mientras que en otros casos lo es más bien y las más de las veces
la una, aunque con todo cabe la posibilidad de que suceda incluso la otra y no
aquella. (Premisa 3) Pero no todo lo que ocurre, ocurre por necesidad, algunos
acontecimientos son contingentes. Es
decir, Ø D (Conclusión) No toda sentencia en tiempo futuro es verdadera o falsa en
el presente. (Ø B)
La conclusión de Aristóteles es que el principio de bivalencia queda en
suspenso hasta que eventualmente ocurran los hechos, es decir, hasta que los
hechos futuros contingentes se conviertan en hechos presentes con un valor de
verdad determinado. Mientras tanto, las sentencias futuros contingentes no
son ni verdaderas ni falsas. Ø (Lp v L¬p)
La
inferencia de las premisas a la conclusión es válida.
En última instancia, admitir la premisa 3 dependerá de concepciones
metafísicas (acto y potencia) o éticas
(libertad humana, responsabilidad moral). Aristóteles fundamenta esta premisa
presentando los resultados absurdos que tendría la aceptación del
determinismo. Sea p
una sentencia que describe el siguiente acontecimiento futuro: "Mañana habrá una batalla naval"
Si se analiza esta sentencia suponiendo el antideterminismo, es decir,
que el hecho no está causalmente determinado, puede suceder que p sea
verdadera en algunos mundos posibles y falsa en otros. Por lo tanto, el problema
radica en pretender fijar en el presente el valor de verdad de p. De todas las
posibilidades del futuro sólo una se va a actualizar, pero mientras las
posibilidades sean futuras no está determinada cual de ellas se actualizará.
Por lo tanto, en el presente, no está determinado si p será verdadera en el
futuro o no lo será. La sentencia p no es ni verdadera ni falsa hoy.
Aristóteles deja en suspenso el principio de bivalencia hasta que
nuestro conocimiento de los hechos nos permita fijar el valor de verdad de la
sentencia, y obviamente ese conocimiento sólo puede verificar el valor de
verdad de cada sentencia futura cuando los hechos que describen la sentencia
hayan ocurrido.
Aristóteles analiza a continuación que ocurre con el Principio
del Tercero Excluido. La sentencia: "Mañana habrá una batalla naval o mañana no
habrá una batalla naval"
puede
representarse como (p v ¬p). Esta
sentencia es necesariamente verdadera y es, por lo tanto, verdadera hoy, con
total independencia de lo que suceda mañana, pues el estado de cosas (p v ¬p)
es tautológico [12],
esto significa que es verdadero en todos los mundos posibles. Si (p v ¬p)
es verdadera en todos los mundos posibles en el futuro, también es verdadera en
el presente, es decir, hoy ya es verdad que mañana (p v ¬p), pues (p v ¬p) no
puede dejar de ocurrir. Por lo tanto, L (p v ¬p). Aristóteles afirma la validez del Principio del
Tercero Excluido, incluso para sentencias acerca del futuro y continúa: pero no se puede
dividir y decir que el uno o el otro es necesario
[13]
Aristóteles señala que L (p v ¬p) es válido, pero, sin embargo, no
podemos concluir el determinismo, i.e. (Lp
v L¬p). Es necesario que uno de las sentencias del par contradictorio
futuro sea verdadera y el otro falso, pero no se puede decidir antes que el
hecho haya ocurrido, cual de las
dos sentencias es la verdadera.
Si p es contingente, p se da en algunos de los mundos posibles mañana y
no se da en otros, lo mismo ocurre con ¬p. Por lo tanto, Lp no es verdadero, ni
tampoco lo es L¬p, y en consecuencia la disyunción Lp v L¬p no es verdadera.
Si se pudiera inferir Lp v L¬p a partir de L (p v ¬p) se estaría infiriendo
el determinismo a partir del Principio del Tercero Excluido. Es decir, se
inferiría a partir del Principio de Tercero Excluido que los hechos futuros son
necesarios y no contingentes.
Aristóteles concluye que las sentencias sobre hechos futuros que tienen
la posibilidad de ser o de no ser no son verdaderas ni falsas aún.
Aristóteles deja en suspenso el Principio de Bivalencia para aquellas
sentencias cuyo valor de verdad no puede ser determinado por tratarse de
sentencias acerca de acontecimientos contingentes. A pesar de esto, mantiene la
validez del Principio de Tercero Excluido para los futuros contingentes.
Aristóteles parece apartar un subconjunto del conjunto de sentencias, a
saber, el subconjunto de las sentencias sobre hechos futuros contingentes, que
no son ni verdaderas ni falsas. Ahora bien, habíamos definido las sentencias
como aquellas oraciones susceptibles de ser verdaderas o falsas. De modo que
dentro del conjunto de sentencias que tienen la propiedad de ser verdaderas o
falsas, hay un subconjunto de elementos que no cumple esta propiedad -
"todavía".
Es evidente que la postura final de Aristóteles resulta, al menos, lo
suficientemente controvertida como para que cualquier intento de construcción
de un sistema formal que refleje el problema de los futuros contingentes deba
cumplir con ciertos requisitos formales "particulares". Veamos
ahora, de qué modo L* logra capturar las ideas de Aristóteles sobre el Tercero
Excluido, la bivalencia y el antideterminismo. El Principio del Tercero Excluido
L* permite retener el conjunto clásico de tautologías, pues retiene el
conjunto de valoraciones clásicas. Y sobre la base semántica de una sobrevaloración
asigna a una sentencia compuesta, alguno(s) de cuyo(s) componente(s)
carece(n) de valor de verdad, ese valor que toda valoración clásica le asignaría
si es que hay tal valor único para la sentencia compuesta. Esto significa que
si "p" es una sentencia sobre un hecho futuro contingente, y por
consiguiente, carece de valor de verdad, "p v ¬p" resulta verdadero siempre
pues el conjunto de valoraciones que lo reflejan coincide en la asignación de
verdad. En virtud de esto, vemos que se salva el Principio del Tercero Excluido
aún para las sentencias sobre hechos futuros contingentes. El Principio de Bivalencia
El sistema L* conserva la bivalencia para el conjunto de las sentencias
sin presuposición no-clásica. Pues estos son conjuntos saturados satisfechos
por una v Î VC, es decir: toda sentencia que pertenezca a
este conjunto será verdadera o falsa.
Además, resulta evidente que por el modo en que construimos el conjunto
maximal y por la definición de ⇌como una relación finitaria, L* captura la idea de que una vez que se
pueda asignar un valor de verdad a las sentencias que pertenezcan a G
- las sentencias con presuposición no-clásica, estas sentencias serán
bivalentes. Esto es: poseerán al menos uno, y a lo sumo uno, de los valores
veritativos de verdad o falsedad.
No obstante, mientras que los acontecimientos no permitan fijar un valor
de verdad a las sentencias, éstas no pertenecen a G. Esto parece coincidir con la idea de Aristóteles de que el
valor de verdad de una sentencia es verdadero dependiendo de su correspondencia
con los hechos, y consecuentemente, al no conocer los hechos futuros
contingentes, no podemos asignarle un valor de verdad a las sentencias que
describen estos hechos.
Si interpretamos el principio tarskiano: [A] es
verdadera sí y solo sí A como A ╞ V(A) y V(A)
╞ A
entonces puede fundamentarse una teoría de la verdad adecuada para
nuestro lenguaje no-bivalente. Puesto
que el principio sólo requiere que V(A) es verdadera sí y solo sí A es
verdadera. Pero si A no es verdadera, entonces el valor de verdad de V(A) será
una cuestión completamente abierta.
Así, la propuesta de van Fraasen recoge la idea de Aristóteles de que
las sentencias sobre hechos futuros contingentes todavía no tienen, pero
eventualmente tendrán, valores de verdad; y de ese modo la propuesta parece
totalmente adecuada. Además, el sistema de van Fraasen tiene todavía otra
ventaja. El antideterminismo:
Inferencias Inválidas de L* L* admite presuposiciones, por lo que si A presupone B, entonces vale: A ├ B y
¬A ├
B
A pesar de que las reglas de inferencia usuales resultan válidas en L*,
algunas de las reglas de Gentzen no resultan válidas. Hay dos ejemplos de estas reglas de Gentzen que no son válidas: (1) (A ├ B), ( ¬ A ├ B) ├ (├ B) Pues
entonces si se admite la presuposición, la regla (1) permitiría deducir B, y
esto equivaldría a admitir que todas las presuposiciones serían válidas.
De igual modo si valiera la regla: (2) (A ├B) ├ ( ├
B) y se admite
la presuposición, la regla (2) permitiría deducir B, y tendría los mismo
resultados indeseables que la admisión de la validez de la regla (1), es decir,
todas las presuposiciones serían válidas:
Si todas las presuposiciones resultan válidas, entonces el sistema no
logra evitar el determinismo, pues cualquiera sea el valor de A, B siempre es
verdadera. De modo que es sumamente importante que fallen estas dos
reglas en L*, así como la regla de introducción de la disyunción: (3) (A ├ B ), ( ¬A ├ B) ├ ((A v ¬ A) ├
B)
Para analizar en qué medida las presuposiciones destruyen la validez de
inferencias de un lenguaje van Fraasen adopta la terminología de Haskell B.
Curry [14].
Sea G
╞ A
una episentencia con
antecedente G
y consecuente A. Una episentencia es verdadera en L* sí y sólo sí la inferencia de A a partir de G
es válida en L*. Definición: Sea
Ei , siendo i ³
0, una episentencia. Sea una inferencia
epiteorética una inferencia cuyas premisas y conclusión son episentencias.
Sea L*' es una extensión de L* tal que L* y L*' que tiene la misma
sintaxis y valoraciones clásicas, pero la relación ⇌' de presuposición no-clásica contiene la relación ⇌de la presuposición no-clásica de L*,
entonces una
inferencia epiteorética (E1,
... Ek,... ) ├ E es válida en L* sí y sólo sí
o bien la conclusión (E) es verdadera o no todas las premisas (E1...
Ek...) son verdaderas en L*'.
Para caracterizar un conjunto de episentencias G
╞ A
que puede ser deducido a partir de un conjunto D
de episentencias por medio de la transitividad de ╞
definimos: CONL*(G,D) es el
conjunto ψ más pequeño que satisface las siguientes condiciones (1) G
está contenido en ψ Y
(2) si para cada sentencia A de Gi,
ψ ╞ A es verdadero en L* y Gi
╞ B es
o bien verdadero en L* o es un miembro de D,
entonces B є ψ. Es decir: CONL*
(G,D)
= ψ tal que G Í
ψ
si A Î G,
ψ ╞ A es verdadero en L*
G
╞ B es
verdadero en L* o
G
╞ B Î
D,
entonces B Î
ψ Teorema 1: Sea A una
sentencia de L*. Si A pertenece a CONL*(G,D), entonces la inferencia epiteorética de D
a G ╞
A es válida en L*. Este
teorema se prueba directamente a partir de la definición de ψ. Si A
є CONL* (G,D),
es porque o bien, A Î
G
o A Î
D,
por lo tanto, la inferencia de D
a G
╞ A es válida entonces por el modo en que definimos CONL* (G,D).
Teorema 2: Sea A una
sentencia de L*. Si A no pertenece a CONL* (G,D) entonces la inferencia epiteorética de D
a G ╞
A no es válida en L*. La
hipótesis del teorema dice que A Ï CONL* (G,D),
esto quiere decir que A Î
G,
por definición de G
y de L* sabemos entonces que ¬ A Î G,
entonces por definición de ψ, ψ ╞ ¬ A es verdadera en L*, por lo tanto, no podemos inferir A a partir de
D y G. Demostración:
Supongamos que L* tiene únicamente una presuposición: A presupone B. En tal caso G = { (A ® B), (¬A |